Las armas principales del apellido, según detalla Fernando González-Doria, son: en campo de gules, cinco zapatos jaquelados de plata y sable; bordura de gules con ocho escudetes de oro, cargado cada uno de una banda de sable. Estas armas se encuentran relacionadas en el "Diccionario heráldico y nobiliario de los reinos de España", en la página 798.
Observaciones en Mula
En el reino de Aragón tienen su casa solariega los Zapatas, ilustre linaje muy extendido por toda España y enlazado con muchos títulos de Castilla. Asistieron a la conquista de Cuenca donde quedaron de pobladores y de alli vinieron con el Infante Don Alfonso a la conquista de Mula, los hermanos Albar Martin, Albillos y Sancho Zapata, asi como Álvaro y Diego Zapata que mostraron gran valor en el asalto y toma de esta villa en la que quedaron como pobladores por designación del Infante, confirmada por el rey San Fernando por su real privilegio otorgado en Toledo el 14 de diciembre de 1252.
Sancho murió en el asalto, siendo el primer cristiano que dio su vida en en la reconquista de esta villa.
Esteban Pérez Zapata, inscrito como hijodalgo en el padrón de 1446 mezclándose y confundiéndose con los Martínez y Galinsoga sobre todo y pasando muchos al estado llano por razones de economía.
La casa solariega de los zapatas fue la manzana de casas donde esta incluido el Ayuntamiento. Todavía quedan topónimos que designan las propiedades de esta familia, como la cuesta de Zapata, el Charco de Galinsoga, etc.
Historia del Apellido
1ª Fuente
No hay lugar a dudas en cuanto al primitivo origen aragonés de este antiquísimo linaje, profusamente extendido por sus caballeros por toda la Península y América, y que a juzgar por sus muchos escudos parlantes, todos ellos descienden de la primitiva casa solar en este reino, y que a su vez reconocen por tronco don Rui Sánchez Zapata, Copero Mayor del rey don Enrique III y del rey don Juan II, rey de Castilla, a quienes sirvió tanto en la guerra como en la paz con gran valentía, fidelidad y por esa razón, como premio a sus servicios, el rey don Juan II, le otorgó gran heredamiento en la ciudad de Madrid, donde fundó casa e hizo sus asiento y casó con doña. Mencía de Ayala, señora de la Villa de Barajas.
La primitiva casa solar de los Zapata estuvo en la villa de Un castillo (Zaragoza), que fue una de las esclarecidas familias aragonesas, cuyos individuos acompañaron a los Reyes de Aragón en la conquista de este suelo; por lo que fueron premiados con varios terrenos en la ciudad de Calatayud (Zaragoza), donde levantaron nueva casa. Uno de esta familia, llamado Pedro Sánchez Zapata, llamado el de Calatayud, por ser natural de esta ciudad, Señor de las baronías de Valtorres y de la Vilueña, acompañó al Rey don Jaime I en la conquista de Valencia. Desde esta época quedó dividido el linaje de los Zapata en dos ramas, una en Calatayud y otra en Valencia.
Mossèn Jaime Febrer cita en su Trovas: "Juan Pérez Zapata, que era Señor del lugar de Santa Engracia, cerca de San Juan de la Peña, en Aragón, vino (a Valencia) desde Jaca, con mucha diligencia, empeñándose a servir en nuestra conquista con cien peones, que pagó de sus propios. Con ellos una noche oscura sitió y atacó el castillo de Andilla. Pintó en su escudo por divisa una abarca negra, sobre fondo colorado. Posee el rico lugar de Tous".
Los descendientes de la rama de Valencia fueron sucesivamente señores de Provencio, del Real, de Pedralba y Monserrat, obteniendo más adelante del Rey don Felipe III el título de Condes del Real.
La rama de Calatayud continuó dando varones insignes como Juan Zapara, Justicia de Aragón en 1289, quien dos años antes fue a Burdeos (Francia) de Embajador del Rey don Alfonso III para las negociaciones con el Rey de Francia y el Pontífice.
Este Juan Zapata tuvo un hijo llamado Miguel Pérez de Zapata, Señor de Cadrete, que cayó prisionero en la batalla de Fitero con sus sobrinos, siendo llevados prisioneros a Castilla, y al recobrar la libertad en Segovia, a instancias de la reina de Aragón, el Rey don Pedro IV le concedió para él, los suyos y para sus sobrinos y descendientes la gracia de orlar el escudo de gules y en ella colocar los ocho escudetes con banda de sable. Miguel Pérez de Zapata, en acción de gracias de haber obtenido la libertad, fundó Santa Fe.
Pariente muy próximo a Miguel Pérez de Zapata fue Gonzalo Zapata, Obispo que fue de Huesca desde el año 1345 al 1348 o 1349, quien asistió a las Cortes que el Rey don Pedro IV celebró en Zaragoza en el mes de agosto de 1347 y hecha la protesta por el rey, contestó este prelado en nombre de todos, pues tal era el prestigio que gozaba en todo el reino. Falleció en Huesca y fue sepultado en el crucero de la Catedral, frente a la capilla del Santo Cristo de los Milagros. Los sobrinos de Miguel Pérez de Zapata eran cuatro, de los cuales el mayor se llamó Ruy Sánchez Zapata y Liori.
Juan Zapata Cadret fue Justicia de Aragón en el año 1290. Su hijo Miguel Pérez Zapata y Cadret, fue Señor de Quart (Gerona); de Os (Lérida), y de María de Huerva (Zaragoza). Un hermano del anterior, llamado Rodrigo Zapata Cadret, poseyó en la isla de Cerdeña el señorío de Jarezú.
Juan Mathías Estevan señala en su obra "Linajes de Nobles, e Infanzones del Reyno de Aragón, y sus descendientes": Este linaje de Zapata es de caballeros mesnadores en Aragón, y descienden de Valtorres (Zaragoza). Y el primero de quien se tiene noticia es de un caballero llamado García Zapata que por los años 1214 a 1216 era Alcaide de la ciudad de Calahorra por el Rey don Enrique de Castilla y el Rey don Jaime I de Aragón. Ximen Pérez Zapata, que fue Señor de Santa Engracia, encima de Jaca, y Pedro Zapata de Calahorra sirvieron en la guerra de Murcia del año 1274 contra los moros. El mismo año en la confederación que hizo el Infante don Pedro de Aragón con los navarros, entre los caballeros navarros que juraron la concordia figuró Pedro Zapata.
En 1277 les sirvió al Rey don Pedro III en la guerra que hizo contra los moros de Valencia que se habían revelado y particularmente contra los de Montesa un caballero llamado Ximeno Zapata. Y este mismo en 1283 juró la unión de Aragón, que se hizo en Tarazona.
El Rey don Pedro III tuvo en Inés Zapata por hijo a Fernando, a quien dejó el Señorío de Albarracín.
En la guerra que hizo el Rey don Alfonso III en 1286 al Rey de Mallorca, su tío, le sirvió en ella un caballero llamado Pedro Zapata, Señor de Tous. Hijo de éste debió ser otro caballero llamado Pedro Zapata, Señor del castillo de Tous, que es en Valencia, que, en el año 1339, fue Capitán de una compañía, y con ella sirvió al Rey don Pedro IV contra los moros del Rey de Marruecos. Siguió este caballero la unión de Valencia en tiempo del Rey don Pedro IV, y fue exceptuado por el Rey, cuando siendo vencidos los de la unión entró en Valencia en 1349 y después fue perdonado, y sirvió en 1351 contra el Infante don Fernando y contra el Rey de Castilla.
En 1286 envió el Rey don Alfonso III a Inglaterra por su embajador, para tratar sobre la reconciliación de él y de sus Reinos con la Iglesia, y la paz con el Rey de Francia a Juan Zapata de su Consejo, el cual asentó treguas entre los Reyes, y después fue Justicia de Aragón y Señor de Cadrete, y padre de Miguel, Rodrigo y de García.
Otro caballero llamado Pedro Zapata de Cientruénigo fue en 1288 en servicio del Rey don Alfonso III al Ampurdán (Gerona) contra el Rey de Mallorca.
Gonzalo Zapata, vasallo del Rey don Jaime II de Aragón fue vicealmirante del Rey don Hernando de Castilla en 1307, e hizo una gran armada contra los moros. Este u otro de sus nombres que se decía Gonzalo Zapata de Alfaro, fue en 1323 a la guerra de Cerdeña con el Infante don Alonso. Miguel Pérez Zapata y Rodrigo Zapata fueron con el Infante don Alonso, hijo del Rey don Jaime II en 1323 a la guerra de la isla de Cerdeña. Estos son hijos de Juan Zapata, Justicia de Aragón.
El citado Miguel Pérez Zapata, hijo de Juan, asistió a las Cortes del año 1325, y fue Capitán de la gente de a caballo y de a pie de la Guarda del Rey don Alonso IV que entonces decían de su acompañamiento, y fue enviado a las fronteras de Castilla para dar favor a don Juan Manuel, y fue del Consejo de dicho Rey, y muy favorecido suyo. El cual favoreció mucho al Rey don Pedro IV siendo Príncipe contra la madrastra la Reina doña Leonor, y por eso fue desterrado de la Corte. Y después en 1335 fue con doscientos hombres en favor del Gobernador de Navarra y encontrándose con un grande ejército de castellanos, fue roto y preso. Este caballero fundó el Monasterio, Casa de frailes de la Orden del Cister, con la invocación de Santa Fe en la Diócesis de Zaragoza en 1341. Y dos años después se halló en la guerra que el Rey hizo a su tío el Rey de Mallorca, cuando le ganó sus reinos. Y fue este caballero Gobernador de Aragón en 1344. Y fue por embajador al Papa al año siguiente sobre los negocios del Rey de Mallorca. Después sirvió mucho contra las Uniones de Aragón y Valencia como persona de mucha autoridad y experiencia, y tuvo encomendado el Gobierno de Zaragoza y de la serranía. Este caballero fue Señor de Cadret, Quart y Purroy. Y en la guerra que se hizo contra el Rey don Pedro de Castilla en 1335 sirvió mucho, y en ella al Gobernador de Aragón, que tuvo a su cargo la defensa de Zaragoza, se le mandó no hiciese cosa sin el parecer de este caballero. El cual fue casado con Sancha Garcés, y por segunda con Elvira Ruiz de Liori, y de esa segunda tuvo a Rodrigo Zapata, que prendió al Conde Golisano en la guerra de Sicilia.
Hernando Zapata, caballero, sirvió al Rey don Pedro IV en la guerra del Rey de Mallorca, su tío, en 1343, siendo Alcaide del Castillo de Alorón.
Cuando la guerra entre los Reyes don Pedro IV de Aragón y el Rey don Pedro de Castilla en 1357 fue Alcaide del Castillo de los Fayos un caballero llamado Diego Zapata y después asistió a las Cortes de 1380, y en la guerra de la isla de Sicilia en tiempo del Rey don Juan I en 1393.
En los Parlamentos de Aragón de1412, cuando se trataba de elegir Rey por muerte del Rey don Martín, asistió a ellos Actor Zapata. Este mismo estaba en 1448 en la Cofradía de Caballeros de Calatayud.
En las Cortes del año 1460 en que fue jurado el Rey don Juan II se halló un hijodalgo llamado Juan Zapata. Este mismo estuvo en 1498 en la jura del Príncipe don Miguel y en 1502 en la jura de la Princesa doña Juana.
En 1498 asistió a la jura del Príncipe don Miguel, Pedro Zapata, Prior del Pilar de Zaragoza.
Cuando las guerras de Italia que tuvo el Rey don Hernando el Católico en Nápoles, le sirvió en ellas el Comendador Zapata y Pedro Zapata.
Mossen Francisco Zapata, Canónigo de Calatayud fue Diputado del Reino en 1522.
Caballeros Zapata probaron su nobleza para ingresar en las ordenes de Santiago, de Calatrava, de Alcántara, de Montesa y de San Juan de Jerusalén; ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid, la Real Chancillería de Granada y para ejercer cargos ante el Santo Oficio de la Inquisición.
2ª FUENTE
Se trata de un rancio y noble apellido que tiene su origen en la casa real del reino de Aragón.
El primero de quien, por documentos de la época, se tiene noticia, de este apellido, es don García Zapata que fue alcaide de la ciudad de Calahorra por los años 1.214 a 1.216.
Ahora bien: a quien se considera como principal ascendiente de esta casa y tronco de la misma es, a don Pedro Sánchez Zapata, llamado "el de Calatayud", por haber nacido en dicha ciudad.
Fue señor de las baronías de Valtorres y de la de Viñuela y acompañó al rey don Jaime I, "el Conquistador", a la campaña de Valencia que llevo a la ocupación de dicha ciudad por las huestes aragonesas.
De este preclaro caballero descendió don Rodrigo Zapata, cuyo hijo primogénito Rui Sánchez Zapata se crio desde niño en la cámara de la infanta doña Leonor, hija del rey don Pedro IV, de Aragón, y ya mayor, acompañó al rey en calidad de doncel cuando la infanta se trasladó a Soria para unirse en matrimonio con el infante don Juan, que posteriormente fue rey de Castilla y León, el primero de ese nombre.
Más tarde, Rui Sánchez Zapata, dada la confianza que en él tenían los reyes, fue copero mayor del rey don Enrique III y del rey don Juan II, a quienes sirvió tanto en la guerra como en la paz con gran valentía, fidelidad y por esta razón, como premio a sus servicios, el rey Juan II, le otorgó gran heredamiento en la ciudad de Madrid, donde fundó casa e hizo su asiento y casó con doña Mencía de Ayala, señora de la Villa de Barajas.
Una de las ramas de este preclaro apellido es la constituida por los Zapata de Calatayud, que proviene precisamente del primeramente citado don Rodrigo Sánchez Zapata.
PERSONAJES ZAPATA O ZAPATER DESTACADOS EN LA HISTORIA
Juan Zapater, pintor español nacido en Valencia en el año 1866. Se dedicó a la enseñanza y formó buenos discípulos. -Justo Zapater y Jareño, literato, periodista y dibujante español nacido en Teruel en la primera mitad del siglo XIX. -Emiliano Zapata, dirigente revolucionario mejicano. Instauró un régimen revolucionario y aplicó una reforma agraria, creó escuelas y se procuró de las obras públicas. -Luis de Zapata de Chaves, escritor de origen extremeño. -Josep Zapata i Nadal, pintor de Valencia, formado en Sant Carles. -Miguel Ramón Zapater y López, benedictino español, cronista del reino de Aragón nacido en Maella (Zaragoza) en el año 1628. -Bernado Zapater y Marconell, sacerdote, matemático y naturalista español nacido en Albarracín, Teruel, en el año 1824. -José Zapater y Ugeda, escritor español nacido en Villena en el año 1826.
Bibliografía Documentación
-Blasones de Armas y Linajes de España, de Diego Urbina, -
-Blasones, de Juan Francisco de Hita, - -Estudios de Heráldica Vasca, de Juan Carlos de Guerra.- -Nobiliario de Aragón, de Pedro Vitales.- -Nobiliario, de Jerónimo de Villa.- -El Solar Catalan, Valenciano y Balear, de A. y A. García Carraffa con la colaboración de Armando de Fluvià y Escorsa de la "Sociedad Catalana de Estudios Históricos".
Apuntes de Nobiliaria y Nociones de Genealogía y Heráldica.
Diccionario Etimológico de los Apellidos Españoles
Nobiliari General Català, de Félix Domenech y Roura.
Armería del Palacio Real de Madrid.
Blasonario de la Consanguinidad Ibérica.
Nobiliario Español, de Julio de Atienza.
Observaciones Histórico Críticas a las Trovas.
Diccionario Hispanoamericano de Heráldica, Onomástica y Genealogía de Endika de Mogrobejo. Nobiliario Español de Julio de Atienza, Barón de Cobos de Belchite.
Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica de Vicente de Cadenas.
Linajes de Nobles e Infanzones del Reyno de Aragón, y sus descendencias de Juan Mathías Estevan. Blasonario de la Consanguinidad Ibérica de Vicente de Cadenas. Nobiliario del Reino de Navarra de José María de Huarte y de Jauregui y de José de Rújula y de Ochotorena.
La Heráldica en la Catedral de Huesca de Santiago Broto Aparicio.
Doce docenas de escudos de nueva creación de Vicente de Cadenas.
Blasones y antigüedades de la ciudad de Lorca del Padre Morote.
Blasones y Linajes de Galicia de José Santiago Crespo del Pozo.
Armorial de Linajes conocidos en el solar euskaro de Juan Carlos de Guerra.
El Solar Vasco Navarro de Alberto y Arturo García Caraffa. Nobiliario del Reino de Navarra y Vizcaya de Juan Francisco de Hita.
Registro de las Armas, y divisas del Reino de Aragón y las que usan los nobles caballeros e infanzones del dicho Reino de Pedro Vitales.
Diccionario Heráldico de Gregorio García Ciprés. Heráldica castellana en tiempos de los Reyes Católicos de Martín de Riquer.
Armorial de Aragón del Conde de Doña Marina.
Trovas de Mossèn Jaime Febrer. El Solar Catalán, Valenciano y Balear de Alberto y Arturo García Caraffa. Illustrations to the Armorial Général de J.-B. Rietstap.
Casas solariegas del Reyno de Aragón, y de Navarra de Diego de Soto y Aguilar.
Armorial Universel de M. Jouffroy D'Eschavannes.
Nobiliario de España de Juan Baños de Velasco.
Formulario de Armería de Miguel de Salazar. Armas de los hijosdalgo de los Reinos de Castilla y otros de Diego Hernández de Mendoza.
Catálogo de los apellidos de las familias de España de José Pellicer de Tovar.
Sumario de noblezas y sus blasones de Juan Baños de Velasco.
Espejo de nobles y hechos ilustres de caballeros hijosdalgo solariegos de España de Juan Francisco de Hita.
Apuntamientos genealógicos de Manuel Vidal Salvador.
Nobiliario de Soria del Marqués de Dávila. Nobiliario de los Reinos y Señoríos de España de Francisco Piferrer.
Nobiliario documental de Guipúzcoa de Alfredo Basanta de la Riva. Sigena: blasones de su historia de José Luis Acín Fanlo y Mª José Pallarés Ferrer. Diccionario Heráldico y Nobiliario de los Reinos de España de Fernando González-Doria. Diccionario de Heráldica Aragonesa de Bizén d'o Río Martínez.
A. Sánchez Maurandi, Familias de Mula, Serie I Tomo XXV, p. 798.
Juan González Castaño-Rafael González Fernández, Mula Repertorio Heráldico, p 494.
En campo de gules, una villa amuralla en lo alto de una peña.
Observaciones en Mula
Muy antiguo el apellido Villalta entro en Mula primeramente con el bautizo de Alonso Villalta López en Santo Domingo el 13 de febrero de 1586, hijo de Lorenzo y Catalina cristianos nuevos.
Historia del Apellido
1ª Fuente
Villalta Se trata de un apellido aragonés, que, en sus orígenes, parece ser fue Villa Alta y que, con el transcurso del tiempo, acabo por unirse formando el actual Villalta. De Aragón, los Villalta pasaron rápidamente a distintos puntos de Valencia, Baleares, Castilla y Murcia, situándose siempre, en los lugares en donde se estableció, con la categoría de Hijosdalgo. Los de este linaje probaron repetidas veces su limpieza de sangre e hidalguía ante la Real Chancillería de Valladolid, en su Sala de Hijosdalgo, para ingresar en las diversas Ordenes Militares, con preferencia en la de Santiago y Calatrava. Naturalmente, en genealogía siempre se producen opiniones contrarias.
En oposición a los que sostienen que el linaje se basó en Villa Alta, pero que no indican cuando se formó ni en qué punto concreto de Aragón, existen aquellos que achacan a este apellido unos remotos orígenes que llegan hasta cierto caballero romano llamado Lucio Vilalto, que pasó a España con el caudillo Quinto Sertorio, a través de los Pirineos. La vida de Sertorio es bien conocida: enemigo de Sila, por entonces todopoderoso en Roma, concibió el proyecto de crear una nación, Hispania, independiente de Roma. Venciendo a las legiones de Sila, Sertorio realizó un intento de organización política en España, creando la escuela de Huesca en la cual los hijos de los jefes hispanos deberían estudiar la cultura griega y romana.
En este empeño parece ser que fue secundado por el citado Lucio Vilalto que se unió en matrimonio a una joven hispana, con lo cual fundó linaje en Huesca. Más tarde, con la derrota de Sertorio, el caballero que citamos murió en combate, pero ya había dejado hijos que perpetuaran su apellido y así, con el tiempo, este fue transformado en Vilalta y finalmente en el Villalta actual. En lo que se refiere a la participación de los de este linaje en América, don José de Vilalta y Aragón, que hizo pruebas de limpieza de sangre, en el año 1.694, en Méjico para poder ingresar en el Santo Oficio de aquella ciudad. Años antes, concretamente en 1.629, fue designado Gobernador del territorio de Costa Rica, don Juan de Villalta.
2ª Fuente
Apellido al que, en general, se le señala origen aragonés, si bien existe una población llamada Villalta en la provincia de Burgos, de la que debieron dimanar familias apellidadas Villalta.
Hoy día es apellido poco frecuente y registrado sobre todo en Barcelona, Madrid y Ciudad Real, siendo notable su presencia en Málaga y Cádiz, y menor en Valencia, Alicante, Granada, Castellón, Jaén, Teruel, Murcia, Sevilla, Vizcaya, Zaragoza etc.
Es, por otra parte, muy probable que los Villalta de origen aragonés sean una rama de los Vilalta, antiguo apellido de origen catalán, cuyas ramas pasaron a Aragón y Valencia en tiempos antiguos.
Así, en el censo aragonés de 1495, había una única familia apellidada Villalta y otra apellidada Vilalta, ambas vecinas de Valderrobres (merindad de Alcañiz). Tuvieron los Villalta aragoneses casa solar cerca del castillo de Monzón (Huesca), y Pedro de Villalta ayudó al rescate de Jaime I de Aragón, que se hallaba bajo la guardia de los Templarios.
Otra casa solar tuvo los Villalta en el valle de Cayón (Cantabria). Probaron su nobleza ante la Real Chancillería de Granada, entre otros Villalta: Alonso Villalta, de Ajofrín (Toledo), en 1575; Fco. de Villalta, de Martos (Jaén), en 1571, y Gonzalo de Villalta, de Morón (Sevilla), en 1576.
Bibliografía Documentación
Diccionario Heraldico y Nobiliario - Fernando González-Doria.
Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica - Vicente de Cadenas y Vicent.
Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispano-Americana de Alberto y Arturo García Carraffa.
Diccionario Hispanoamericano de Heráldica, Onomástica y Genealogía de Endika de Mogrobejo.
Diccionario de Heráldica Aragonesa de Bizén d'o Río Martínez. Heràldica Catalana de Francesc d'A. Ferrer y Vives. Adarga Catalana de F. Xavier de Garma y Durán.
A. Sánchez Maurandi, Familias de Mula, Serie I Tomo XXV, p. 788.
Juan González Castaño-Rafael González Fernández, Mula Repertorio Heráldico, p 490.
En campo de gules tres traversas gemelas de plata cargadas con flores de cuatro hojas,tres centrales , dos y dos en los extremos.
Observaciones en Mula
Francisco Velez y Damiana Hernández tuvieron a Catalina bautizada el 5 mayo de 1566.
Probanzas,Diligencias,Provisiones de Velez en la Real Chancilleria de granada
Signatura 4859-004
Caja 04859
Pieza 004
Fecha 1610
Tipologia Diligencias
Litigante VELEZ, Cristobal
Naturaleza
Vecindad Mula
Oriundo Concejo
Disputado Mula Hacendado
TÍTULOS NOBILIARIOS DESTACADOS
El título de los Marqueses de Vélez fue concedido por Juana I el 15 de octubre de 1.507 a D. Pedro Fajardo y Chacón, Adelantado Mayor y Capitán General del Reino de Murcia. En 1.520 Carlos I otorgó Grandeza de España. En 14 de diciembre de 1.951 se expidió carta de sucesión a favor de la Duquesa de Medina-Sidona.
Aunque muchos de los libros de heráldica consultados destacan que Vélez es un apellido santanderino, creemos que es en Castilla y Andalucía donde los Vélez toman renombre y donde verdaderamente empieza la historia del apellido. El linaje, destaca en el siglo XVI, con la familia Vélez de Guevarra y establece casas en Cartagena, donde existen los lugares de Vélez Blanco y Vélez Rubio, Vilafranca del Bierzo, León, Cuenca, Salamanca y Málaga. Muchas otras ramas del apellido son toponímicas y las encontramos en Granada, Almería y Málaga
Historia del Apellido
1ª Fuente
Florece este linaje en España con grandes esplendores de lustre y antigüedad. Sin embargo, sus orígenes se pierden en la antigüedad de los tiempos. Todo parece, sin embargo, indicar que tienen parentesco con los Guevara, del que solamente se diferencian en la memoria de su progenitor Vela, conservándose así el patronímico Vélez.
El origen del linaje que tratamos, según afirman algunos genealogistas, y que recogemos aquí solamente a título de curiosidad, procede de los Infantes de Troya, de donde pasaron algunos de sus descendientes al Señorío de Vizcaya, hicieron allí su asiento, así como en las montañas de Burgos y valle de Cabuérniga (Cantabria), donde tienen su antiguo solar, siendo uno de los conocidos lustrosos y nobles de dichas montañas, y de cuyo linaje han salido excelentes Señores.
Esas confusas noticias no dan señales de ser fiables, en el supuesto de no citarse fechas ni concretarse un origen digno para este apellido. Es posible que se trate en principio de un apellido vasco, si tenemos en cuenta la opinión de varios filólogos, en el sentido de "Bele, Bela", con la terminación patronímica -ez, cuyo significado correspondería a "cuervo" (como apodo).
Es por el motivo expuesto por lo que vamos a recoger todas aquellas casas, que por Comunidades hemos ido recopilando como fruto de nuestras investigaciones, siguiendo las características que hemos seguido en apellidos similares.
En el Reino de Navarra, son citados los Vélez en documentos del año 1087, destacando en el mismo la casa de este linaje en Villafranca, del partido judicial de Tudela, con ramas en Cornago y Belorado (Burgos), mientras que Fray Juan de la Victoria cita otra casa de Vélez en Álava, en el siglo XVI, y otra casa es citada por el cronista Bernardo de Fonseca, en la provincia de Guipúzcoa. Por su parte, y sin indicar el lugar de asentamiento, Juan de Mendoza y Juan de Buegas, citan otra casa de notable antigüedad en Vizcaya, con rama en Cabuérniga (Cantabria), consignándoles iguales armas.
Recogen los cronistas de la Comunidad de Cantabria casas solares de notable antigüedad, en San Vicente de la Barquera, en el valle de Trasmiera, Ajo, Cabezón de la Sal de la Merindad de Santillana, y Treceño; por otra parte, en el lugar de Rada, hubo una rama de este linaje, originaria de la casa solar de Vélez, en Cabuérniga, donde sus descendientes se apellidaron Vélez de Rada. Igualmente otras casas tuvieron su asiento en el valle de Trasmiera; en el Concejo de Mazcuerras, y su lugar de Villanueva, pertenecientes al valle de Cabezón, que fueron de mucho lustre y destacada descendencia, además de la radicada en Villaverde.
En Aragón, hacen alusión varios autores a una casa de este linaje oriunda de las montañas de Jaca (Huesca).
Una de las más antiguas casas de este linaje radicó en el Real Valle de Mena (Burgos). Crearon nuevas casas en Burgos, siglo XVI, y en el lugar de Hoz, del valle de Valdivielso (Burgos); otra en el lugar de Villanueva del Árbol, del partido judicial y provincia de León; otras dos tuvieron su asiento en el lugar de San Juan de Redondo y Cervera de Pisuerga (Palencia), y otras radicaron en Villamartín de Don Sancho y en Ragoleo (León), cuyas ramas se extendieron por Cádiz y Caracas (Venezuela).
En la ciudad de Almagro (Ciudad Real), tuvo su asiento una casa, en el siglo XVI, además de otra originaria de Torrenueva (Ciudad Real), con rama en Madrid. Igualmente de Daimiel (Ciudad Real), procede la rama asentada en California y Orleáns (EE.UU.).
Algunos autores citan a los Vélez como originarios de Lugo, si bien otros dicen que es de origen castellano extendido a Galicia.
Con motivo de la Reconquista se establecieron varias familias de este linaje en la ciudad de Almería, con ramas en Salta y Buenos Aires (Argentina), y otra en la villa de Beas, del partido judicial y provincia de Huelva.
Probaron su nobleza para ingresar en la Orden de Santiago, en los años que se indican: 1518, 1533, 1560, 1568 1611, 1622, 1624, 1625, 1627, 1640, 1644, 1653, 1655, 1683, 1688, 1694, 1713, 1719.
En la Orden de Calatrava ingresaron, en los años que se indican: 1621, 1627, 1628, 1641, 1696, 1709 y 1787.
También probaron su nobleza para ingresar en la Orden de Alcántara, en los años que se expresan: 1641, 1644, 1656 y 1737.
En la Orden de San Juan de Jerusalén ingresaron, en los años que se indican: 1608, 2660, 1678, 1720, 1722, 1746 y 1794.
Probaron su nobleza para ingresar en la Real Compañía de Guardias Marinas, en los años que se expresan: 1734, 1766, 1776, 1790, 1847, 1850, 1851, 1852 y 1854.
Probaron su nobleza ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid, en los años que se indican: 1530, 1533, 1538, 1539, 1541, 1545, 1546, 1548 (2), 1549, 1550 (2), 1554, 1555, 1556 (2), 1561 (2), 1566, 1567 (2), 1569, 1570 (2), 1572 (2), 1578, 1598, 1562, 1581, 1593, 1597, 1613, 1617, 1622, 1623, 1628, 1637, 1674, 1684, 1704, 1718, 1721 (2), 1724, 1725, 1733, 1734, 1736 (2), 1739, 1743 (2), 1744, 1748, 1751, 1752, 1759 (3), 1760, 1761, 1762, 1765, 1769, 1774, 1775 (2), 1776 (3), 1783, 1785 (2), 1790, 1792, 1796 (2), 1797, 1815, 1816 (2) y 1817.
Probaron su nobleza ante la Real Chancillería de Granada, en los años que se indican: 1538, 1544, 1545, 1552, 1563, 1574, 1575, 1579, 1578, 1584, 1588, 1590, 1597, 1605, 1610, 1616, 1617, 1638, 1665, 1714 (2), 1719 (2), 1724, 1738, 1763, 1764 (2), 1765, 1786, 1801 (2), 1807.
En la sección de Consejos Suprirnidos, del Archivo Histórico Nacional, se conservan los siguientes documentos referentes a hidalguías: Juan, Rodrigo y Paula Vélez, en 1711; Andrés Vélez Olarte Gudiel, vecino de Montalbán, en 7 de Mayo de 1753, y Juan y Rodrigo Vélez Suárez, vecinos de Alcántara, en 21 de Enero de 1714.
Probaron su nobleza para ejercer cargos del Santo Oficio de la Inquisición, en los años que se indican: 1605, 1615, 1622, 1623, 1624, 1626, 1628, 1630, 1631, 1632, 1643, 1671, 1675, 1680 (2), 1683, 1686, 1699, 1700, 1716, 1718, 1727, 1742, 1768, 1785, 1817.
