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Descripción

Localización: Apuntes para la historia de Mula.

Materia: Papel.

Cronología: 1903

 

Identificación

FAMILIA LOPEZ YÁÑEZ DE QUESADA

 

Armas

Tres aguilones sobre ondas del mar, de las que salen tres ortigas de sinople en campo de plata. Orla jaquelada de oro y grana. Muy parecido a los escudos de armas de los Gallego,Fajardo

 

Observaciones en Mula

La casa de los Lopez Yañez de Quesada es la que figura en la relación de casas nobles de Mula a lo largo del siglo XVIII con el numero 28.

Su casa solariega la tenían en la calle del Jardín y fue demolida para unir la calle Boticas con la nueva avenida de Emeterio Cuadrado.

El apellido es igualmente muy abundante en Mula, lo que hace que sea difícil conocer las distintas familias que de él existen también en nuestra ciudad y está asentado desde muy antiguo, pues ya en el padrón de 1407 nos aparece Fernán López, albañil del estado llano, siendo constante la aparición del apellido desde esa fecha. Las “Familias de Mula” de Sánchez Maurandi dedican quizá el estudio más extenso de todos los apellidos a éste, si bien concluye como tantos otros a comienzos del siglo XX.

Una de las múltiples ramas que había en Mula de los López se unió con el apellido Yáñez y en 1525 ya encontramos a varios muleños con el apellido López-Yáñez unido. Del matrimonio de Juan López-Yáñez de Quesada con Catalina Escámez, ocurrido en 1584, nacieron varios hijos. Uno de ellos fue Ginés, que nació en el año 1593 y, ya joven, estudió en el seminario de San Fulgencio en Murcia, ingresando en 1612 en la orden franciscana, donde sería conocido con el tiempo como fray Ginés de Quesada. Tras una completa formación en Filosofía y Teología que terminaría en la Universidad de Salamanca, se dedicó en sus inicios a la enseñanza de estas materias.

En 1628 embarcó para México donde enseñaría un año Teología, viajando posteriormente a Manila y de allí a Japón, donde fue martirizado en la ciudad de Osaka en 1634. Fue autor de numerosas obras, todas ellas manuscritas a excepción de la biografía que escribió sobre la abadesa de las descalzas franciscanas de Manila, que fue publicada.

 

Historia del Apellido

Sobre su origen, son bastantes las versiones existentes, algunas francamente fantasiosas y a las que resulta difícil conceder verosimilitud.

Si nos atenemos al libro "Becerro de Castilla" que fue escrito por mandato del rey don Alfonso XI y de su hijo don Pedro I, aquel a quienes algunos llaman 'el Cruel" y otros, acaso con mayor rigor histórico, " el Justiciero", para inscribir en él a los linajes nobles de Castilla, se indica que en tiempos de la dominación romana, llegó a la Península Ibérica una familia llamada de los Lupos, de origen patricio. De dicha familia procedió la reina Lupa, o Loba, residente en Galicia, en cuya región se originó la rama más antigua que después pasó a Andalucía.

Lo cierto y verdad es que este apellido, de origen gallego, si damos crédito a la anterior versión, se extendió rápidamente por la Península y ya se encuentran muchos caballeros ostentando el mismo durante la Edad Media. En la conquista de Sevilla, entre otros, pueden citarse a Pedro López y García López, acompañando al rey Fernando III, " el Santo" . Y en Andalucía, Simón López recibió del rey Alfonso X, unas propiedades en el término de Alcalá de Guadaira, con lo que dio origen a una familiaLópez andaluza.

En la batalla de las Navas de Tolosa, en el año 1. 212, fueron muchos los caballeros de este apellido que tomaron parte en la misma, a las ordenes del rey Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra. Que debieron portarse valientemente lo demuestra el hecho de que todos fueron colmados de mercedes y algunos agregaron a las armas de su escudo la cruz de San Andrés, en recuerdo de dicha efeméride.

Los caballeros López se hallahan también en la batalla del Salado y estuvieron presentes en la conquista de Lorca, Córdoba, Antequera y otras ciudades. Tanto guerrear en tierras andaluzas y su larga estancia en las mismas, fueron la causa de que este apellido se extendiera por aquella región de la Península.

En sus "Trovas", Mosén Jaime Febrer afirma que un caballero de apellido López estuvo en la conquista de Valencia con gentes de armas pagadas a su costa, distinguiéndose por su arrojo en la conquista de aquel reino, de tal forma que obtuvo como recompensa la villa de Chelva, donde se estableció y fundó casa de la que proceden la mayor parte de los López de Valencia Castellón y Alicante.

En lo que se refiere a los López de Aragón, Pedro de López y Quinto de Terrero, juró al Príncipe de España como caballero infanzón, en el año 1.646. Pero también en las familias de este apellido se desencadenaron luchas intestinas y así Pedro López y Guillén López, lucharon contra Iñigo y Sancho López, sus próximos parientes.

En la villa de Tramacastilla, Juan López de la Casa, hijodalgo en 1.582, ferviente católico, se enfrentó a los elementos luteranos hasta conseguir expulsarlos de la citada villa.

El apellido López se encuentra probado, en su nobleza, numerosas veces, tanto en España como en América, a través de las informaciones que realizaron para ingresar en las Ordenes Militares donde queda constancia de su limpieza de sangre.

En el año 1.688 don Antonio López de Tejada fue creado Marqués de Gellgos de Huebra; don Domingo López del Pozo, vecino del Perú, Marqués de Mozobamba del Pozo en 1.735; en 1.737, don Manuel López Pintado, Marqués de Torreblanca en 1.764, don Lorenzo López de Porras, Marqués de Villalópez, en 1790, don José Antonio López de Olivar, Conde la Roche, en 1790, don Fermín López Isunza Marqués de Valdegema; en 1.708, don Cayo José López Marqués de Encinares, en 1.815, don Diego López Morla, Conde de Vicreces y en i.878, don Antonio López y López, Marqués de Comillas, con Grandeza de España.

En lo que se refiere a la difusión del apellido López en América, hay que citar al caballero Jerónimo López, al que se considera como el tronco de muchos de los López de Méjico y que fue premiado por el emperador Carlos I con la Encomienda de Tacuba, nombrándole primer Regidor y después Secretario de la Gobernación otorgándole un escudo así organizado: cuartelado por una cruz llena de dos esmaltes: la mitad superior de gules y la mitad inferior de oro. 1º de azur, con la estrella del Norte de plata, 2º de gules y Jerónimo López, a caballo, armado de todas sus armas, con la espada desnuda en la mano y dos jefes indios muertos en tierra, 3º de plata, con un león rampante de gules coronado y 4º de azur, con un castillo de oro sobre ondas de agua azur y plata. Este caballero contrajo matrimonio con doña Ana Carrillo de Peralta, de la casa de los Marqueses de Falces, fundando tres mayorazgos en la capital mejicana con los apellidos unidos de López y Peralta, y su descendencia ostentó el título de Condes de San Bartolomé de Xala.

Pero el apellido López no sólo tuvo caballeros que pelearon en batallas contra los mahometanos, o enfrentados a los nativos del Nuevo Mundo, hubo muchos López que ingresaron en el Tribunal del Santo Oficio (Inquisición) en Méjico.

Acaso por la abundancia del apellido López y teniendo en cuenta que no todos fueron guerreros o inquisidores, ocurrió que durante los siglos XVI, XVII y XVIII se hicieron muchísimos expedientes de sangre a personas que ostentaban este apellido, y tal cosa sucedió en territorio mejicano.

 

OTRA FUENTE

Apellido patronímico, derivado del nombre propio de Lope, por lo que no tienen relación genealógica alguna entre sí los distintos linajes que lo ostentan.

Se dice que su solar más antiguo radicó en Galicia, y que pasó a la conquista de Andalucía, pero son bastantes las versiones existentes sobre el mismo, algunas francamente fantasiosas y a las que resulta difícil conceder verosimilitud. Si nos atenemos al libro “Becerro de Castilla” que fue escrito por mandato del rey D. Alfonso XI y de su hijo D. Pedro I, aquel a quienes algunos llamaron “el Cruel” y otros, acaso con mayor rigor histórico “el Justiciero”, para inscribir en él a los linajes nobles de Castilla, se indica que en tiempos de la dominación romana, llegó a la Península Ibérica una familia llamada de los Lupos, de origen patricio. De dicha familia procedió la reina Lupa, o Loba, residente en Galicia, en cuya región se originó la rama más antigua que después pasó a Andalucía. Lo cierto y verdad es que este apellido, de origen gallego, si damos crédito a la anterior versión, se extendió rápidamente por la Península y ya se encuentran muchos caballeros ostentando el mismo durante la Edad Media.

