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Dom, Feb
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FAMILIA MUÑOZ

Descripción

Localización: Apuntes para la historia de Mula.

Materia: Papel.

Cronología: 1903

 

Identificación

FAMILIA MUÑOZ

 

Armas en Mula

Escudo cuartelado, 1º y 4º de oro, una cruz floreteada de gules; y 2º y 3º de oro, tres fajas de gules.

El escudo en mula según G. Boluda del Toro es igual que de la imagen pero le falta , una bordura de gules con una cadena de oro de ocho eslabones.

 

Otras Armas

Los Muñoz de Hinojosa, traen: Escudo cuarteado: 1º y 4º, de oro, una cruz flordelisada, de gules y 2º y 3º de gules.

La de Pedro Muñoz: Escudo cuarteado: 1º y 4º, de oro, una cruz flordelisada, de gules y 2º y 3º de plata, dos fajas jaqueladas, de gules y sable.

Las de Enrique Muñoz: En campo de oro, cinco quinas, de gules, con cinco puntos.

Dicen algunos autores que las primitivas armas de los Muñoz de Aragón fueron: En campo de oro, tres bandas, de gules; bordura componada de plata y gules, cargadas las piezas de plata, de un armiño, de sable.

Otros Muñoz, traen: Escudo cuartelado: 1º y 4º, de oro, una cruz flordelisada, de gules, y 2º y 3º de gules; bordura general de plata, con ocho armiños, de sable.

La rama de los Muñoz de Teruel, traen: Escudo cuartelado: 1º y 4º, en campo de oro, una cruz flordelisada, de gules, y 2º y 3º en campo de oro, tres fajas, de gules; bordura general, de gules, con una cadena de oro de ocho eslabones, puesta en orla.

Radicado en Tarancón (Cuenca): En campo de oro, un ciervo, de gules, paciendo.

Originario de Sancibrián (Cantabria), y radicado en Madrid y Barcelona: En campo de gules, tres dardos, de oro, puestos en faja.

Los Muñoz de Extremadura, traen: En campo de oro, un águila de sable y a la punta del escudo de plata, con tres fajas ondeadas, de azur.

Otros Muñoz, traen: En campo de azur, un castillo de oro, sobre ondas de azur y plata, nadando dos cisnes, de plata, sobre ellas, uno a cada lado del castillo.

Otros Muñoz, traen: En campo de oro, una torre, donjonada y almenada, alzados a sus muros dos lobos, de sable, en su parte diestra.

Otros Muñoz traen: Escudo cuartelado: 1º y 4º, en campo de oro, una cruz de Calatrava, de gules, y 2º y 3º en campo de oro, tres fajas, de gules; bordura general de gules, con una cadena de oro

Otros Muñoz, de varias poblaciones aragonesas, traen: En campo de azur, cruz ancorada de gules y cinco torteos de oro.

Radicado en Aguilar: En campo de sinople. una cabeza, de ciervo, de oro.

Originario de Término: En campo de sinople, dos cigüeñas, de su color, puestas en faja; bordura de azur, con tres lises, de oro.

Originario de Matapozuelos (Valladolid), y radicado en Madrid y Cuba traen: En campo de oro, un árbol de sinople, frutado, de oro y arrancado; colgando de su copa, por su diestra, una cadena, de sable, con una caldera de lo mismo.

 

Observaciones en Mula

Esta familia se fundio en la de Melgarejo, en cuya ejecutoria estaba el escudo.

Muy antiguo este apellido en Mula, ya Francisco Muñoz y Constanza Sánchez tuvieron a Catalina, bautizada el 15 de agosto de 1559.

 

Historia del Apellido

1ª FUENTE

Este apellido desciende, según algunos tratadistas, del caballero romano Lucio Nurio. Para otros, de la Casa Real de Escocia y todavía quedan otros que lo consideran descendiente del Conde Muñón Rodríguez, que vivió por los años de 750.

Comencemos por la versión del romano Lucio Murio. ¿Quién fue este personaje? En la historia de Roma hubo muchos personajes con el nombre de Lucio. Este, de quien se nos habla, parece ser que fue un cónsul. Un Lucio, Lucio Veo Augustus, fue emperador romano (años 161-169). Estudiando su biografía, hemos dado con un personaje llamado Lucio Murino, que fue, aparte de cónsul, consejero del citado emperador. ¿Fue éste el Lucio Murio de quien hablan algunos tratadistas como progenitor del apellido Muñoz? Lo único que cambia es el Murio, por el Murino. Ciertamente, otros romanos del nombre Lucio estuvieron en lo que entonces se denominaba Hispania, pero en ninguno de ellos hemos encontrado el añadido Murio. No obstante, siendo una posibilidad, como otra cualquiera, no debemos descartarla y, por el contrario, admitirla como no sólo posible, sino cierta.

Llegamos a la segunda suposición, que el apellido Muñoz desciende de la Casa Real de Escocia. ¿En qué motivos se basan aquellos que sostienen tal cosa?

Preciso se hace estudiar, la Casa Real Escocesa, con el fin de averiguar qué relación puede existir entre ella y el apellido Muñoz.

Escocia estuvo habitada primitivamente por pueblos celtas, al igual que Galicia, en España. El legado romano Julio Agrícola dirigió una serie de campañas contra Escocia, partiendo del Norte de la Gran Bretaña.

Expulsados los romanos por los pictos, fueron los escotos, procedentes de Irlanda, quienes fundaron el reino de Dalriada. San Columbano, que llegó procedente de Irlanda en el año 563, aseguró el triunfo del cristianismo.

La monarquía escocesa cuenta entre sus primeros reyes a Malcom (hubo hasta tres monarcas de este nombre). ¿Los que sostienen que el apellido Muñoz está emparentado con la Casa Real escocesa, se refieren a este monarca, Malcom que, con el tiempo degeneró en Muñoz? Porque si seguimos la lista de reyes escoceses, no hay ni un solo nombre que tenga el menor parecido con Muñoz. En la lista de las familias nobles escocesas encontramos a los Bruce, Fitzalan, Stuart, Baliol, Wallace, y numerosas familias cuyos apellidos comienzan con "Mac".

Pero, en parte, hemos localizado uno, tan sólo uno, que tenga, al menos, parecido con Muñoz.

Sí existió, y se trató de una noble familia, el "clan" de los Mac Murlock, pero no estaban emparentados con las consiguientes dinastías escocesas. Además ni cabe en lo posible que Mac Murlock, se fuera transformando en Muñoz, que sepamos, ni un solo miembro de aquella familia estuvo en España.

Por tanto, y con las debidas reservas, esta versión, de que los Muñoz descienden de la Casa Real Escocesa, nos parece muy débil, hasta el punto de que harían falta pruebas muy concluyentes y definitivas para admitirla.

Más factible parece la primera versión de que el origen está en el caballero romano Lucio Nunio, aunque tampoco podemos asegurarlo. Quienes sostienen dicha versión sabrán en qué se han fundado para emitirla. Nos queda la tercera versión: que el tronco de la familia Muñoz se basa en el Conde Muñón Rodríguez y, honradamente, si tuviéramos que emitir un dictamen, nos inclinaríamos por esta, porque Muñón sí que tiene un enorme parecido con el actual Muñoz.

Ahora bien; la fecha que se nos da como contemporánea de este personaje (año 750) coincide con el inicio de los primeros núcleos de la resistencia, frente a los musulmanes invasores, al amparo de las montañas cántabras (año 722) fecha ésta en la que se produjo la formación del primitivo reino asturiano con la victoria de Covadonga por el noble visigodo don Pelayo y las huestes que le siguieron hasta su refugio en las citadas montañas. Por tanto y como las fechas coinciden, ¿quiere esto decir que el Conde Muñón Rodríguez fue uno de los caballeros que acompañaron a don Pelayo, deduciéndose que el origen del apellido Munoz tuvo su tronco en Asturias? Es evidente que tuvo que participar en los comienzos de la Reconquista. Que luego, con el paso del tiempo y el avance de las huestes cristianas, el apellido se extendiera rápidamente por toda la Península, es otra cosa. La investigación ha sido efectuada en base a datos, no a conjeturas. Y los datos principales, o sea las fechas en las que vivió el Conde Muñón coinciden plenamente con cuanto hemos detallado anteriormente.

Este apellido, Muñoz, tiene probada repetidas veces su nobleza y limpieza de sangre, en diversas épocas, en las Ordenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara, Carlos III y San Juan de Jerusalén; en las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada, así como en la Real Compañía de Guardias Marinas. El linaje Muñoz cuenta con numerosos títulos: En 1.884, don Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, fue creado Duque de Riansares y más tarde (1.846) Marqués de San Agustín; en 1.848, don Agustín María Muñoz y Borbón, Duque de Tarancón y Vizconde de Rostrollano, en 1.849; en 1.849, doña María Cristina Muñoz y Borbón, Marquesa de la Isabela y en el mismo año, Vizcondesa de la Dehesilla; en 1.847, dona Milagros Muñoz y Borbón, Marquesa de Castillejo; en 1.848, don Fernando María Muñoz y Borbón, Conde Casa Muñoz y en 1.849, Vizconde de la Alborada; en 1.848, don Juan María Muñoz y Borbón, Conde del Recuerdo y en 1.849, Vizconde de Villarrubia; en 1.888, doña María Cristina Muñoz y Bernardo de Quirós, Marquesa de Somió; en 1.846, don Juan Antonio Muñoz y Funés, Conde del Retamoso; en 1.776, don Miguel Muñoz de Pamplona, Conde de Argillo; en 1.847, don José Muñoz Maldonado, Conde de Fabraquer y Vizconde de San Javier y en 1.872, don Cipriano Muñoz y Ostaled, Conde de la Viñaza.

El apellido Munoz lo han llevado distinguidos militares españoles desde siglos atrás, al igual que al extenderse por toda América dió varios caudillos militares del apellido. Pero también los hubo en las Artes y las Letras, como, por citar un ejemplo, Juan Bautista Muñoz, que vivió entre los años 1.745 y 1.799 y por encargo del rey Carlos III comenzó a escribir "La historia del Nuevo Mundo" que no llegó a terminar, pero que comprende desde la fecha del descubrimiento de América hasta el año 1.500 y que es una obra muy notable por la abundante documentación que contiene.

 

Bibliografía Documentación

G. Boluda del Toro, Apuntes para la historia de Mula, libro II, Familias de Mula, Manuscrito, Mula 1903, pp. 336-337.

A.y A García Carraffa, Diccionario heráldico y genealógico de apellidos españoles y americanos, Madrid, 1955, vol. 58, p 117, escudo 8715.

A. Sánchez Maurandi, Familias de Mula, Serie I Tomo XVIII, p. 565.

Juan González Castaño-Rafael González Fernández, Mula Repertorio Heráldico, p 402.

Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispano-Americana de Alberto y Arturo García Carraffa. Trovas de Mossén Jaime Febrer. El Solar Catalán, Valenciano y Balear de Alberto y Arturo García Carraffa.

El Solar Vasco Navarro de Alberto y Arturo García Carraffa.

Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica de Vicente de Cadenas y Vicent.

Diccionario de Heráldica Aragonesa de Bizén d’O Río Martínez. Heraldario Español, Europeo y Americano de Ampelio Alonso de Cadenas y López y Vicente de Cadenas y Vicent.

Heráldica Patronímica y sus Patronímicos Compuestos de Vicente de Cadenas y Vicent.

Nobiliario Español de Julio de Atienza, Barón de Cobos de Belchite.

Diccionario Heráldico y Nobiliario de los Reinos de España de Fernando González-Doria.

Blasonario de la Consanguinidad Ibérica de Ampelio Alonso de Cadenas y López y Vicente de Cadenas y Vicent. Armorial Général de J.-B. Rietstap.

Antiguos Linajes del Reino de València II. Los Señoríos de Pascual Guardiola y Spuche.

Antiguos Linajes del Reino de València III. Los Caballeros de Pascual Guardiola y Spuche.

Antiguos Linajes del Reino de València IV. Los Hidalgos de Pascual Guardiola y Spuche.

Antiguos Linajes del Reino de València V. Los Ciudadanos de Pascual Guardiola y Spuche.

 

Para Mahulalarica.net por Ángel García.

Última actualización 11/10/23.

FAMILIA MOROTE

 

Descripción

Localización: Apuntes para la historia de Mula.

Materia: Papel.

Cronología: 1903

 

Identificación

FAMILIA MOROTE

 

Armas

En campo de gules, la punta de ondas de plata y azur; sobre éstas y resurgiendo de ellas, un cisne de plata. Tras el cisne, una torre de oro sobre unas rocas de plata, surmontada la torre de tres estrellas de oro puestas en faja y acostada de dos espadas de plata encabadas de oro y puestas con la punta hacia arriba, una a cada uno de sus costados.

 

Observaciones en Mula

Desde los primeros días del establecimiento de los libros, para anotaciones sacramentales, aparece este apellido cuyo origen parece ser de Caravaca y cuyos enlaces denotan su hidalguía, siendo la primera inscripción la del matrimonio de Juan Morote y Francisca Hernández de Párraga, celebrado el 16 de mayo de 1568 en San Miguel (I, 3)

 

Historia del Apellido

 

1ª FUENTE

Originario de Lleida, (Lérida), España. Otros lo sitúan como originario de Murcia.

 

2ª FUENTE

Dice Francisco Piferrer que la ilustre casa de M., que en Cataluña se conoce por la casa de Morot tuvo su asiento en los Pirineos catalanes, provincia de Lérida y obispado de Urgel, sobre una eminencia, en la vertiente del río Sicolis, que hoy se llama el río Segre. En el Archivio Real de Barcelona se conservan grandes memorias de los individuos de este linaje, y entre ellas, un privilegio del rey don Jaime I de Aragón, otorgado a Miguel Morot para premiar su valor en la conquista de Valencia. Cuenta la tradición que una dama de este apellido llamada doña Juana Morot, esposa de Miguel Garcerán Dami, habiendo sabido que su hijo Pedro Dami Morot se inclinaba al partido de Francia le quitó la vida. Al tiempo que daba de puñaladas a su hijo, le dijo éste: "Madre, no mates a tu mismo hijo", a la cual le respondió la madre: "No mato a mi hijo, mato a un traidor de mi rey". El estudio del escudo heráldico familiar nos "habla" de quienes formaron el origen de la familia M., pues esa era su función, la de manifestar a los demás sus elementos diferenciales, pues la inclusión del elemento ondas es la característica de los nobles de la milicia marítima aunque también es representativo del comercio marítimo. Los esmaltes del arma de los M. pregonan los siguientes valores: el Gules es el símbolo de la fuerza, del poder, del amor ferviente a Dios y al prójimo, tal es el significado de este esmalte, a lo que habría que añadir el afán de dominio, el coraje, la audacia, la fortaleza y la magnanimidad, un alto porcentaje de este tipo de escudos familiares se dieron por actos de guerra.

 

Bibliografía Documentación

G. Boluda del Toro, Apuntes para la historia de Mula, libro II, Familias de Mula, Manuscrito, Mula 1903, pp. 334-335.

A.y A García Carraffa, Diccionario heráldico y genealógico de apellidos españoles y americanos, Madrid, 1955, vol. 57, p 161, escudo 785.