Juan Vélez Baquedano, natural de Zaragoza, asistió como Caballero Infanzón e Hijodalgo a las Cortes Generales del Reino de Aragón, celebradas en 1626.
Bibliografía Documentación
"ENCICLOPEDIA GENEALOGICA Y HERALDICA HISPANO-AMERICANA", verdadera enciclopedia de un centenar de volúmenes donde prácticamente se encuentran todos los apellidos existentes en la Península Ibérica. -Blasones de Armas y Linajes de España, de Diego Urbina, - -Blasones, de Juan Francisco de Hita, - -Estudios de Heráldica Vasca, de Juan Carlos de Guerra.- -Nobiliario de Aragón, de Pedro Vitales.- -Nobiliario, de Jerónimo de Villa.-
Diccionario Hispanoamericano de Heráldica, Onomástica y Genealogía de Endika de Mogrobejo. Nobiliario Español de Julio de Atienza, Barón de Cobos de Belchite. Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica de Vicente de Cadenas. Blasonario de la Consanguinidad Ibérica de Vicente de Cadenas. Heraldario Español, Europeo y Americano de Vicente de Cadenas. Diccionario Onomástico y Heráldico Vasco de Jaime de Kerexeta. Nobiliario de la ciudad de Burgos de Valentín Dávila Jalón. Blasones y Linajes de Euskalerria de Endika de Mogrobejo. Heráldica patronímica española y sus patronímicos compuestos de Vicente de Cadenas. Nobiliario alavés de Fray Juan de la Victoria, siglo XVI. Armorial de Cervera de Pisuerga de José Luis Abad Ruiz. Catálogo de los apellidos de las familias de España de José Pellicer de Tovar. Alfabeto General de Apellidos y Familias de España de Francisco Zazo y Rosillo. Nobiliario de España de Juan Baños de Velasco. Nobleza General de España de Francisco Lozano, manuscrito. Infanzones e Hijosdalgo aragoneses en las Cortes de 1626 del Marqués de Siete Iglesias. Crónica de la provincia de Santander, de Mateo Escagedo Salmón. Libro de Armas y Blasones de Antonio de Sotomayor, adicionado por Ortega Muñoz, ambos Reyes de Fernando II. Estudios de Heráldica Vasca de Juan Carlos de Guerra. Libro de Armería del Reino de Navarra de Faustino Menéndez Pidal de Navascues. Diccionario de Heráldica Aragonesa de Bizén d'o Río Martínez. Diccionario Heráldico y Nobiliario de los Reinos de España de Fernando González-Doria.
A.Sánchez Maurandi, Familias de Mula, Tomo XXV, p. 781.
Juan González Castaño-Rafael González Fernández, Mula Repertorio Heráldico, p 488.
Padrón original de vecinos de la villa, conocido como Padrón de los Jueces.
Papel. 6 hojas de 15 x 21'5 cms. Encuadernado con un pergamino de 22 x 32 cms. con su traslado. Muy deteriorado.A. M. de Mula. Fondo Municipal, leg. 340.
Comentario: Este documento ha sido siempre muy recurrido durante la Edad Moderna por aquellos vecinos que necesitaban demostrar su hidalguía, siendo utilizado como testimonio para dar fe de que en esta lista se hallaba alguno de sus ascendientes,o al menos se encontraba allí el apellido en litigio.
Traslado de una escritura sobre mojones entre las limítrofes villas de Cieza y Calasparra.
Papel. 4 hojas de 22 x 16 cms. Encuadernado.A. M. de Mula. Fondo de GBT, leg. 14
Comentario.:Considerando la enorme extensión de su alfoz, no es extraño que la villa de mula pusiera un especial cuidado en su conservación pleiteando con los pueblos vecinos en la defensa y reivindicación de sus términos. Prueba de ello son las series sobre mojones y los pleitos sobre términos; Esto explica la existencia de traslados relativos a los mojones entre los pueblos vecinos, para constatar el lugar donde están señalados, como es el caso de este documento sobre los mojones entre Calasparra y Cieza.
Carta de confirmación de privilegios de la villa de Cehegín otorgada por el Maestre de la Orden de Santiago, don Enrique de Aragón.
Pergamino, 60 x 78 cm. Muy deteriorado.A. M. de Mula. Carp. 2 de privilegios.
Comentario: Documento este de grandes dimensiones, inserta al menos dos cartas, una dada en Zamora el 15 de Mayo del año 1307 por la que Rodrigo Yañez, Maestre del Temple, concede a Cehegín el Fuero de Alcaraz; Y otra de fecha dudosa por deterioro, pero que podría ser de 18 de Diciembre de 1344, confirmando los usos y costumbres de Cehegín, un año después de que la encomienda templaria de Caravaca se hubiera integrado en la Orden de Santiago.
Carta de confirmación de privilegios de la villa de Cehegín otorgada por el Maestre de la Orden de Santiago, don Enrique de Aragón
atural de Mula (Murcia), creció en un entorno agrícola donde el agua era un recurso estratégico.Su vida profesional estuvo siempre ligada al regadío y a la defensa de los intereses de los agricultores de la zona.
Francisco del Amor García es un destacado dirigente agrario español, especialmente reconocido por su implicación en la defensa del regadío y el agua para la agricultura en el sureste español. Fue presidente del Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura (SCRATS),
la principal organización que representa a los usuarios de agua del trasvase entre los ríos Tajo y Segura, infraestructura clave para los regadíos de Murcia, Alicante y parte de Almería.Dimitió “por la presión del estatuto castellano‑manchego”
que buscaba limitar el trasvase, según declaraciones de la Comunidad de Regantes de Riegos de Levante.
Liderazgo en el Tajo-Segura
Presidencia: Francisco del Amor ejerció como presidente del SCRATS durante más de seis años, aproximadamente entre 2002 y 2009.
Defensa del trasvase: Se convirtió en una de las voces más activas y reconocidas en favor de mantener el Trasvase Tajo-Segura, una infraestructura hidráulica vital para la agricultura del sureste de España.
Relaciones institucionales: Durante su presidencia, se reunió con altos representantes del Gobierno de España (como la vicepresidenta y ministras de Medio Ambiente) para reclamar medidas que garantizaran la estabilidad del agua para riego y se opusiera a modificaciones que pudieran limitar el trasvase.
Propuestas de pacto del agua: Promovió la idea de un “gran pacto nacional del agua” que incluyera soluciones de trasvases y planificación hidráulica a nivel estatal.
En mayo de 2009, Del Amor presentó su dimisión como presidente del SCRATS tras una etapa intensa de negociaciones y tensiones políticas sobre el futuro del trasvase, derivadas de acuerdos políticos entre partidos y cambios normativos potenciales que habrían afectado al funcionamiento del trasvase. La Federación Nacional de Regantes calificó entonces su salida como una “pérdida insustituible”, destacando su integridad, su experiencia técnica y su dedicación incansable al sector del regadío.
Colaboraciones y acciones relevantes
Modernización de regadíos: Su labor incluyó impulsar programas de modernización de regadíos tradicionales y defender el uso eficiente del agua.
Negociación de trasvases: Fue portavoz y negociador en numerosas ocasiones para ampliar o garantizar el envío de agua del Tajo al Segura en tramos críticos del año hidrológico
Hijo Predilecto de la Ciudad de Mula (2010)
En mayo de 2010, el Ayuntamiento de Mula (Región de Murcia) otorgó a Francisco del Amor García el título de Hijo Predilecto de la Ciudad, en reconocimiento a:
Su destacada labor en favor del desarrollo del regadío en la región. Su papel clave en la defensa de los intereses huerteros y agrícolas de la huerta muleña y del sureste peninsular. Su contribución como expresidente del Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura.
El nombramiento se realizó en un acto durante las Fiestas de San Isidro, patrón de la huerta, donde se resaltó su compromiso con la agricultura y con la infraestructura hídrica que sustenta una parte esencial del tejido rural de la zona.
Medalla de Oro de Riegos de Levante
La Comunidad de Regantes de Riegos de Levante (margen derecha del Segura) le concedió su Medalla de Oro en 2009.
Este homenaje subrayó su labor como uno de los grandes defensores del trasvase.
Francisco del Amor García dejó una huella profunda en:
La modernización del regadío en Murcia.
La defensa institucional del Trasvase Tajo‑Segura.
La unidad de los regantes frente a decisiones políticas que afectaban a su supervivencia.
El desarrollo agrícola de Mula, motivo por el cual fue distinguido como Hijo Predilecto.
ació en la localidad murciana de Mula en el año 25 de abril de 1945, aunque con seis años de edad se trasladó con su familia a vivir a Valladolid. Se dedicó a la pintura desde muy joven realizando sus primeras exposiciones, en la Galería Castilla de Valladolid y en la Galería Macarrón de Madrid, en las que se mostraron pinturas figurativas con representación de paisajes castellanos, de su entorno rural. A partir de entonces, evolucionó, pasando por el informalismo hacia la abstracción. En 1967, con tan sólo 22 años, Gabarrón expuso en la Galería Leob de Nueva York y en la Galería Arts Perspective de París.
A partir de 1991 su obra estuvo estrechamente vinculada al deporte y al Olimpismo, recibiendo una serie de encargos para los grandes acontecimientos en este campo. Desde 1986 su lugar de residencia es Nueva York, aunque pasa largas temporadas en Valladolid.
En el año 2003 fue nombrado hijo predilecto de la localidad de Mula, su lugar de nacimiento.
Además se le dedicó un parque con su nombre, en el que se instaló una de sus obras escultóricas.
Carrera artística
Recibió su primera formación artística en Valladolid antes de seguir su carrera en Francia, en Italia y Estados Unidos. El trabajo de Gabarrón está centrado en su interés por el humanismo, por la vida de las personas en armonía con su entorno natural, por su convivencia en paz y el desarrollo de los valores humanos.
Su colaboración con organizaciones internacionales, como el Comité Olímpico Internacional o las Naciones Unidas, han dado lugar a un periodo muy fructífero que perdura en la actualidad, tras la exposición de Universo de Luz (Enlightened Universe) inaugurado el 24 de octubre de 2015 en el célebre Central Park de New York, por el secretario general de la ONU, el Sr. Ban Ki-moon con motivo del 70 Aniversario de la creación de la Organización de las Naciones Unidas y que cada año recorre ciudades de todo el mundo, para conmemorar el día de la ONU y el de los Derechos Humanos: Ginebra (2016), Ámsterdam (2017), Bruselas (2018), Valladolid (2020), La Valeta (2022).
Su obra ha sido de igual modo centro de análisis dentro de retrospectivas como las dedicadas por el Chelsea Art Museum, el IVAM, el Museo de Arte Moderno de Gdansk, en Polonia, el Museo Nacional de Arte de China en Shanghái, o el Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español, para analizar sus creaciones. En todas ellas, críticos e historiadores de la talla de Donald Kuspit, comisario y profesor de la Universidad de Nueva York, Kosme de Barañano, comisario y profesor de la Universidad Miguel Hernández de Elche, o Miguel Ángel Zalama, profesor de la Universidad de Valladolid han procedido a realizar cuidadosos análisis y estudios de su trayectoria profesional de más de 50 años, recogidos en la abundante bibliografía aparecida durante los últimos años.
El centro de referencia de la obra de este creador, se encuentra en el Museo Cristóbal Gabarrón de la ciudad de Mula (Murcia), que permite realizar un viaje a través de su vida artística analizando las diferentes facetas de su creación pictórica y escultórica. Inaugurado en 2005 por los hoy Reyes de España, está gestionado por la Fundación Casa Pintada, constituida gracias a un acuerdo de colaboración entre el Ayuntamiento de Mula y la Fundación Cristóbal Gabarrón.
1964. Galería Castilla, Valladolid
1970. Escuela de Bellas Artes, París
1972. Galería Macarrón, Madrid
1974. Galería Fiamma Vigo, Roma
1974. Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago de Chile
1980. Galería Rayuela, Madrid
1985. Espacio y cubo, Londres
1986. Naciones Unidas, Nueva York
1986. Obra Our Hope for Peace, concebida como un hombre en actitud de emprender el vuelo, destinada como emblema al "Año Internacional de la Paz" por la WFUNA.
1990. Palais de l’Europe de Estrasburgo.
1991. Gran aportación artística con el mural titulado Historia del Olimpismo para el recién inaugurado Estadio Olímpico de Béisbol del Llobregat de Hospitalet. En este mural (de 100 metros de largo por 5 de ancho y realizado en pasta templada), están representadas más de 100 personas que simbolizan la evolución diacrónica del deporte.
1991. Galería Bodenschatz, Basilea, (Suiza), con la obra Historia del Olimpismo.
1991. Galerie Bodenschatz, Basilea
1991. Centro de Arte Tecla Sala L'Hospitalet, Barcelona
1992. Fue creada la Fundación Cristóbal Gabarrón, con sede en Valladolid. Este año se fundó también el MUGA (Museo Gabarrón), con la exposición en el Palacio de Can Boixeres de Hospitalet de gran parte de los bocetos del mural olímpico Historia del Olimpismo. En Sevilla y para la Expo’ 92 realizó el mural Encuentro 92 que fue instalado en la Plaza de América con el tema de las tres culturas durante la época medieval, cristiana, musulmana y judía. El mural tiene un tamaño de cerca de 700 metros cuadrados. Por su implicación en temas del deporte fue nombrado ”Artista del Deporte del Año 1992” por The United States Sports Academy. También este año fue investido Doctor Honoris Causa por el Estado de Alabama.
1992. Museo y Archivos de Arte Deportivo Americano (ASAMA) - Daphne, Alabama
1992. Fundación Carlos de Amberes, Madrid
1993. La United States Sports Academy encargó de Nuevo a Gabarrón una obra relacionada con el deporte para conmemorar el Centenario de los Juegos Olímpicos que coincidía con la celebración de la XXVI Olimpiada en la ciudad de Atlanta (Georgia). La nueva sede del Parlamento de la Comunidad Europea en Bruselas instaló las Doce Musas (un conjunto de 12 esculturas) que simbolizaban los estados miembros de esta Comunidad.
1996. Realizó el grupo escultórico-pictórico Atlanta Star an Olympic Forest, de 26 esculturas en forma de obeliscos triangulares que vistas desde el aire forman una estrella de cinco puntas; están relacionadas con las olimpiadas modernas, desde la de Grecia en 1896 hasta Atlanta en 1996. Esta obra se colocó en el Anillo Olímpico de la ciudad de Atlanta.
1997. Fue terminado y colocado en su sitio el mural titulado A Tribute to the Spirit of Sport. Esta obra fue dedicada al jugador de béisbol Jackie Robinson, celebrando el 50 aniversario del hecho de ser el primer jugador negro en ingresar en las Grandes Ligas de Béisbol.
1997. Realizó por encargo la escultura llamada Puerta de Valladolid, ubicada en la prolongación del Paseo de Zorrilla. Se trata de un par de columnas de 10 metros de altura, pintadas con gran variedad de colores. En septiembre trabajó sobre el proyecto El Barrio del Color, en el popular barrio de España.Las fachadas de las casas estaban muy deterioradas y degradas y el escultor cambió totalmente su aspecto pintándolas de colores.
1998. Para los Juegos Olímpicos de Invierno en Pagano (Japón), realizó el cartel oficial, obra titulada Ski-Jumper in Flight, así como el cartel oficial de la Copa del Mundo de Fútbol de París 98, Dancing with the Ball.
1998. En julio realizó unas barandillas que pueden verse en el Paseo del Renacimiento, separando el parque llamado Ribera de Castilla, a la orilla izquierda del río Pisuerga.