Simón López fue heredado en 1253 por el Rey D. Alfonso X “El Sabio”, con unas casas de la población de San Bartolomé, con seis jugadas de Tierra, en término de Alcalá de Guadaira y con seis aranzadas, en tierra de Tagareta.

En la conquista de Sevilla, imposible sería enumerar los caballeros López que más se distinguieron durante la Edad Media. En la conquista de Sevilla (1248), se hallaron con el Rey D. Fernando III “El Santo”, Pedro López y García López, entre otros. Y en Andalucía, Simón López recibió del rey Alfonso X, unas propiedades en el término de Alcalá de Guadaira, con lo que dio origen a una familia López andaluza.

En la batalla de las Navas de Tolosa, en el año 1212, fueron muchos los caballeros de este apellido que tomaron parte en la misma, a las órdenes del rey Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra. Que debieron portarse valientemente lo demuestra el hecho de que todos fueron colmados de mercedes y algunos agregaron a las armas de su escudo la cruz de San Andrés, en recuerdo de dicha efeméride.

Los caballeros López se hallaron también en la batalla del Salado y estuvieron presentes en la conquista de Lorca, Córdoba, Antequera y otras ciudades. Tanto guerrear en tierras andaluzas y su larga estancia en las mismas, fueron la causa de que este apellido se extendiera por aquella región de la Península.

Mossèn Jaime Febrer, cita en sus Trovas: “Con la venida de Diego López, con gente de Consuegra, se alegró mucho el Rey don Jaime I, y se apesadumbraron los moros, pues tenían noticia de su valor, fuerzas y experiencia militar. Fue hombre de gran pericia en la guerra; y peleaba con embarazo y destreza, así a pie como acaballo, usando de la prudencia y entendimiento, de que estaba dotado. Quedó heredado en la villa de Chelva. Era su divisa una banda negra, y dos lobos del mismo color, cobre campo de oro”. De esta casa de Chelva, proceden la mayor parte de los López de València, Castelló y Alacant.

Escolano dice que en Murviedro (Sagunt), hubo un caballero llamado Domingo López, tenido como hijodalgo y poblador de dicha ciudad.

Eximeno López fue vecino de Olocau del Rey (Castellón) en 1396. Miguel López fue vecino de Villafranca del Cid (Castellón) en 1396. Domingo López, Feran López, Johan López, Lasero López y Martí López fueron vecinos de Torrente (Valencia) en 1379. Sanxa López fue de los primeros vecinos de Gandía (Valencia) en 1259-1291. Pere López fue vecino de Benidorm (Alicante) en 1381. Anthoni López fue vecino cristiano de Relleu (Alicante) en 1381. N. López fue vecino de Onteniente (Valencia) en 1343.

También en el Reino de València, radicó una casa López en la ciudad de Valencia, y de ella fue fundador Pedro Juan López de Forcal u Horcajo, natural de València, tronco de una dilatada descendencia. De ella procedió Vicente López Portaña, natural de València y Caballero de la Orden de Carlos III desde el 31 de agosto de 1829.    

Con respecto a los López de Aragón, Pedro de López y Quinto de Terrero, juró al Príncipe de España como caballero infanzón, en el año 1646. Pero también en las familias de este apellido se desencadenaron luchas intestinas y así Pedro López y Guillén López, lucharon contra Iñigo y Sancho López, sus próximos parientes.

Pedro López y Guillén López, hermanos y vecinos de Barbastro (Huesca), lucharon contra Iñigo López y Sancho López, sus parientes. Ximén López formó parte de la Unión de Aragón en 1347. En 1486 servía al Rey Don Hernando de Nápoles, Jerónimo López. Fernán López asistió a las Cortes 1515. Frey Domingo López, Comendador de Fonet en 1475, fue Diputado del reino de Aragón, por los infanzones. Lope López asistió a las Cortes de 1563 y fue padre de otro Lope López, que asistió a las Cortes de 1585.

Alonso López, vecino de Huertolo, fue padre de N. López, y éste de Domingo López, que probó su infanzonía en la Real Audiencia de Zaragoza el 4 de Mayo de 1592.

Martín López, vecino de Bierge (Huesca), y Miguel López y Juan López, vecinos de Acumuer (Huesca), y Pedro, Juan y Antón López, vecinos de Aisa (Huesca), figuraron como hijosdalgo en el maravedí de 1582.

En Tramacastilla (Teruel) vivió Juan López de la Casa, hijodalgo, en 1591, e hizo gran resistencia a los luteranos cuando llegaron a dicha villa. Iñigo López, Señor de Buil, floreció en 1106. Aznar López, también caballero aragonés, casó con Marquesa, nieta del Rey de Navarra. Lope López de Calahorra, era Señor de Calatayud en 1237.

En la Orden de Montesa ingresaron: Juan López, en 1350; Pedro López Alonso de la Torre y Ortiz, natural de Madrid, en 1629; Tomás López Guerrero y Quintanilla, natural de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), Capitán del Regimiento de Milicias provinciales de Alcázar de San Juan, en 1788; Pedro López de Gallur, en 1340; y Juan López de Mesa, Comendador de Perpunchent, en 1360.

Juan Vicente López y Borrell, natural de Valencia, Rector de Silla, fue religioso de la Orden de Montesa, en la que ingresó en 1605. Falleció en 1638.

Pedro Lázaro López, vecino de Teruel, fue insaculado en la ciudad de Zaragoza en 1667.

Juan López, vecino de Paterna, obtuvo mandamiento para que se le guarde su hidalguía, en 1471.

Diego López, vecino de La Almunia, obtuvo privilegio de hidalguía, en cabeza de su padre, Pedro, el 1 de Marzo de 1753.

Juan López Catalán, vecino de Samper de Calanda (Teruel), obtuvo privilegio de hidalguía el 31 de Agosto de 1790.

 

Bibliografía Documentación

G. Boluda de Toro, Apuntes para la Historia de Mula, Libro II, Familias de Mula, Manuscrito, Mula, 1903, pp- 261- 264.

  1. Sánchez Maurandi, Familias de Mula, Serie I- Tomo XIV, p.436.

Concejalia de Cultura.

Heráldica de Castellana.

Wikipedia.

Juan González Castaño-Rafael González Fernández, Mula Repertorio Heráldico, p 362.

Para Mahulalarica.net por Ángel García.

Última actualización 25/09/22.

Descripción

Localización: Apuntes para la historia de Mula.

Materia: Papel.

Cronología: 1903

 

Identificación

FAMILIA ESPÍN

 

Armas

Escudo cortado: La partición alta de oro, con una espina de sinople y la partición de baja de 36 piezas de gules y plata, la mitad de cada esmalte.

 

Observaciones en Mula

Parece ser que los de este apellido vinieron de Cehegin a Bullas, no encontrándose hasta el siglo XVII, siendo el primero Salvador Espín, hijo de Jusepa, bautizado en Santo Domingo (II 152 v.) el 20 de agosto de 1608.

Esta familia tenía una capilla de enteramiento en la parroquia de Santo Domingo.

 

Historia del Apellido

El apellido Espín, es muy antiguo en esta Ciudad de Lorca (Murcia); y en los libros de su población se hallan heredados Juan Espín, y Francisco Espin.Dicho linaje siempre ha sido tenido y reputado por Noble, no obstante la pobreza, que regularmente ha padecido; como otros muchos de los más antiguos, y Ilustres de esta Ciudad, como consta de los Pobladores, y principales Conquistadores de ella; siendo la causa más principal, el no haber vinculado sus haciendas deichs Familias, manteniéndoles siempre en las campañas, y servicios de los Reyes, hasta que finalizadas las últimas guerras granadinas, se aplicaron al cultivo de los campos, en el que sirven a ambas Majestades.

Pedro Espín partió hacia Francia, ahí contrajo matrimonio con una francesa y tuvo dos hijos, Juan Espín y Alfonso Espín. Los dos hijos de Pedro Espín se embarcaron hacia América para luchar con el ejército francés en la célebre batalla de Puebla (1862), cautivados por la belleza de México desertaron del ejército y se establecieron en un lugar llamado Agua Zarca. Pocos años más tarde se establecieron en Tehuixtla, Morelos donde realizaron alianzas matrimoniales con la familia Ocampo para no ser deportados por tener linaje francés. En la revolución mexicana (1910) se vieron el la necesidad varios Espín de emigrar de Tehuixtla para distintos puntos de la República Mexicana.  

 

Bibliografía Documentación

G. Boluda de Toro, Apuntes para la Historia de Mula, Libro II, Familias de Mula, Manuscrito, Mula, 1903, pp 162- 163.

A.y A. García Carraffa, Diccionario heráldico y genealógico de apellidos españoles y americanos, Madrid, 1955, vol. 30 p 125, escudo 475.