A. Sánchez Maurandi, Familias de Mula, Serie I Tomo XVIII, pp. 560,561.

Juan González Castaño-Rafael González Fernández, Mula Repertorio Heráldico, p 400.

Wikipedia

 

Para Mahulalarica.net por Ángel García.

Última actualización 31/10/22.

FAMILIA MORENO

 

Descripción

Localización: Apuntes para la Historia de Mula

Materia: Papel.

Cronología:1903.

 

Identificación

FAMILIA MORENO

 

Armas

Las primitivas del antiguo solar del valle de Trasmiera, en campo de oro, una torre de gules y saliendo del homenaje, dos águilas de sable volantes; bordura de gules con ocho aspas de oro.

 

Observaciones en Mula.

Edificaron su casa en la calle del Hospital, junto a la de la familia Valcárcel. Las casas de los morenos son las que figuran en la relación de casas nobles de Mula a lo largo del siglo XVIII con los números 33 (edificada hacia 1740) y 80.

Probanzas,Diligencias,Provisiones de Moreno  en la Real Chancilleria de Granada.

Signatura
 
Caja
14421
Pieza
126
Fecha
1732-10-22
Tipologia
Real provision ordinaria
Litigante
MORENO GARNICA Y VARELA, Antonio
Naturaleza
 
Vecindad
Mula
Oriundo
 
Concejo
 
Disputado
Mula
Hacendado
Signatura
 
Caja
14423
Pieza
097
Fecha
1739-05-02
Tipologia
Real provision ordinaria
Litigante
MORENO VALERO, Antonio
Naturaleza
 
Vecindad
Mula
Oriundo
 
Concejo
 
Disputado
Mula
Hacendado

Historia del apellido

1ª FUENTE

Sus solares más antiguos radicaron en Santander, la Rioja, Aragón, Galicia y Castilla la Nueva, de donde pasaron a Andalucía y Extremadura y México.

Sobre su origen, existen versiones muy contradictorias. Algunos tratadistas, entre ellos Julio de Atienza, que así lo hace constar en su "Nobiliario Español", descienden del caballero romano Lucio Murena. ¿Pero de cuál? En los documentos que hemos consultado, aparecen dos personajes del mismo nombre. Hay dos Lucio o Licio Murena. Veamos quién fue el primero:

Tuvo por nombre Lucio Lucinus Murena, muerto en el año 80 (antes de Cristo). ¿Qué significó la presencia de este hombre en el antiguo Imperio Romano? Por los antecedentes que obran en nuestro poder, su actividad principal fue la política, a la que se dedicó muy activamente, lo que no le impidió llevar a cabo misiones militares ya que fue Pretor Legado de Sila en la guerra contra Mitridates. Lucio Cornelio Sila, fue un dictador, que no Emperador, de Roma. Dedicado a la carrera militar, lo hizo a las órdenes de Mario, del que más tarde sería enemigo. Nombrado Pretor, obtuvo grandes éxitos en las guerras contra los cimbrios, lo que aumentó su renombre. Ya cónsul, obtuvo del Senado la dirección de la guerra contra el griego Mitridates, pero lo que primero hizo fue perseguir a los seguidores de Mario y avanzar sobre Roma, ocupándola, para tener de su parte a los miembros del Senado, reforzó el poder de éstos y, tranquilo ya, en lo que respectaba a su posición, emprendió la campaña contra Mitridates, en donde comienza a citarse el nombre de Lucius Licinius Murena (origen del apellido Moreno, según algunos tratadistas), que fue nombrado Pretor y Legado por Sila y llevó la dirección de la guerra contra Mitridates. Los romanos ocuparon Atenas, lo que propició la paz ya que Mitridates, a cambio de ella, se avino a dejar en poder de los romanos todas las tierras que había conquistado con anterioridad. Lucio Murena (vamos a darle su nombre castellanizado), fue uno de los que se beneficiaron más con el desenlace de aquella guerra, ya que, por sus leales servicios a Sila, obtuvo de éste la concesión de numerosos beneficios. Entre éstos, obtuvo el gobierno de Asia, pero llevado por la ambición, reanudó con su ejército la guerra contra Mitridates, sin haber solicitado para ello la autorización del dictador Sila. Este, que se encontraba ocupado en la reorganización administrativa de Roma y deseaba un período de paz y tranquilidad para poder llevar a efecto sus proyectos, se apresuró a ordenar a Lucio Murena que suspendiera, de inmediato, las hostilidades contra el rey de los griegos. Lucio Murena obedeció, regresando a Roma, pero, en adelante, ya no volvió a participar en acciones militares, limitándose a ejercer su cargo de Senador para el que fue elegido.

Y ahora vamos con el segundo Lucio Murena: Hijo del anterior, sirvió a las órdenes de su padre en las campañas de Asia y después de que Sila muriera, participó en una nueva guerra contra Mitridates, siendo Legado de L. L. Lúculo (año 75 antes de Cristo), distinguiéndose en la campaña de Armenia. Fue pretor en la Narbonense y elegido posteriormente cónsul, pero acusado de corrupción y a pesar de ser defendido por Cicerón, renunció a su carrera política, retirándose a sus posesiones, donde murió.

De ninguno de ambos personajes se dice que estuviera en Hispania. Ahora bien: Vistas las biografías de los dos, de inclinarnos por alguno como progenitor del apellido Moreno, lo haríamos por el segundo, ya que fue Pretor en la Narbonense y este fue un territorio dominado por Roma, una provincia romana, en las Galias, es decir, en Francia, que llegaba hasta los Pirineos, cuya capital estuvo establecida en Nemausus (la actual Nimes), es decir, muy próxima a la Península Ibérica. Además, esta región de la ciudad de Narbona fue, con la dominación visigoda, capital de su imperio. Más tarde, dependió de los condes de Tolosa y durante la Edad Media mantuvo estrechas relaciones con la corona de Aragón. Fue dominio de los condes de Foix y no hay que olvidar que estos fueron también Señores de Navarra.

Por tanto, y a la vista de todo lo anterior, nada impide que, en efecto, el origen del apellido Moreno se encuentre en el senador y militar romano Lucio Lucinio Murena, cuyos descendientes nacidos ya en las Galias, pasaran a España, estableciéndose en Aragón y Navarra, y con el tiempo este apellido original Murena, se convirtiera en Moreno. Dando por cierto todo lo anterior, viene a resultar que el apellido Moreno es muy antiguo. Pocos hay que remonten sus orígenes a la antigua Roma, en la época anterior a Jesucristo.

Parece más lógica la versión anterior que aquella otra, sostenida por algunos autores en la cual mantienen que este apellido proviene de algún mote o apodo. Es decir, que en determinada época existió cierto personaje de nombradía al que, por lo oscuro de su tez, se le apodo "el moreno". Esto que, en otros casos, está debidamente comprobado (basta citar el Lozano), aquí no encuentra excesiva consistencia, cuando se dan, como ha quedado expuesto, tantos argumentos históricamente comprobados sobre el personaje romano del que se ha hablado con anterioridad, así como las razones que, asimismo históricas, avalan la asignación de Moreno al apellido original romano Murena.

Hubo muchas casas solares del apellido Moreno, no emparentadas entre sí y originarias, en general, de los antiguos reinos cristianos del norte de España, pero también de Aragón, País Vasco y Navarra, desde donde pasaron al resto de España.

Se hallaron los Moreno, por ejemplo, entre aquellos que repoblaron el antiguo reino de Valencia, una vez ganado a los moros por el Rey Jaime I de Aragón. Procedían estos Moreno de Castilla y Aragón, y ya en el siglo XIV y XV existían casas del apellido en las poblaciones de Valencia (1354-1373), Xátiva (1421) y Llíria (1427).

Los de este apellido probaron, en repetidas ocasiones su nobleza ante las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada, así como para su ingreso en las Órdenes de Santiago, Calatrava, Carlos III , y en la Real Compañía de Guardias Marinas o el desempeño de cargos ante el Santo Oficio de la Inquisición.

 

Bibliografía y Documentación

 

Repertorio Heraldico de Mula, Juan González, Rafael González ,p 396.

Rebuscos y documentos sobre la Historia de Cartagena, Cehegín, Mula y Murcia. , autor Andrés Baquero Almansa. Manuscrito inédito de 1750.p65

Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispano-Americana de Alberto y Arturo García Carraffa.

Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica de Vicente de Cadenas y Vicent.

Els Fundadors del Regne de València de Enric Guinot.

Nobiliario Español de Julio de Atienza.

Heraldario Español, Europeo y Americano de Ampelio Alonso de Cadenas y López y Vicente de Cadenas y Vicent.

Diccionario de Heráldica Aragonesa de Bizén d'o Río Martínez.

Diccionario Heráldico y Nobiliario de los Reinos de España de Fernando González-Doria.

Armorial Général de J.-B. Rietstap. Illustrations to the Armorial Général de J.-B. Rietstap.

 

Para Mahulalarica.net por Ángel García.

Última actualización 24/12/22.

Apuntes históricos sobre la construcción del cementerio de San Ildefonso de Mula (1900)

 

Con la conquista de Mula, en 1244, por las huestes del infante Alfonso, futuro Rey Sabio, entró el cristianismo a la villa y con él se fundaron sus primeras iglesias parroquiales: Santo Domingo de Guzmán y San Miguel Arcángel. Fue en ellas y sus entornos donde se establecieron los lugares de enterramiento de los vecinos.

 

Así pues, sabemos que en 1369 la iglesia de Santo Domingo contaba con su propio cementerio parroquial anexo al templo.1

 

Durante siglos, los vecinos de Mula se enterrarron en los referidos templos, salvo contadas excepciones merced a calamitosas epidemias, como la de peste de 1648, cuando se abrió una fosa común frente al Hospital,2 o la fiebre amarilla de 1812, en cuyo caso se abrió un enterramiento colectivo junto a la desaparecida ermita de San Sebastián.3

Con la Real Cédula de Carlos III, en 1787, se prohibían los enterramientos en las iglesias, obligando a crear un espacio destinado a camposanto en las afueras de cada ciudad, alejándolos de la población y evitando, así, la insalubridad y transmisión de enfermedades.

 

Sin embargo, la adaptación a las nuevas normas establecidas por la Real Cédula fue lenta, sobre todo en las pequeñas ciudades, como ocurrió en Mula.

 

Si bien, ya en 1800 el Concejo prohíbe los enterramientos en las iglesias,4 no fue hasta comienzos del año 1831 cuando los muleños contaron con un cementerio municipal donde enterrar a sus difuntos. Se desconoce dónde se enterraron los muleños durante el primer tercio del siglo XIX, aunque es de suponer que continuaron haciéndolo en las iglesias, desoyendo el decreto del Ayuntamiento, cuya única finalidad sería cumplir con lo dictado por las administraciones superiores de forma oficial, no así extraoficialmente.

Así las cosas, en la sesión plenaria del 12 de junio de 1830, el Concejo muleño trata sobre una Real Orden recibida a fin de destinar 25000 pesetas, procedentes de la pagaduría de Marina, a la construcción de un cementerio y otros menesteres.5

Pronto, la villa se pone a trabajar en ello y comienza la construcción de su camposanto, encargando las obras al maestro alarife muleño Lorenzo Duarte, quien lo tendrá listo para diciembre de ese mismo año.6

Aquel primitivo cementerio, situado en el Cabezo del Sepulcro, al sur de la villa, tenía «una superficie de cuarenta metros de longitud, por diez y nueve de latitud», la cual se tornó insuficiente para el último cuarto de siglo, estimándose en más de treinta mil los cadáveres que allí habían sido inhumados.7

No pueden pasarse por alto las epidemias de cólera morbo asiático que tuvieron lugar a lo largo del siglo XIX y que llevaron a la tumba a un gran número de vecinos en la villa, principalmente las de 1855 y 1885.Por lo expuesto, ya a finales de la década de 1870 hubo un intento, aunque fallido, de remediar el lamentable estado del cementerio con una ampliación del mismo. De nuevo, en 1887, tras la última epidemia de cólera, se retoma la intención de solucionar el problema, aunque en esta ocasión se decide construir un nuevo camposanto. Así, el 5 de febrero de 1888, el Concejo acuerda «encargar á uno de los arquitectos de la capital el plano del Cementerio» y, en virtud de ese acuerdo, el 1 de junio de ese mismo año, Juan Molina Párraga, a la sazón alcalde de Mula, notifica el encargo al arquitecto Justo Millán Espinosa (1843-1928).8

 

Con el proyecto de cementerio en poder del Concejo, cuya entrega la había hecho el arquitecto con presteza, solo restaba comenzar las obras.

Sin embargo, surgieron dos problemas principales a la hora de afrontar la construcción: los Terrenos donde se pretendía establecer el cementerio eran de propiedad particular y el Ayuntamiento no disponía del capital necesario para la compra y las obras.

Pasado algún tiempo, tras el cambio de gobierno local de liberales a conservadores y ocupando la alcaldía Martín Perea Valcárcel, Francisco Piñero Palazón, prohombre del partido conservador, insiste a aquel en la necesidad de construir el cementerio, para lo cual propone un proyecto que no afectaría a las arcas municipales. En primer lugar, tendrían que conseguir la cesión gratuita de los terrenos, cuya propiedad era de un sobrino de Alfonso Chico de Guzmán, cuyos bienes  administraba el citado Piñero y le constaba que la empresa sería viable. Una vez resuelto eso, solo sería necesario dividir el camposanto proyectado por Millán en parcelas y venderlas, con cuyo producto podrían costearse las obras.

 

Por fin, la idea de Francisco Piñero surtió efecto, en buena medida porque Alfonso Chico de Guzmán vio con buenos ojos el proyecto y, no solo cedió los terrenos de su sobrino, sino que intercedió para convencer al alcalde, quien acepto ejecutar el proyecto. Así fue como se fundó la Junta del Cementerio, compuesta por particulares muleños, la cual se encargó de la venta de parcelas, la construcción y la gestión del camposanto.

 

En mayo de 1897, el semanario local La Lata constataba la venta de todas las parcelas gran[1]des, casi todas las medianas y se esperaba que en breve plazo se vendiera un gran número de las pequeñas.9

 

Una vez vendidas casi todas las parcelas, se dio comienzo a las obras contratadas con el maestro de obras Mariano Dato Martínez, quien cobró los trabajos con la cesión en propiedad de una de las parcelas. Con las obras aún en proceso, el 26 de noviembre de 1899, el Concejo recibió una comunicación del Gobernador Civil de la Provincia autorizando la apertura del nuevo camposanto y certificando el cumplimiento de los requisitos exigidos.10 Dos días después, la Junta del Cementerio aprobó el Reglamento del Cementerio de la ciudad de Mula, el cual fue impreso en la Imprenta de Mula, de Basilio Robres Mañas, el 6 de diciembre. En sus 72 artículos, el reglamento regula todos los aspectos concernientes al cementerio y faculta a su Junta como órgano competente en la toma de decisiones. Además, establece las labores del sepulturero y las competencias del capellán, define los espacios del camposanto, determina el tipo de urbanización y vegetación que debía disponer, regula las inhumaciones y exhumaciones, etc.