1999. Se encargó de diseñar y crear los símbolos e insignias de los Juegos Mundiales Universitarios de 1999. Lo más importante fue la ilustración artística del velero Universiada’99 cuyo motivo se tomó como Logotipo Oficial y la maqueta del Talayot monumento que representó a esa Universiada y que una vez desarrollado tomó la figura de 5 talayots de diferentes alturas que emergen de una lámina de agua. Las dimensiones son de 24 metros de alto por 14 de ancho. Otra obra de encargo en este año fue el cartel oficial del Encuentro contra la Droga, a cargo de la Fundación Proyecto Hombre.
1999. La Diputación le encargó una obra de gran formato para el Museo del Vino de Peñafiel. En este año se le encarga realizar el mural para el Parque del Chopal de Medina del Campo. La obra está dispuesta a lo largo de un muro de 220 m de longitud y se finaliza en 2008. También a él corresponde el resto del diseño del parque.
1999. Museo Olímpico, Lausana
2000. Para la Asamblea del Milenio en la sede de Naciones Unidas se le encargó la obra Amanecer en el Nuevo Milenio, que fue tomada para el cartel oficial.
2001. Se encargó de los trabajos de restauración y rehabilitación de la capilla del Balneario de las Salinas en Medina del Campo. En el edificio realizó obras de pintura mural, esculturas, vidrieras. En el lado izquierdo de la capilla las pinturas simbolizan las inquietudes demostradas en la Cumbre del Milenio de la ONU; en el lado derecho están representados los males que han azotado a la humanidad desde tiempos remotos. La obra tomó el nombre de La Capilla del Milenio.
Realizó una monumental escultura llamada Metamorfosis adquirida por la Cortes de Castilla y León para la decoración exterior de la nueva sede de este organismo en Valladolid.
2003. Realizó El Espíritu de los Juegos Olímpicos, obra que fue seleccionada por el Comité Olímpico Norteamericano como imagen representativa de los Juegos de Atenas 2004. Ese mismo año se dedicó a su obra A Costa da Morte.
2003. Guggenheim, Bilbao.
2005. En Manhattan (Nueva York) se distribuyeron un total de once esculturas que representaban distintos personajes de la obra de Cervantes, con motivo de la muestra "Homenaje al Quijote".
2005. Expuso la obra Homenaje al Quijote en instalaciones establecidas en distintos puntos de Nueva York (Estados Unidos).
2006. Museo de Arte de Chelsea, Nueva York
2006. IVAM – Instituto Valenciano de Arte Moderno, Valencia
2006. Galería de Arte Hugieia, Bélgica
2006. Círculo de Bellas Artes, Madrid
2006. Galería Guy Pieters, Saint Paul de Vence
2006. Palacio Almudí, Murcia
2007. Museo Nacional de Arte Moderno de Gdansk, Polonia
2007. En el Centro Cultural de la Diputación de Orense (España) con El Color y las Formas, y Homenaje al Quijote en la Casa de Córdoba de Miami (EE.UU).
2008. Tributo a Don Quijote en el Jardín Botánico de Miami Beach (EE.UU.) Los Silencios de Colón en los Jardines del Casino de Estoril, Lisboa (Portugal).
2009. Mal Maison, Cannes
2009. En febrero, exposición en las calles de Valladolid (con la colaboración del Ayuntamiento de Valladolid) con las estatuas que llevan el nombre de Torres de la Alhambra, 16 piezas de fibra de vidrio policromada. Sobre esta exposición el autor declaró:
«Pero mi familia y yo hemos querido que la exposición se presentara aquí, en nuestra ciudad», explicó ayer Gabarrón.
2011. Centro Niemeyer, Avilés
2012. Museo de Arte Abierto de Bokrijk, Genk
2012. Museo de la Universidad Americana en el Katzen Arts Center, Washington DC
2013. ARTZUID, Ámsterdam
2014. 3er Proyecto Internacional de Escultura Jing'an de Shanghai (JISP), presentado por Purple Roof Gallery
2014. Universidad Politécnica de Hong Kong, Hung Hom, Kowloon, Hong Kong
2015. Museo de Arte de China, Shanghai
Son numerosos los premios, menciones y distinciones. Se destacan aquí los más importantes:
1972. Premio Ciudad de Murcia y el I Premio de Acuarela, en Valladolid.
1993. Premio Importante recibido del diario La Opinión de Murcia, en reconocimiento a toda su carrera.
1996. Premio de las Artes 1996 que otorga el periódico El Norte de Castilla, recibido en el mes de noviembre. Trofeo Piñón de Oro otorgado por la Casa de Valladolid en Madrid.
1997. Gran Premio de Pintura de la II Bienal de Encuentros Mediterráneos, de Dubrovnik.
2000. Premio Castilla y León de las Artes.
2004. Premio Laurel de Cultura 2004, en la XXXVI Edición de los Premios Fundación Laureles de Murcia. Este premio se lo da la Asociación de la Prensa de Murcia.
2006. Nombramiento como Académico por la Real Academia de Bellas Artes de Santa María de Arrixaca.
La Fundación Cristóbal Gabarrón tuvo su origen en la ciudad de Valladolid en el año 1992. Otorga los Premios Internacionales de la Fundación Cristóbal Gabarrón (FCG), en el ámbito del arte. Los estatutos dicen:
[…] con la intención de proteger, conservar y difundir la cultura a través de las artes, las letras, la ciencia y la investigación […]
En esta Fundación tienen cabida las manifestaciones culturales desde la Prehistoria hasta los tiempos presentes. La sede está en la calle Rastrojo s/n, en el barrio de la Huerta del Rey. El edificio fue realizado por el equipo de arquitectos Juan Carlos Urdiain, Juan Llacer y José María Llanos. La cubierta de latón y cobre es obra del propio Gabarrón. El edificio está dividido en zonas destinadas a exposiciones, docencia, museo infantil y pinacoteca infantil. En el exterior hay un auditorio para cien personas y un anfiteatro.
El muleño Luis Cervantes Dato fue uno de los soldados que vivió el asedio al que fue sometido un destacamento español por parte de los insurrectos filipinos en la iglesia del pueblo de Baler, en la isla de Luzón, durante 337 días, cuando Filipinas todavía era colonia española. El héroe muleño fue nombrado Caballero Cubierto ante el rey, condecorado con la Cruz de plata del Mérito Militar con distintivo rojo y recibió y la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.
LOS ÚLTIMOS MURCIANOS DE FILIPINAS • FRANCISCO REAL YUSTE, DE CIEZA, Y LUIS CERVANTES DATO, DE MULA, FORMARON PARTE DEL GRUPO DE MEDIO CENTENAR DE SOLDADOS ESPAÑOLES QUE DEFENDIERON LA COLONIA ESPAÑOLA EN EL ASEDIO DE BALER.
SEGÚN RECOGE EL HISTORIADOR Y CRONISTA OFICIAL DE LAS TORRES DE COTILLAS Y ALBUDEITE, RICARDO MONTES, EN SU LIBRO ‘CIEZA DURANTE EL SIGLO XIX’, REAL «MARCHÓ COMO SOLDADO A FILIPINAS EN EL VAPOR COVADONGA, SIENDO UNO DE LA CINCUENTENA DE MILITARES QUE RESISTIERON HEROICAMENTE EN BALER»
Era el ocaso de España. El fin del siglo XIX dio término también al gran Imperio Español, que comenzó cuatrocientos años atrás con el descubrimiento de América. Durante la centuria del 1800, y debido a la ocupación napoleónica y a la crisis propia del país, España perdió los territorios americanos, africanos, El Caribe y Filipinas, un gran archipiélago situado en el Sudeste Asiático en el que tuvo lugar uno de esos episodios históricos que, cuando la tradición oral, el cine o las novelas los rescatan, hacen honor al dicho popular: la realidad supera la ficción.
Los últimos de Filipinas fueron 57 soldados españoles que en 1898 defendieron durante meses el poder de la corona en Baler, el último territorio español en el archipiélago. Durante casi un año –337 días, señalan algunas de las crónicas–, los militares se negaron a admitir la derrota, y se atrincheraron en una pequeña iglesia esperando el apoyo de unos refuerzos que no llegaron nunca. Con las ventanas tapiadas, y tras cavar un pozo del que pudieron extraer agua durante el sitio, lucharon contra los nativos para que en lo alto del campanario siguiera ondeando la bandera rojigualda.
Once meses después, y tras recibir un ejemplar del periódico El Imparcial en el que los titulares principales dejaban claro que las tropas españolas habían abandonado el territorio colonial, que ya daban por perdido, el teniente Cerezo ordenó a sus soldados rendirse y regresar a la península. Fueron 32 los que seguían con vida después de sufrir el asedio y que, tras la gesta, volvieron a pisar tierra Española.
Dos de los reclutas, Francisco Real Yuste y Luis Cervantes Dato, eran, previsiblemente, amigos. Lo atestiguan algunas fotografías de la época en las que posan juntos. Quizá en las horas muertas, ocultos de las balas enemigas, hablaban de lo que les unía: su tierra. Ambos soldados eran murcianos.
Real era natural de Cieza, de origen humilde y que «se alistó voluntario», recordaba ayer su nieto, Pascual Real, que no llegó a conocerlo. Según recoge el historiador y cronista oficial de Las Torres de Cotillas y Albudeite, Ricardo Montes, en su libro Cieza durante el siglo XIX, Real «marchó como soldado a Filipinas en el vapor Covadonga, siendo uno de la cincuentena de militares que resistieron heroicamente en Baler». El joven, «que volvió como se fue, sin saber leer ni escribir», nació en 1873.
Después de la guerra vivió, cuenta su nieto, «alejado del ejército»: «Cuando regresó, a él y a todos los soldados les ofrecieron quedarse como oficiales de segunda, o buscarles un trabajo. Mi abuelo se quedó como guardia de la huerta», explicó. En 1909 se le concedió una pensión anual de 720 pesetas, indica, además, Montes. Pese a no conocerlo, Pascual guarda recuerdos de su abuelo: «En mi casa hablaban de él y he participado en varios reportajes contando su historia. Fue herido de bala dos veces», apunta. «Además, tengo en casa una medalla y una placa que le dieron por su labor en la campaña».
Luis Cervantes, el otro murciano en Asia, se crió no muy lejos del ciezano, pues era natural de Mula. Se fue a la guerra de Filipinas con 18 años y regresó con 21. De vuelta al hogar se casó y tuvo 11 hijos de los que le sobrevivieron 6. Al llegar a España también le dieron a elegir trabajo y estuvo de cartero en el Pilar de la Horadada y Molina de Segura. Murió con 50 años, ya que regresó enfermo de la guerra, informa Micaela Fernández. Sus descendientes no guardan muchos recuerdos de aquella época, pues se los fueron pidiendo instituciones de la época. Pero sí saben que obtuvo tres medallas por su participación en la contienda. Dos por la estancia de un año en la iglesia y una por participar en otra batalla en Filipinas, en la que siete españoles lucharon con 200 hombres sin causar baja. Él fue herido en aquella batalla.
Ricardo Montes también hace alusión a la amistad que ambos mantuvieron y relata que incluso realizaron juntos el viaje de vuelta a sus respectivos hogares tras perder la colonia: «El 29 de julio (de 1898, Francisco Real) salía, con sus compañeros, camino de Barcelona a bordo del vapor Alicante, llegando el día 1 de septiembre. Desde allí viajará a Murcia, junto a su compañero de armas, el muleño Luis Cervantes, llegando a sus respectivos destinos el lunes día 4 de septiembre».
Luis Cervantes Dato Nº16 en la imagén
Otros murcianos en la contienda
«A Filipinas fueron murcianos por cientos», comentaba a este periódico Ricardo Montes. «Y la mayoría eran de familias humildes porque los hijos de los ricos pagaban para que otros fueran en sus puestos», aclara. Entre esos otros murcianos se encontraba el alcantarillero Pedro Cascales Hernández. Era agricultor, nació y murió en la localidad, antes y después del conflicto fue agricultor y llegó a contar ochenta y siete años, apuntaba ayer su nieto, el hoy también octogenario Casto Martínez Cascales.
Casto estuvo muy unido a su abuelo –«¿Cómo que si lo conocí? Dormimos en el mismo catre hasta mis 21 años»– y tiene fijadas en su mente algunas de las escenas que le contaba sobre Filipinas: «Él hablaba siempre de la guerra; del talago, que era el idioma de allí y que nunca pudo aprender… Era un hombre de la huerta, con muchas limitaciones culturales. Estuvo 28 días montado en el buque Colón. No se me olvida», afirma. Acumula fotos de la época, recortes de periódicos, objetos personales «y hasta un rosario de madera que compró en el Canal de Suez, cuando regresaba de Manila», contó. «Lo tengo clavado encima de mi cama».
Otro vecino de Alcantarilla participó en la guerra. Era el albañil Francisco Pacheco Pellicer, «que murió en abril de 1967», informaba Fulgencio Sánchez, Cronista Oficial del municipio. Tuvo tres hijos a su regreso. Dos varones, que siguieron el oficio del padre, y una mujer. Su nieta, Paquita Pacheco, «una experta en historia», todavía guarda una memoria muy vívida de la aventura de su abuelo en Asia.
Otros no corrieron la misma suerte que estos cuatro soldados. El periódico las provincias de Levante publicó el 5 de agosto de 1897 una gran esquela en su primera página en la que hacía referencia a «soldados muertos en Filipinas pertenecientes a esta región». En lo referente a Murcia, el rotativo refleja la muerte de los oficiales Mariano Borrajo, de Totana, y Emilio López, de Cartagena. Además, según el periódico también se habían registrado las bajas de los soldados Julián Bermúdez y Joaquín Valera, de Murcia, Dionisio Alonso, de Moratalla, y Mateo Guevara, de Lorca. Este tipo de informaciones eran habituales en los periodos de conflictos bélicos y eran difundidos por el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra.
Fuente: http://www.laopiniondemurcia.es/ – Daniel J. Rodríguez
Tres siglos después, sumida en constantes luchas internas, España se afanaba por preservar un añejo imperio ultramarino del que sólo quedaba Cuba, Puerto Rico y Filipinas.Durante un año, 50 españoles iban a protagonizar en un pequeño pueblo filipino la única victoria del Desastre de 1898: fueron los llamados “los últimos de Filipinas”.
A mediados de los años 90, estallaron sendas rebeliones por su independencia en las colonias españolas de Cuba (1895) y Filipinas (1896).
El Gobierno español, animado por la opinión pública, el respaldo del Congreso y las exigencias de los españoles establecidos en los dos territorios, respondió con el envío de tropas.
En ese contexto de expansión colonial estadounidense, y escudándose en el equilibrio internacional, los británicos preferían que Filipinas cayese en poder de EEUU en vez de Alemania o Francia. Así las cosas, si la lucha contra los rebeldes filipinos era difícil, pero según expertos, posible, la defensa del archipiélago frente al ataque de una potencia como Estados Unidos apoyada por Gran Bretaña (Londres permitió que la flota del almirante George Dewey se aprovisionase en Hong-Kong, comprase barcos y hasta reclutase personal para las tripulaciones e impidió que una flota española, la Escuadra de Reserva, acudiese al Pacífico al prohibir su paso por el canal de Suez), era casi imposible.
En Filipinas, una parte de la población tagala comenzó en 1896 una sublevación que España trató de controlar con la fuerza de las armas. En la isla de Luzón, la mayor del archipiélago, las tropas españolas arrinconaron a los rebeldes, encabezados por Emilio Aguinaldo. Superado militarmente, Aguinaldo llegó a un acuerdo para abandonar las armas en 1897 y fue deportado a Hong Kong. Cuando las autoridades españolas creían controlada la situación, Estados Unidos declaró la guerra a España y desembarcó en mayo del 98 a Aguinaldo en la bahía de Manila para reactivar a insurgencia.
Pocos meses después, España perdería a manos norteamericanas Cuba, Puerto Rico y el archipiélago filipino.