A. Sánchez Maurandi, Familias de Mula, Serie I- Tomo VIII, p.237.

Heráldica de Castellana.

Wikipedia.

Juan González Castaño-Rafael González Fernández, Mula Repertorio Heráldico, p 284.

 

Para Mahulalarica.net por Ángel García.

Última actualización 23/09/22.

 

Descripción

Localización: Apuntes para la historia de Mula.

Materia: Papel.

Cronología: 1903

 

Identificación

FAMILIA PORTILLO

 

Armas

En campo de oro, un castillo o torre al natural aclarado de azur o de gules, puesto sobre ondas de agua de azur y plata y acostada de dos pinos o de dos cipreses, frutados de oro. Al pie del castillo y atado con una traila, o cadena de oro, a la aldaba de la puerta, un perro andante de sable, con manchas de plata.

 

Observaciones en Mula

Este ilustre linaje entro en Mula con Dº Pedro A. Portillo Navarro, de Juan y Juana natural y vecino de Caravaca y caso con Dª Mariana Valcárcel y Álvarez Perea, el 26 de abril de 1717, (Sto. Dom., II 107 v.)

Don Pedro Ignacio Portillo Saura de Robres y Casanova de Caravaca, administrador general del marques de los Vélez y alcalde mayor de Mula, caso con Dª Ana Casanova Acosta, de Vélez-Blanco, hija del gobernador general de los estados del referido marques el 5 de febrero de 1730 (Sto. Dom., II, 194 v.)

Los Portillos han venido a esta villa desde la de Caravaca siendo el primero D. Pedro Ignacio Portillo, que vino el año de 1741, habiendo presentado a esta villa de Mula, testimoniales de Caravaca con ejecutoria y otros instrumentos justificativos de su notoria nobleza e hidalguía y haberlo sido sus ascendientes así en Caravaca como en Villa-Rubia, de donde vinieron a la expresada Caravaca.

Cesáreo Portillo y Belluga, general de Caballería y que luchó al lado de los liberales durante las guerras carlistas. Una crónica del periódico “La Paz” del 22 de noviembre de 1874 nos cuenta cómo, terminadas éstas, el Ayuntamiento salió a esperarlo a media legua de la población con muchos vecinos y su banda municipal y con vítores se le recibió y se le acompañó todo el trayecto hasta que entró en Mula y se instaló en casa de su madre. Por la noche se celebró una serenata en su honor en el Ayuntamiento, donde la poetisa Eladia Bautista y Patier le leyó unos versos. Estando en situación de reemplazo, el propio rey Alfonso XII pidió su incorporación a filas.

La familia Portillo de Orihuela, modifica algo este blasón, poniendo sobre las ondas de agua de azur y plata 7 montículos de sinople y sobre estos el castillo.

 

Probanzas,Diligencias,Provisiones de Portillo en la Real Chancilleria de Granada.

Signatura
4808-006
Caja
04808
Pieza
006
Fecha
1738
Tipologia
Diligencias
Litigante
PORTILLO y ROBLES, Pedro Ignacio
Naturaleza
 
Vecindad
 
Oriundo
 
Concejo
 
Disputado
Mula
Hacendado
Signatura
 
Caja
14424
Pieza
159
Fecha
1741-03-18
Tipologia
Real provision ordinaria
Litigante
PORTILLO ROBLES, Pedro Ignacio
Naturaleza
 
Vecindad
Mula
Oriundo
 
Concejo
 
Disputado
Mula
Hacendado

   

Historia del Apellido

Apellido castellano de origen toponímico, bastante frecuente y repartido por España e Hispanoamérica, procedente del topónimo Portillo, nombre de varias poblaciones en las provincias de Salamanca, Soria, Valladolid, Toledo, etc.

El topónimo Portillo deriva de la voz castellana –portillo-, “puerto pequeño, generalmente, de montaña”. Hubo, por tanto, distintas casas de este apellido, no emparentadas entre sí, algunas de las cuales lo fueron de reconocida nobleza.

Casas muy principales de este apellido, escrito como “del Portillo”, “de Portillo”, o “Portillo”, hubo desde tiempos antiguos en diversas regiones de España, figurando entre las de probada hidalguía las que radicaron en las actuales provincias y Comunidades de Burgos, Vizcaya, Cantabria, Valladolid, Toledo, Ciudad Real, Alicante, Valencia, Málaga, Navarra, Aragón y La Rioja.

De Valladolid fue García Portillo, natural y Regidor de dicha ciudad hacia el año 1575, que fue abuelo del Capitán Gonzalo Portillo Rivadeneira, natural de Valladolid y Regidor de dicha ciudad, Familiar del Santo Oficio de la Inquisición y Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó en 1641.

Probaron los Portillo de las distintas casas su hidalguía, a lo lago de varios siglos, ante las Reales Chancillerías de Valladolid y de Granada, así como su nobleza para ingresar en las antiguas Órdenes Militares.

 

Bibliografía Documentación

G. Boluda de Toro, Apuntes para la Historia de Mula, Libro II, Familias de Mula, Manuscrito, Mula, 1903, pp 428- 430.

A.y A. García Carraffa, Diccionario heráldico y genealógico de apellidos españoles y americanos, Madrid, 1955, vol. 72 p 22, escudo 692.

A. Sánchez Maurandi, Familias de Mula, Serie II- Tomo XLII, XLIII, XLIV, p. 1376.

A. Sánchez Maurandi, Historia de Mula, Murcia, 1955, Tomo IV, pp. 418-422.

Heráldica de Ciudad Real.

Rebuscos y documentos sobre la Historia de Cartagena, Cehegín, Mula y Murcia. , autor Andrés Baquero Almansa. Manuscrito inédito de 1750.p64

Concejalía de Cultura.

Wikipedia.

El “Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica”, tomo letras M-R, obra del Cronista Rey de Armas don Vicente de Cadenas y Vicent

Juan González Castaño-Rafael González Fernández, Mula Repertorio Heráldico, p 444.

Real Chancilleria de Granada

 

Para Mahulalarica.net por Ángel García.

Última actualización 23/09/22.

 

Con la conquista de Mula, en 1244, por las huestes del infante Alfonso, futuro Rey Sabio, entró el cristianismo a la villa y con él se fundaron sus primeras iglesias parroquiales: Santo Domingo de Guzmán y San Miguel Arcángel. Fue en ellas y sus entornos donde se establecieron los lugares de enterramiento de los vecinos.

 

Así pues, sabemos que en 1369 la iglesia de Santo Domingo contaba con su propio cementerio parroquial anexo al templo.1

 

Durante siglos, los vecinos de Mula se enterrarron en los referidos templos, salvo contadas excepciones merced a calamitosas epidemias, como la de peste de 1648, cuando se abrió una fosa común frente al Hospital,2 o la fiebre amarilla de 1812, en cuyo caso se abrió un enterramiento colectivo junto a la desaparecida ermita de San Sebastián.3

Con la Real Cédula de Carlos III, en 1787, se prohibían los enterramientos en las iglesias, obligando a crear un espacio destinado a camposanto en las afueras de cada ciudad, alejándolos de la población y evitando, así, la insalubridad y transmisión de enfermedades.

 

Sin embargo, la adaptación a las nuevas normas establecidas por la Real Cédula fue lenta, sobre todo en las pequeñas ciudades, como ocurrió en Mula.

 

Si bien, ya en 1800 el Concejo prohíbe los enterramientos en las iglesias,4 no fue hasta comienzos del año 1831 cuando los muleños contaron con un cementerio municipal donde enterrar a sus difuntos. Se desconoce dónde se enterraron los muleños durante el primer tercio del siglo XIX, aunque es de suponer que continuaron haciéndolo en las iglesias, desoyendo el decreto del Ayuntamiento, cuya única finalidad sería cumplir con lo dictado por las administraciones superiores de forma oficial, no así extraoficialmente.