 

Es interesante destacar el primer artículo, donde se dice que «Este Cementerio se denominará de San Ildefonso».11 El motivo de esa decisión se debió a la proposición que Francisco Piñero Palazón hizo a Patricia Muñoz, mujer de Alfonso Chico de Guzmán, para honrar la memoria de su esposo, quien falleció el 30 de noviembre de 1897, mientras se estaban llevando a cabo las gestiones del nuevo camposanto y en las que, como se ha visto, jugó un papel fundamental.

Por fin, el 8 de diciembre de 1899, el mismo día en que se clausuró el entonces conocido como Cementerio Viejo, se inauguró el Cementerio de San Ildefonso, pese a no haberse concluido aún las obras. Y así, los muleños cerraron el siglo XIX con un cementerio en condiciones dignas de enterrar a sus difuntos.

A modo de conclusión, cabe indicar que el presente trabajo se expone como una aproximación histórica de la construcción del cementerio.Sin embargo, queda abierto el tema para realizar otros trabajos que estudien el cementerio de forma pormenorizada.

 

AUTOR: Juan Fernández del Toro


1) González Castaño, J. Una villa del Reino de Murcia en la Edad Moderna (Mula, 1500-1648), Murcia, Real Academia

Alfonso X el Sabio, 1992, p. 68.

(2) González Castaño, J. «El apocalipsis en Mula en la primavera de 1648», en Áreas. Revista Internacional de Ciencias

Sociales, 3-4, 1983, pp. 181-191.

(3) Sánchez Maurandi, A. Historia de Mula y su comarca, Murcia, 1955-57, p. 223.

(4) González Castaño, J. (coord.), Síntesis de Historia de la ciudad Mula, Mula, CAM Cultural, 1990, p. 59

(5) Archivo Municipal de Mula (en adelante A. M. Mula), Acta Capitular de 1830-VI-12.

(6) A. M. Mula, Acta Capitular de 1830-XII-19.

(7) La Lata, 1897-V-9.

(8) A. M. Hellín (Archivo Municipal de Hellín), fondo Justo Millán Espinosa.

(9) La Lata, 1897-V-9.

(10) A. M. Mula, Acta Capitular de 1899-XI-26.

(11) Reglamento del Cementerio de la ciudad de Mula, ejemplar conservado en un archivo particular de Mula.

 


Bibliografía

González Castaño, J. «El apocalipsis en Mula en la primavera de 1648», en Áreas. Revista Internacional de Ciencias Sociales, 3-4, 1983, pp. 181-191.

González Castaño, J. (coord), Síntesis de Historia de la ciudad Mula, Mula, CAM Cultural, 1990.

González Castaño, J. Una villa del Reino de Murcia en la Edad Moderna (Mula, 1500-1648),

Murcia, Real Academia Alfonso X el Sabio,1992.

Sánchez Maurandi, A. Historia de Mula y su comarca, Murcia, 1955-57.

Francisco Meroño Pellicer , Piloto aviador

 

Francisco Meroño Pellicer

  Nació el 17 de junio de 1917 en Mula, provincia de Murcia (España), en una familia obrera pobre y muy numerosa.Muy pronto se quedó huérfano, por parte de madre, y conoció muy temprano, en su adolescencia, lo que significa un trabajo duro y explotador, pero lo aceptaba así, porque tenía que ayudar a su padre a mantener a cuatro hermanitas, que eran mucho menor que él.

En mayo de 1937, el piloto Meroño forma parte de una escuadrilla de “Moscas” en Totana (Murcia), que después sale para el frente de Madrid. El 1 de junio de 1937, él ingresa en el Partido Comunista Español.

¿Qué voy a hacer? ¿Saltar con paracaídas? ¿Y qué pasa si el avión c ae en un pueblo? ¿Dónde estoy? No se ve nada a través de las nubes... ¿Qué decisión voy a tomar?

Mientras pienso, el avión está bajando con el motor apagado. Cuando muevo aparte la cubierta corrediza, todo el uniforme de piloto queda salpicado de hielo. No veo nada con las gafas protectoras ya que están manchadas de combustible. Me quito las gafas, la gasolina me cae en los ojos y siento un dolor agudo. Si salto en paracaídas, nos quedamos sin el avión... Vamos a ver... Estoy planeando. Seiscientos metros, cuatrocientos, trescientos.... ¡Las nubes, nubes! Por fin se empieza a esclarecer. Doscientos metros. Ya se ve la tierra, oscura en algunas partes, blanca en otras, con trincheras, cráteres, alambre de púas. Un U-2 pasa muy cerca de mi avión. Lo observo y veo como el avión de entrenamiento aterriza en una parcela pequeña entre los árboles de 200 a 300 metros. Me dirijo allí, aunque sé que se necesita una pista por lo menos tres veces más grande para aterrizar un MiG. Pero ahora es mejor que nada.

En completo silencio, a la velocidad mínima que permite el avión, empiezo a descender. El avión corre por la tierra como si nunca fuera a pararse. Los cadetes de una escuela aérea me están mirando con sorpresa. Aprieto la rueda izquierda con el freno para compensar la falta de distancia adecuada para aterrizar con un giro. El avión da una vuelta por el borde del campo y se para.

El director de la escuela se apresura hacia mí.
“¿Quién diablos le ordenó aterrizar aquí?”
“Nadie me lo ordenó”.
“¿No ha visto que es un aeródromo de entrenamiento?”
“Lo he visto. Ahora déjeme hablar por teléfono”.
Llamo al cuartel general de la división. Contesta el teniente general Toropchín.
“¿De dónde llamas? ¡Debes estar en el aire!”
“He tenido un aterrizaje de emergencia en el aeródromo”.
“En seguida voy, vamos a arreglarlo allí mismo”.
Al cabo de unos pocos minutos el avión del general ya está en el aeródromo.
“¿Qué pasó?”, pregunta el general.
“El motor dio lata, se rompió el oleoducto. Vea, estoy salpicado de óleo de pies a cabeza.
“¿Cómo lograste aterrizar? ¿Lo habéis visto?”, pregunta el general a los cadetes que nos han rodeado.
“No. Sólo vimos el avion bambolearse por todo el campo...”
“Eso sólo se logra una vez en la vida... Este avión no podrá despegar de aquí, tendremos que desmantelarlo”.
“Evidentemente”, digo.

Así empiezo a contarles sobre un caballero del aire, Francisco Meroño Pellicer, caballero en el aire y en la tierra; para el enemigo, diablo rojo en los combates aéreos, y un santo, para con sus amigos y seres queridos.
Francisco Meroño, era mi padre, y al noveno aniversario de su muerte, preparando la publicación de sus memorias, como aviador de caza republicano en la GCE y II Guerra Mundial, para su II edición, afloran a la imaginación los recuerdos, los acontecimientos, vividos y presenciados por él en los tiempos de esas dos guerras, así como los que fueron contados por él mismo, estando en el exilio ruso.



Además, cada día que pasaba, lo hacía con más rabia, más responsabilidad y conciencia, recordando a su madre, cuyo día de muerte, no era de las cosas que se olvidan con el tiempo. Cada año la recordaba con nostalgia y dolor profundos; incluso nosotros, los hijos sabíamos cómo, cuándo y por qué murió nuestra abuela. Sabíamos también, que por esas fechas, nuestro padre se retiraba con tristeza a su habitación, recordándola a solas.

Él recuerda a su madre, incluso en las primeras líneas de su libro: "La muerte prematura de mi madre el día 26 de agosto de 1931 deja en mí la mella más profunda que jamás pueda sentir, vacía mi corazón de todas las ilusiones infantiles, esperanzas y creencia en todo. Mi padre me lleva consigo a la construcción de un pantano en un apartado rincón de la cuenca del río Mundo…

Aquí aprendo un poco de todos los oficios: acarreo cántaros de agua y tubos de hierro, abro zanjas, amaso cemento, golpeo con el macho los hierros candentes de la fragua, muevo los fuelles de la herrería. Por las tardes arranco el motor que mueve la dinamo para dar luz a los edificios, donde se baila, ríe, juega y bromea, mientras yo lloro al son de esa algarabía y griterío, que hasta mí llega confuso, lejano e inaccesible. Estudió por correspondencia en ese revoltijo de contradicciones”.

Como se ve, en vez de disfrutar plenamente de las oportunidades que da la vida, cuando uno es joven, en su tiempo libre buscaba la compañía de su padre, a quién ayudaba en la construcción de un pantano. A su vez, el padre le transmitía su afición por la caza y la pesca, la que mantuvo hasta los últimos días de su vida. Más tarde, consiguió terminar sus estudios en el Instituto Topográfico de Sevilla.

Recuerdo, que yo hablaba mucho con mi padre sobre la patria española; así él me transmitió su amor a todo aquello, que llevaba como adjetivo, la palabra “español”. Las primeras palabras, pronunciadas por mí, fueron “papá” y “mamá” y no “pápa”, “máma”, como se dice en ruso, ya que se suponía que el ruso debía ser mi lengua materna. Me gustaban las costumbres, las tradiciones, la comida españolas, en particular, la paella y el flan que hacía mi padre.

Cuando teníamos invitados en nuestra casa de Moscú o en La Habana, en los días festivos, cuando toda la familia se reunía a nuestra mesa, el que preparaba la comida, era él, porque gustaba mucho la mesa a la española. Mi primera canción, que traté de imitar, fue una canción de una película española; la música que me gustaba escuchar, también era española, canciones, como “Granada”, “Malagueña”, etc. Mi primer baile, lo bailé con un vestido típico español, mandado por mi tía desde Madrid, fue con motivo de un cumpleaños mío, era un baile “flamenco”. En breves palabras, todo lo español me fascinaba, pero no podía pasar por alto la otra parte mía, la rusa, por lo que ahora soy, lo que soy, una intérprete y profesora de los idiomas ruso y español. El destino me llevó a Cuba para hacer unas prácticas, después de haber cursado los estudios universitarios, como filóloga de español, donde conocí a mi futuro esposo, cubano, que conocía muy bien el idioma ruso. Nuestro matrimonio afectó de cierto modo a mi padre, pero lo aceptó, sin embargo, mis tíos españoles no me han comprendido nunca.

Volviendo a recordar mi infancia, la época, cuando el cariño entre el padre y la hija es inmenso y, prácticamente, los dos éramos como si fuéramos uno sólo, estaba yo soñando con ingresar en una escuela de ballet, y mi padre me contaba sus sueños de la infancia: la quimera de su infancia.

Y es así, como empieza su primer libro: “Dicen que la edad de 14 años es la más propicia para hincar el jalón primero en el itinerario del destino futuro, es decir, escoger la ruta a seguir por el mundo para ser útil a la sociedad y cubrir las propias ambiciones. ¡Es posible! Aunque yo creo que, para un camino tan áspero, es harto arriesgado elegir con tan exigua experiencia. Precisamente a esta edad, quince céntimos, conseguidos del noble corazón de mamá, me permitieron ver la película francesa titulada “Alas”, argumentada en el fondo de la Primera Guerra Mundial de los años 1914-1918. Esta inflama la llama que alumbra la idea de hacer de mí un aviador, pero existe una inmensa enumeración de controversias que irremisiblemente, si las circunstancias no cambian, abolirán mis inverosímiles aspiraciones…Yo pertenezco a una familia pobre y numerosa, obrera, así que lo máximo que yo puedo alcanzar en mis pretensiones, podrá ser, como los de mi clase, ingresar de soldado en el Arma de Aviación y lavar y preparar esos aparatos para que los vuelen esos señoritos…” Así pasó un tiempo, en el que se maduró su carácter.

Pero, “…un día claro y transparente, (como muchos días del año en nuestra península), el 18 de julio de 1936, la radio de Tetuán envía al espacio la consigna de: "Todo el cielo de España está despejado". En España comenzaba el levantamiento fascista…”

En uno de esos primeros días, el adolescente Paco fue herido con una “bala loca” en una pierna. Pero, apenas recuperado, “después de que la herida se tapó con un velo tierno de piel, cojeando, en una noche sin luna, negra como la faz del fascismo, en un tren repleto de gentes mal vestidas, sudorosas y armadas todas con las más diversas armas, salgo con rumbo hacia Madrid, sin documentación ni aval político que garantice mi persona”.

Sí, el destino lo llevó al aeródromo de “Cuatro Vientos” de Madrid. Luego, como voluntario, partió a Murcia, con otros compatriotas voluntarios, y así, empezaron a cumplirse sus sueños de convertirse en un buen piloto. Desde el primer día de la Guerra Civil en España, combatió como voluntario en las filas del Ejército Republicano: estuvo por el aeródromo de Alcantarilla, en la Finca de Los Llanos (Provincia de Albacete). A mediados de diciembre de 1936 se presentó en la convocatoria en el aeródromo de Los Alcázares para ingresar en el curso de pilotos. “… Una nota del Ministerio del Aire convoca a presentarse en el aeródromo de Los Alcázares a todo, el que solicitara la entrada al curso de pilotos...”

Después de una previa selección, el grupo de los afortunados, parte para el puerto de Cartagena, y de allí, en el barco “Ciudad de Cádiz” zarpan con destino hacia la Unión Soviética, para luego ser trasladados a la ciudad de Kirovabad. Allá, los ponen en la Escuela de preparación de pilotos y, desde enero hasta abril de 1937, viven allá, cursando los correspondientes estudios. Después, en el barco “María Uliánova”, en el mismo grupo volvió nuevamente al frente, como piloto de caza. Bajo el mando del instructor soviético Pligunov Serguey G., cuyo pseudónimo en España era, simplemente, Antonio, pasó el entrenamiento en el aeródromo de El Carmolí.

Con esas palabras él recuerda en su libro el comienzo de la práctica: “…Se aproxima el amanecer. El reloj de la pequeña iglesia de Los Alcázares acaba de dar las cinco de la madrugada, hora cuando las siluetas de los hangares comienzan a tomar forma. El capitán Villimar mueve la llave de la cerradura donde dormimos. Y enseguida, su voz de mando: ¡Arriba, muchachos! -acompañada de las típicas palmaditas, costumbre que adquirió en la escuela de Kirovabad. - ¡Arriba, muchachos, que ya es hora! Sin encender las luces comenzamos a abrir las ventanas. Hace calor. Los taconazos de las botas por los pasillos van llenando el edificio de ruidos. Es la última mañana que despertamos aquí. Hoy, después de unos cuantos vuelos de reentrenamiento, saldremos rumbo al frente: ¿A cuál? - ¡Oye, Pedro! ¿Tú no sabes quién será el profesor de vuelos, que nos entrenará hoy? - ¡Sí! ¡Antonio! ¡El soviético! ¡Menos mal! Porque si es alguno de esos viejos pilotos, que todavía quedan por aquí...”

 

En diciembre de 1937, estuvo defendiendo el Puerto de Alicante y los barcos soviéticos, después participa en la ofensiva de Teruel. En marzo de 1938 defiende Valencia, participa en los combates aéreos de Caspe y en el frente aragonés. Una vez terminado el descanso en La Casa de Reposo de la Malvarrosa (marzo-abril), se ubica en el aeródromo de Camporobles y participa en la ofensiva por el frente de Aragón. El 30 de julio pasa a la zona catalana para tomar parte, en agosto de 1938, en la ofensiva del Ebro, hasta el 15 de noviembre de 1938. En enero de 1939 está en Barcelona, Valencia, Albacete, vuelve a La Finca de Los Llanos y pasa por el aeródromo de Figueras.

