<link href="https://fonts.googleapis.com/css?family=Roboto:400,400italic,300,300italic,700,700italic" rel="stylesheet" type="text/css"/>
English
27
Mar, Sep
New Articles

Ultimo en Biblioteca

Grid List

 

Autores: Aboal Sanjurjo, Marina - San Nicolás del Toro, Miguel

AÑO:2009

 
EDITOR:CARM
 
ISBM:- 978-84-7564-526-1
 
Deposito Legal MU 2146-2009
 
RESUMEN:
 
El conjunto prehistórico y de arte rupestre de El Milano (Mula) está formado por una sepultura de inhumación múltiple del Neolítico final y de carácter megalítico, adosada a un abrigo rocoso de escasas dimensiones. En un momento campaniforme se adosa una nueva sepultura de incineración. A pocos metros, un abrigo de grandes dimensiones aloja en su interior numerosos motivos esquemáticos pintados en rojo. En una hornacina exterior del mismo abrigo, concentramos una cuidada composición de estilo levantino con figuras humanas y de animales. Esta obra es la memoria de las excavaciones realizadas en 1986 y del estudio de sus pinturas.
 

El presente libro tiene una serie de valores que le otorgan un significado que va mucho más allá de lo que en un primer momento se pudiera pensar. Supera claramente el ámbito de los trabajos biográficos de interés meramente local para situarse con todos los derechos entre los estudios que han de contribuir al mejor conocimiento de la música española del siglo XX.

Nos encontramos con la biografía de una mujer dedicada en cuerpo y alma a la música durante, aproximadamente, la primera mitad del siglo XX. Las actividades de Carmen Ibáñez abarcan, además de la interpretación y la docencia, la edición musical, la difusión de la cultura musical en distintos ámbitos, la composición en géneros muy diversos, la investigación en didáctica de la música y en etnomusicología, la recopilación de una parte del patrimonio de la música folklórica y popular española e incluso, la concepción y desarrollo de un invento para la enseñanza básica de la música. Todo ello supera ampliamente lo que se puede considerar “normal” para una mujer en ese momento de la historia. De hecho, muchos fueron los problemas a los que se tuvo que enfrentar en ese sentido, mucho lo que tuvo que luchar y mucho también lo que consiguió, a pesar de todo.

Por último, hay que señalar que este libro es una contribución fundamental a los, lamentablemente muy escasos, estudios sobre el papel representado por la mujer en la música en España, Son muchas las mujeres compositoras, investigadoras y pedagogas cuya aportación no puede seguir permaneciendo en el olvido.

D.L AB235-2019

ISBM 978-84-949928-1-0

Deposito Legal: MU-344-1998

I.S.B.M 84-89724-13X

Edita:Caja Murcia

 

 

El yacimiento romano de Cerro de la Fuente se halla en una elevación de mediana altura a poco menos de un kilómetro de la localidad caravaqueña de Archivel. Se trata de un promontorio montañoso, de fácil acceso en la mayor parte de sus vertientes en la que su defensa se realiza mediante una muralla. La cumbre, amesetada, se alza hasta los 1.000 metros sobre el nivel del mar.

La visita al yacimiento es muy cómoda pues hay una senda que parte de su base y conduce a la cumbre. El conjunto arqueológico de Cerro de la Fuente ha sido objeto de numerosas campañas de excavación y restauración en los últimos años, intervenciones que han sacado a la luz numerosas estructuras consolidadas y recrecidas parcialmente con el fin de preparar el yacimiento para una futura puesta en valor.

El poblamiento romano en la pedanía de Archivel fue muy intenso. El yacimiento más importante es el del Cerro de la Fuente, en torno al cual se desarrollaron una serie de villas rurales de cronología muy diversa, pero que parecen continuar anteriores asentamientos de época ibérica.