Así las cosas, en la sesión plenaria del 12 de junio de 1830, el Concejo muleño trata sobre una Real Orden recibida a fin de destinar 25000 pesetas, procedentes de la pagaduría de Marina, a la construcción de un cementerio y otros menesteres.5

Pronto, la villa se pone a trabajar en ello y comienza la construcción de su camposanto, encargando las obras al maestro alarife muleño Lorenzo Duarte, quien lo tendrá listo para diciembre de ese mismo año.6

Aquel primitivo cementerio, situado en el Cabezo del Sepulcro, al sur de la villa, tenía «una superficie de cuarenta metros de longitud, por diez y nueve de latitud», la cual se tornó insuficiente para el último cuarto de siglo, estimándose en más de treinta mil los cadáveres que allí habían sido inhumados.7

No pueden pasarse por alto las epidemias de cólera morbo asiático que tuvieron lugar a lo largo del siglo XIX y que llevaron a la tumba a un gran número de vecinos en la villa, principalmente las de 1855 y 1885.Por lo expuesto, ya a finales de la década de 1870 hubo un intento, aunque fallido, de remediar el lamentable estado del cementerio con una ampliación del mismo. De nuevo, en 1887, tras la última epidemia de cólera, se retoma la intención de solucionar el problema, aunque en esta ocasión se decide construir un nuevo camposanto. Así, el 5 de febrero de 1888, el Concejo acuerda «encargar á uno de los arquitectos de la capital el plano del Cementerio» y, en virtud de ese acuerdo, el 1 de junio de ese mismo año, Juan Molina Párraga, a la sazón alcalde de Mula, notifica el encargo al arquitecto Justo Millán Espinosa (1843-1928).8

 

Con el proyecto de cementerio en poder del Concejo, cuya entrega la había hecho el arquitecto con presteza, solo restaba comenzar las obras.

Sin embargo, surgieron dos problemas principales a la hora de afrontar la construcción: los Terrenos donde se pretendía establecer el cementerio eran de propiedad particular y el Ayuntamiento no disponía del capital necesario para la compra y las obras.

Pasado algún tiempo, tras el cambio de gobierno local de liberales a conservadores y ocupando la alcaldía Martín Perea Valcárcel, Francisco Piñero Palazón, prohombre del partido conservador, insiste a aquel en la necesidad de construir el cementerio, para lo cual propone un proyecto que no afectaría a las arcas municipales. En primer lugar, tendrían que conseguir la cesión gratuita de los terrenos, cuya propiedad era de un sobrino de Alfonso Chico de Guzmán, cuyos bienes  administraba el citado Piñero y le constaba que la empresa sería viable. Una vez resuelto eso, solo sería necesario dividir el camposanto proyectado por Millán en parcelas y venderlas, con cuyo producto podrían costearse las obras.

 

Por fin, la idea de Francisco Piñero surtió efecto, en buena medida porque Alfonso Chico de Guzmán vio con buenos ojos el proyecto y, no solo cedió los terrenos de su sobrino, sino que intercedió para convencer al alcalde, quien acepto ejecutar el proyecto. Así fue como se fundó la Junta del Cementerio, compuesta por particulares muleños, la cual se encargó de la venta de parcelas, la construcción y la gestión del camposanto.

 

En mayo de 1897, el semanario local La Lata constataba la venta de todas las parcelas gran[1]des, casi todas las medianas y se esperaba que en breve plazo se vendiera un gran número de las pequeñas.9

 

Una vez vendidas casi todas las parcelas, se dio comienzo a las obras contratadas con el maestro de obras Mariano Dato Martínez, quien cobró los trabajos con la cesión en propiedad de una de las parcelas. Con las obras aún en proceso, el 26 de noviembre de 1899, el Concejo recibió una comunicación del Gobernador Civil de la Provincia autorizando la apertura del nuevo camposanto y certificando el cumplimiento de los requisitos exigidos.10 Dos días después, la Junta del Cementerio aprobó el Reglamento del Cementerio de la ciudad de Mula, el cual fue impreso en la Imprenta de Mula, de Basilio Robres Mañas, el 6 de diciembre. En sus 72 artículos, el reglamento regula todos los aspectos concernientes al cementerio y faculta a su Junta como órgano competente en la toma de decisiones. Además, establece las labores del sepulturero y las competencias del capellán, define los espacios del camposanto, determina el tipo de urbanización y vegetación que debía disponer, regula las inhumaciones y exhumaciones, etc.

 

Es interesante destacar el primer artículo, donde se dice que «Este Cementerio se denominará de San Ildefonso».11 El motivo de esa decisión se debió a la proposición que Francisco Piñero Palazón hizo a Patricia Muñoz, mujer de Alfonso Chico de Guzmán, para honrar la memoria de su esposo, quien falleció el 30 de noviembre de 1897, mientras se estaban llevando a cabo las gestiones del nuevo camposanto y en las que, como se ha visto, jugó un papel fundamental.

Por fin, el 8 de diciembre de 1899, el mismo día en que se clausuró el entonces conocido como Cementerio Viejo, se inauguró el Cementerio de San Ildefonso, pese a no haberse concluido aún las obras. Y así, los muleños cerraron el siglo XIX con un cementerio en condiciones dignas de enterrar a sus difuntos.

A modo de conclusión, cabe indicar que el presente trabajo se expone como una aproximación histórica de la construcción del cementerio.Sin embargo, queda abierto el tema para realizar otros trabajos que estudien el cementerio de forma pormenorizada.

 

AUTOR: Juan Fernández del Toro


1) González Castaño, J. Una villa del Reino de Murcia en la Edad Moderna (Mula, 1500-1648), Murcia, Real Academia

Alfonso X el Sabio, 1992, p. 68.

(2) González Castaño, J. «El apocalipsis en Mula en la primavera de 1648», en Áreas. Revista Internacional de Ciencias

Sociales, 3-4, 1983, pp. 181-191.

(3) Sánchez Maurandi, A. Historia de Mula y su comarca, Murcia, 1955-57, p. 223.

(4) González Castaño, J. (coord.), Síntesis de Historia de la ciudad Mula, Mula, CAM Cultural, 1990, p. 59

(5) Archivo Municipal de Mula (en adelante A. M. Mula), Acta Capitular de 1830-VI-12.

(6) A. M. Mula, Acta Capitular de 1830-XII-19.

(7) La Lata, 1897-V-9.

(8) A. M. Hellín (Archivo Municipal de Hellín), fondo Justo Millán Espinosa.

(9) La Lata, 1897-V-9.

(10) A. M. Mula, Acta Capitular de 1899-XI-26.

(11) Reglamento del Cementerio de la ciudad de Mula, ejemplar conservado en un archivo particular de Mula.

 


Bibliografía

González Castaño, J. «El apocalipsis en Mula en la primavera de 1648», en Áreas. Revista Internacional de Ciencias Sociales, 3-4, 1983, pp. 181-191.

González Castaño, J. (coord), Síntesis de Historia de la ciudad Mula, Mula, CAM Cultural, 1990.

González Castaño, J. Una villa del Reino de Murcia en la Edad Moderna (Mula, 1500-1648),

Murcia, Real Academia Alfonso X el Sabio,1992.

Sánchez Maurandi, A. Historia de Mula y su comarca, Murcia, 1955-57.

 

Aproximación histórica de la banda municipal de música de Mula

 

 

 Escrito por JESÚS LÓPEZ ESPÍN (1)

 

 

 Los aspectos culturales de una ciudad no sólo se manifiestan en sus relevantes obras arquitectónicas, escultóricas o pictóricas, como las que alberga el municipio de Mula, catalogado como conjunto histórico artístico desde 1981, sino que los hechos históricos y las interpretaciones musicales pasadas, a pesar de escaparse de nuestra perspectiva actual, fueron en su momento objeto de juicio y de identificación social. Por ello, localidades del levante español como Mula, donde la cultura musical ha sido tan importante y cercana, han propiciado que el hecho musical y su historia sean motivo de presunción por parte de las generaciones muleñas. Por otro lado, los nuevos estudios sociológicos, así como los de la musicología moderna, han llegado a la conclusión de que es el momento de dejar atrás las investigaciones tradiciones, el fin de centrarse en otras temáticas orientadas hacia el interés general como son la recepción musical, las asociaciones musicales, la música de carácter provinciano o la biografía de músicos locales. Sobre este último aspecto, el historiador don Antonio Crespo criticó el desconocimiento por parte de la mayoría de los murcianos no especializados en música en torno a los notables compositores que dio esta tierra durante la segunda mitad del siglo XIX, siendo muchos de ellos directores de bandas (2) . En la Región de Murcia, hubo que esperAproximación histórica de la banda municipal de música de Mula hasta año 1997 para que apareciesen las primeras publicaciones especializadas en las bandas de música de esta provincia, donde la historia de la Banda de Música de Mula también tuvo cabida (3) .