 Al quedar en libertad después del campo de concentración fascista, tuvo que emigrar a la URSS, donde trabajó en una fábrica de automóviles y conoció a su futura esposa. Luego del ataque traidor de la Alemania fascista a la URSS ingresó voluntariamente a las filas del Ejercito Rojo. Pasados los primeros días, es requerido por las autoridades soviéticas, junto con otros 18 aviadores españoles, para entrenarse y ejecutar tareas especiales, pilotando aviones alemanes (guerrillas aéreas), que los soviéticos poseían con anterioridad al conflicto mundial como resultado del intercambio de material bélico, según acuerdo bilateral, firmado en agosto de 1939

En 1939 En los primeros días de febrero de 1939 tienen lugar unos acontecimientos, cuyo reflejo lo describe en sus memorias de la siguiente manera: “…Primeros días de febrero de

 Ayer derribaron a Cortizo en el último aparato que nos quedaba de la sexta escuadrilla, dice Arias. Aterrizan los dos "Moscas" que salieron a la alarma. El piloto Torras calcula mal y se mete debajo del "Junkers" que nos trajo hasta aquí. Se incendian los dos aviones, quemándose el piloto, los dos aviones y las esperanzas que teníamos puestas en poder salir de España por aire. Los tanques fascistas están a pocos kilómetros de Figueras. Prendemos fuego a todo lo que queda útil: aviones, coches rotos, cajas con municiones...Los aviones alemanes están tirando bombas por todas partes. La gente corre de un lado para otro, escuchan la nueva tanda de bombas y vuelven a correr. Por la mañana, cesa la lluvia y esclarece el cielo para darles otra oportunidad a los fascistas. Las fuerzas se agotaron, quedan solamente las escasas para arrastrar los pies en el tramo postrer lleno de barro y sangre que nos queda para llegar a Francia, subir y bajar los Pirineos. Sin almuerzo, nerviosos, comenzamos a enterrar a los muertos del bombardeo nocturno. No hay ataúdes, el cementerio está lejos y los tanques enemigos cerca. Los obuses ladran el camino y los estallidos llegan hasta nuestros oídos. En las mismas zanjas que nos sirvieron de refugio colocamos los cadáveres en filas de a dos, uno al lado de otro. Una vieja, con el rosario en la mano, cuenta: dos, cuatro, seis... Mujeres y niños lloran en silencio, se oyen voces amargas. La zanja va disminuyendo... Aquí hemos enterrado a treinta y seis cadáveres, en el pueblo hay centenares. Se llenaron las zanjas, hacemos otras. En un pozo enterramos a los que no tienen familiares ni amigos. Sobre la tierra fresca y removida no dejamos nada; ni cruces, ni lápidas, ni flores. Si fuera verano, las cogeríamos en el campo, ahora está todo muerto…”emigró a la URSS donde trabajó en una fábrica de automóviles. Al estallar la Gran Guerra Patria ingresó voluntariamente en el Ejército Rojo. Defendió las ciudades de Moscú, Tula y Kursk, derribando a siete aviones alemanes.

 

Noviembre de 1941 - Abril de 1942),

Durante los tres primeros meses de las operaciones en curso, pilotaba los aviones de caza tipo YAK-7 y YAK-I (soviéticos) y simultáneamente se entrena en el caza alemán Messerschmitt BF-109.

Cuando Moscú se encuentra asediado participa en la defensa aérea hasta finales de marzo de 1942, pilotando un caza soviético MIG-3. A continuación es destacado en compañía de Fernando Blanco de la Carrera y Vicente Beltrán Rodrigo (componentes del grupo de los 19) al sector de Tula del Frente Central. Voló en muchos tipos de cazas soviéticos, defendió el cielo de Moscú, Tula, y Stalingrado. En esos casi dos años de “trabajo” en el cielo soviético, derribó siete aviones alemanes.Posteriormente, en el verano de 1943, sus colegas y él, lucharían en la batalla por el Arco de Kursk, pero en los primeros días de combate, Meroño fue derribado por fuego amigo debido a una confusión por un fuego cruzado, y cuando caía en paracaídas, fue gravemente herido en la pierna izquierda y en el pecho. Cayó en un frente ruso, y por su uniforme extranjero, lo confunden con un piloto alemán o italiano; lo iban a matar, pero primero lo trataron de reanimar para interrogarlo. Una vez recuperado, al entender lo que hablaban entre sí los soldados, los reprimió con una andanada de tacos en ruso, que sólo utilizaban gente de muy baja cultura, prácticamente un argot, que se hablaba solamente en los suburbios de la ciudad, que supuestamente ningún extranjero podría conocer…Y fue eso, precisamente, lo que le salvó la vida. Al término de seis meses de recuperación, sensiblemente disminuidas sus facultades aviadoras, es destinado como instructor a una escuela de vuelo, en cuyas tareas le sorprende el final de la guerra.Para citar algo de la segunda parte de las memorias de Francisco Meroño, citaré una parte, que trata de la participación de los aviadores españoles en uno de los combates, que determinó el viraje histórico de esa guerra: La Batalla por Stalingrado. Y para ello comienzo con el siguiente fragmento, que muestra el heroísmo de los aviadores españoles y soviéticos en los combates aéreos conjuntos en todos los tipos de aviones:“…Los españoles debemos al teniente general Alexander Osipenko nuestro ingreso en la aviación. A lo mejor, todo habría quedado envuelto en un légamo de incertidumbre como quedó el servicio especial que cumplimos el pequeño grupo de aviadores al volar en aviones alemanes. Sabemos que él no nos lo podía negar. Primero por ser aviador, y los aviadores son gentes de seis sentidos; el sexto, es el sentido “volador” que empuja al avión hacia el abismo para salvar la vida del compañero en peligro. Por eso cansa tanto el combate aéreo: porque sufres por el compañero. Alexander Stepanovich Osipenko no podía hacerlo de otra forma y nos echó una mano. Nosotros mantuvimos en alto ese galardón y defendimos la autoridad y la confianza, que puso sobre nosotros. ¡Un millón de gracias, camarada Osipenko!”A continuación, citando fragmentos del libro de Francisco Meroño, “Aviadores españoles en la Gran Guerra Patria”, nos damos cuenta de cuán horribles imágenes llevaban aquellos días de la lucha contra el fascismo alemán. “…Para los pilotos el día comienza antes del amanecer, a esa hora cuando el sol comienza a levantar su pesado disco rojizo por el otro lado del Volga Hace tiempo ya que están sentados en las cabinas de sus aparatos con las gafas levantadas sobre la frente. A la escuadrilla le quedan cinco aparatos servibles, sin contar la cantidad de parches que tienen. Pero, como sea, con ellos hay que hacer frente a toda la armada fascista que se cierne por encima de Stalingrado.

 Los días empezaron a hacerse más cortos rápidamente. El cielo estaba cubierto de nubes todo el tiempo, como si anocheciera. Luego llegaron intensos fríos. No los soportábamos bien. Cuando el mayor Jalútin organizaba vuelos nocturnos, nos sentíamos mártires congelados. El termómetro a veces indicaba menos 35 grados y, aunque estábamos bien abrigados, no siempre sentíamos los pedales con los pies.

Por la mañana el cielo se cubre de nubes, una nevada intensa forma montones de nieve en el aeródromo y los aviones se cubren de nieve. El viento del norte se recrudece, hace más frío. Cierro la cabina del MiG y me cubro la cabeza con el cuello de mi chaqueta de piel. Me caliento poco a poco y me adormilo, pero un cohete rojo se dispara del refugio subterráneo donde está situado el cuartel general.

En seguida pongo en marcha el motor, piso el acelerador y pronto ya estoy en el aire. Apenas han pasado tres minutos, cuando yo vuelvo a penetrar las nubes volando al sur. Enciendo la radio y escucho. “¡Alerta! Junkers-99, cuadrado 28, altitud 4000, rumbo 360 grados”. Miro el mapa: mi dirección es correcta. Me acelero. ¿Dónde se acaban por fin esas nubes? El altímetro indica 3000 metros y todavía no he salido de esa oscuridad. De repente huele a combustible ardiente en la cabina. El humo muerde los ojos. ¡No veo nada! Me quito las gafas y al acercar el rostro al indicador del nivel de combustible, veo con sorpresa que está casi en cero. ¿Qué pasó? Apago el contacto y el alto rugido del motor se cambia por el silbido del viento.

Varios días continúa complicada y alarmante la situación en este sector del frente. Las fuerzas enemigas hacen desesperados intentos de romper la resistencia del Ejército Rojo. En los combates aéreos tampoco se escatiman fuerzas. José Pascual Santamaría y Domingo Bonilla, ala con ala con sus camaradas soviéticos, continúan la lucha indomable por Stalingrado. La aviación alemana, con la constancia de los vientos alisios sigue viniendo en manadas grandes, considerables; las pérdidas son tremendas y la lucha continúa pavorosa...…José Pascual, encendido por el resentimiento o enardecido por las dos victorias consecutivas, decide acosar al enemigo dentro del carrusel que formaron y, cuando su mortífera racha de fuego alcanza al tercer Messer y éste se va retorciendo en las convulsiones de la muerte las balas del enemigo entran en su aparato… José Pascual se arroja al vacío. La bola redonda, que forma su cuerpo, se va perdiendo poco a poco, como un punto lejano. El paracaídas, teniendo el cable cortado por una de las balas, no pudo abrirse.Es imposible olvidar su heroísmo. José Pascual Santamaría fue uno de los primeros en los cielos de España y ha muerto como un héroe, defendiendo Stalingrado. José Pascual Santamaría fue condecorado a título póstumo con la máxima condecoración soviética.Los aviadores españoles jamás olvidaremos a aquellos, que compartieron con nosotros lo agrio y lo dulce, pues la guerra tiene de todo. No olvidaremos a los aviadores que lucharon en España, ni a los que surcaron con nosotros los aires en los frentes de la Gran Guerra Patria del pueblo soviético, que fue, a su vez, también la continuación de la nuestra...

 

Junio de 1948, fue desmovilizado de las Fuerzas Aéreas y pasó a ocupar un puesto de dirección en una fábrica de aviación civil de Moscú, tareas que abandonó en 1964 para viajar a Cuba, donde desempeñó funciones de misión internacionalista como asesor técnico en la Empresa de cooperación comercial (cubano-soviética) AVIAEXPORT, ubicada en La Habana. Allí permanece junto a su mujer y su hija durante seis años y al término de ese trabajo, regresa a Moscú con su familia para incorporarse a una vida civil tranquila, en compañía de su hijo mayor. Desde entonces reside en esa ciudad, donde encuentra tiempo para escribir sus memorias.

En 1964  para viajar a Cuba, donde desempeñó funciones de misión internacionalista como asesor técnico en la Empresa de cooperación comercial (cubano-soviética) “AVIAEXPORT”, ubicada en La Habana. Allí permanece junto a su mujer y su hija durante seis años, y al término de ese trabajo, regresa a Moscú con su familia para incorporarse a una vida civil tranquila, en compañía de su hijo mayor. Desde entonces reside en esa ciudad, donde encuentra tiempo para escribir sus memorias.

 

En 1970 fue jubilado a causa de diferentes enfermedades. Y así continuó su trayectoria de emigrante junto a la familia, que en ese tiempo había constituido en el país que le acogió tanto tiempo atrás.Dicen, que la distancia, lleva al olvido, pero con él no ocurrió así.

 

En marzo de 1970, junio de 1972 y noviembre de 1992, acompañado de su familia viaja a su tierra natal, donde siguieron viviendo, echando de menos su presencia y su cariño, las cinco hermanas suyas. No retornó a su patria, porque no quiso que su esposa sufriera lo mismo, que había sufrido él, alejado de ella. La nostalgia y la separación de los seres queridos, echando de menos la posibilidad de oír hablar a las personas en su lengua materna, celebrar los días festivos junto con su pueblo, preparar los platos favoritos, así como seguir las tradiciones y costumbres de su país. Y si hubiera tenido que retornar, porque todo, dentro de su ser y su corazón, lo llamaban a hacerlo, por un lado, y el cargo de conciencia por obligar a su familia a un sacrificio que conocía de sobra, por el otro, no le habría permitido ser feliz entre sus hermanas y sobrinos. Por eso, teniendo dos alternativas, entre el vivir fuera de su Patria, lo que ya había hecho una vez, y presionar a su familia, optó por el camino ya conocido. La escritura de sus memorias le sirvió de desahogo a su nostalgia por España.

 

En 1975 publica un libro titulado En el cielo de España y en 1985 lanza otro, con el título de Aviadores Españoles en la Gran Guerra Patria, ambos publicados en ruso y español por la Editorial Progreso de Moscú. Dejó en manuscrito dos obras sin publicar: Así como fue, un verdadero retrato de la vida de un emigrante en el exilio durante los años de guerra y posguerra y Los Gabrosos Españoles, que es una serie de relatos sobre la vida de jóvenes huérfanos españoles en las condiciones de la guerra en su país.

En los años 80, a pesar de que vivía en el extranjero, el Gobierno Español lo ascendió al grado de coronel quedando reconocido, oficialmente, como retirado, con el empleo de coronel del Arma de Aviación de las Fuerzas Armadas Españolas.

En 1985 lanza otro, con el título de “Aviadores Españoles en la Gran Guerra Patria”, ambos publicados en ruso y español por la Editorial Progreso de Moscú. Dejó en manuscrito dos obras sin publicar: “Así como fue”, un verdadero retrato de la vida de un emigrante en el exilio durante los años de guerra y posguerra, y “Los “Gabrosos” Españoles”, que es una serie de relatos sobre la vida de jóvenes huérfanos españoles en las condiciones de la guerra en su país.

 

Falleció el 17 de julio de 1995 en Moscú (Rusia), a causa de un infarto del miocardio. Descansa en paz, incansable combatiente por la justicia y derechos de tu pueblo y por la independencia de otros estados.

 

FUENTES:

Fuerzas Areas, Españoles en 2ª GM

Wikipedia

Revista Aeroplano

brigadasinternacionales

 

Por Angel Garcia para Mahulalarica.net

Ultima actualización 4/09/22

 

Dº Tomás Buitrago Olivares Hijo Adoptivo de la Ciudad de Mula.

Tomás Buitrago nace en Jumilla en 1934

 

 

Hijo del fruto del matrimonio entre José María Buitrago Paez y María Olivares García, tuvieron a Josefa,Tomás y Francisco.

 

 

Tomás con su hermano Francisco

 

Sus Abuelos Paternos fueron Tomas Buitrago Cervantes y Josefa Paez Rizo,casados en Santo Domingo el 26 de noviembre de 1881, tuvieron a Bernabé ,el 9-12-1882; Encarnación el 31-12-1885; María el 15-5-1889; Javier el 30-12-1891; Francisco el 5-2-1895; José María el 22-9-1897.

 

Sus Bisabuelos Paternos fueron Bernabe Buitrago Rojo y Dª Encarnación Cervantes Zapata,casados en Santo Domingo el 18 de julio de 1885,tuvieron a Tomas el 17-6-1856; Nicolás el 17-12-1857; Ginesa el 5-1-1860; José el 27-12-1861; Lucia el 29-9-1864; Antonia el 22-5-1866; y Consuelo el 28-12-1867.