Baler contaba con una población de 1.700 habitantes y fue escenario, a finales de 1897, de una violenta escaramuza entre las tropas españolas y los rebeldes tagalos. Allí tuvo que emplearse una fuerza de 400 hombres para restablecer el control español y pacificar el territorio. Cuando todo quedó en calma las columnas de socorro se retiraron, pero desde Manila se envió un nuevo destacamento de 50 soldados para mantener el orden.
Iniciada la guerra hispano-estadounidense, las partidas rebeldes estaban de nuevo activas en la región. Baler quedó incomunicada por tierra, por lo que en su momento no llegó la noticia de la destrucción de la flota española en Cavite ni del cerco de Manila.
La guarnición temía que en cualquier momento los rebeldes lanzaran un ataque a gran escala, sin embargo, el 27 de junio la población amaneció desierta lo que aprovecharon los españoles para convertir la iglesia en un fortín capaz de resistir un asedio en toda regla a la espera de la ayuda desde Manila.
La iglesia de Baler era un pequeño edificio rectangular de 30 metros de largo por 10 de ancho, con una casa parroquial adosada. Sus muros, de metro y medio de grosor, eran sólidos, aunque una parte era de mampostería. Los soldados convirtieron el campanario en puesto de observación, excavaron dos trincheras ante los portalones principales, inutilizaron el resto de entradas y transformaron las aberturas en aspilleras desde las que disparar al enemigo. Tras introducir provisiones, fabricaron un horno de pan y excavaron un pozo para obtener agua.
La guarnición la formaban 50 militares (el capitán De las Morenas, los tenientes Juan Alonso Zayas y Saturnino Martín Cerezo, el oficial médico Rogelio Vigil de Quiñones y 46 soldados) a los que se unieron después el párroco y otros dos religiosos más.
Al día siguiente, los rebeldes les informaron de la derrota sufrida por la flota española frente a la estadounidense y les instaron a rendirse (fue la primera de las nueve tentativas de negociación). Todo fue inútil. Durante los 337 días que duraría el asedio, los defensores del fortín de Baler se negaron a creer la noticia de la derrota de su ejército.
Un año encerrados
Al principio, los insurgentes se dedicaron a tirotear intensamente la iglesia mientras esperaban refuerzos para iniciar un asalto decisivo. Los filipinos eran más numerosos y dominaban bien el terreno. Eran temidos por sus "bolos" o cuchillos largos, pero disponían de escasos fusiles. Un cañón de pequeño calibre tampoco supuso una amenaza insalvable para los sitiados.
Los filipinos también utilizaron tácticas de guerra psicológica para minar la moral de los asediados: les impedían dormir con ruidos de todo tipo; hacían cantar a las mujeres para recordarles los placeres a los que debían renunciar o mostraban a muchachas desnudas que les hacían gestos lascivos.
A finales de julio, llegaron a Baler varias columnas insurgentes que solicitaron de nuevo la rendición, a lo que el capitán De las Morenas respondió: "La muerte es preferible a la deshonra". Los ataques continuaron a lo largo del verano, pero sin gran eficacia.
Durante todo el asedio los españoles sólo debieron lamentar dos muertos por heridas de bala, mientras que por su parte causaron unas 700 bajas a los atacantes, entre heridos y fallecidos. En realidad, la mayoría de bajas españolas se debieron a las enfermedades (de los 19 muertos, 12 lo fueron por el beriberi, tres por disentería, dos por fuego enemigo y dos fusilados.
La mala alimentación y el hacinamiento continuado en un recinto reducido y oscuro favorecieron la propagación de la disentería y, sobre todo, del beriberi, un mal provocado por la carencia de vitaminas de los alimentos frescos y que causa una debilidad progresiva e incluso la muerte si no se recibe tratamiento. Hasta el final del asedio murieron 15 defensores por estas enfermedades, entre ellos los oficiales De las Morenas y Alonso Zayas, por lo que tomó el mando del destacamento el teniente Saturnino Martín Cerezo.
En otoño, el teniente ordenó una salida nocturna para conseguir fruta fresca y airear el recinto, lo que conllevó la mejoría de los enfermos.
Los soldados celebraron la Navidad de 1898 "con estrépito", incluso improvisando un concierto con cornetas, tambores y latas de petróleo vacías usadas como instrumentos. No sabían que apenas quince días antes el Gobierno español había firmado con Estados Unidos un tratado de paz por el que cedía a éstos sus posesiones de Cuba, Puerto Rico y Filipinas a cambio de 20 millones de dólares.
Los filipinos, que en febrero de 1899 se rebelaron a su vez contra la ocupación norteamericana, volvieron a intentar dar a entender a los defensores de Baler que habían perdido la guerra, pero estos no cedieron.
Emilio Aguinaldo
A finales de mayo se libró el último gran combate, cuando los tagalos intentaron inutilizar el pozo de agua para rendir de sed a los sitiados. Poco después llegó desde Manila un alto mando español (el teniente coronel Aguilar) con la misión de instar a los defensores a abandonar la resistencia. Para demostrarles que la guerra había terminado les dejó un fajo de ejemplares del periódico madrileño El Imparcial con noticias al respecto.
Pero los defensores consideraron que se trataba de falsificaciones.Pero viendo ya que las fuerzas mermaban y que las provisiones estaban agotándose, y al final dándose cuenta de que las noticias de la derrota eran ciertas, Martín Cerezo planeó una salida nocturna para abrirse paso hasta Manila. Antes de partir, el teniente destruyó el armamento sobrante y ordenó fusilar a dos soldados que mantenía presos desde febrero, acusados de intentar desertar. La claridad de la noche frustró una primera tentativa de salida. Consciente de que la marcha a Manila era una operación casi suicida, comunicó a su tropa la situación y propuso parlamentar con los filipinos para acordar una capitulación.
El 2 de junio de 1899 se arrió en Baler la bandera española (confeccionada, según se cuenta ya falta de otra cosa, con casullas de monaguillo y tela de mosquitera). Los 33 supervivientes depusieron las armas y fueron conducidos a Manila. Desde allí viajaron en barco hasta Barcelona, donde se les recibió como a héroes el 1 de septiembre de 1899. En la audiencia que les concedió la reina regente María Cristina, el teniente Martín afirmó que él únicamente había cumplido con su deber, a lo que le respondió al parecer la reina: "¡Ay, Martín!, si todos hubieran cumplido con su deber...".
Valor militar
El que fuera después primer presidente filipino Emilio Aguinaldo, mostraría su admiración por la “muy heroica” resistencia de los españoles en Baler. Los estadounidenses, por su parte, hicieron traducir las memorias del teniente Martín Cerezo como modelo de resistencia de una posición aislada.
En sus memorias, Martín Cerezo dijo orgulloso que ni un día dejó de ondear la bandera nacional en la iglesia. En el prólogo a las Memorias de Martín Cerezo, Azorín escribió: “¿Qué nación en Europa puede mostrar ejemplo de tal heroísmo?”.
Pero por inusitado que parezca, el Gobierno español apenas recompensó su sacrificio. En 1901 se concedió a Martín Cerezo la Laureada dotada con 1.000 pesetas anuales. Aunque alcanzó el generalato, sus ascensos los tuvo que pelear mediante recursos, porque para muchos oficiales y políticos era un personaje incómodo. No volvió a mandar tropa.
Los demás tuvieron que esperar hasta 1908 para que el Congreso les concediese una pensión: 60 pesetas mensuales, que también cobraron los parientes de los fallecidos.
Vigil de Quiñones se retiró en 1923 como comandante médico a los 61 años de edad. Pasó estrecheces y como sus medallas no estaban pensionadas solicitó al Ayuntamiento de Marbella, donde nació, una ayuda económica que se le negó. Murió en 1934.
Marcelo Adrián, uno de los mejores tiradores, solicitó un empleo en el Palacio Real, y estaba junto a los reyes cuando se proclamó la II República.
En la guerra civil, los héroes de Baler sufrieron como los demás españoles: perdieron hijos en ambos bandos Martín Cerezo recibió en su casa la visita de unos milicianos a los que espetó que si querían matarle lo hicieran en la cama donde yacía enfermo. Los asesinos se conformaron con llevarse a su único hijo varón, de 18 años, y le mataron en Paracuellos.
En 1936, un sargento de la Guardia Civil mató a Santos González Roncal en Mallén (Zaragoza) por envidias. En 1945, cuando se estrenó la primera película sobre su gesta, quedaban vivos ocho de ellos y se les ascendió a tenientes honorarios. El más longevo, Felipe Castillo, natural de Martos (Jaén), falleció en 1964 a los 86 años.
Aunque hoy en España casi nadie recuerda esta efemérides de los 337 días de resistencia de “los últimos de Filipinas”, en 2002, el Gobierno filipino declaró el 30 de junio como Día de la Amistad Hispanofilipina “para recordar el acto de benevolencia que ha allanado el camino para tender una mejor relación entre Filipinas y España” y “para conmemorar los lazos culturales e históricos, la amistad y la cooperación entre Filipinas y España”.
En el acto se interpretó el himno de los dos países y se depositó una corona de flores ante la Iglesia de San Luis, en la que una lápida en inglés recuerda a los soldados españoles.
La familia, junto con el Ayuntamiento, coordina una serie de actos entre los que cabe destacar el traslado de sus restos al panteón municipal.
El muleño, Luis Cervantes Dato, fue uno de los soldados españoles que vivió el asedio al que fue sometido un destacamento español por parte de los insurrectos filipinos en la iglesia del pueblo de Baler, en la isla filipina de Luzón, durante 337 días, Cuando Filipinas todavía era colonia española.
El héroe muleño fue nombrado “caballero cubierto ante el rey”, condecorado con la Cruz de plata del Mérito Militar con distintivo rojo y recibió la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.
En estos días es proyectada en todos los cines de España, la película "Los últimos de Filipinas". Una película que ha despertado un especial interés en el pueblo de Mula, pues narra la historia de uno de sus hijos, Luis Cervantes Dato, héroe de España, una historia que viven con orgullo los oriundos de Mula, pero sobre todo sus nietos, bisnietos y tataranietos, por la gesta de su abuelo.
117 años después el pueblo de Mula rendirá un homenaje póstumo a este héroe muleño. Desde el ayuntamiento se han puesto en contacto con los familiares, los más cercanos sus nietos y hermanos Luis y Encarna Hurtado Cervantes, y con sus bisnietos, con el fin de preparar el homenaje.
Aún no ha sido concretada fecha, aunque podría enmarcarse a finales del mes de enero, para conseguir reunir al mayor número de familiares, así como dar el tiempo suficiente para realizar los trámites burocráticos oportunos para trasladar los restos mortales del soldado heroico, desde el panteón donde reposan al panteón municipal en donde se encuentran muleños insignes. Desde el ayuntamiento también quieren que la corporación municipal llegue al acuerdo de nombrar una calle de la ciudad a Luis Cervantes Dato, así como preparar un acto público de homenaje póstumo.
El nieto mayor, vivo, del héroe de Baler, Luis Hurtado Cervantes, dice sentirse muy orgulloso de la gesta de su abuelo y agradecido con todos aquellos que estén trabajando para realizar ese homenaje póstumo “Llevamos muchos años detrás de hacer este homenaje pero nunca cuajo. Ahora parece que va en serio
Defendieron a España durante casi un año, pese a que la guerra había terminado.
A 500 metros de la pedanía de La Puebla de Mula, sobre un cerro amesetado de forma troncocónica que se eleva 120 metros sobre el valle, se alza una de las fortalezas islámicas más antiguas y fascinantes de la Región de Murcia: el Castillo de Alcalá. Esta imponente construcción ha sido testigo silencioso de más de mil años de historia, desde las primeras ocupaciones prehistóricas hasta nuestros días, protagonizando episodios épicos de resistencia, asedios y transformaciones que marcaron el devenir del sureste peninsular.
Los Primeros Pobladores: De la Prehistoria a Roma
Antes de que el castillo se convirtiera en la fortaleza que conocemos hoy, el cerro ya había atraído la atención de los primeros habitantes de la región. Las excavaciones arqueológicas han revelado una ocupación humana que se remonta al final del Neolítico, alrededor del año 5000-3000 a.C., cuando los primeros agricultores y ganaderos establecieron comunidades sedentarias en estas tierras. Cultivaban cereales, criaban animales domésticos y comenzaron a desarrollar las primeras estructuras sociales complejas.
La Edad del Bronce trajo consigo el esplendor del período argárico (2200-1550 a.C.), una de las culturas más avanzadas del sureste peninsular. Los argáricos, conocidos por su sofisticada metalurgia del bronce, construían poblados fortificados en altura aprovechando las defensas naturales del terreno. Desarrollaron una sociedad jerarquizada y mantenían la costumbre de enterrar a sus muertos bajo las viviendas, dejando testimonio de su presencia en este estratégico cerro.
Durante la época romana, entre los siglos III y IV d.C., la muela fue explotada como cantera de travertino, una roca sedimentaria calcárea, porosa y ligera muy apreciada en la construcción romana. El lugar mantuvo vínculos estrechos con la ciudad de Mula, entonces ubicada en el cercano Cerro de la Almagra, que era el principal núcleo urbano de la zona. Los abundantes restos romanos encontrados, muchos de los cuales fueron posteriormente reutilizados en las construcciones musulmanas, evidencian la importancia estratégica del lugar desde tiempos antiguos.
El Nacimiento de Alcalá: La Llegada del Islam
El topónimo "Alcalá" deriva de la raíz árabe "qal'a" (القلعة), término que designaba las fortalezas donde se instalaba la población conquistadora en los momentos inmediatos de su llegada a al-Ándalus. Este nombre, repetido en numerosos lugares de la península (Alcalá de Henares, Alcalá la Real, Alcalá de Guadaíra), revela la estrategia militar islámica de fortificar puntos estratégicos para el control territorial.
Tras la firma del Tratado de Teodomiro o Pacto de Tudmir en el año 713, uno de los acuerdos más importantes de la conquista musulmana de Hispania, se estableció en este enclave estratégico una guarnición militar árabe. Este tratado fue negociado entre Teodomiro, el gobernador visigodo de la región, y Abd al-Aziz ibn Musa, líder de las tropas musulmanas. Mediante este pacto, siete ciudades del sureste peninsular —Orihuela, Valentila (probablemente La Alcudia), Alicante, Mula, Bigastro, Ello (Elche) y Lorca— negociaron su incorporación al Islam en condiciones muy favorables.
El acuerdo permitió a los cristianos conservar sus propiedades, practicar su religión y mantener sus leyes a cambio del pago de tributos, evitando así una conquista violenta. Mula fue una de estas siete ciudades privilegiadas, lo que explica la temprana presencia musulmana en la zona y la construcción de fortificaciones como el Castillo de Alcalá.
Su posición elevada convertía al castillo en un punto geoestratégico de primer orden, dominando visualmente toda la comarca del río Mula —arteria vital de la región— y controlando las antiguas vías de comunicación que conectaban el litoral murciano (Cartagena, Murcia) con las tierras altas de Andalucía (Granada, Almería). Desde su cumbre, cualquier movimiento de tropas o caravanas comerciales podía ser detectado con suficiente antelación, convirtiendo la fortaleza en un elemento clave del sistema defensivo regional.
La Época de Esplendor: Ibn Mardanis "El Rey Lobo" y los Almohades
Aunque la ocupación musulmana del cerro se documenta desde el siglo X, según evidencian los fragmentos de cerámica encontrados en las excavaciones arqueológicas, fue en el siglo XII cuando el castillo alcanzó su máximo desarrollo arquitectónico y político. Investigadores como A. Bazzana, P. Cressier y P. Guichard han sugerido que las estructuras actuales de la fortaleza fueron levantadas o profundamente reformadas durante el gobierno de Muhammad ibn Sa'd ibn Mardanis, conocido por los cristianos como "El Rey Lobo", entre los años 1147 y 1172.