Bajo el casco urbano de la actual Archivel y de Casa Noguera, los trabajos arqueológicos han documentado una amplia secuencia arqueológica que va desde el calcolítico hasta casi el siglo X d.C. Durante este período, Archivel ha sido testigo de poblaciones calcolíticas, documentadas mediante la excavación de silos y restos de cabañas, así como de un asentamiento ibérico, atestiguado gracias a la excavación de su necrópolis y del hábitat romano y tardo romanó, conocido gracias al hallazgo de los restos de una villa romana y de las dependencias de servicio anexas.

A finales del tercer milenio las poblaciones asentadas a pie de este cerro en el paraje de Casa Noguera se encastillan y protegen su hábitat con una sólida muralla de piedra. Se trata de un pequeño poblado de la Edad del Bronce, todavía mal conocido por los arqueólogos, sobre el que algunos miles de años después se levantarían un castillo romano.

El castillo tardo-republicano romano del Cerro de las Fuentes de Archivel aprovechó muy bien la condiciones naturales de este cerro para disponer de un amplio dominio visual sobre el territorio de la cuenca fluvial que forman los ríos Argos y Quípar, un importantísimo pasillo natural interior de comunicación terrestre entre el Levante y la Alta Andalucía, que justifica por sí mismo la importancia geopolítica que adquirió el territorio de la cuenca en los conflictos civiles romanos de la Península Ibérica durante el s. I a.C., y que en estas tierras trajo consigo el asentamiento de guarniciones militares por parte de las facciones enfrentadas.

El castellum de Archivel ocupa la parte más meridional del Cerro de las Fuentes, a 998 m.s.n.m., cota que queda salvaguardada con un sencillo sistema de defensa compuesto por los muros propios del castillo, en los que se abren puertas y portillos, y un sistema de defensa pasiva adelantada formado por una estructura maciza de gruesos muros que protege el acceso más septentrional de posibles ataques de las máquinas de artillería romanas.

La muralla del castillo, construida con lienzos rectos de longitud y anchura variables, se adapta bien a la topografía del cerro y encierra un sencillo recinto poligonal de 2942 m2 al que se accede por sendos ingresos orientados hacia el norte y el sur que están guarnecidos por torres de flanqueo cuadrangulares. La puerta norte está protegida por un elemento estructural de defensa pasiva, el titulum, que hacía improbable un ataque artillero al fijar una distancia de seguridad de más de 30 m. Se trata de una sólida estructura poliédrica que está partida en dos por un estrecho pasillo de ingreso.

Los contextos materiales cerámicos permiten datar la destrucción del castillo romano de Archivel en el intervalo del segundo y tercer cuartos del s. I a. C., quizá en los instantes finales de la guerra civil que enfrenta en la Península Ibérica a los partidarios de Julio César con la facción afecta los hijos de Pompeyo Magno.

Habrían de pasar de nuevo muchos años antes de volver a encontrar en el s. IX d.C. una nueva fortaleza de época emiral.

Lo excepcional del hábitat continuado que se da en la población de Archivel desde el Calco lítico Inicial hasta época paleo-andalusí, convierte a esta pequeña localidad en uno de los lugares de la Región de Murcia más ricos arqueológicamente.

MAS INAGEMES DEl YACIMIENTO DEL CERRO DE LAS FUENTES

Surgida hace 4.000 años, fue la primera sociedad dividida en clases de la península Ibérica y la que creó el primer Parlamento del mundo, pero se desvaneció en el 1550 antes de Cristo

Es uno de los grandes enigmas de la arqueología. Una cultura, la de El Argar, que aparece en el 2200 antes de nuestra era y que desaparece en el año 1550 antes de Cristo. ¿Las causas? Los expertos se debaten entre un agotamiento de los recursos naturales que la sustentaban ―lo que provocó la huida de la población o la muerte por inanición de más de la mitad de los recién nacidos― o una gigantesca revolución popular que arrasó todas sus ciudades a causa del insoportable yugo de la clase dirigente, la tenedora del armamento, de los recursos y de las vidas.