 

Sus Tatarabuelos Paternos fueron Tomas Buitrago Cuadrado y Ginesa Rojo Camacho, casados en Santo Domingo el 14 de abril de 1818, tuvieron a Juan el 4-1-1819; Antonio el 19-1-1821; Antonia el 5-5-1824; Josefa el 8-1-1826; Encarnación el 7-5-1828; Bernabe el 10-8-1830 y Tomas el 28-5-1835.

 

Sus Tas-tatarabuelos  Paternos fueron  Antonio Buitrago Navarro  y Juana Antonia Cuadrado Rojo, tubierón a Mateo, Juan (1782) , Julián (1793). 


 

La rama Materna era Jumillana y no dispongo de datos, Los primeros Buitragos  es un Antiquísimo el linaje en la Villa de Mula, pues ya el poder de 1525 fue firmado por Gonzalo y Alonso de Buitrago,no hay muchos con este apellido en esta villa desde el pasado al presente, mas info de la apellido BUITRAGO AQUI

 A los pocos meses la familia se trasladó a Mula ,crece Tomas en las fincas donde su padre fue encargado, de niño y de adolescente estudió música, tocando el saxofón, y fue miembro de la Banda Municipal de Música de Mula. Tras una corta estancia en Alhama de Murcia, vuelve a Mula para trabajar en la finca de Manuel Llanos, de la que llegó a ser encargado. Realiza varios trabajos: fue pocero con el aljibero y también supo lo que era la vendimia francesa. Encargado de la finca Las Braulias y otras, Tomas compaginó estos trabajos, junto a su hermano Paco, dando servicios de fumigación a los agricultores de la zona.

 

De esta iniciativa nace la empresa comercial Agrícola Muleña, empresa referente en el sector de maquinaria agrícola y distribución de fitosanitarios y abonos en el levante español. Junto a Agrícola Muleña destaca, sobre todo, la fundación de la Cooperativa de Frutas y Cítricos de Mula junto a su hijo José María Buitrago, un proyecto arduo por el que Tomas apostó desde el primer día en su afán por crear empleo y riqueza a través del cooperativismo. Durante su presidencia la Cooperativa de Frutas y Cítricos de Mula se ha convertido en una empresa fuerte, expansiva, generadora de empleo estable y que da renombre a la ciudad de Mula. Una empresa solvente que no para de invertir en la mejora de sus instalaciones y los productos que ofrece.

 

Mucho y bueno ha hecho Tomas para haber ganado múltiples premios y reconocimientos, tales como Huertano del Año en 2000; Cooperativista del Año en 2017, o en este mismo año de 2020 en los Premios Agro alimentarios que otorga el Diario La Verdad de Murcia.

 

Y mucho has hecho por la gente de esta tierra para ser uno de los hombres más carismáticos y admirados, un ejemplo para la sociedad.

 

Tomas Buitrago Olivares nombrado Hijo Adoptivo de la Ciudad de Mula. El nombramiento tenía lugar durante la mañana de este sábado 18/12/2021 en un Pleno Extraordinario celebrado en el Refectorio del Convento de San Francisco y donde Buitrago ha estado acompañado de familiares y amigos.

“Hombre de indudables cualidades y tan popularmente unido a esta ciudad”, tal y como resaltaba el alcalde de Mula, Juan Jesús Moreno, durante el acto de nombramiento, “con toda su vida profesional siempre orientada a la mejora de la agricultura y de los agricultores, una tarea a la que lleva encomendado toda su vida, ya que Tomas es un hombre que ama la tierra, el trabajo y que conoce bien las tareas diarias de la subsistencia agrícola y cree firmemente en las posibilidades de dinamización del campo y la huerta acorde con los nuevos tiempos y necesidades”.

 

Ha estado durante más de 30 años al frente de la Cooperativa de Frutas y Cítricos de Mula como presidente, cargo que dejaba hace tan sólo unos meses tras finalizar el proyecto de la Planta de tratamiento BIO que había sido uno de sus objetivos durante los últimos años.

 

 

Su labor en la Cooperativa de Frutos y Cítricos de Mula ha dado a este pueblo una oportunidad grande de trabajo y bienestar, una riqueza que se genera y se queda en el pueblo de Mula, para su gente y muchas pequeñas empresas agrícolas y cooperativistas, “.

 

 

Y todo esto lo ha hecho con la sencillez de los hombres grandes, desde la humildad y el conocimiento”, resaltaba Juan Jesús Moreno quien expresaba que “éste es uno de los momentos más felices de los que me han tocado vivir como alcalde, reconocer a una persona que lo ha dado todo por el pueblo de Mula y que es conocido tanto dentro como fuera de la Región de Murcia por haber mirado siempre a este municipio. Ojala tuviéramos en Mula tres o cuatro Tomas Buitago porque nuestro municipio, y también la Región de Murcia, funcionarían mucho mejor”.

 

FUENTES

Fotos- La verdad- La Opinión

Ayuntamiento de Mula

Antonio Sanchez Maurandi- Familias de Mula. 

 

 Para Mahulalarica.net  por  Angel Garcia.

Ultima Actualización 31/8/2022

 

Sr. Dr. D. Emeterio Cuadrado Díaz Ingeniero y arqueólogo e Hijo Adoptivo de Mula.

 

Ha sido un importante ingeniero de caminos que ejerció su brillante profesión intensamente a lo largo de una completa vida activa, y de forma apasionada, espectacular y precisa la de arqueólogo, la de investigador prestigioso en arqueología protohistórica.

Su rigor científico, su concepción analítica del método arqueológico y su ilusión investigadora hacen de el un arqueólogo excepcional, y de toda su amplia obra un conjunto coherente, claro y útil, indispensable a la hora de investigar y base sobre la que hemos seguido trabajando tres generaciones a la hora de interpretar la cultura ibérica, su devenir y sus influencias.

Nacido en Murcia en 1907, donde su padre era médico de renombre (fue el primero de la Región en disponer y utilizar el novedoso aparato de rayos X a principios del siglo XX), se halló siempre fuertemente vinculado a la tierra de sus mayores, la ciudad de Mula, que siguió frecuentando y donde instalaría más tarde su cuartel general de investigaciones arqueológicas, rodeado de su amplia familia y próximo a su yacimiento predilecto, a su área de excavaciones en la necrópolis de EI Cigarralejo.

En esa época, las tareas de campo, la prospección y el análisis general del contexto de lo que actualmente denominamos medio ambiente le induce a la prospección y estudio do los yacimientos arqueológicos del valle fluvial y del trazado del canal, tangentes a sus tareas de ingeniero. Sus trabajos arqueológicos comienzan casi como hobby apasionado de las horas libres, y asi será en sus siguientes sesenta años de vida.Su estancia universitaria en Madrid y sus primeros trabajos como ingeniero le llevan muy joven a afrontar un gran proyecto vinculado al sempiterno y agobiante problema del Sureste español: la sequía. Es ingeniero jefe del proyecto que habrá de materializar una obra decisiva, calificable en su época (los años 30 del siglo xx) de faraónica: la canalización de las aguas del Taibilla, afluente del Alto Segura, para abastecer la ciudad de Cartagena y así garantizar definitivamente la provisión de agua de sus guarniciones, arsenal, astilleros e industrias adscritas a esta plaza fuerte.



Surge el Museo Arqueológico Municipal de Cartagena y se inician los Congresos Arqueológicos del Sureste Español (CASE), que se celebraran sucesivamente en las ciudades mas importantes del territorio: Almería, Cartagena, Elche, Albacete, Murcia y Alcoy, congresos que serían el germen de los posteriores -e ininterrumpidos hasta la fecha- Congresos Nacionales de Arqueología, de los cuales sigue siendo secretario don Antonio Beltrán tras casi sesenta años de existencia dc los mismos. Emeterio Cuadrado Díaz es miembro fundador y primer director del Museo de Cartagena, en donde es tarea primordial la captación y adecuación de un considerable conjunto de materiales -especialmente romanos- procedentes del subsuelo de la ciudad y su entorno y del área submarina inmediata, tareas en que colabora activamente la Armada.Tras el aciago paréntesis de la Guerra Civil española (1936-1939), prosigue sus trabajos profesionales de Ingeniería e intensifica sus actividades, estudio y relaciones en el campo de la arqueología. El ambiente erudito y el interés por el pasado antiguo de Carthago Nova, tan intensos en la sociedad cartagenera, son un interesante factor que facilita sus trabajos e inquietudes, así como también son felices coincidencias el entorno científico y administrativo: en Murcia excavan e imparten docencia don Cayetano de Mergelina Luna y don Gratiniano Nieto Gallo, y es director del Museo Arqueológico Provincial, don Augusto Fernández Avilés; en Elche excava don Alejandro Ramos Folqués, en la Alcudia, cuna de la Dama de Elche, que por esas fechas regresa del Louvre; en Alicante llevan una intensa labor arqueológica el padre Belda y Francisco Figueras-Pacheco; en Villena; don José Maria Soler en Cabezo Redondo; en Alcoy, don Camilo Visedo Moltó; en Almeria, don Juan Cuadrado y en Albacete, J. Sánchez Jiménez. y posteriormente don Samuel de los Santos. En Cartagena, la importante gestión municipal se ve decisivamente potenciada por la presencia de un mecenas de excepción: el Almirante Francisco Bastarreche. Allí, un joven profesor, don Antonio Beltrán, inicia su brillante actividad integrando tan sólido equipo.

En 1945 prospecta el santuario ibérico de El Cigarralejo, un pequeño crestón sobre una costera, al borde del cauce del río Mula, detras del castillo de los Velez, a 4 km al norte de la ciudad. Su excavación y publicación abren perspectivas inesperadas en el ámbito de las religiones mediterráneas prerromanas; su repercusión internacional es intensa y su nombre suena en todos los foros de inmediato.Cuadrado es el perfecto anfitrión, simpático, sincero, generoso y optimista, conocedor y con un vigor que lo mantendrá en primera línea durante los siguientes sesenta años.

En 1947, un desfonde agrícola pone al descubierto la tumba n° 1 de la necrópolis de El Cigarralejo. Lo avisan, prospecta el terreno, lo compra y se inicia la serie de campañas que durarán casi medio siglo.

Su labor en Mula la inicia de forma escrupulosa, ordenada, sistemática. Nada queda como cabos sueltos. Pronto crea series de datos precisos sobre los materiales identificables, surgen los trabajos sobre nuevos tipos de cerámicas, nuevos objetos, nuevas herramientas, nuevas armas. Su labor exhaustiva, su visión moderna de la Arqueología, le lleva al análisis de las pequeñas cosas, a iniciar lo que será, años después, un universo material importantísimo para comprender la cultura ibérica.

También le preocupa la interpretación de los ritos funerarios, el proceso, las sucesivas fases, los modos de enterramiento, las construcciones en el espacio de la necrópolis, las tumbas superpuestas, las fases sucesivas y el caballo de batalla: la cronología. Los materiales importados van a dar, en principio, la clave de la datación, sobre todo las cerámicas áticas; se vuelca en el estudio de las importaciones. No se arredra ante los obstáculos; si hay algo no identificado, si no se ve claro en España, marcha a Inglaterra a buscar la respuesta en el Ashmolean o a Roma, a Atenas, o recurre a sus amigos de Freiburg o de Munich, como si la Arqueología fuese un divertimento infinito al que consagrar las horas libres.

Fruto de esta actividad surge una nueva, sistemática y precisa metodología de excavación de base analítica. Muchas cosas se habían dicho ya en las clases y textos de métodos y técnicas pero aquí se cumplía el método, sin énfasis, funcional, casi con modestia; todo tiene su lugar en el plano, todo esta controlado antes y después de su limpieza, y todo va meticulosamente a su sitio. Sería interesante, conveniente, recrear y publicar su método, tan preciso y que tanto enseñó a arqueólogos -muchos bisoños- que durante más de medio siglo hemos pasado por allí. Y enseñaba como el que no quiere la cosa, como si contase una anécdota intrascendente; y aquí tenemos otro de los importantes capítulos sobre la tarea científica de este hombre que no se dedicó oficialmente a la docencia: su presencia activa y de comunicación en cuanto a las tareas de campo y de laboratorio, siempre con su gran capacidad de trabajo, su grato humor, sus impecables modales y su buena disposición.

Las campanas de excavaciones tenían una fama proverbial para los estudiantes, eran para nosotros la “Meca” de nuestros proyectos de vacaciones. Para los que en los años 70 y 80 tuvimos la suerte de participar en las excavaciones de la necrópolis, la estancia era una traslación a un panorama ansiado, irreal; habíamos pasado el espejo y, al otro lado, nos hallábamos en un escenario especial, con actores, ambientación, luces y atrezzo magníficos.

La casita-almacén que presidía la necrópolis la había construido don Emeterio en el área que excavó en las primeras campañas. La había bautizado el entonces joven investigador Dr. Hermanfried Schubart como El Hotel Necropol en los años 60 y era el cuartel general; allí se guardaban herramientas y utillaje y allí también, disponía las tareas doña Rosario Isasa, su esposa, siempre al pie del cañon, tanto en el yacimiento como en la casa; allí lavaba, incansable y meticulosa, las cerámicas y controlaba hasta el más mínimo fragmento. Y se guardaban las cajas de ir de pic-nic, de madera, grandes, que se abrían de forma casi ritual a la hora del almuerzo, ante todos los miembros de la excavación y que, con los cubiertos, los asientos y un encantador protocolo parecían trasladarnos a una época y a un escenario irreales, como de merienda en una película de ambientación inglesa.

Al atardecer nos ibamos a Mula, a su casa, que se convertía en casa de todos, y doña Rosario, volcada absolutamente en el proyecto que había también suyo, ayudada por Salvadora, nos daba de cenar con una etiqueta exquisita, como si de personas importantes y de su inmensa casa de la calle de Alcalá se tratase. Déspués de cenar, don Emeterio nos llevaba a todos, grandes y chicos, al Picolo, la heladería del centro de Mula, a tomar limonada y, enseguida, a dormir, para estar fresco al amanecer. Y, en la casa, doña Rosario no paraba, incansable pese a sus tareas de campo, con una resistencia de mujer bíblica.Y allí, a la sombra del amplio entoldado, con su sombrero de paja sobre la cinta de felpa de toalla rusa que tanto ponderaba, llegaba ensimismado y comentando el último fragmento de interés, don Emeterio. Presidía de forma ritual la comida de todos, de los jóvenes estudiantes y de los ya ancianos braceros que habían participado en decenas y decenas de campañas. Nosotros, los neófitos excavadores eramos conscientes de donde estábamos; habíamos leído bastantes artículos y la monografía del Santuario, nos había enseñado piezas espectaculares y las urnas; estábamos deslumbrados. Y, ademas, sabíamos que allí, en El Cigarralejo, había estado, en las campañas previas, toda una serie de personalidades, la mayoría de los grandes arquélogos del siglo XX; allí habían conversado, reído y sudado, entre otros, H. Schubart, A. Beltran, M. Tarradell, J. Maluquer, W Schüle, G. Trías, A. Mª Muñoz Amilibia, A. Arribas y G. Nieto.