Ibn Mardanis fue uno de los personajes más fascinantes de la historia de al-Ándalus. De origen muladí (hispano-musulmán), gobernó un reino independiente que abarcaba el sureste peninsular, incluyendo los territorios de Murcia, Valencia y parte de Almería. Durante veinticinco años mantuvo su independencia frente al poderoso Imperio Almohade, que desde el norte de África pretendía imponer su rigorista interpretación del Islam en toda al-Ándalus.
Ibn Mardanis fue un gran constructor y desarrollador urbano. Levantó o reforzó numerosas fortalezas, construyó palacios suntuosos, desarrolló sofisticados sistemas de riego y fomentó el comercio y las artes. El Castillo de Alcalá formaba parte de su estrategia defensiva, una red de fortificaciones destinada a hacer frente a las repetidas incursiones almohades que amenazaban su reino desde el sur.
La fortaleza se convirtió entonces en un asentamiento estatal de carácter militar, posiblemente funcionando también como granero fortificado donde se custodiaban los productos agrícolas resultantes del cobro de impuestos en especie. Este tipo de instalaciones eran fundamentales para el mantenimiento de las guarniciones militares y para asegurar el abastecimiento en tiempos de guerra.
Con el tiempo, tanto la fortaleza como la alquería que surgió a sus pies fueron adquiriendo importancia demográfica y administrativa. Durante los siglos IX y X, el complejo de Alcalá llegó a ser capital de un iqlim o distrito administrativo, convirtiéndose en un importante centro urbano de la región. La población se dedicaba fundamentalmente a la agricultura de regadío aprovechando las aguas del río Mula, al pastoreo y al comercio de productos locales.
La Reconquista Cristiana: Un Castillo en Manos Castellanas
En 1243, tras la firma del Tratado de Alcaraz entre el infante Alfonso de Castilla (futuro Alfonso X el Sabio) y Muhammad ibn Hud al-Mutawakkil, el Castillo de Alcalá pasó a manos cristianas. Este tratado estableció el protectorado castellano sobre el Reino de Murcia musulmán, permitiendo una transición relativamente pacífica del poder. La fortaleza de Alcalá fue entregada en tenencia a Lope López de Haro junto con otras dos fortalezas de la zona.
Curiosamente, en la Crónica sobre la conquista definitiva de Mula en 1244, la fortaleza de Alcalá no aparece mencionada entre las plazas que ofrecieron resistencia, posiblemente porque ya estaba firmemente bajo control del infante Alfonso y su guarnición castellana había tomado posesión sin oposición.
La fortaleza fue ocupada por una guarnición militar castellana permanente y continuó desempeñando un papel importante en la defensa del territorio, especialmente durante los turbulentos años que siguieron a la conquista, cuando pequeños grupos de musulmanes que no aceptaron el dominio cristiano realizaban incursiones desde las sierras circundantes.
La Guerra de los Cien Años Murciana: El Asedio Aragonés (1296-1304)
Uno de los episodios más dramáticos y heroicos de la historia de la región tuvo lugar a finales del siglo XIII y principios del XIV, cuando el Reino de Murcia se convirtió en campo de batalla entre las Coronas de Castilla y Aragón.
La Invasión de Jaime II
En 1296, aprovechando la crisis sucesoria de Castilla tras la muerte de Sancho IV el Bravo, Jaime II de Aragón decidió invadir el Reino de Murcia, reclamando antiguos derechos sobre estos territorios. La campaña militar aragonesa fue fulminante: Caravaca y Cehegín se rindieron el 29 de mayo, y Mula capituló el 31 del mismo mes. La mayoría de las fortalezas del reino cayeron rápidamente ante el experimentado ejército aragonés.
El 28 de mayo de 1296, Jaime II puso cerco sobre Mula. Tras negociar con el alcaide de la fortaleza, este rindió la plaza y reconoció a Jaime II como soberano tres días después. El Castillo de Alcalá, vinculado administrativamente a Mula, pasó también bajo control aragonés. Parecía que la conquista aragonesa del Reino de Murcia era un hecho consumado.
La Sublevación Muleña
Sin embargo, los muleños leales a Castilla no aceptaron la dominación aragonesa. En marzo de 1298, apenas dos años después de la conquista, se produjo una sublevación armada en Mula. Los castellanos lograron expulsar a la guarnición aragonesa y recuperar el control de las fortalezas de Mula y Alcalá.
Lo que siguió fue una de las resistencias más extraordinarias de la Edad Media española. Durante seis años largos, entre 1298 y 1304, las tropas aragonesas intentaron reconquistar Mula sin éxito. La villa, con sus dos castillos principales (el de Mula y el de Alcalá), se convirtió en un símbolo de la resistencia castellana.
Ocho Años de Asedio y Resistencia Heroica
Los asedios se sucedieron uno tras otro. Las crónicas documentan la ferocidad de los combates, los intentos de asalto, las privaciones sufridas por la población sitiada y el valor de los defensores. En abril de 1304, tras años de asedio intermitente, las tropas aragonesas consiguieron finalmente derribar la puerta de levante de Mula y conquistar esa parte de la villa, pero no lograron avanzar más allá. La resistencia continuó en el resto de la población y en los castillos.
El Castillo de Alcalá jugó un papel crucial en esta epopeya de resistencia. Según el antiguo Libro de Población de Mula, que lamentablemente se quemó parcialmente durante la Guerra de la Independencia, los defensores del castillo mostraron un valor extraordinario:
"cuando el rey de Aragón nos apretó tanto en estas guerras que nos hizo mucho daño, y nos entró por una parte la villa, y viendo la resistencia que se le hacía y que no la podían entrar toda, pegaron fuego a aquella parte y quemaron aquellas casas [...] La mucha y valerosa resistencia que se le hizo aquí en este castillo y en el de Alcalá, que se guardaban y defendían por los esforzados y valerosos pobladores y sus hijos."
El Precio de la Victoria
Herido en su orgullo por no poder conquistar completamente Mula tras tantos años de asedio, y consciente de que la situación política había cambiado, el ejército aragonés prendió fuego a la parte de la población que había logrado ocupar en su retirada final. Pocos días después, en agosto de 1304, los reyes Fernando IV de Castilla y Jaime II de Aragón firmaron la Sentencia Arbitral de Torrellas, que devolvió el Reino de Murcia a Castilla, a excepción de la zona de Alicante y Orihuela que pasó definitivamente a Aragón.
La resistencia de Mula y su Castillo de Alcalá fue tan memorable que el rey Fernando IV de Castilla reconoció públicamente esta gesta heroica diciendo que en Mula "allí moraban castellanos", el mayor cumplido que podía hacerse en aquella época. Esta frase se convirtió en el lema de orgullo de los muleños durante siglos.
Durante todo el siglo XIV, después de estos acontecimientos, el Castillo de Alcalá mantuvo alcaide y guarnición militar permanente, cumpliendo un papel fundamental en la defensa del territorio, especialmente durante las guerras contra el vecino Reino de Granada.
Bajo el Dominio de los Fajardo: Señores de la Frontera
En 1333, el concejo de Mula, probablemente necesitado de fondos o presionado por las circunstancias políticas, vendió la propiedad de la fortaleza de Alcalá y de la pequeña aldea que la rodeaba, entonces casi despoblada, a Alonso Yáñez Fajardo, Adelantado Mayor del Reino de Murcia. Esta venta marcaría el inicio de siglos de vinculación del castillo con esta poderosa familia nobiliaria.
Los Fajardo fueron una de las dinastías más influyentes del Reino de Murcia. Como Adelantados Mayores, ejercían funciones militares y judiciales en nombre del rey. Controlaban numerosas fortalezas y extensos territorios, jugando un papel fundamental en la defensa de la frontera con el Reino de Granada. Su poder era tal que a menudo actuaban con considerable autonomía respecto a la Corona, especialmente en los períodos de debilidad monárquica.
El Proyecto de Repoblación Mudéjar
En 1380, los descendientes de Alonso Yáñez Fajardo emprendieron un ambicioso intento de repoblación del lugar, que había quedado prácticamente despoblado tras las guerras del siglo anterior. Para ello, establecieron una carta puebla ofreciendo condiciones favorables a colonos mudéjares, musulmanes que aceptaban vivir bajo dominio cristiano.
Esta carta puebla es un documento fascinante que revela la pragmática tolerancia religiosa de la época. Los señores feudales necesitaban población para trabajar sus tierras y pagar tributos, y no dudaban en recurrir a población musulmana si esta aceptaba las condiciones ofrecidas. Los mudéjares, por su parte, preferían vivir bajo dominio cristiano en sus tierras ancestrales antes que emigrar al Reino de Granada.
Los mudéjares que se establecieron en el castillo y su entorno trajeron consigo sus técnicas agrícolas, especialmente el cultivo de regadío, sus tradiciones artesanales y su organización social. Durante algunas décadas, Alcalá conoció un renacimiento demográfico y económico, aunque este sería truncado por las tensiones religiosas del siglo XV.
La Ermita de Santa María Magdalena
A comienzos del siglo XV, cuando la población mudéjar había sido prácticamente expulsada o convertida al cristianismo, se construyó en el interior de la fortaleza una ermita consagrada a Santa María Magdalena, santa muy venerada en el Reino de Murcia en aquella época. Esta devoción era tan fuerte que el obispo Comontes la menciona en su obra sobre las oficialías de la Diócesis de Cartagena hacia 1450.
La construcción de la ermita representaba la cristianización definitiva del espacio, transformando una fortaleza militar musulmana en un lugar de culto cristiano. La devoción a Santa María Magdalena fue tan significativa que algunos documentos del siglo XVIII llegaron a referirse al castillo como "Castillo de la Magdalena", aunque este nombre nunca sustituyó completamente al tradicional de Alcalá.
Declive y Abandono: El Ocaso de una Fortaleza
A mediados del siglo XIV, la fortaleza comenzó a perder gradualmente su utilidad militar por varias razones convergentes. La frontera con el Reino de Granada, que durante dos siglos y medio había estado peligrosamente cerca, quedaba ya lejos tras la conquista castellana de nuevos territorios hacia el sur. La amenaza militar que había justificado el mantenimiento de costosas guarniciones había desaparecido.
Por otro lado, apenas quedaba población morisca en la zona tras las conversiones forzosas y expulsiones del siglo XV. La población se había concentrado en núcleos urbanos más cómodos y accesibles, y el centro urbano de la región se había trasladado definitivamente del antiguo Cerro de la Almagra a la actual ubicación de Mula, en el valle, donde las condiciones de vida eran más favorables.
El castillo fue paulatinamente abandonando su función defensiva y administrativa. Los muros comenzaron a deteriorarse, las techumbres se hundieron, y la ermita de Santa María Magdalena quedó en ruinas. Sin embargo, la imponente silueta de la fortaleza siguió dominando el paisaje, manteniéndose como un símbolo de la historia y la identidad de la región.
De Manos Nobles a Propiedad Municipal: Una Historia de Olvidos y Reivindicaciones
La historia de la propiedad del castillo en los siglos posteriores resulta tan curiosa como reveladora de los vaivenes de la fortuna nobiliaria. En el siglo XIX, el duque de Bivona era propietario de los bienes que en su día habían pertenecido a los Marqueses de los Vélez en Mula, herederos a su vez de los antiguos dominios de los Fajardo. Cuando decidió vender estas propiedades a Alfonso Chico de Guzmán, olvidó incluir el Castillo de Alcalá en el lote de venta.
Este olvido, aparentemente casual, dio lugar a una peculiar situación jurídica. La fortaleza quedó como propiedad sin dueño aparente, hasta que fue adquirida mediante expediente posesorio por José Ledesma Serra, un particular que probablemente vio una oportunidad en este vacío legal.
Un sobrino de José Ledesma, heredero de la propiedad, vendió el castillo el 21 de agosto de 1931 a Joaquín Chico de Guzmán y Chico de Guzmán, Conde de Campillos, en un intento de la familia Chico de Guzmán de recuperar un bien que consideraban debería haber sido suyo desde el principio.
Durante décadas del siglo XX, la propiedad del castillo pasó a manos de Francisco Monreal Monreal, vecino de La Puebla de Mula, por herencia de sus padres, María Francisca Monreal Alcaraz y Juan Monreal Rubio. La familia Monreal mantuvo la propiedad del castillo durante generaciones, aunque sin poder realizar ninguna intervención significativa en el monumento debido a su protección legal.
Finalmente, en marzo de 2023, cumpliendo una reivindicación histórica del pueblo muleño y tras años de negociaciones, el Castillo de Alcalá pasó a ser propiedad del Ayuntamiento de Mula. Este acontecimiento fue celebrado como una victoria por la comunidad local, que siempre había considerado el castillo como parte fundamental de su patrimonio histórico y cultural.
Características Arquitectónicas: Una Fortaleza Inexpugnable
El Castillo de Alcalá es un ejemplo magistral de arquitectura militar islámica adaptada al terreno. Se construyó sobre un afloramiento rocoso natural con paredes verticales de más de 10 metros de altura, aprovechando las defensas que la propia naturaleza proporcionaba. La cumbre amesetada es casi inaccesible por todos sus flancos, haciendo innecesarias defensas artificiales elaboradas en gran parte de su perímetro. Esta característica convertía a la fortaleza en prácticamente inexpugnable para los medios de asedio medievales.
La fortaleza tiene unas dimensiones aproximadas de 125 metros de este a oeste y 90 metros de norte a sur, ocupando la totalidad de la cumbre del cerro. Sus muros se levantaron utilizando la técnica del tapial, un sistema constructivo tradicional islámico que consiste en compactar tierra arcillosa mezclada con cal y otros materiales entre encofrados de madera.
La estructura presenta una base de mortero de cal de 1,5 metros de ancho, sobre la que se eleva una estructura de ladrillo de adobe de 80 centímetros de grosor. Los módulos de tapial tienen una medida uniforme de 0,85 metros. Lo interesante es que los constructores musulmanes incorporaron abundantes materiales de construcción romanos —sillares, ladrillos, tegulae— que probablemente procedían del cercano Cerro de la Almagra, donde se ubicaba la antigua ciudad romana de Mula. Esta reutilización de materiales es característica de la arquitectura islámica andalusí y demuestra el pragmatismo de los constructores.
La Puerta de Recodo: Un Tesoro Único
La característica arquitectónica más excepcional del Castillo de Alcalá es, sin duda, su puerta de recodo, la única de una fortaleza musulmana que se conserva en pie en toda la Región de Murcia. Esta puerta forma parte de un edificio rectangular de 25 x 13,50 metros y constituye un testimonio arquitectónico de incalculable valor histórico.
Las puertas de recodo eran un elemento característico de la arquitectura militar islámica. Su diseño obligaba a los atacantes a realizar dos giros en ángulo recto para poder penetrar en el interior de la fortaleza. Esta configuración tenía múltiples ventajas defensivas: impedía el uso efectivo de arietes para derribar la puerta, ralentizaba el avance de los atacantes, obligaba a los asaltantes a exponer su flanco derecho (generalmente menos protegido) a los defensores situados en las murallas, y permitía a los defensores atacar a los invasores desde múltiples ángulos con flechas, piedras y aceite hirviendo.
El hecho de que esta puerta se conserve en pie después de más de ochocientos años es extraordinario. La mayoría de las fortificaciones islámicas de la Región de Murcia han perdido estos elementos defensivos debido al abandono, los saqueos de materiales constructivos o las reformas posteriores. La puerta de recodo de Alcalá es, por tanto, un testimonio único de las técnicas de fortificación andalusíes en el sureste peninsular.
Otros Elementos Arquitectónicos
Aunque en la actualidad gran parte de las estructuras interiores del castillo están en ruinas, todavía pueden identificarse los restos de diversas construcciones: aljibes para almacenar agua de lluvia (fundamentales para resistir asedios prolongados), dependencias de la guarnición, áreas de almacenamiento de alimentos y armas, torres de vigilancia en las esquinas del recinto, y los cimientos de la ermita de Santa María Magdalena del siglo XV.