 Actualmente este interés por la investigación musical murciana se ha acentuado gracias a los historiadores locales y musicólogos, entre otros. Sin embargo, en el caso de la ciudad de Mula, todavía no se han realizado estudios centrados en aspectos musicales, con la excepción de la biografía de la compositora e investigadora Carmen Ibáñez, quien también tuvo mucha relación con la citada banda de música muleña. En cuanto a su historia, solo se han publicado pinceladas en programas de concierto, libros sobre historia local o algunas páginas escritas para conmemorar algún acto, siendo la mejor representación el artículo que ya redactamos bajo el título de “Breve historia de nuestra Agrupación Musical Muleña” en el libro 120 aniversario. Primer premio de bandas civiles. Año 1887. (4)

 Asimismo, se han realizado conferencias y exposiciones ilustrativas sobre la evolución histórica de la Agrupación Musical Muleña, en el antiguo Centro Cultural de la CAM de Mula y, recientemente, en el Salón de Exposiciones del Ayuntamiento de esta ciudad. En relación al precedente de las bandas de música, este se encuentra en las agrupaciones militares de las ciudades que portaban instrumentos musicales, aspecto que Rembrandt reflejó minuciosamente en su cuadro La ronda de noche. Este grupo de músicos urbanos fue evolucionando y ampliando su instrumental hasta acercarse al actual, siendo el Tercio de Levante de Cartagena, constituido en 1789, el primer ejemplo encontrado en la provincia de Murcia. De la misma forma, las principales poblaciones murcianas del siglo XIX quisieron contar con una banda de músicos que diesen servicio a las necesidades municipales, religiosas y lúdicas, como es el caso de Mula. Incluso, con el paso del tiempo estos conjuntos instrumentales llegaron a competir en espectáculos públicos, participando en concursos musicales para el deleite de la población. Este aspecto también contribuyó para que los directores de estas bandas locales fuesen elogiados tanto por la prensa como por sus vecinos, debido a sus conocimientos musicales y por las interpretaciones dadas por sus músicos.

 El nacimiento de la Banda Municipal de Mula fue coetáneo a las mejoras sociales producidas en este municipio durante la segunda mitad del siglo XIX, como la creación de carreteras que posibilitó que los músicos pudiesen viajar a otras localidades. Igualmente, dicho periodo decimonónico se creó un casino, lugar donde los directores y músicos pudieron interpretar para la sociedad muleña, aspecto que fue reflejado en la reciente prensa local nacida gracias a la llegada de la imprenta a Mula. Otros espacios nacidos para el ocio fueron la plaza de toros y los teatros, y fue en estos últimos lugares donde apareció el cinematógrafo a finales del siglo XIX, ya que en la segunda mitad del siglo XX, las principales aportaciones sociales fueron la creación del embalse, un ferrocarril y el surgimiento de nuevas salas de teatro y cine (5) . Con seguridad, en todos estos lugares comentados anteriormente siempre hubo presencia de música. Este artículo sobre la Banda de Música de Mula contribuye en el conocimiento de los principales aspectos históricos y sociales de la cultura musical murciana. La visualización general de la historia de esta agrupación musical es resultado de muchos años de búsqueda documental y entrevistas personales que, quizás, con el tiempo, podría ser profundizada. El nacimiento de la banda municipal de Mula La primera referencia encontrada sobre el origen de la Banda Municipal de Mula data de 1855, con la compra de instrumental e uniformes para esta formación, sin que conste el nombre de su director, quien posiblemente sería algún músico de la localidad (6) . La creación de una banda de música alrededor de esta fecha tan temprana nos indica que Mula fue de los primeros municipios en la actual Región de Murcia en contar con un grupo de músicos regidos por un ayuntamiento, con la finalidad de interpretar en sus principales eventos. Prueba de ello es que esta agrupación hizo acto de presencia con motivo de la llegada de su majestad la reina Isabel II a Murcia, en octubre de 1862, junto a las bandas de la capital, Caravaca, Cehegín, Ceutí, Cieza, Lorca, Molina, Moratalla y Mula. Para tan importante acto, lo más lógico es que las autoridades gubernamentales solicitasen la presencia de las bandas más destacadas, entre las ya existentes de la provincia (7) . Las fuentes documentales no nos indican el nombre de los primeros directores de la Banda Municipal de Música de Mula ni de sus actuaciones durante sus inicios, lo que nos indica una débil consistencia organizativa. Habría que esperar hasta el año 1875 para que figurase como director de esta banda don Román Ibernón Ramón, sacristán y posible organista de la iglesia de San Miguel. El estudio realizado por Andrés Mellado Valcárcel sobre el teatro en la ciudad de Mula, nos informa de que entre 1870 a 1874 se levantó un pequeño teatrillo portátil, llamado “Teatro del Círculo Artístico”. En este lugar, y durante estos años, don Julián Santos y su señora doña Concha de la Rosa, dirigieron El Molinero de Subiza, de Luis de Eguilar (8) . Esta es la primera referencia que se tiene sobre la llegada a Mula de este músico oriundo de Jumilla e hijo del organista de esta ciudad (9) . En la organización de su compañía teatral, don Julián Santos y doña Concha de la Rosa, se sirvieron de niños para sus actuaciones, entre los que participaron sus hijos, Enrique y Alfredo Santos. El establecimiento de ambos en Mula no era de extrañar, ya que durante estos años hubo un mayor interés por parte de la población hacia el teatro, dado que no se habían representado abundantes obras desde dos décadas atrás, y esto contribuyó en las gestiones para la creación de un nuevo espacio teatral en la Iglesia de San Francisco. Precisamente, fue en este momento cuando la pareja inauguró el teatro con su obra Los pobres de Madrid, en 1876 (10). Posteriormente a esta fecha, don Julián Santos siguió continuó musicalizando diferentes géneros dramáticos, ya que se tiene constancia de que continuó dirigiendo hasta al menos 1906 (11).

 Las aptitudes musicales de este músico y compositor hicieron que fuese requerido para otras funciones en la ciudad, como la de pianista en el casino, organista y, también, la de director de la Banda Municipal de Mula desde 1876. Además, tendría que tener conocimientos de dirección de banda, al igual que su hermano don Baldomero Santos, quien llegó a ser el director de la banda de su ciudad natal (12). Para la reorganización de la Banda Municipal de Mula, don Julián Santos empleó el mismo sistema que en su compañía artística y reclamó a niños y adolescentes para conformar esta agrupación musical. A partir de este momento, dicho grupo de músicos fue adquiriendo una mayor consistencia e, incluso, se sabe que en 1883 ya contaba con una sociedad protectora de la música destinada a la subvención de socios (13). A pesar de la crisis por la que pasaría la población y su

 Ayuntamiento durante estos años de pobreza, especialmente tras la epidemia de cólera de 1885, las arcas municipales apostaron por su banda de música y destinaron diez mil reales para la conservación de su instrumental de los más de sesenta músicos que la formaban (14). Dos años más tarde, la Banda de Municipal de Mula ya tenía suficiente madurez y sus músicos tenían un elevado dominio instrumental, puesto que entre todos decidieron participar en un Certamen de Bandas Civiles que se iba a celebrar en Murcia, durante el mes de septiembre. El día nueve de este mes, llegó el momento de concurrir en el certamen musical que se iba a realizar sobre el tablado de la banda municipal, en la Glorieta de la ciudad. La prueba consistía en interpretar la obra obligada Der Freischutz, compuesta por Carl María Von Weber, y otra de libre elección. Respecto a esta última, don Julián Santos apostó por dirigir la obra Marcha de las antorchas, número 3, de Giacomo Meyerbeer. Según nos informa la prensa, la concurrencia fue más que notable y las obras las obras interpretadas fueron bien acogidas por el auditorio, y el jurado decidió galardonar a la banda con el primer premio. Este consistió en seis partituras lujosamente encuadernadas, que fueron regaladas por el compositor don Julián Calvo, también la cantidad de 250 pesetas, correspondiente al que sería el segundo premio, y una lujosa corona de plata. Una vez que se entregaron estos obsequios, don Julián Santos quiso agradecer a todos los asistentes con más música, por lo que decidió culminar el acto con la interpretación del Valle de Andorra, pieza obligada para requinto, la Fantasía de Fatimiza, el pasodoble La torre del Oro y un Wals, con variaciones para cornetín, compuesta por este director de banda (15). Este día fue inmortalizado con una fotografía dentro de la recién inaugurada plaza de toros de Murcia, donde este medio centenar de músicos posaron junto al banderín realizado por doña Catalina Boluda del Toro, destacada modista muleña.

 

Una copia de esta imagen, junto al laurel de plata conseguido por esta banda, se hallan actualmente en las vitrinas del Museo de la Ciudad de Mula, donde se exponen para recordar un momento importante en la historia de esta localidad. A partir de este momento y hasta la Guerra Civil Española, esta agrupación se le conocerá como la “Laureada Banda Municipal de Mula”.