En los anos 80 llevó a cabo la enorme tarea de montar definitivamente la ingente obra La necrópolis ibérica de El Cigarralejo (Mula, Murcia) (1987), y publicó también La panoplia ibérica de El Cigarralejo (1989), dos corpora de un gran valor y que son obras imprescindibles a la hora de estudiar la cultura ibérica y sus relaciones. En ellas se ponen de manifiesto todas sus cualidades de Arqueólogo y su enorme base de conocimientos. Su formulación, intensa, fue constantemente enriquecida por un permanente contacto con los especialistas en la materia objeto de estudio pero también con sus frecuentes y sistemáticos viajes a museos y centros de estudio de otros países. Su enorme afán por la información le llevó a visitar infinidad de yacimientos centroeuropeos y, sobre todo, mediterráneos y del Próximo Oriente, además de los que corresponden a las grandes culturas del Viejo Mundo y de América.Esas eran las fecundas vacaciones del matrimonio, sin parar un instante. La actividad de don Emeterio y su sistema de trabajo en Arqueología nos ofrecen toda una estructura que fue conformando pieza a pieza a lo largo de su dilatada vida activa. Sus trabajos, precisos y acertados son como sillares que nos muestran un complejísimo mecanismo, una necrópolis en fases superpuestas coronada por un singular santuario en que los diversos objetos tienen un código exacto y muchísimas las fórmulas y soluciones a nuestras preguntas. Además de servir, a modo de instrucciones, las cronologías, las síntesis, las conclusiones y las hipótesis de trabajo más fundadas.

No dejó por ello de visitar los yacimientos modestos en proceso de excavación. Suponía para algunos de nosotros una grata sorpresa verlo aparecer, a media mañana, en la excavación, saludando a todos e informándose puntualmente de los detalles de los trabajos en curso. Compartía nuestro bocadillo, disfrutaba y vivía la actividad del grupo en el yacimiento casi perdido en la sierra.











Jose Miguel García Cano

Pedro A. Lillo Carpio

Virginia Page del Pozo





*Extracto de Emeterio Cuadrado; Obra Dispersa. Murcia 2002 Tomo I. pp 15-20



Excemo. Sr. Dr. D. Emeterio Cuadrado Díaz. Dr. Honoris Causa por la Universidad de Murcia





CURRICULUM VITAE

1907.- Nace en la calle Frenería de Murcia el 9 de Septiembre de 1907.

1923.- Termina el Bachillerato que estudió en el colegio de los Hermanos maristas de Murcia.

En Madrid inicia la carrera de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos.

1931.- Finaliza la carrera de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos.

1932.- Es nombrado Ingeniero Encargado de Obras de la Mancomunidad de Canales del Taibilla, el 17 de Octubre, con residencia en Cartagena. Se le encarga el proyecto y ejecución de las obras del Canal Bajo, 3º trazo y a continuación el 4º trazo, con un total de 20 kms. de canal, en los que se construyen ocho puentes-acueductos, cuatro grandes sifones (destacan el de Argos con 70 m. de desnivel y el de Quípar con 60 m.) y varios túneles, (reseñar el Túnel del Guapero de Bullas, de 3 kms. De longitud).

Contrae matrimonio con Dª Rosario Isasa.

Nace su hija Antonina.

1934.- Realiza el proyecto del IV trozo del Canal Bajo de Bullas y Mula. Nace su hijo Antonio.

1935.- En Cehegín realiza el Segundo Trozo del Canal Bajo.

1937.- Realiza el estudio y diseño del Partidor de Bullas y del gran túnel del Guapero, para enviar las aguas a Cartagena, Alicante y Murcia. Nace su hija Rosario.

1939.- Nace su hija Teresa.

1940.- Es nombrado Ingeniero Jefe de Obras de la Mancomunidad el 16 de Enero de 1940, cargo que desempeña hasta la llegada del agua a Cartagena en 1947.

1941.- Están en plenas obras del Sifón de Argos.

1942.- Nace su hijo Manuel

1944.- Es nombrado Comisario Local de Excavaciones Arqueológicas en Cartagena.

Funda la Junta Municipal de Arqueología de Cartagena. Crea la publicación “Boletín de Arqueología del Sureste”. Promueve la creación del Museo Municipal de Cartagena. Fue miembro fundador de los Congresos de Arqueología del Sureste, de los que llegaron a celebrarse 6 en distintas localidades. Estos Congresos más tarde se convirtieron en los “Congresos Nacionales de Arqueología”.

1945.- Descubre el yacimiento ibérico de El Cigarralejo de Mula. El día 12 de noviembre se le recompensa con la Encomienda al Mérito Civil y Cruz del Mérito Naval de Segunda Clase (con distintivo blanco), un mes más tarde. Nace su hija Fuensanta. Consigue llevar el agua a Cartagena que salió por una fuente colocada en la Base Naval.

1946.- Solicita y se le concede el permiso de excavación en El Cigarralejo.

1947.- Es nombrado Ingeniero Jefe de Obras de la empresa Aguas y Saltos del Zadorra, con residencia en Villarreal de Álava, donde realiza en replanteo completo de todo el sistema de aprovechamiento de los ríos Zadorra y Santa Engracia, dirigiendo durante cinco años la ejecución de las obras, que comprenden las presas y embalses de Urrúnaga, Ullíbarri -Gamboa y Undúrraga.

Inicia el estudio de campo para el aprovechamiento del río Bayas, uniéndolo al conjunto. Los dos primeros embalses se unen con un túnel y se produce un Salto al conducir las aguas de los mismos, mediante un túnel de 11 kms. hasta el valle de Arratia, en el puerto de Barazar, donde se sitúa la central eléctrica del mismo nombre. A la salida de la misma se construye la presa de Undurraga, que deriva las aguas para el abastecimiento del Gran Bilbao.

1948.- Comienza las excavaciones en la necrópolis ibérica de “El Cigarralejo” de Mula.Es nombrado Comisario Local de Excavaciones en Álavay allí trabaja con la Sociedad Excursionista “Manuel Iradier” de Vitoria.

1951.- Ingresa en el Canal de Isabel II el 18 de Febrero, como Jefe de la 6ª Sección, al cargo del Servicio de facturación y de las obras de la Presa de Riosequillo, redactando el proyecto de su aliviadero y dirigiendo las obras hasta su terminación. Crea el Gabinete de proceso de Datos con un primer equipo de IBM.

1954.- Es nombrado miembro del Deutches Archaeologisches Institut el 9 de Diciembre.

1955.- Miembro de la Asociaçao de Arqueólogos Portugueses, aprobado en la asamblea celebrada el 16 de Mayo.

1964.- Asciende a Ingeniero Jefe de Segunda del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos el 24 de Noviembre.

Es encargado del proyecto y obras del Canal del Oeste, que conduce las aguas del Canal de Jarama, hasta el Depósito de El Plantío y su terminación en el Depósito de Retamares.

1966.- La Junta General Calificadora le concede el título de Doctor Ingeniero el 15 de Diciembre.

1967.- Se le concede la Encomienda de Número de la Orden del Mérito Civil el 18 de Julio. Se encarga de la dirección del proyecto y obras del aprovechamiento del Sistema Guadarrama/Aulencia, que suponía la construcción de las Presas del Guadarrama y Valmayor, trasvasando las aguas del rimero de estos ríos, por un difícil túnel, al embalse de Valmayor en el río Aulencia y la conducción forzada del agua hasta la estación de tratamiento situada en Majadahonda.

Se encarga de las obras de conservación del sistema de aprovechamiento del Alberche, con elevación forzada de las aguas en Picadas.

1968.- Funda y Preside en Madrid la ” Asociación Española de Amigos de la Arqueología”, que edita un Boletín Anual.

1975.- Es nombrado Jefe del Departamento de Proyectos y Obras del Canal de Isabel II el 11 de Mayo, donde presta sus servicios hasta su jubilación. De este año son las siguientes obras: La Presa de las Nieves; El Tunel, la Presa y Depósito de Valmayor; la Conducción Valmayor – Majadahonda.

1977.- Se jubila, lo que le permitirá dedicarse plenamente a la arqueología.

1979.- A petición de la Delegación del Gobierno en el Canal de Isabel II, se le concede la Encomienda con Placa de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio el 23 de Junio.

El Excmo. Ayuntamiento de Mula le dedica una calle en esta ciudad.

1981.- Es nombrado Hijo Adoptivo de Mula el 4 de Noviembre, siendo Instructor D. Ginés Perea Ayala.

1985.- Es investido el 9 de Mayo Dr. Honoris Causa por la Universidad de Murcia, encargándosele a la Dra. Dª. Ana María Muñoz Amilibia (sumadrina) el Discurso de Presentación.

1986.- Propuesta definitiva de donación de la Colección arqueológica de El Cigarralejo al Estado el 1 de Junio de 1986.

1988.- Última campaña de excavaciones en la necrópolis de “El Cigarralejo”.

1989.- El Estado acepta la Donación realizada por D. Emeterio Cuadrado y se crea el Museo Monográfico de “El Cigarralejo” por la Orden Ministerial de 21 de Abril de 1989.

Muere en Madrid Dª Rosario Isasa, su esposa y más fiel colaboradora durante los cuarenta años que duraron los trabajos de campo en la necrópolis ibérica de “El Cigarralejo” de Mula.

1991.- Recibe un Homenaje de la Asociación Española de Amigos de la Arqueología de Madrid y le dedicaron los nº 30-31 de su Boletín.<

1993.- Inauguración del Museo Monográfico de El Cigarralejo en Mula por parte del Ministerio de Cultura el 11 de Mayo. El proyecto arquitectónico del nuevo museo es obra de D. Manuel Cuadrado Isasa y el museográfico del propio Emeterio Cuadrado ayudado por Virginia Page, Carlos García Cano y Elena Ruiz.

Homenaje del Colegio de Ingenieros de Caminos Canales y Puertos el 17 de Septiembre por su dilatada labor en el campo de la arqueología.

Miembro Fundador de la Asociación Patrimonio Siglo XXI.

1995.- Interviene en la Fundación del Centro de Estudios Históricos e Investigaciones Locales de la Región de Murcia.

1999.- Homenaje de la Comunidad Autónoma de Madrid el 24 de Enero.

2002.- Muere en Madrid el 12 de enero.

Recibe el “Homenaje Anual por la Defensa y Conservación del Patrimonio” por parte de la Asociación Patrimonio Siglo XXI de Murcia. Homenaje de la Asociación Española de Amigos de la Arqueología de Madrid en El Museo de El Cigarralejo, con el descubrimiento de una placa conmemorativa y Un medallón de bronce del escultor Julio Hernández, que representa a D. Emeterio, donado por el Museo Regional de Madrid. 16 de Marzo.

Nombrado Hijo predilecto de la Región de Murcia a título póstumo por parte de la Comunidad Autónoma de Murcia el 9 de Junio.

Homenaje de la Fundación del Centro de Estudios Históricos e Investigaciones Locales de la Región de Murcia el 27 de Junio.

Finalmente, mencionar que también fue miembro del Instituto di Studi Liguri, del Patronato del Museo Arqueológico Nacional y del Comité Ejecutivo de los Congresos Arqueológicos Nacionales.

 

ULTIMA ACTUALIZACIÓN- 25-8-22

Yacimiento arqueológico Iberico del Cigarralejo

 

Yacimiento

 

El Complejo ibérico del Cigarralejo es un yacimiento arqueológico cuya época corresponde al pueblo ibérico (entre finales siglo V a.C - I. a.C) y esta considerado como uno de los más importantes de la Región de Murcia.

Está localizado en el término municipal de Mula (Murcia), entorno también conocido por los lugareños como "La Ciudad Perdida", en un cerro de flancos abruptos suavizados en la vertiente SE que desciende hacia el río Mula.

Situado a 3 Km de Mula, limita al N con la margen derecha del río Mula, al E con un banco calizo vertical(macizo rocoso del eoceno llamado "Piedra plomera")que constituye una defensa natural del poblado. De forma paralela existe otro afloramiento rocoso donde se asienta el Santuario Ibérico.Además al O limita con el camino comunal de bajada al río Mula y, al S con otro bancal que actualmente se encuentra plantado de almendro. El yacimiento cuenta con una superficie aproximada de 3000m². Se puede acceder a dicho yacimiento desde Mula, o bien desde la carretera que lleva al pantano de La Cierva.

El estudio del yacimiento se inició en 1946 a raíz del descubrimiento casual del santuario y de sus famosos exvotos de piedra. Durante la excavación del mismo se descubrió el poblado que, si bien nunca llegó a excavarse, Emeterio Cuadrado si lo examinó con detenimiento... Pero también en el año 1947,la aparición casual de la necrópolis desvió la atención de Emeterio Cuadrado, una vez finalizados los trabajos en el santuario, en favor de este.

Una de las peculiaridades que confieren especial importancia al estudio del yacimiento de El Cigarralejo es el haber conocido, prácticamente desde el principio de las investigaciones, los tres espacios diferenciados que configuran cualquier asentamiento ibérico urbano. Nos referimos al Poblado propiamente dicho,su Necrópolis y por último,el Santuario. Pocos son los casos en los que se ha localizado tan útil trilogía espacial. La existencia de vados naturales en las cercanías de este asentamiento urbano, explican el emplazamiento físico de este importante yacimiento ibérico que formaba parte de un territorio estructurado por toda una red de vías de comunicación que aprovechaban las necesidades del terreno.Todavía hoy se conserva parte de una calzada, si bien de época romana, que atravisa el río cerca de la citada Piedra Plomera.

El poblado del complejo del Cigarralejo se encuentra aún sin excavar y por ello apenas sabemos que estaba amurallado y que los zócalos de las casas rectangulares fueron elaborados con piedras sin escuadrar de la zona, gracias sobre todo en base a los restos que aún hoy en día se vislumbran en superficie.

 

Necrópolis

La necrópolis está situada al nordeste del cerro, teniendo una extensión aproximada de 2.000 metros cuadrados.Una de las peculiaridades de esta necrópolis ibérica es que su descubridor, Emeterio Cuadrado Díaz, le dedicó cuarenta años de trabajos sistemáticos, practicados entre 1948-1988, excavándola en extensión y en profundidad hasta agotar los depósitos arqueológicos en la parte del yacimiento que era de su propiedad. Este hecho le permitió delimitarla por tres de sus caras: Norte, que linda con un camino vecinal; Sur, con la vaguada que lleva a la piedra Plomera; Este, con el cantil que cae al río Mula. En esta hipotética extensión de más de 1400 m2, localizó 547 tumbas.

Queda por documentar una franja indeterminada del bancal superior, que podría alcanzar hasta los 1100 m2, situada al oeste y en cuya cima se ubica el santuario ibérico. En la actualidad se encuentra plantada con almendros. Aquí nunca se han podido practicar campañas arqueológicas científicas, puesto que se trata de una propiedad particular, siendo muy difícil estimar, por tanto, la proporción de sepulturas que restan por exhumar en esta importante estación ibérica, a lo que hay que añadir el destrozo ocasionado por las labores agrícolas realizadas a lo largo de los siglos y los continuos expolios a los que se ha visto sometida esta zona por parte de los clandestinos.