Sea como sea, la cultura argárica, “la primera sociedad divida en clases de la península Ibérica”, como la define la Universidad Autónoma de Barcelona, la que creó el primer Parlamento del que se tiene constancia en el mundo, la que enterraba a sus aristócratas con bellísimos ajuares de oro y plata, se volatilizó literalmente hasta que un arqueólogo llamado Rogelio de Inchaurrandieta (1836-1915) se topó con ella en Murcia en 1869 y comenzó a hacerse preguntas.

Inchaurrandieta expuso su gran hallazgo en el Congreso Internacional de Arqueología de Copenhague (1866-1912). Habló de una ignota civilización de la Edad del Bronce que había hallado en un cerro abrupto del municipio de Totana (Murcia), con ajuares increíbles y que incluía una gran ciudad fortificada que carecía de cualquier tipo de conexión con las sociedades históricas conocidas. Nadie le creyó.

Pero en 1877, los hermanos belgas Luis y Enrique Siret llegaron a Murcia buscando explotaciones mineras y terminaron confirmando la existencia de esta desconocida sociedad, de grandes centros urbanos, que se extendió 35.000 kilómetros cuadrados por el sureste de la Península, que surgió hace 4.000 años y que desapareció sin que nadie supiera las causas. Esta cultura, llamada de El Argar (Antas, Almería), por ser ese yacimiento el primero excavado metódicamente, dominaba la agricultura, los metales y creaba fabulosas piezas de orfebrería. Hasta se conservan los restos de una de sus princesas.

Señala el estudio El Argar: la formación de una sociedad de clases, de los arqueólogos Vicente Lull, Rafael Micó, Roberto Risch y Cristina Rihuete Herrada, de la Universidad Autónoma de Barcelona (UBA), que El Argar “es una de las culturas emblemáticas de los inicios de la Edad del Bronce en Europa. La constatación de grandes asentamientos en sus cerros, la abundancia de contextos funerarios bien preservados en el subsuelo de los poblados, así como la cantidad, variedad y singularidad del repertorio artefactual, han atraído desde entonces la atención de numerosos investigadores”.

La mayoría de los núcleos de población argáricos ocupaban altozanos situados en las estribaciones de las sierras, separados de los llanos o vegas, pero con un amplio control visual sobre estos. Las viviendas argáricas eran de planta absidal, trapezoidal o rectangular y se disponían sobre terrazas artificiales. Por lo general, “los enclaves ocupaban una superficie de entre una y tres hectáreas, aunque el desarrollo posterior de algunos, como Lorca y La Bastida, los llevó a superar esa extensión (hasta 10 hectáreas)”.

Vicente Lull, catedrático de Prehistoria en la Universidad Autónoma de Barcelona y uno de los expertos mundiales más reconocidos sobre esta sociedad, admite que lo argárico “está de moda”. “Vienen especialistas de todo el mundo a interesarse por esta civilización única, contemporánea de la minoica, pero totalmente olvidada”. “Es una civilización sin parangón”, continúa, “con un desarrollo tecnológico de primer orden, que no dejó nada a su paso, pero que lo adelantó todo. Es como la búsqueda de la civilización perdida”.

Los expertos coinciden en que el descubrimiento de El Argar supuso una ruptura con respecto al periodo calcolítico precedente en aspectos como el desarrollo tecnológico, las relaciones económicas, los patrones urbanísticos y de organización territorial y los ritos funerarios. “La orientación de la producción hacia la obtención de excedentes centralizados en un contexto de marcada explotación social supuso el surgimiento de uno de los primeros Estados de Europa occidental”, afirma la UAB.