 

 

Un año más tarde, ocurrió un suceso desafortunado para don Julián Santos, ya que su hijo Enrique fue asesinado en la puerta del teatro de la calle de doña Elvira por el “Sr. Valcárcel”, aspecto que causó una gran conmoción entre la población (16). En 1889 el Ayuntamiento de Mula decidió cambiar la apariencia militar de su prestigiosa Banda Municipal con la confección de un nuevo uniforme. Para ello, se quiso imitar el traje marinero, compuesto de pantalón blanco, blusa azul y gorra blanca. No solamente se pretendió transformar su vestimenta, sino también su denominación, ya que desde 1890 pasó a llamarse “Sociedad Filarmónica de Mula”, debido al aumento del número de sus componentes, los socios y la continua adquisición de instrumental (17). La fama adquirida por esta banda de música hizo que fuese reclamada para su participación en diferentes poblaciones de la provincia de Murcia a finales del siglo XIX, como fueron las de Alhama, Caravaca, Cehegín, Cieza, Jumilla, Murcia, Pliego y Totana, tal y como nos informa la prensa. Durante los últimos años del siglo XIX, Alfredo Santos de la Rosa, hijo de don Julián y doña Concepción, abandonó la ciudad de Mula para ir a Cartagena a prestar el servicio militar.

Una vez que cumplió este periodo de formación obligatorio, fue reclamado por su tío don Baldomero Santos para que no regresase a Mula y se estableciese en Jumilla, con el fin de dirigir la banda de esta ciudad, ya que su avanzada edad no le permitía ejercer este cargo. De esta forma, Alfredo comenzó a dirigir la banda de música de esta ciudad del altiplano murciano, en torno a 1897. Asimismo, fue director de obras teatrales al igual que hizo su padre en Mula. Precisamente, durante una representación escénica, conoció a la tiple María Josefa Carrión, quien se convertiría en su mujer y con la que tendría varios hijos, entre ellos Julián, llamado así en recuerdo de su abuelo. Con el paso de los años, Julián Santos Carrión quiso seguir los pasos de su padre y abuelo, llegando a convertirse en un afamado compositor y en el director de la banda de música que actualmente lleva su nombre (18). A principios del siglo XX, la Laureada Banda Municipal de Mula llevó a imprenta sus estatutos, siendo impresos por don Basilio Robles Mañas, en 1907, bajo el nombre de Reglamento por que ha de regirse la sociedad titulada “Filarmónica” que se funda en Mula. Estas ordenanzas estaban formadas por 32 artículos, en los cuales se expusieron sus objetivos, la admisión, los derechos y deberes de los socios, la organización de la junta directiva, etc (19). Dos años más tarde, don Julián Santos Orgiles falleció de un catarro gastro-intestinal, coincidiendo con la fecha en el que también perdió la vida su amigo Ruperto Chapí.

Este hecho tuvo que constituir una gran pérdida para la ciudad y los músicos que había formado el maestro jumillano. Como agradecimiento a su cariño, sus enseñanzas y por haber llevado a esta sociedad musical a la cúspide artística, los integrantes de la banda de música muleña quisieron perpetuar su memoria con una losa en su tumba, en la que fue esculpida la siguiente inscripción:

 “D. JULIÁN SANTOS ORGILÉS DIRECTOR QUE FUE DE LA LAUREADA BANDA DE ESTA CIUDAD R.I.P” (20)

 

 

 

 

 

Los directores de la Banda Municipal de Mula durante el siglo XX

 

Los directores de la Laureada Banda de Música de Mula posteriores a Julián Santos Orgiles, durante los primeros años del siglo XX, no permanecieron mucho tiempo al frente de la plantilla de esta asociación. Así, el director que sucedió a don Julián Santos desde su fallecimiento fue don Manuel García Ferrer. Este, al igual que su antecesor, fue organista de las iglesias de la ciudad y en 1916 dejó esta banda para dirigir la de Cehegín. Desde este momento, y ante la falta de un director que pudiese dirigir la banda de música muleña, ocupó este cargo el también muleño don Antonio Sánchez Gil, del que apenas se conoce su formación como músico. El relevo de la batuta se produjo en 1921, fecha en la que fue sucedido por otro muleño, don Juan del Baño Bastida (21). Este músico se formó con alguno de los directores anteriores, siendo su principal habilidad instrumental la de órgano, ya que dirigía una capilla de voces en una de las parroquias de la ciudad, teniendo también conocimientos interpretativos con el violín. Tres años más tarde, fue nombrado Oficial Mayor de la Corporación Municipal, razón por la que renunció a las retribuciones como director musical, para no ocupar dos cargos públicos. Sin embargo, aunque desde 1924 estuvo vacante la plaza de director de la banda de música, siguió ocupando este puesto cinco años más.

Fue debido al carácter de interinidad de este músico y sus que haceres como director de algunos periódicos locales, lo que pudo repercutir en que la Laureada Banda Municipal de Mula perdiese el auge musical y reconocimiento de antaño, e incluso fue perdiendo progresivamente esta denominación. Ante esta situación, el Ayuntamiento de Mula decidió sacar a concurso público la plaza de director de la banda de música de la localidad, en 1929, cargo que fue ocupado por don Antonio Rodríguez Hernández. Aunque este era natural de Níjar (Almería), pasó su infancia en Caravaca de la Cruz junto a su familia, ya que su padre, don Raimundo Rodríguez, era el director de la banda de música de esta ciudad. A pesar de dominar la técnica de todos los instrumentos de banda música, sus verdaderas especialidades fueron el piano y el clarinete y, con este último instrumento trabajó como músico militar de Infantería de Marina en Cartagena (22). De esta forma, pasó de la ciudad portuaria a Mula para la banda de música de esta localidad, y aquí estableció su residencia definitiva y formó a su familia. Don Antonio Rodríguez Hernández fue descrito por sus alumnos en base a la dureza de sus enseñanzas, pero gracias al empeño de su trabajo consiguió elevar el nivel de sus músicos y que esta agrupación musical volviese a tener la reputación de antaño. Además, muchos de sus discípulos consiguieron destacados puestos como músicos militares o como directores de banda por toda la geografía española. Las clases de música las impartía este maestro en su propia casa, y los ensayos los dirigía en el edificio conocido como el “concierto”, lugar donde años atrás se subastaba el agua para los riegos de la ciudad.

 

Con el inicio de la Guerra Civil (1936-1939), la Banda Municipal de Música abandonó sus interpretaciones públicas. Finalizado este periodo bélico, don Antonio Rodríguez fue considerado apto para volver a ocupar el cargo que había desempeñado durante años anteriores. A partir de este momento, en torno a 1940, se reanudó la actividad musical en el municipio, se renovaron sus estatutos y se volvió a cambiar la vestimenta de sus músicos. La crisis económica sufrida durante la posguerra repercutió en los retrasos del Ayuntamiento en el pago de sus correspondientes haberes de la Banda Municipal de Mula, la adquisición de instrumental nuevo y la reparación del existente. No obstante, a pesar de las pertinentes reclamaciones, las ayudas siempre llegaban tarde y no eran cuantiosas. Don Antonio Rodríguez, aparte de pertenecer al cuerpo nacional de directores y ocuparse de la Banda Municipal de Mula, también fue organista de las iglesias locales y director de una coral, siendo la Misa de Pastorela de Ignacio Busca Sagastizabal una de las obras que anualmente dirigía; actualmente se sigue interpretando en Mula, coincidiendo con el día de Navidad. Por otro lado, también organizó una pequeña orquesta con diferentes instrumentos de cuerda y viento, que amenizaba algunos eventos festivos y funciones teatrales que llegaban al Teatro Lope de Vega de Mula. Por último, uno de los aspectos más desconocidos de don Antonio Rodríguez fue la de compositor. Llegó a realizar obras para piano y otras para banda de música, destacando algunas como la marcha fúnebre A la memoria de mi padre.

 

 

 

 

 

 

 

 La extinción de la Banda Municipal de Mula y el nacimiento de la Agrupación Musical Muleña En 1971 llegó la jubilación de don Antonio Rodríguez Hernández como director de la Banda Municipal de Mula, dando lugar a una crisis en esta institución ante la ausencia de otro director que pudiese sustituirlo. A partir de esta fecha, muchos músicos abandonaron la banda a la que habían pertenecido durante muchos años e incluso, la corporación municipal dejó de comprar instrumental nuevo, siendo los pocos componentes que permanecieron en la banda de música quienes arreglaban los antiguos. Ante esta situación, don Antonio Rodríguez apostó por apoyar a sus compañeros, impartiendo clases de solfeo e instrumento en su casa y dirigiendo la banda en momentos puntuales hasta 1973, fecha en la que disolvió definitivamente la Banda Municipal de Mula.