Los estudios y posteriores publicaciones de los trabajos realizados por este investigador nos han introducido en uno de los conjuntos mayores en cuanto a cultura material ibérica se refiere y, sobre todo, el tener por primera vez un amplio conocimiento de los sistemas constructivos funerarios ibéricos, ya que estableció una completa tipología de las fosas de enterramiento y de las estructuras de piedra o encachados tumulares que recubrían a la mayor parte de ellas.

La potencia estatigráfica de este yacimiento es muy grande, llegando en algunas zonas hasta los dos metros de profundidad, a diferencia de otras necrópolis ibéricas del entorno que crecen en extensión, siendo pocas las superposiciones, o incluso inexistentes. Aquí la media de superposición de tumbas es de cuatro niveles, aunque se han podido documentar hasta ocho superposiciones distintas.

Se iniciarían los enterramientos sobre terreno virgen, pero los derrumbamientos de los túmulos de adobes que remataban las tumbas propiciaron una estratigrafía de tierra sobre las que se fueron incorporando los sucesivos enterramientos más recientes. El margen cronológico oscila entre los inicios del s. IV a. C. y el s. II-I a. C, distinguiendo E. Cuadrado, en ese lapso de tiempo, dos ritos. El destructivo, empleado hasta los inicios del s. III a. C. y, a partir de esta fecha, el conservador, consistente en colocar alrededor de la urna cineraria todo el ajuar, sin destruirlo previamente.

El comienzo de la necrópolis fue datado por su excavador E. Cuadrado a finales del s. V a. C. y se extendería hasta el s. I a. C. La cantidad de fragmentos escultóricos que coronaban las tumbas que fueron reaprovechadas como parte de los encachados de piedra, o esparcidos por la necrópolis, como simples piedras, le indujo a pensar que debió existir una necrópolis anterior, de la que no han quedado rastros a la que pertenecerían estos monumentos escultóricos funerarios y que, una vez destruidos, fueron aprovechados como meras piedras.

No obstante, la excavación en profundidad del yacimiento hasta niveles estériles rechaza la hipótesis de una necrópolis antigua y, sobre todo, la revisión de los materiales arqueológicos que sirven de datación fiable para el resto del ajuar funerario a ellos asociados, a falta de monedas, confirman una cronología más reciente para los inicios de uso de esta necrópolis. Las precisiones cronológicas de las sepulturas se basan en tres parámetros distintos:

Criterios de datación cronológica:

-1. La presencia de abundantes cerámicas importadas entre el ajuar funerario, ya sean áticas, campanienses o de algunos de los talleres esparcidos por el Mediterráneo Occidental y que operaron entre los s. III y II antes de nuestra era. Éste es sin duda el criterio más fidedigno y ha permitido a distintos especialistas datar las sepulturas más antiguas en el segundo cuarto del s. IV a. C. Si bien existe algún objeto de importación algo más antiguo, su asociación a cerámicas áticas, ya sean de figuras rojas o vajilla de mesa de barniz negro, de inicios o mediados del s. IV, hacen que se le aplique a todo el conjunto, como fecha de deposición, la más reciente.

-2. Las fíbulas o imperdibles de La Tène.

-3. La estratigrafía basada en la superposición y, por tanto, en la seriación de tumbas que no deja de proporcionar fechas relativas, en la que las deposiciones antiguas estarán a mayor profundidad que las recientes, colocadas encima de aquellas.

En cualquier caso, el grueso de los enterramientos corresponden al s. IV a. C., momento de auge y predominio de los encachados tumulares y de ajuar dispuesto en la fosa con el rito, denominado por E. Cuadrado destructivo.

A lo largo del s. III a. C. van reduciéndose los empedrados tumulares, hasta desaparecer y los enterramientos se tapan con barro amarillo y algunas piedras de protección de la fosa. En este periodo los ajuares son más homogéneos y menos suntuosos que en la época precedente. Así mismo se utiliza el rito conservador.

Las 547 tumbas de cremación con sus respectivos ajuares funerarios constan de dos partes bien diferenciadas: la fosa con los restos quemados del cadáver y sus pertenencias, con el fin de que le sirviesen en el más allá y la cubierta que la protege al sellar todo el conjunto.

-Las fosas:

Respecto a las fosas existe una amplia gama de variantes, pero podemos decir que se trata de una oquedad practicada en el suelo de forma ovalada o cuadrangular. El tamaño medio de las mismas puede alcanzar el metro o metro y medio de longitud por 0,60 m. de anchura, la profundidad varía mucho en función del ajuar funerario y, especialmente, del tamaño de la urna cineraria depositada en ella y que contenía los restos cremados del difunto, esto es, si se empleó como urna una gran ánfora, el nicho o fosa es muy profunda -1 m. o más-, pero si la urna es pequeña o inexistente, la profundidad no alcanza ni los 30 cm.

Normalmente presenta un reborde, formado al echar, junto al ajuar y las cenizas, carbones y brasas incandescentes que requemaron las paredes del nicho, endureciéndolas por el calor y dándole ese color rojizo tan característico. A otras se les aplicó directamente un revoco de barro blanquecino que deja el nicho perfectamente delimitado del resto del suelo. Una vez preparado se colocó cuidadosamente en su interior el ajuar funerario del difunto, a continuación se cubrió el resto de la oquedad con tierra y, en ocasiones, se ha podido documentar la existencia de una fina capa de barro de color amarillento que pretendía sellar la tumba.

-Las cubiertas:

Finalmente fue construida encima una estructura de piedra de forma cuadrangular y tamaño variable. A otras sepulturas más modestas únicamente se les colocó unas pocas piedras irregulares que delimitan el perímetro de la fosa y en el centro más tierra compactada. Como depósitos cinerarios no faltan los reaprovechamientos de espacios entre empedrados tumulares o, incluso, se han llegado a destruir total o parcialmente tumbas antiguas o parte de su encachado de piedra, con el fin de encajar en el hueco resultante tumbas más recientes y, generalmente, mucho más modestas que aquellas. Emeterio Cuadrado llegó a clasificar los depósitos cinerarios en veintitrés tipos distintos, que abarcan desde el modelo más simple de hoyo circular sin enlucir hasta la fosa rectangular enlucida, las ovales, o las dobles o independientes de las cuales una es para la urna y la otra para el ajuar. Las tumbas son anónimas y no sabemos a quienes pertenecieron. Será en base al ajuar funerario y a la estructura que los cubría de donde extraeremos los datos para el conocimiento del difunto: sexo, oficio, status social, riqueza, etc.

Don Emeterio reunió en el volumen nº XXIII de la Biblioteca Praehistorica Hispana el estudio de cerca de 350 ajuares funerarios de la necrópolis de El Cigarralejo. Llama la atención la abundancia y homogeneidad de los materiales, si bien van variando a lo largo del tiempo y sustituyéndose las importaciones de cerámicas griegas del s. IV a. C. por las fabricadas en alfarerías que operaron en distintos puntos del Mediterráneo a lo largo de los s. III-I a. C. como Rosas (costa catalana), o la Campania (Italia), pero en esencia los ajuares suelen mostrar:

-Tumbas masculinas

Para las tumbas masculinas: una falcata, una lanza con su regatón, un soliferreum y las manillas del escudo. Unavajilla de mesa compuesta por copa/s -ya sean de cerámica ática o indígena- algún plato, fuente o escudilla para los alimentos y uno o más recipientes cerámicos de mediano o gran tamaño, amortizado uno de ellos en la tumba como urna cineraria. No suelen faltar objetos personales como las fíbulas para sujetar la ropa, pendientes o anillos, hebillas o broches de cinturón, botones metálicos, etc. Muchos de estos ajuares de tipo masculino cuentan también con objetos de uso cotidiano, indicadores del oficio que el difunto desempeñó en vida aunque, llegado el caso, contara con un mínimo armamento con el que defenderse.

Las tumbas del Cigarralejo han proporcionado rejas de arado, hoces, podaderas, tijeras de esquilar, chiflas y objetos destinados al curtido de las pieles, balanzas y un juego completo de pesas,' si bien destaca la abundancia de armas. Con respecto a estos últimos objetos, lo que puede ser indicativo de que o bien sólo se enterró en esta necrópolis la élite del poblado o sólo lo hicieron los hombres libres con sus objetos más preciados. En los pocos poblados ibéricos del entorno apenas hay armamento, mientras de los útiles, herramientas y aperos de labranza se incrementan considerablemente del mismo modo que las vajillas de cocina o los grandes recipientes para los alimentos y las bebidas.

-Tumbas femeninas

Las tumbas femeninas, además de la ya mencionada cerámica de mesa o urna cineraria, suelen presentar objetos de adorno como cuentas de collar, agujas o punzones de hueso, colgantes metálicos,. etc, y sobre todo elementos relacionados con la industria textil, es decir, fusayolas, agujas de hierro o cobre y placas de hueso interpretadas por muchos autores como lanzaderas del telar. Santonja analizó 184 restos óseos de tumbas y normalmente coinciden el tipo de ajuar con el sexo del difunto, aunque hay excepciones como tumbas femeninas sin adornos y tumbas masculinas con algún adorno femenino.

 

 

SANTUARIO

 

El santuario propiamente dicho se encuentra ubicado en la margen derecha del río Mula, al oeste del cerro de La Piedra Plomera dominante en la zona, en la cima de un cerro menor.

Calizas y margas configuran un paisaje casi desértico en altura, pero la riqueza agrícola de la vega regada por los ríos Mula y Trascastillo fosilizan lo que debió ser un territorio climáticamente más temperado y de una riqueza agrícola notable.

El descubrimiento del Santuario de "El Cigarralejo", fue casual. En efecto, la aparición "al pie del cantil de la cumbre del cerro" de un fragmento de exvoto (una dama decapitada), permitió a don Emeterio Cuadrado deducir la existencia de un posible santuario ibérico en lo alto del citado cerro.

Tres fueron las campañas de excavación que llevó a cabo entre 1946 y 1948, si bien fue la segunda de ellas, en 1947, cuando aparecieron la práctica totalidad de los exvotos ritualmente enterrados (ocultados) dentro de la habitación denominada H-11 en los Diarios del excavador. Aquella ocultación deliberada acometida,además, de manera ritual se entiendo hoy en día como una favissa, que supuso en aquellos años algo revolucionario que hasta décadas después no se documentarían en otros yacimientos ibéricos otras favissas.

La pronta publicación del hallazgo de los exvotos(apenas dos años después) permitió un rápido conocimiento de la comunidad científica. No obstante, el descubrimiento durante las excavaciones del santuario de la necrópolis, y provocado por ello, su excavación que se prolongaría durante más de 40 años, impidió a don Emeterio acometer una segunda publicación centrada en el contexto material y urbano en el que habían aparecido los exvotos.

Durante la segunda campaña de excavación del santuario (1947), un hijo del propietario de los terrenos avisó a don Emeterio, del descubrimiento de una olla entre carbones y cenizas en un hoyo hecho para plantar un olivo, por lo que efectivamente, se trataba de la Necrópolis.

El santuario de El Cigarralejo fue construido con total consciencia en la parte más alta del cerro gracias a un inteligente aprovechamiento de las irregularidades del terreno.

El límite norte de la construcción se apoyó en lo que parecía ser el cinturón murario del poblado que, en este punto, alcanzaba 1,5 m de grosor, si bien hoy analizada con detenimiento la pendiente del cortado quizá pudiera interpretarse como un oportuno aterrazamiento o contrafuerte.

La excavación del edificio permitió documentar una planta rectangular de notable dimensión (29 x 12m)atravesada, longitudinalmente, por un largo pasillo central de casi metro y medio de ancho. Éste debió funcionar como eje axial de todo el conjunto al ordenar el resto del espacio: sucesivas habitaciones, bien cuadrangulares bien rectangulares, dispuestas a uno y otro lado. El citado pasillo acababa en un segundo corredor, perpendicular al primero, presuntamente a cielo abierto y que corría a lo largo de una habitación "sagrada" a tenor de los exvotos que aparecieron enterrados dentro de ella.

Los contornos norte y sur del complejo se hicieron coincidir con las afloraciones calizas del terreno que, dada su marcada verticalidad, conferían a la construcción una fácil e intencionada inaccesibilidad. También, la ubicación del edificio en lo alto debió proporcionar a este una incuestionable preponderancia visual en todo el territorio de su entorno. Por lo que respecta al lado oeste las margas allí existentes fueron cortadas a pico dejando de esta manera sólo el lado este para acceder a este edificio sacro, tal como hoy sigue sucediendo, facilitado por la construcción de una rampa que lo comunicaba a su vez con el área del poblado.

El notable deterioro de la construcción propia del paso de los siglos resultó acentuada por su ubicación en lo alto. Ello impidió a su excavador detallar la planta total del edificio, así como definir de manera precisa la función de las habitaciones excavadas.

La piedra empleada para su construcción, como era habitual entre los pueblos ibéricos, fue la del lugar acomodada con barro para paliar la falta de talla. Estos detalles constructivos no deben ser considerados como evidencias de una falta de calidad en su realización sino, más bien, reflejo de un inteligente uso de las disponibilidades naturales del entorno.

Pasado más de medio siglo de su descubrimiento, el avance científico permite realizar interesantes matizaciones, como por ejemplo, el alzado de una de las habitaciones H5, parece ser que se llevó a cabo mediante un mampuesto notablemente mayor que el empleado en el resto de los espacios cercano a lo ciclópeo; de igual manera, numerosos muros fueron construidos con un grosor superior a los 40 cm, medida ésta la habitual en las construcciones domésticas...Éstos y otros detalles apuntan a que los alzados de todos ellos se hubieran realizado en piedra.

Recientes estudios han defendido un único periodo cultural ibérico y no dos (ibérico y romano) parta todo el edificio basándose en la aparente "organicidad del espacio", en el papel de las plataformas escalonadas a partir del desnivel natural del terreno o en la falta de cerámica romana.

La habitación de la favissa es de planta cuadrangular (4,55 x 5,15 m) y es donde aparecieron los exvotos y carecía de vano de entrada. Tan solo en el muro oeste, pero volado sobre la cortada, se pudo documentar "restos de hueco de puerta" cuyo vano alcanzaba los 2,40 m. Se debe decir, pues, que al interior de esta habitación se debía entrar solo por el techo, contando para ello con la ayuda de algún tipo de escalera móvil. Esta circunstancia, que puede parecer extraña hoy en día, era propia de los espacios sagrados de la protohistoria peninsular por influencias de las culturas del mediterráneo a lo largo de todo el primer milenio a.C.

Dentro de la habitación, en una de sus esquinas, la noreste, y bajo un pavimento de barro amarillento se enterró debidamente un conjunto de exvotos de diversa tipología pero de obligada lectura religiosa: anillos, sortijas, fíbulas, cuentas de collar, alguna que otra arma, fragmentos de cerámica griega y, destacando sobre todo el conjunto de 179 esculturas arenisca, más o menos completas, y gran cantidad de fragmentos de otras varias, o de las mismas reconstruidas incompletamente.

Iconográficamente, la práctica totalidad de las figurillas corresponden a animales(équidos) mientras que las humanas, no sobrepasan la veintena. Ello determinó a don Emeterio a interpretar el edificio en su conjunto como un santuario y su advocación a una divinidad protectora de los animales, concretamente los caballos. No obstante, hoy hay matizaciones encaminadas a una mejor compresión, tanto del conjunto de exvotos como del edificio en sí, posible gracias al avance de la investigación en estas últimas décadas.