Los Siret, a finales del siglo XIX, excavaron 10 yacimientos argáricos y abrieron más de mil tumbas en Antas, con el consiguiente destrozo de los restos. No obstante, dibujaron de forma precisa todo lo que iban encontrando. “La cultura de El Argar es la primera sociedad clasista de la península Ibérica. Los asentamientos centrales acumulaban una parte importante de los excedentes de producción y la fuerza de trabajo. Los efectos de dicho control se manifiestan en la normalización de los productos cerámicos y metalúrgicos y en la circulación y uso restringidos, sobre todo, de los productos metálicos”, aseveran los expertos de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Pero no todos los habitantes de estas ciudades acumulaban riqueza en igual medida, tal y como demuestran los ajuares funerarios exhumados de la clase dominante. En 1984, Vicente Lull y Jordi Estévez distinguieron tres estratos sociales. La clase más poderosa, formada por el 10% de la población, que “gozaría de todos los privilegios y que disponía de los ajuares más ricos, incluidas armas como alabardas y espadas”; un 50% de individuos con derechos político-sociales reconocidos, y un 40% de personas dedicadas a la servidumbre o a la esclavitud. “Una de las características de esta sociedad es que estaba encerrada en sí misma. Sus defensas no servían solo como protección, sino que creaban una sociedad enclaustrada dominada por una opresiva clase dirigente”, recuerda Lull. Precisamente, esa opresión aristocrática pudo desencadenar el fin de esta civilización.

La cultura argárica se extendió unos 700 años (2200 a 1550 a. C), fue escasamente permeable y se basaba en relaciones de parentesco y un sistema de transmisión hereditaria. El Argar comenzó entre las cuencas de Vera y Guadalentín (Murcia) y se extendió por la Meseta, la Comunidad Valenciana, Almería y Granada.

Los argáricos solían enterrar a sus difuntos en el interior de las viviendas. “Las prácticas funerarias muestran una remarcable uniformidad a lo largo de todo el territorio. Las comunidades inhumaban a sus difuntos bajo el piso del área habitada en sepulturas individuales, a veces dobles y, en pocas ocasiones, múltiples. El cadáver era depositado en posición flexionada y, generalmente, en decúbito lateral o en posición sedente con la cabeza orientada hacia el sur o el oeste”, recuerdan los expertos de la UAB.

 

El final de las manifestaciones argáricas se sitúa hacia 1550 a. C., dando paso al Bronce Tardío del sudeste peninsular. Las causas del colapso de la sociedad argárica parecen haber sido un conjunto de factores socioeconómicos y ecológicos. Posiblemente, la sobreexplotación del medio condujo a una degradación ecológica que hizo inviable la reproducción económica y social. El final de El Argar está caracterizado por el agotamiento de los recursos naturales, los instrumentos de trabajo y la fuerza de trabajo, este último en forma de una alta mortalidad infantil y el desarrollo de patologías. Quizás esta situación llevó a un estallido social sin precedentes que supuso la desaparición completa de esta civilización, como demuestra el hecho de que numerosas de las edificaciones desenterradas muestran signos de haber ardido por los cuatro costados.

Según los expertos, tras la destrucción vino el completo silencio, solo roto por la permanencia en Alicante y Granada de algunos pequeños grupos argáricos que sobrevivieron un siglo más y que pudieron ser poblados por las clases dirigentes huidas.

De los centenares de tumbas argáricas estudiadas destaca una que los arqueólogos llaman de la princesa de La Almoloya, una joven que murió en el año 1635 antes de Cristo en el actual término de Pliego (Murcia). La enterraron en la cabecera de un edificio singular con su ajuar, que incluía una diadema de plata y una treintena de valiosos objetos de oro, plata, ámbar, piedras semipreciosas, cobre y cerámica. Bajo ella, se halló el cuerpo de un hombre que había fallecido años antes.

A unos 100 kilómetros de Pliego, en Antas, se encontraba el centro económico y político de esta cultura encerrada en sí misma, donde se ha hallado un edificio que incluía una gran sala de gobierno de unos 80 metros cuadrados, con bancos para sentarse y presidida por un hogar y un podio. Estaba preparada para acoger a unas 50 personas. Los investigadores suponen que era una especie de Parlamento, quizás el primero del mundo. “Nunca sabremos qué se debatía allí”, indica Lull, “porque los argáricos, sorprendentemente, y a pesar de su desarrollo, no dominaban la escritura. Es un misterio sobre un misterio”.

FUENTE: VICENTE G. OLAYA-EL PAIS

EXPOSICIÓN DE LA TUMBA DE LA REINA DE LA ALMOLOYA-MUSEO CIUDAD DE MULA