Los muros conservan en algunos tramos las almenas originales, y puede apreciarse la diferencia entre las construcciones islámicas originales del siglo XII y las reformas y añadidos realizados durante los períodos cristiano y moderno.
El Castillo de Alcalá está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) desde la aplicación de la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español. Esta protección legal implica que cualquier intervención en el monumento debe ser autorizada y supervisada por las autoridades competentes en materia de patrimonio histórico. Aunque esto ha dificultado en ocasiones las labores de conservación y restauración, ha permitido preservar la integridad del conjunto arquitectónico.
Desde su cumbre, a 120 metros de altura sobre el valle, todavía hoy se puede contemplar una vista panorámica impresionante que abarca kilómetros a la redonda. Se domina visualmente toda la comarca del río Mula, las sierras circundantes, los Baños de Mula con sus históricas aguas termales de origen romano, la actual población de Mula y, en días despejados, incluso puede avistarse el mar Mediterráneo hacia el este. Esta vista permite comprender inmediatamente por qué este lugar fue elegido una y otra vez, a lo largo de milenios, como punto estratégico de control territorial.
Estado de Conservación y Proyectos Futuros
El estado de conservación del castillo es irregular. Mientras algunas estructuras, como la extraordinaria puerta de recodo, se mantienen en pie con notable solidez, otras partes del recinto muestran signos evidentes de deterioro: muros que se desploman, vegetación invasora que daña las estructuras, erosión de los morteros y adobes por la acción del agua y el viento.
Con la adquisición del castillo por parte del Ayuntamiento de Mula en 2023, se han abierto nuevas posibilidades para la conservación, estudio y puesta en valor del monumento. Existen proyectos para realizar excavaciones arqueológicas sistemáticas que permitan conocer mejor la historia del castillo, consolidar las estructuras en peligro de derrumbe, crear itinerarios de visita seguros y señalizados, instalar paneles informativos que expliquen la historia del lugar, y desarrollar programas de turismo cultural que permitan dar a conocer este extraordinario patrimonio.
El castillo tiene un enorme potencial como recurso educativo y turístico. Podría convertirse en un centro de interpretación de la historia medieval del Reino de Murcia, un espacio para actividades culturales y educativas, y un destino de turismo histórico y de naturaleza que atraiga visitantes interesados en el patrimonio medieval andalusí.
La fortaleza de Alcalá no es solo un monumento de piedra y argamasa; es un libro abierto que narra la historia de la Región de Murcia y del sureste peninsular a lo largo de más de tres milenios. Desde los primeros pobladores prehistóricos que vieron en este cerro un lugar seguro para establecerse, pasando por los romanos que explotaron sus canteras de travertino, los musulmanes que construyeron esta imponente fortaleza, los cristianos que la defendieron heroicamente durante años de asedio, hasta los muleños contemporáneos que han conseguido recuperarla para su pueblo, el Castillo de Alcalá ha sido testigo y protagonista de la historia.
Cada piedra, cada muro, cada recoveco de este castillo guarda secretos y relatos de más de mil años de historia. Las pisadas de los guerreros árabes que vigilaban desde sus almenas, los gritos de los defensores castellanos durante el asedio aragonés, las oraciones de los fieles en la ermita de la Magdalena, los trabajos de los campesinos mudéjares en los campos circundantes... Todo ello forma parte de la memoria histórica que el castillo custodia.
En una época en que el patrimonio histórico es frecuentemente amenazado por la especulación urbanística, el abandono o la simple desidia, la recuperación del Castillo de Alcalá por parte del pueblo de Mula representa un acto de responsabilidad histórica y de compromiso con las generaciones futuras. Este castillo milenario, que ha sobrevivido a guerras, terremotos, abandono y pillaje, merece ser preservado, estudiado y dado a conocer como el extraordinario testimonio histórico que representa.
El Castillo de Alcalá es, en definitiva, mucho más que unas ruinas medievales en lo alto de un cerro. Es un símbolo de identidad para los muleños, un testimonio de la convivencia y el conflicto entre culturas, un ejemplo de arquitectura militar medieval, y un recordatorio permanente de que somos herederos de una rica y compleja historia que debemos conocer, preservar y transmitir.
Información Práctica
Ubicación: Carretera Murcia-Mula (C-415), km 22, desvío hacia La Puebla de Mula
Acceso: El castillo está situado en terreno municipal. Se puede acceder a pie desde La Puebla de Mula por un sendero señalizado (aproximadamente 15 minutos de caminata moderada).
Castillo de Alcala 2009
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Recomendaciones: Calzado adecuado para caminar por terreno irregular, agua, protección solar. Se recomienda visitar con luz natural y respetar las normas de protección del patrimonio histórico.
Historia medieval de España y la Región de Murcia Arquitectura militar islámica y cristiana El período de la Reconquista La nobleza castellana y los señoríos Características generales de castillos similares Web del Ayuntamiento de Mula Oficina de Turismo de Mula Región de Murcia Digital (portal oficial) Estudios sobre castillos de Murcia en revistas de historia Tesis doctorales sobre fortificaciones murcianas Publicaciones del Centro de Estudios Históricos de Mula (si existe) Base de datos de Bienes de Interés Cultural del Ministerio de Cultura Inventario de Patrimonio de la Región de MurciaBibliografía especializada: Libros sobre castillos de Murcia Historia local de Mula Estudios sobre los Marqueses de los Vélez
n la cumbre del cerro que domina la villa de Mula, en el corazón de la Región de Murcia, se alza una de las fortalezas más emblemáticas del sureste peninsular: el Castillo de los Vélez. Esta imponente construcción defensiva, testigo silencioso de más de mil años de historia, constituye un documento pétreo excepcional para comprender la evolución política, militar y social de esta región fronteriza que fue escenario de encuentros y desencuentros entre culturas, religiones y reinos.
Aunque el castillo que hoy contemplamos es fundamentalmente de origen islámico y cristiano, los estudios arqueológicos han revelado que el cerro sobre el que se asienta fue ocupado desde tiempos prehistóricos. Los íberos establecieron aquí uno de sus asentamientos, aprovechando la posición estratégica del lugar para controlar las rutas comerciales y las tierras fértiles de la vega del río Mula.
Durante la dominación romana, el emplazamiento mantuvo su importancia, aunque es difícil determinar con exactitud la naturaleza de las construcciones que pudieron existir en este período. Lo que sí es seguro es que la posición estratégica del cerro, visible desde kilómetros a la redonda y con amplias vistas sobre el territorio circundante, lo convirtió en un punto de interés permanente para todos los pueblos que habitaron la región.
La Fortaleza Islámica: Bastión del Reino de Murcia
La construcción del castillo propiamente dicho comenzó durante la época islámica, probablemente en los siglos XI y XII, en el contexto de las taifas que fragmentaron Al-Ándalus tras la desintegración del califato cordobés. Mula (Mawla en árabe) se convirtió en un importante centro urbano y su castillo en una pieza clave del sistema defensivo de la región.
Durante el período almohade (siglos XII-XIII), la fortaleza experimentó importantes ampliaciones y mejoras. Los almohades, dinastía bereber que unificó Al-Ándalus bajo su poder, comprendieron la importancia estratégica de Mula como punto de control entre las tierras del interior y la costa mediterránea. El castillo se integró en una red defensiva más amplia que incluía otras fortalezas de la región como las de Lorca, Caravaca y Moratalla.
La estructura islámica del castillo respondía a los principios de la arquitectura militar andalusí: aprovechamiento máximo de la topografía natural, uso de materiales locales (fundamentalmente tapial y mampostería), diseño de recintos múltiples escalonados que dificultaban el asalto, y construcción de torres tanto para vigilancia como para defensa activa. Las murallas seguían las curvas de nivel del cerro, creando un perímetro irregular pero extraordinariamente resistente.
El castillo islámico de Mula no era únicamente una construcción militar, sino también un centro administrativo y residencial. En su interior existían aljibes para garantizar el suministro de agua durante los asedios, almacenes para provisiones, viviendas para la guarnición y probablemente una pequeña mezquita o al menos un espacio dedicado a la oración.
La Conquista Cristiana: Alfonso X y la Integración en Castilla
El año 1244 marcó un punto de inflexión definitivo en la historia del castillo. Ese año, el infante Alfonso (futuro Alfonso X el Sabio) conquistó la villa de Mula mediante capitulación, en el contexto de la incorporación del Reino de Murcia a la Corona de Castilla. Este proceso se produjo gracias al Tratado de Alcaraz (1243), por el cual el último rey musulmán de Murcia, Ibn Hud al-Dawla, se convirtió en vasallo de Fernando III de Castilla y facilitó la entrega pacífica de gran parte del territorio.
La conquista de Mula fue relativamente incruenta, lo que permitió que gran parte de la población musulmana permaneciera en la villa como mudéjares, manteniendo sus costumbres, religión y parte de sus propiedades a cambio del pago de tributos. Esta convivencia inicial entre cristianos, musulmanes y la pequeña comunidad judía caracterizó los primeros años de dominio castellano.
Alfonso X comprendió la importancia estratégica de Mula y ordenó reforzar sus defensas. El castillo se convirtió en una pieza fundamental del sistema defensivo de la frontera con el Reino nazarí de Granada, que se consolidaría en las décadas siguientes como el último reducto musulmán en la Península Ibérica. Durante más de dos siglos, el Castillo de Mula sería una fortaleza fronteriza en permanente estado de alerta.
Señorío Real y Conflictos Nobiliarios
Durante el siglo XIII y parte del XIV, Mula permaneció bajo dominio directo de la Corona castellana, con alcaides nombrados por el rey. Sin embargo, la política de donaciones de territorios a la nobleza, característica de la Castilla bajomedieval, acabaría por cambiar esta situación.
El castillo fue testigo de los conflictos nobiliarios que sacudieron Castilla durante el siglo XIV, especialmente durante las minorías de edad de varios monarcas y las guerras civiles. La fortaleza cambió de manos en varias ocasiones, siendo ocupada alternativamente por partidarios de diferentes facciones nobiliarias que se disputaban el poder en el reino.
En 1382, durante el reinado de Juan I de Castilla, Mula fue entregada a Pedro Fajardo, Adelantado Mayor del Reino de Murcia, iniciándose así la vinculación del castillo con el linaje de los Fajardo que duraría más de cuatro siglos. Esta familia, una de las más poderosas e influyentes del Reino de Murcia, haría del Castillo de Mula uno de los símbolos de su poder territorial.
Los Fajardo y el Marquesado de los Vélez
El acontecimiento más trascendental en la historia del castillo se produjo en 1506, cuando el rey Fernando el Católico concedió a Pedro Fajardo y Chacón el título de Marqués de los Vélez, elevando el señorío de Mula y otros territorios a marquesado. Desde entonces, el castillo pasó a ser conocido como Castillo de los Vélez, nombre que ha perdurado hasta nuestros días.
Los Fajardo, Marqueses de los Vélez, fueron una de las familias más poderosas del sureste español durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Su influencia se extendía por gran parte de las actuales provincias de Murcia y Almería, controlando un vasto territorio que incluía numerosas villas, fortalezas y tierras de labor.
Durante el período de dominio de los Vélez, el castillo experimentó importantes transformaciones. Si bien mantuvo su función militar y defensiva, se añadieron elementos propios de una residencia señorial, convirtiéndose en palacio fortificado. Las torres se remodelaron, se abrieron ventanas y balcones en los muros, se construyeron estancias más confortables y se decoraron algunos espacios con elementos renacentistas.
El poder de los Marqueses de los Vélez alcanzó su cénit durante el siglo XVI. Pedro Fajardo y Chacón, tercer marqués de los Vélez, fue virrey de Valencia y uno de los nobles más cercanos a Carlos I. Su hijo, Luis Fajardo y Requesens, fue general de las galeras de España y participó en importantes empresas militares, incluida la batalla de Lepanto (1571) contra los turcos otomanos.
El Castillo en la Época Moderna
Durante los siglos XVI y XVII, aunque las funciones puramente militares del castillo disminuyeron con el fin de la Reconquista en 1492, la fortaleza mantuvo su importancia como símbolo del poder señorial de los Vélez y como centro administrativo del marquesado.
El castillo fue escenario de importantes acontecimientos históricos. Durante la rebelión de las Alpujarras (1568-1571), cuando la población morisca del Reino de Granada se sublevó contra Felipe II, el Castillo de Mula sirvió como base de operaciones para las tropas del Marqués de los Vélez, encargado de sofocar la rebelión.
En el siglo XVII, durante la Guerra de Sucesión Española (1701-1714), el castillo volvió a tener relevancia militar. El Reino de Murcia fue uno de los territorios donde se enfrentaron los partidarios del archiduque Carlos de Austria y los del futuro Felipe V de Borbón. El Castillo de Mula, como otras fortalezas de la región, participó en estos conflictos, aunque de manera menos intensa que en épocas anteriores.
Declive y Transformaciones
El siglo XVIII marcó el inicio del declive militar del castillo. Las nuevas técnicas de artillería hacían obsoletas las viejas fortalezas medievales, y el centro de poder de los Marqueses de los Vélez se había desplazado a otras residencias más confortables. El castillo comenzó a perder su función residencial y militar, aunque siguió siendo propiedad del marquesado.
La abolición de los señoríos jurisdiccionales en 1811, durante las Cortes de Cádiz, supuso un cambio fundamental. Aunque los Vélez conservaron la propiedad del castillo y de muchas tierras, perdieron los derechos jurisdiccionales sobre Mula y sus habitantes. La villa se convirtió en municipio independiente, y el castillo quedó como un símbolo histórico de un pasado feudal que llegaba a su fin.
Durante el siglo XIX, el castillo sufrió un progresivo deterioro. Las guerras carlistas del período y el general abandono de las fortificaciones medievales en toda España contribuyeron a su ruina. Partes del castillo fueron utilizadas como cantera, extrayéndose materiales para otras construcciones, y algunos elementos decorativos fueron expoliados.
El Castillo en la Época Contemporánea
El siglo XX trajo nuevos desafíos para la conservación del castillo. La Guerra Civil Española (1936-1939) causó algunos daños adicionales en la estructura, aunque Mula no fue escenario de combates intensos. Durante décadas, el castillo permaneció en estado de abandono, con sus muros expuestos a la erosión y al expolio.
No fue hasta la segunda mitad del siglo XX cuando comenzó a tomarse conciencia del valor patrimonial del Castillo de los Vélez. En 1949, el castillo fue declarado Monumento Histórico-Artístico, lo que supuso el primer paso hacia su protección legal. Esta declaración, que posteriormente se renovó con la denominación de Bien de Interés Cultural, estableció la obligación de conservar y proteger la fortaleza.
Las primeras intervenciones de restauración comenzaron en las últimas décadas del siglo XX. Se consolidaron muros en peligro de derrumbe, se limpiaron escombros acumulados durante siglos, se realizaron estudios arqueológicos que revelaron nuevos datos sobre la historia del castillo, y se acondicionaron accesos para permitir las visitas turísticas de forma segura.
En el siglo XXI, las actuaciones de conservación y puesta en valor se han intensificado. La Región de Murcia y el Ayuntamiento de Mula han invertido recursos significativos en la restauración del castillo, entendiendo que constituye no solo un monumento histórico de primer orden, sino también un activo turístico y cultural de gran importancia para la localidad.
Arquitectura e Ingeniería Militar
Desde el punto de vista arquitectónico, el Castillo de Mula es un palimpsesto que refleja las diferentes fases de su construcción y transformación a lo largo de más de ocho siglos. La estructura actual conserva elementos de todas las épocas, desde el núcleo islámico original hasta las reformas renacentistas de los Marqueses de los Vélez.
El castillo se organiza en varios recintos amurallados escalonados que se adaptan a la topografía del cerro. Esta disposición en terrazas sucesivas respondía a una lógica defensiva: cada recinto podía defenderse independientemente, de modo que la caída de uno no implicaba necesariamente la pérdida de toda la fortaleza.