Bien es verdad que el conjunto de caballos es el de mejor calidad artística, pero es igual de cierto que el número de representaciones no supera los 40, siendo el de asnos, posiblemente mulas y la asociación yegua-potro superior al centenar. Por ello, más que una advocación a una diosa Espona protectora de los caballos debería pensarse en el culto más directamente entroncado con la tradición indígena y, por ello, en relación con las labores agrícolas y ganaderas del día a día, sin excluir, por ello, aspectos relacionados también con la fecundidad y protección de los animales.

Para concluir, la cronología del santuario no se puede determinar, todavía hoy,con precisión. Emeterio Cuadrad llamó ya la atención sobre la similitud existente entre la vestimenta y el estilo de los exvotos en bronce altoandaluces y los aparecidos, ya en piedra, en El Cigarralejo. De igual manera paralelizó éstos con algunos de los aparecidos en el santuario albacetense de El Cerro de los Santos los cuales, de manera tradicional, se fechaban a partir del s.IV a.C. Por otro lado, fragmentos de cerámica griega apuntaban también la cronología al s.IV a.C. Ahora bien, hoy se sabe que el propio carácter religioso de todos aquellos espacios justifica la presencia de elementos más antiguos al tener un incuestionable carácter "de prestigio", caso de la citada cerámica griega entre las élites ibéricas. En esta línea recientes estudios vienen rebajando las fechas iniciales de algunos de estos santuarios a, prácticamente finales del s.IV a.C o del s.III a.C.

Mayor precisión se tiene sobre el momento de destrucción-abandono del santuario de El Cigarralejo gracias a la presencia de cerámica campaniense, así como la ausencia de la "tardía" cerámica romana sigillata. La combinación de ambos factores apuntan la fecha del siglo II a.C.

 

DESDE EL AIRE

 

Fuente: Museodelcigarralejo

A Doña Virginia Page del Pozo, Directora y Arqueóloga del Museo Monográfico de Arte Ibérico " El Cigarralejo".

El Cerro de la Almagra - Ciudad Roja - Baños de Mula- Mula-Murcia

 

El poblamiento del Cerro de la Almagra se remonta a la Prehistoria. Su inicio, posiblemente motivado por su gran potencial geoestratégico podría asociarse a la cultura argárica, aunque todavía no se han encontrado restos de cerámica que prueben esa vinculación. De una etapa posterior se han hallado restos de tradición ibérica situados en el siglo I a.C.

La tercera etapa de la Almagra, asociada al mundo romano, es el momento más conocido de la vida del Cerro, aunque la mayor parte de los materiales recuperados corresponden a su final y al período posterior, entre los siglos IV y VI d.C.

Con la caída del Imperio Romano y la instauración del gobierno visigodo La Almagra, junto a ciudades como Begastri o Carthago Nova, pasó a formar parte de este nuevo reino. La Almagra con la llegada de los visigodos pasó a funcionar como punto defensivo en la frontera con los bizantinos, que ya habían pasado a dominar buena parte del sudeste peninsular. Esta época se caracterizó por una conflictividad continua, que posiblemente motivara el refuerzo que presenta la muralla del yacimiento.

En el 711 con la conquista musulmana de la Península Ibérica se inició el proceso de decadencia de la Almagra, aunque esta junto a otros 6 núcleos urbanos conservó ciertos privilegios gracias al Pacto de Tudmir, que establecía su mantenimiento a cambio del pago de un tributo anual en especie y en metálico.

Gracias a este Pacto se inició para la Almagra una nueva etapa en la que el núcleo urbano se fortificó convirtiéndose en una de las fortificaciones islámicas más antiguas de Murcia, datada por algunos autores en el siglo VIII d.C.

 

Lentamente la población fue abandonando la ciudad descuidando el mantenimiento de los edificios y la muralla fue destruida. Con el abandono de La Almagra se fue formando un nuevo núcleo urbano bajo el actual casco urbano de Mula, produciéndose el abandono definitivo del cerro en el siglo IX d.C, pasando sus ruinas a actuar como materiales de construcción de los nuevos edificios de Mula, la Puebla y Los Baños.

Aunque a pesar de su abandono progresivo, el Cerro mantuvo su importancia estratégica hasta el siglo XIII d.C con la incorporación del Reino de Murcia a la Corona de Castilla.

 

El yacimiento se encuentra situado en un cerro localizado en el margen izquierdo del río Mula, a unos 5 kilómetros al Este de la ciudad de Mula, y a unos 500 metros en línea recta al Oeste de la pedanía de los Baños. Al Sur, la ciudad de la Almagra cae a pico sobre el río desde los 60 metros de altitud. En esta zona también pueden verse unas cuevas de difícil acceso. El lado sureste del cerro fue utilizado como cantera, lo que explicaría su aspecto desmontado y aterrazado. Este punto también debió presentar esta apariencia durante la vida de la ciudad. Y, por último, la ladera norte presenta una pendiente que tiende a suavizarse de Oeste a Este. En conjunto la altitud media del yacimiento es de unos 276 metros.

El asentamiento de la Almagra destacó por sus condiciones naturales que lo hicieron prácticamente inexpugnable en algunos puntos, especialmente los más próximos al río Mula. Por este motivo la mayor parte de las estructuras enfocadas a la defensa se situaron en los puntos de fácil acceso a la ciudad.

En la parte Norte del yacimiento, orientados de Oeste a Este aparecieron los restos de una gran muralla casi completamente arrasada, aunque sus últimos 50 metros se mantienen en muy buen estado de conservación.

 

Según Gratiniano Nieto, uno de los profesionales que trabajó sobre el yacimiento, la muralla» estaba hecha de grandes piedras informes, entibadas por otras más pequeñas, trabadas con argamasa. Aunque durante la excavación de la muralla aparecieron bloques muy trabajados y posiblemente también estuviera compuesta por grandes sillares procedentes de edificios arruinados o desmontados, como lo probaría la aparición de algunos de ellos caídos junto a la parte externa de la muralla.

También se han hallado evidencias de la existencia de 4 torres de planta cuadrada de al menos 4’5 metros de lado que estaban separadas entre sí por unos 7 metros de muralla. Estas estructuras estaban situadas en la parte oriental del lado norte del yacimiento y se encargaban de proteger la entrada a la ciudad. Se concentraron en este punto debido a la función de acceso al recinto de la entrada y por la curvatura que ejerce el terreno en esta zona hacia el interior del yacimiento haciendo este punto especialmente vulnerable sin las torres. Según Matilla Séiquer,G. y Pelegrín García, I. posiblemente existiera otro torreón más del que apenas se han conservado restos debido a la explotación de la cantera y el trabajo de las máquinas para adecuar el acceso al interior del recinto amurallado.

Estos autores sitúan la Acrópolis al este de la entrada al recinto fortificado. Esta se encontraba situada en la zona más accesible del yacimiento. Característica que explicaría el gran volumen de construcciones realizadas en este lugar. Estas llegaron a tal punto que actualmente estando barridas las demás estructuras defensivas los muros de esta zona se conservan casi íntegros.

La ciudad contaba con una superficie aproximada de 45000 metros cuadrados, con notables edificios públicos y privados, además de numerosas viviendas de menor entidad de las que quedan visibles grandes montones de piedras dispersos por el cerro. Algunos de ellos compuestos por fragmentos reutilizados en otras construcciones.

En las prospecciones por la meseta se encontraron restos como: fragmentos de fuste de columna, un sillar con un gatillo y una imposta. Pueden verse algunos ejemplos de reutilización de estos restos en lugares como la Ermita Vieja y otros lugares de la pedanía.

La primera mención al yacimiento la hizo D. Eulogio Saavedra Pérez de Meca en una carta escrita a sus padres en 1857 y ya hacia las últimas décadas de este siglo se escribieron noticias referidas a la aparición de materiales arqueológicos en esta área, como las de Nicolás Acero y Abad.

Un siglo más tarde, en 1959, apareció la publicación de la obra del padre franciscano Pablo Manuel Ortega, primera referencia escrita del Cerro de la Almagra. Habría que mencionar también a D. Gregorio Boluda del Toro que en una obra inédita fue el primero en separar el yacimiento de la Almagra del de la zona del Arreaque, el cual pasó a llamarse Villaricos por D. Emeterio Cuadrado Díaz, en 1950. Y a partir de la obra del franciscano empezaron aparecer menciones del yacimiento y los hallazgos allí realizados en las historias escritas sobre la ciudad de Mula.

Habría que destacar entre los trabajos referidos a este asentamiento el de Matilla Séiquer y Pelegrín García en los que se plantearon seriamente, por primera vez, la identificación de la Almagra con la Mula de Tudmir.

 

Se empezó con la Prospección en el año 1996, después ha habido varias campañas en los años 97,98,99,2000,2001.

 

Bibliografía

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, R., AMANTE SÁNCHEZ, M., RICO SÁNCHEZ, M. T., CRESPO ROS, M. S. y FERNÁNDEZ MATALLANA, F. (1994): «Placas de cinturón y jarro votivo visigodo del cerro de La Almagra (Mula, Murcia)», Antigüedad y cristianismo: Monografías históricas sobre la Antigüedad tardía 11, pp. 295-305.

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, R., CRESPO ROS, M. S. y FERNÁNDEZ MATALLANA, F. (1997): «La cerámica tardía realizada a mano hallada en superficie en el Cerro de La Almagra (Mula, Murcia). Campaña de 1996», Antigüedad y cristianismo: Monografías históricas sobre la Antigüedad tardía 14, pp. 619-642.

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, R., CRESPO ROS, M. S. y FERNÁNDEZ MATALLANA, F. (1999): «Novedades del yacimiento del Cerro de la Almagra», en XXIV Congreso Nacional de Arqueología (Cartagena, 1997), Vol. 4, Murcia, pp. 239-244.

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, R. y FERNÁNDEZ MATALLANA, F. (1998): «El cerro de La Almagra. Mula, ciudad del Pacto de Teodomiro», en Congreso de Ciudades Históricas Vivas, Ciudades del Pasado, Pervivencia y Desarrollo (Mérida, 1997), Extremadura, pp. 33-36.

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, R. y FERNÁNDEZ MATALLANA, F. (2007): «Nuevas placas de cinturón procedentes de la ciudad visigoda del Cerro de la Almagra (Mula, Murcia)», Mastia: Revista del Museo Arqueológico Municipal de Cartagena 6, pp. 165-179.

NIETO GALLO, G. (1946): «Dos yacimientos arqueológicos en la provincia de Murcia. El Cerro de la Almagra (Mula) y la Encarnación (Caravaca)», Boletín Arqueológico del Sudeste Español 4-7, pp. 300.

PELEGRÍN GARCÍA, I. y MATILLA SÉIQUER, G. (1985): «El Cerro de la Almagra y Villaricos: Sobre el poblamiento urbano y su entorno en los siglos de la antigüedad tardía», Antigüedad y cristianismo: Monografías históricas sobre la Antigüedad tardía 2 (Ejemplar dedicado a: Del Conventus Carthagineiensis a la Chora de Tudmir. Perspectivas de la Historia de Murcia entre los siglos III – VIII), pp. 281-302.

 

Ultima actualización 30/08/2022

para Mahulalarica.net por Angel Garcia.

 

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MAS INAGEMES DEl YACIMIENTO DE LA ALMAGRA

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La Casa de las Garitas-La Retamosa

 

La casa de las garitas

Situada a ( 8 Kilómetros de Fuente Librilla y a 12 de Mula en el paraje de la Retamosa, hay una Ermita y una casa fortificada de gruesos muros y 2 garitas con aspillera,una de ellas destruida. Conocida por la Casa de las Garias, de vuelve al viajero una imagen de mediado el siglo XIX, cuando los bandoleros asaltaban las cortijadas y los propietarios construían garitas para prevenir el peligro y repeler las agresiones.

 

Cerca de la Casa se encuentra la aldea de Gebas,caserío en diseminado nacido alrededor de cada una de las fuentes que allí brotaban, y al fondo, sobrecogedores , los barrancos de Gebas,espacio natural protegido desde 1995,ceñido por tres sierras , de espuña, La Muela y la del Cura ,drenando por la rambla de Algeciras.

 

Tanto la casa como la ermita estado muy precario con parte de la techumbre hundida,la casona todabia guarda cierto porte, y no se ha perdido el color almagra de la fachada.

La casa es una edificación simple de dos alturas y cámara. La fachada principal tienes dos puertas en planta baja y dos balcones en la superior, mientras que la cámara tiene dos vanos a modo de tragaluz. En el resto de la casa, las ventanas están enrejadas. Disponía de cuadra y corral para el ganado. Aún conserva la pintura original de rojo almagra. Construida con materiales pobre, sobre todo el mortero, no ha podido resistir el paso del tiempo y abandono, desde los años sesenta.

 

La ermita es una simple nave a dos aguas de unos 13×8 m orientada de este a oeste. La fachada principal, en la parte este, no presentaba ninguna ornamentación destacable, tan solo la puerta de ingreso de arco de medio punto. Un simple campanario a modo de espadaña remataba la fachada. La campana debió ser de poca envergadura, aunque suficiente para llamar al culto a los pocos fieles que habitaban aquel tranquilo paraje de labriegos y pastores.

A Luis de Lesmas, militar de alta graduación,se le debe su edificación probablemente a mediados del siglo XIX,la ermita se construyó en 1904, según reza en el interior y cuando venían los propietarios oficiaba misa el párroco de Fuente Librilla.

Estas tierras se extienden entre Gebas y Pliego y son conocidas por la Retamosa,tierras de secano,propicias para el pastoreo y el cultivo de Almendros,Olivos,Higueras.

 

La finca mas de 400 hectareas y la casa de las Garitas la heredó Josefina,una hija de Lesmas fallaecida en 1904, a temprana edad, tras la muerte la muerte de su esposo Luis Hilla, que la disfruto hasta 1955,paso a ser propiedad de sus sobrinas Angelita,Josefina y Concepción Hilla, madre del torero Manuel Cascales.

Hoy la casa de labor es propiedad de Emilio y María Martínez Andreu, pastores que llegaron a la Retamosa hace mas de medio siglo,casaron ella con 19 años y el con 25 en la Parroquia  Nuestra Señora del Rosario de Fuente Librilla, estuvieron casados mas de cuarenta años,María enviuda y le da el ganado a su nieto,que ahora vive en Pliego. El la sigue la herencia de su abuela,recorriendo con las seres las 200 has de monte que tiene en propiedad porque las consiguió en una subasta.

 

También hay cortijadas con garita en la Comarca del Rio Mula, así como la casa del Cojo Toro-Cajitan y otra muy cerca de alli

 

 

 

Bibliografía y Documentación

 

José María Galiana- Evasión-La verdad

Manuel Águila Guillen- Patrimonio Cultural

 Aurora Lema- Patrimonio Cultural

Juan Gutierrez Gárcia- Mula Blog

 

por Angel Gárcia para Mahulalarica.net

Ultima actualización 17/08/2022

 

 

MAS INAGEMES DE LA CASA DE LAS GARITAS

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