 Al siguiente año, algunos de los músicos muleños desearon la continuidad de su extinta banda de música, sirviéndose de los instrumentos musicales de propiedad municipal. Por este motivo, en 1974 constituyeron en Mula la Asociación de Amigos de la Música, con la finalidad de que sus socios pudiesen participar económicamente para la compra de instrumental y trajes nuevos, y crear una nueva banda de música no municipal. La dirección musical de esta nueva agrupación fue asumida por don Juan Antonio Piñero Fernández, muleño de considerable reputación musical, ya que había sido músico militar por oposición con el bombardino y, desde 1971, fue miembro de la Orquesta Nacional de España, con el violonchelo (23). A mediados de 1974 le sucedió otro muleño, don José Ruiz Moya, y coincidiendo con la dirección de este director se adquirió nuevo instrumental y se institucionalizó oficialmente la Agrupación Musical Muleña, con la aprobación de sus primeros estatutos en 1977 (24). Años más tarde, se pensó en que la ciudad de Mula, como centro geográfico de la Región de Murcia, pudiese ser el lugar idóneo para que se constituyese la Federación de Bandas de la Región de Murcia. Efectivamente, tras la reunión celebrada en 1984, en el Centro Cultural de la Caja de Ahorros del Mediterráneo del municipio, y presidida por la Agrupación Musical Muleña, se firmaron sus estatutos y se puso en marcha este organismo artístico (25). Al siguiente año, coincidiendo con el fallecimiento de don Antonio Rodríguez Hernández, se decidió contratar a un músico profesional para la dirección de la banda de música muleña. Tras la oportuna búsqueda, se eligió a don Francisco Sánchez Garrido, natural de Fuensanta de Martos (Jaén), quien fue músico militar jubilado y perteneciente al cuerpo nacional de directores.

También, fue un destacado compositor, especialmente de marchas de procesión y pasodobles, como por ejemplo El niño canela, pasodoble compuesto en Mula y dedicado a su amigo y cantante aficionado don Sebastián Zapata. La dirección de don Francisco Sánchez Garrido en la Agrupación Musical Muleña fue muy breve, siendo sustituido en 1987 por don Enrique Bauxauli Alapont, natural de Massanasa (Valencia), quien a la vez desempeñaba el cargo de músico en Infantería Militar de Cartagena, con el saxofón.

 Este director ocupaba asimismo el cargo de profesor en la escuela de música y se caracterizó porque impartía clases de todos los instrumentos de viento madera y percusión, contando con una escasa ayuda en las especialidades de clarinete y el viento metal. Gracias a sus gestiones y las del Ayuntamiento, se consolidó la escuela de música y la Agrupación Musical Muleña creció en cuanto al número de componentes. Este fue el motivo por el cual las actuaciones de esta banda fueron cada vez más demandadas por toda la provincia y fuera de ella. Incluso, sus sonidos fueron grabados en El Obispo Leproso, serie cinematográfica para Televisión Española que fue rodada en Mula, en 1989. El interés despertado hacia esta banda de música no solo se reflejó en sus numerosas interpretaciones públicas, sino que también se suscitó la curiosidad por su historia y longevidad. Por este motivo, se realizó en la sala de exposiciones de la Caja de Ahorros del Mediterráneo de Mula, en 1990, una exposición de partituras, instrumentos y otros objetos antiguos guardados por esta asociación musical. Aunque la Agrupación Musical Muleña organizó su primer festival de Bandas de Música en 1981, se volvió a realizar otro desde 1991, que erróneamente se consideró como el primero. Desde entonces, se ha ido celebrando anualmente hasta la actualidad dicho encuentro de bandas en la ciudad de Mula. Uno de estos festivales reseñable fue el de septiembre de 2003, fecha en la que se conmemoró el 120 aniversario del primer premio de bandas civiles, ganado por la Banda de Música de Mula en 1887.

 

Aprovechando esta conmemoración, el Ayuntamiento de Mula quiso rendir un homenaje a don Julián Santos y depositar sus restos en el panteón municipal de hijos ilustres de la ciudad. De esta forma, se cumplió con la reivindicación por parte del cronista de la ciudad, don Juan González Castaño, y la Agrupación Musical Muleña ante el estado alarmante en la que se encontraba el nicho donde reposaba el cuerpo de este director. Para llevar a cabo este acto, se solicitó la presencia de los descendientes de este músico jumillano y estos, como muestra de agradecimiento, regalaron a la Agrupación Musical Muleña las partituras que poseían de su tatarabuelo y que fueron compuestas en Mula. A la misma vez, esta banda interpretó en este lugar del cementerio municipal la Marcha fúnebre número 2 de don Alfredo Santos, tras unas palabras históricas ofrecidas por el cronista de la ciudad y la posterior colocación de un ramo de flores sobre la nueva lápida que sustituía a la anterior (26).

La Agrupación Musical Muleña no solo hizo acto de presencia en un certamen de bandas en el siglo XIX, sino que también participó en el celebrado en Murcia en 1992, siendo dirigida por don Enrique Bauxauli Alapont. Siete años más tarde, este director le pasó la batuta a don Juan Antonio Ruiz Ruiz, natural de Alcantarilla y especializado en trombón, que también llevó a esta banda en los años 1998 y 2000 a otros certámenes en Murcia. En el año 2003 fue sucedido durante unos meses por el clarinetista don Julián Andreo Jiménez, hasta la llegada de don Antonio José Pujol Pastor, titulado en la especialidad de trompa. Este director llevó a la Agrupación Musical Muleña a su último certamen, realizado en 2012. A pesar que la Banda de Música de Mula no ganó ninguno de estos certámenes siempre contó con una excelente crítica por parte del público y de cada jurado. La banda de música de Mula ha pasado por diferentes locales de ensayo a lo largo de su historia, como el salón del antiguo asilo de Mula, la segunda planta de la plaza de abastos y el Instituto de Secundaria “Ribera de los Molinos”, siendo su última sede el edificio situado junto a la estación de autobuses de la localidad.

Asimismo, su vestuario cambió desde el año 2000, eliminando la antigua cinta blanca del pantalón y las mangas de la chaqueta para cambiar a un traje similar a los usados en las orquestas, con el único distintivo de la laureada cosida en la solapa de la chaqueta. Durante los últimos años, la Banda de Música de Mula ha interpretado en diferentes ciudades de España y ha tenido la ocasión de actuar en importantes eventos como en el I Congreso Internacional de Educación “El futuro de la ERE”, dando un concierto con el título “Religión, Música y Cine”, en 2012. A su vez, ha organizado actos culturales con charlas y nuevas exposiciones sobre aspectos de su historia. Desde el año 2013 Alberto Navarrete Mañosa dirige la Agrupación Musical Muleña, compuesta por 75 músicos, algunos de ellos de cuerda, otorgándole a esta una sonoridad sinfónica. Actualmente, la Escuela de Música de Mula cuenta con 17 profesores de 15 especialidades instrumentales, formando a un total de 170 alumnos.

 

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1 Doctor en Historia del Arte. Licenciado en Historia y Ciencias de la Música, y componente de la Agrupación Musical Muleña.

 

2 CRESPO, Antonio: “Apuntes sobre compositores murcianos del siglo XIX”, Murgetana. 94. Murcia: Academia Alfonso X el Sabio. 1997. Pág. 107.

 

3 VV.AA.: Sureste a toda banda. Nº 0. Murcia: Federación de Bandas de Música de Murcia. Octubre-diciembre de 1997. Pág. 12.

 

4 LÓPEZ ESPÍN, Jesús: “Breve historia de nuestra Agrupación Musical Muleña”, en 120 aniversario. Primer premio de bandas civiles. Año 1887. Mula: Ayuntamiento de Mula. S.P.

 

5 Ibídem. Págs. 74-78

 

6 Archivo Municipal de Mula. Diversos de caja. Leg. 2081.

 

7 ARRÓNIZ, Miguel R.: Crónica oficial de los festejos celebrados en la ciudad de Murcia en los días 24, 25, 26 y 27 de octubre de 1862, con motivo de la visita de SS.MM. y AA. a dicha población. Murcia: Imprenta de Anselmo Arques. 1862. Pág. 11.

 

8 MELLADO VALCÁRCEL, Andrés: “Contribución al estudio de la historia del teatro en la ciudad de Mula”, en GONZÁLEZ CASTAÑO, Juan (Coordinador): Ensayos sobre literatura muleña. Mula: Ayuntamiento de Mula. 1996. Pág. 93.

 

9 Vid. LÓPEZ ESPÍN, Jesús: “La familia Santos: el nacimientos de una tradición musical”, en Julián Santos. 100 años de música. 1908-2008. Jumilla: Compañía Lírica “Julián Santos”. 2008. Pág. 96.