El recinto superior, el más antiguo y mejor defendido, constituía la última línea de resistencia. Aquí se localizaba la Torre del Homenaje, símbolo del poder señorial, desde cuya cima se domina todo el territorio circundante. Esta torre, aunque muy reformada, conserva elementos de diferentes épocas que permiten estudiar la evolución de la arquitectura militar medieval.
Las murallas, construidas principalmente con la técnica del tapial (tierra apisonada entre encofrados) reforzado con mampostería en las zonas más vulnerables, alcanzan espesores de varios metros. A lo largo del perímetro se distribuyen torres de diferentes tipologías: circulares, cuadrangulares y semicirculares, cada una con funciones específicas en el sistema defensivo.
Los aljibes constituyen otro elemento fundamental de la arquitectura del castillo. Estas cisternas subterráneas, excavadas en la roca y recubiertas con mortero impermeable, garantizaban el suministro de agua durante los asedios. El castillo contaba con varios aljibes de diferentes tamaños, algunos de los cuales se conservan en buen estado.
Más allá de su valor arquitectónico, el Castillo de Mula constituye un documento histórico excepcional. Sus piedras han sido testigos de acontecimientos que marcaron la historia de España: la consolidación de Al-Ándalus, las luchas entre taifas, la Reconquista, las guerras nobiliarias, la rebelión morisca, las guerras de sucesión y el fin del Antiguo Régimen.
El estudio arqueológico del castillo ha proporcionado valiosa información sobre la vida cotidiana en una fortaleza medieval. Se han encontrado restos de cerámicas islámicas y cristianas, monedas de diferentes épocas, armas, herramientas y otros objetos que permiten reconstruir cómo era la vida de quienes habitaron y defendieron estas murallas.
Las fuentes documentales complementan la información arqueológica. Los archivos del Marquesado de los Vélez, conservados en diversos archivos españoles, contienen abundante documentación sobre la administración del castillo, las reformas realizadas, los alcaides que lo gobernaron y los acontecimientos históricos en los que participó.
Legado y Significado Actual
Hoy, el Castillo de los Vélez es mucho más que una ruina medieval. Es un símbolo de la identidad histórica de Mula, un espacio para la memoria colectiva y un recurso cultural y turístico de primer orden. Las murallas que durante siglos separaron y protegieron a unos de otros, ahora invitan al encuentro y al conocimiento del pasado común.
El castillo forma parte inseparable del paisaje urbano de Mula. Su silueta, recortada contra el cielo, es la imagen más reconocible de la localidad y aparece en el escudo municipal. Los muleños mantienen un vínculo emocional con su castillo, que sigue siendo escenario de celebraciones y eventos culturales.
La historia del Castillo de Mula es, en definitiva, la historia de España en miniatura: conquistas y reconquistas, convivencia y conflicto entre culturas, el poder de la nobleza, las transformaciones políticas y sociales. Cada piedra de sus murallas guarda la memoria de quienes las construyeron, defendieron y habitaron, y cada visitante que recorre sus adarves se convierte en parte de esa historia milenaria que continúa escribiéndose.
Información Práctica para la Visita
SIGA EL CAMINO AZUL MARINO Y VUELVA POR DONDE A VENIDO.POR AHORA ESTA CERRADO SU INTERIOR PARA HACER VISITAS.
El mejor momento para visitar el castillo es durante la primavera o el otoño, cuando las temperaturas son más suaves. Sin embargo, cada estación ofrece su propio encanto: la primavera trae consigo el verdor de los campos circundantes, el verano permite disfrutar de noches estrelladas desde las almenas, el otoño ofrece una luz especial para la fotografía, y el invierno, aunque más frío, regala días de cielos despejados con visibilidad excepcional.
Castillo de Mula 2007
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Un Legado que Pervive
El Castillo de Mula no es solo un monumento del pasado, sino un elemento vivo del patrimonio cultural murciano que continúa desempeñando un papel importante en la identidad de la localidad. Las labores de conservación y restauración llevadas a cabo en las últimas décadas han permitido preservar esta joya arquitectónica para las futuras generaciones, mientras que su utilización para eventos culturales, exposiciones y celebraciones lo mantiene integrado en la vida social del municipio.
Visitar el Castillo de los Vélez es emprender un viaje en el tiempo, una oportunidad única de conectar con las raíces históricas del sureste español y comprender mejor la compleja historia de Al-Ándalus, la Reconquista y la formación de los reinos cristianos peninsulares. Es también una invitación a descubrir Mula, una localidad que ha sabido conservar su patrimonio y sus tradiciones sin renunciar a la modernidad, ofreciendo al visitante una experiencia auténtica y enriquecedora.
En definitiva, el Castillo de Mula es mucho más que una fortaleza medieval: es un símbolo de la historia compartida de las culturas que han poblado estas tierras, un mirador privilegiado sobre un paisaje de belleza atemporal y un testimonio pétreo de la capacidad humana para construir obras que desafían los siglos. Una visita obligada para cualquier viajero que desee conocer el verdadero corazón histórico de la Región de Murcia.
Historia medieval de España y la Región de Murcia Arquitectura militar islámica y cristiana El período de la Reconquista La nobleza castellana y los señoríos Características generales de castillos similares Web del Ayuntamiento de Mula Oficina de Turismo de Mula Región de Murcia Digital (portal oficial) Estudios sobre castillos de Murcia en revistas de historia Tesis doctorales sobre fortificaciones murcianas Publicaciones del Centro de Estudios Históricos de Mula (si existe) Base de datos de Bienes de Interés Cultural del Ministerio de Cultura Inventario de Patrimonio de la Región de MurciaBibliografía especializada: Libros sobre castillos de Murcia Historia local de Mula Estudios sobre los Marqueses de los Vélez
mediados del siglo XVII, la comarca de Mula vivía tiempos terribles. Las epidemias de peste bubónica dejaron miles de muertos y en tan solo dos años, tres cuartas partes de la población adulta pereció. Los campos quedaron sin cultivar, las ciudades sin artesanos ni comerciantes, y el hambre se sumó a la enfermedad.
El paraje entonces se conocía como Campo de Albalat o de Balate, que en árabe significa camino o acequia . Allí tenía sus tierras la familia Botía, que se había refugiado para escapar de la peste que asolaba Mula.
La aparición milagrosa: 21 de septiembre de 1648
Pedro Botía, un joven pastor de 15 años que había quedado huérfano por la epidemia solía llevar su rebaño por estos parajes mientras elevaba sus oraciones al cielo rogando por el fin de aquella terrible situación.
El 21 de septiembre de 1648, mientras pastoreaba, ocurrió algo extraordinario. Según documenta el historiador franciscano Fray Pablo Manuel Ortega, Pedro tuvo una visión del Niño Jesús. La leyenda cuenta que el Niño, vestido de nazareno y portando una cruz, le preguntó: "¿Por qué estás triste?". Pedro le respondió que porque sus padres y hermanos habían muerto en la epidemia, quedando solo y desamparado.
Cuando Pedro preguntó quién era, el Niño le respondió: "Soy el Niño de Belén" y, alargándole la cruz, le dijo: "Toma mi Cruz y sígueme". Pedro preguntó dónde habitaba, y el Divino Niño le contestó misteriosamente antes de desaparecer.
Inmediatamente después de esta aparición, los episodios de peste en la zona cesaron.
Pedro Botía se convierte en Fray Pedro de Jesús
Transformado por aquella experiencia, Pedro Botía ingresó en el Convento Franciscano de Orihuela, tomando el nombre de Fray Pedro de Jesús. Allí comenzó una vida de profunda religiosidad que le llevaría a ganar fama de santidad.
Años después, mientras realizaba una peregrinación, tuvo una segunda visión. Encontró una talla de madera del Niño Jesús y reconoció en ella el rostro del niño que se le había aparecido en Balate. En ese momento, sintió la llamada del Niño pidiéndole regresar a su tierra para fundar el Convento de la Encarnación.
Fray Pedro logró este objetivo gracias a su relación con la nobleza. Conoció al Conde de Lemos durante su viaje y este lo introdujo en la Corte madrileña, llegando incluso a ser consejero espiritual de Don Juan de Austria, hermano del rey Carlos II. Con este apoyo, consiguió que se construyera el Real Monasterio de la Encarnación en Mula.
La construcción de la primera ermita (1694)
En el lugar exacto de la aparición, la familia Botía levantó una ermita en 1694 .El terreno pertenecía a Diego Botía-Peñalver Párraga, primo hermano de Pedro, aunque el cabezo junto a la ermita era de propiedad municipal.
Esta pequeña ermita se convirtió rápidamente en lugar de peregrinación. El lugar comenzó a conocerse como "El Niño de Mula" y pronto se formó un pequeño núcleo de población alrededor del santuario.
La familia Botía construyó una pequeña ermita en el lugar donde el Niño se había aparecido, levantándose por 1694 en el mismo sitio de la visión. Este lugar de culto dio origen a un núcleo de población que creció bajo el nombre de El Niño de Mula.
A finales del siglo XVII, el santuario comenzó a contar con sus primeros devotos, favorecido por la presencia de Fray Pedro de Jesús en el Real Monasterio de la Encarnación, donde vivía con fama de santidad y mantenía buenas relaciones con la nobleza local.
Sin embargo, la historia del santuario conoció momentos difíciles. La talla original del Niño fue enviada a la reina María Luisa en 1707 y nunca fue devuelta. Se cree que pudo desaparecer en el gran incendio del Alcázar Real de 1734. Con la pérdida de la imagen y el fallecimiento de Fray Pedro en 1717, el número de peregrinos disminuyó notablemente.
Para evitar este declive, algunos hombres del pueblo constituyeron una cofradía en 1733, convirtiéndose en fieles guardianes del santuario y del culto al Niño de Balate. En 1780 comenzaron las obras del actual santuario de estilo barroco con planta de cruz latina y nave central cubierta con bóveda de medio cañón.
La talla original perdida
A finales del siglo XVII, el santuario contaba ya con numerosos devotos, favorecido por la presencia de Fray Pedro de Jesús en el Monasterio de la Encarnación, donde vivía con fama de santo y mantenía cordial trato con la nobleza.
Sin embargo, la historia del santuario conoció un duro revés. La talla original del Niño fue enviada a la reina María Luisa en 1707 y nunca fue devuelta . Fray Pedro no logró establecer buenas relaciones con los Borbones, y cuando falleció en 1717, la imagen ya se había perdido. Se sospecha que pudo desaparecer en el gran incendio del Alcázar Real de 1734, que destruyó innumerables obras de arte.
La Cofradía salva el santuario (1733)
Con la pérdida de la imagen original y la muerte de Fray Pedro, el estado de la ermita y el número de peregrinos se resintieron gravemente. Para evitar que el culto desapareciera, algunos hombres del pueblo constituyeron una cofradía en 1733 , convirtiéndose en fieles guardianes del santuario y del culto al Niño de Balate.
Estos cofrades se encargaron de conseguir una nueva talla del Niño y comenzaron a organizar traslados entre el santuario y Mula. Estos traslados se convirtieron en verdaderos espectáculos populares con música, fuegos artificiales, soldados uniformados lanzando arcabuzazos al aire y multitudes de devotos.
El santuario actual (1780-1824)
En 1780 comenzaron las obras del actual santuario construido sobre la antigua ermita. El nuevo edificio es de estilo barroco, con planta de cruz latina y nave central cubierta con bóveda de medio cañón sobre lunetos.
La construcción se desarrolló en varias fases:
1780: Se levanta el cuerpo principal del templo
1824: Se construyen el altar mayor y el camarín donde se venera la imagen
1852: Se añade el coro, obra del alarife José Sanz
1900: Se construye el camino de acceso al santuario
1950: Se redecoró el interior tras los daños de la Guerra Civil
1967: Se construye la Capilla de la Aparición
La imagen actual
La imagen que hoy se venera fue realizada en 1940 por el escultor valenciano José María Ponsoda Bravo, que tenía taller en la plaza de San Lorenzo de Valencia y fue condecorado por la Santa Sede.
La talla representa al Niño Jesús en actitud caminante, descalzo, vestido con túnica dorada decorada con motivos vegetales. Con el brazo izquierdo sostiene la cruz y con el derecho bendice, recordando aquella primera aparición a Pedro Botía.
Las grandes celebraciones
Para los muleños y devotos de toda la región, septiembre es el mes grande. Hay dos fechas señaladas que movilizan a miles de personas:
El 8 de septiembre: "La Bajada del Niño"
Cada 8 de septiembre, a las 17:45 horas, una inmensa multitud venida de toda la comarca se agolpa a las puertas de la ermita. Es el momento más esperado del año: la imagen del Divino Niño Jesús abandona su santuario para ser trasladada a Mula.
Los fieles acompañan al Niño entre vítores, aroma de alábegas y el olor de la pólvora. Cuando llega al barrio de San Felipe al caer la tarde, las tracas truenan en celebración, mientras la Agrupación Musical Muleña lo acompaña por las calles bajo una lluvia de pétalos y globos de colores hasta el abarrotado Monasterio de la Encarnación.
El 22 de septiembre: "La Romería"
Dos semanas después, el Niño regresa a su ermita en una multitudinaria romería. Por la mañana temprano, la imagen sale del Convento de Nuestra Señora de la Encarnación escoltada por miles de romeros en un ambiente festivo. Tras la ceremonia, los participantes se reparten por diferentes zonas de la pedanía para comer y compartir, volviendo a Mula al atardecer.
Información práctica para tu visita
Horarios
Apertura: Lunes a domingo de 11:00 a 13:00h y de 17:00 a 19:00
Misas:
Domingos, festivos y días de precepto a las 10:30h
Día 21 de cada mes (si no es domingo o festivo): 17:00h en invierno y 18:00h en verano
Servicios
Dispone de guías que explican la historia del santuario con detalle y paciencia
Tienda de recuerdos religiosos
Aparcamiento en las inmediaciones
Restaurantes en la pedanía para disfrutar de la gastronomía local.
Restaurante casa Paco 968 66 11 50
Cómo llegar
La pedanía de El Niño de Mula se encuentra a pocos kilómetros de Mula, en dirección a Caravaca de la Cruz. Es la pedanía más cercana al casco urbano de Mula, con aproximadamente 140 habitantes.
Recomendaciones
Si visitas en septiembre, no te pierdas las celebraciones de "La Bajada" (8 de septiembre) o "La Romería" (22 de septiembre) para vivir la devoción popular en todo su esplendor
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El paraje de Balate ofrece un entorno natural tranquilo, ideal para combinar la visita cultural con un día de campo.
Como describen los visitantes, la Ermita del Niño de Mula es un lugar especial donde se siente la espiritualidad. Su arquitectura sublime, la belleza de la imagen del Niño y la devoción centenaria que se respira en cada rincón hacen de este santuario un destino imprescindible para quienes buscan conectar con la tradición religiosa y cultural de la Región de Murcia.
Ya seas creyente, amante del arte barroco o simplemente curioso por conocer las tradiciones más auténticas de la zona, la Ermita del Niño de Mula te espera con los brazos abiertos para ofrecerte una experiencia única e inolvidable.
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
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Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
Ermita del Niño de Mula 2015
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Ermita del Niño de Mula 2015
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Ermita del Niño de Mula 2015
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Ultima actualización 5/01/2026
para Mahulalarica.net por Angel Garcia.
FUENTES:
Región de Murcia Digital
Murcia Turística
TripAdvisor
Wikipedia
Turismo Región de Murcia
Blog Viajar por Murcia
Ayuntamiento de Mula
Cofradía del Niño de Mula
Guía de Murcia -
LaVerdad.es -
Detalles históricos sobre Fray Pedro de Jesús
Información sobre la construcción del edificio en diferentes fases