 

10 MELLADO VALCÁRCEL, Andrés: “Contribución al estudio de la historia del teatro en la ciudad de Mula”. Op. Cit.

 

11 Ibídem. Pág. 105.

 

12 Vid. LÓPEZ ESPÍN, Jesús: “La familia Santos: el nacimientos de una tradición musical”. Op. Cit. Págs. 98-100.

13 Archivo de la antigua Caja de Ahorros del Mediterráneo de Mula. 7-20-18.

 

14 ACERO Y ABAD, Nicolás: Historia de la M. N. Y L. Villa de Mula. Murcia: Imprenta Albadalejo, 1886. Pág. 45.

 

15 Vid. LÓPEZ ESPÍN, Jesús: “La familia Santos: el nacimientos de una tradición musical”. Op. Cit. Pág. 97

 

16 El Diario de Murcia. 25-09-1888.

 

17 La voz de Mula. 1-06-1890. Nº 59

 

18 LÓPEZ ESPÍN, Jesús: “Alfredo Santos: su primer viaje de Hellín a Mula”, en Julián Santos. 100 años de música. Op. Cit. Pág. 102.

 

19 Vid. GONZÁLEZ CASTAÑO, Juan: “Don Basilio Robles Mañas, padre de la imprenta en la ciudad de Mula”, en Ensayos sobre literatura muleña. Op. Cit. Págs. 65-66.

 

20 LÓPEZ ESPÍN, Jesús: “La familia Santos: el nacimientos de una tradición musical”. Op. Cit. Pág. 96 y 98.

 

21 Archivo Municipal de Mula. Registro general de personal. 1899-1965. Libro 404.

 

22 Feria y Fiestas. 1988. Mula: Ayuntamiento de Mula. 1988. Pág. 18 dedicatoria de sus discípulos en 1909.

 

23 Vid. La Verdad de Murcia. 10-05-1989. Pág. 5.

 

24 BELIJAR GÓMEZ, Fernando: “Los orígenes de la Agrupación Musical Muleña”, en 120 aniversario. Primer premio de bandas civiles. Año 1887. Op. Cit.

 

25 Acta inaugural de la Federación de Bandas de la Región de Murcia. Pág. 1

 

26 LÓPEZ ESPÍN, Jesús: “Breve historia de nuestra Agrupación Musical Muleña”. Op. Cit. Pág. 98

 

 

Bibliografía

 

ACERO Y ABAD, Nicolás: Historia de la M. N. Y L. Villa de Mula. Murcia: Imprenta Albadalejo, 1886.

Feria y Fiestas. 1988. Mula: Ayuntamiento de Mula. 1988.

 

ARRONÍZ, Miguel R.: Crónica oficial de los festejos celebrados en la ciudad de Murcia en los días 24, 25, 26 y 27 de octubre de 1862, con motivo de la visita de SS.MM. y AA. a dicha población. Murcia: Imprenta de Anselmo Arques. 1862.

 

BELIJAR GÓMEZ, Fernando: “Los orígenes de la Agrupación Musical Muleña”, en 120 aniversario. Primer premio de bandas civiles. Año 1887. Mula: Ayuntamiento de Mula.

 

CRESPO, Antonio: “Apuntes sobre compositores murcianos del siglo XIX”, en Murgetana. 94. Murcia: Academia Alfonso X el Sabio. 1997.

 

GONZÁLEZ CASTAÑO, Juan (Coordinador): Ensayos sobre literatura muleña. Mula: Ayuntamiento de Mula. 1996. : Síntesis de historia de la ciudad de Mula. Alicante: Caja de Ahorros del Mediterráneo. 1990.

 

LÓPEZ ESPÍN, Jesús: “Alfredo Santos: su primer viaje de Hellín a Mula”, en Julián Santos. 100 años de música. 1908-2008. Jumilla: Compañía Lírica “Julián Santos”. 2008. : “Breve historia de nuestra Agrupación Musical Muleña”, en 120 aniversario. Primer premio de bandas civiles. Año 1887. Mula: Ayuntamiento de Mula. : “La familia Santos: el nacimientos de una tradición musical”, en Julián Santos. 100 años de música. 1908-2008. Jumilla: Compañía Lírica “Julián Santos”. 2008.

VV.AA.: Sureste a toda banda. Nº 0. Murcia: Federación de Bandas de Música de Murcia. Octubre-diciembre de 1997.

 

FUENTE: 

X CONGRESO DE CRONISTAS OFICIALES DE LA REGIÓN DE MURCIA- JESÚS LÓPEZ ESPÍN

En el año 1986, uno de mis primeras investigaciones, tras mi licenciatura en Historia Antigua y Arqueología, fue tratar de desentrañar la procedencia del topónimo que da nombre a la ciudad de Mula. Como oriundo del lugar y amante de la Historia siempre me había llamado la atención. Las líneas que vienen a continuación siguen en gran medida lo que ya apunté en ese ya lejano año. Treinta y cuatro años han pasado desde entonces y creo que la hipótesis de trabajo planteada sigue tan vigente como entonces. 

 

FOTO EL CERRO DE LA ALMAGRA AL FONDO

Algunas de las consideraciones que hacíamos entonces hoy son totalmente aceptadas, como es el hecho de que el Cerro de la Almagra corresponde al sitio que ocupó la primitiva ciudad de Mula, es decir, la ciudad romana, cuyo origen podría remontarse posiblemente al siglo I a.C., como mínimo y que siguió su devenir histórico en ese mismo lugar hasta la implantación del estado cordobés de Abderramán II en la zona, en torno al año 825 (González Fernández, Fernández Matallana, 2010).

Pero vayamos al fondo de la cuestión que ahora nos ocupa. A lo largo del tiempo se han expuesto variadas teorías sobre el origen del topónimo Mula. En prácticamente todas ellas se parte de la idea de que es una de las ciudades que, tras la entrada de los árabes en la península en 711, aparece en las diferentes versiones que se conocen del tratado de Teodomiro del año 713.

El topónimo aparece documentado en textos medievales en romance, así en la Primera Crónica General de España de Alfonso X: «El castiello de Mula es como alcaçar alto et fuerte et bien torrado…» (3). También en latín en un documento del siglo XV, el Fundamentum del Obispo Comontes: «…in termino Mullae […] cum castro de Alcalá, prope Mullam…» (Roxas Contreras, 1756, folio 14 v).

En otro texto latino posterior, del padre Molina de Castro, aparece la grafía Mula sin la «l» geminada: «Salonac Mulamve molit […], Labili situ fuit, Labina dicta» (Molina de Castro, 1779).  Los dos topónimos que aparecen en este último texto (Salonac y Labina) aludirían, respectivamente, al supuesto nombre griego y romano de Mula y forman parte de una leyenda que surge con la denominada «carta de población» (también llamada «escritura de población» autofechada el 6 de mayo de 1306. Sobre los problemas de este documento algo se ha dicho ya en otros trabajos (González Castaño y González Fernández, 2005; Molina Gómez y González Fernández, 2016).

A continuación, pasamos a realizar un repaso sobre la etimología del topónimo según distintos investigadores.

  1. Testimonios sobre una etimología árabe.

El primer testimonio lo constituye la carta de población, en donde aparece, por vez primera, un intento de explicación del topónimo: «En esta esclavitud (se refiere a los moros) perdió el nombre de Lavinia, y recibió el de Mula, voz que en el idioma Arábigo suena cosa del Señor, o Rey Angelicar» (7). Al referirse a la conquista de la villa, en 1242, por Alfonso X, narra la propuesta de rendición que se le hizo al alcaide moro y su respuesta, que ganaría la fortaleza cuando pariese la mula. Como consecuencia de esta arrogante contestación —sigue diciendo la carta— el rey cristiano le conservó el nombre a la población (9). Como vemos el autor juega con dos significados, uno el de etimología árabe, y el segundo refiriéndose al animal y al suceso del alcaide con el rey.

A finales del siglo XIX aparece la obra de don Nicolás Acero y Abad (1886) quien esgrime diversas etimologías, aunque se decanta claramente por la que él denomina ‘oriental’. Piensa Acero que Mula se llamó Abula, antes incluso de la llegada de los romanos, que con la llegada de los árabes se cambió el nombre en Mula y que éste fue conservado por Alfonso X cuando la conquistó. Abelardo Merino Álvarez (1978, 116), quien lo sigue, casi con seguridad, dice«…. la primitiva Abula, se cambió en Maula o Mula. Con este último título consta en el tratado de Tudmir…».

  1. Etimología griega

A finales del siglo XVIII el canónigo Lozano dedica un apartado de su obra al nombre de la ciudad. En su opinión los moros le conservaron rigurosamente su nombre «o de Mula o con la variación accidental de Mulat» (1980, 116). Del examen del tratado de Teodomiro deduce que Mula ya recibía este nombre antes (1980, 117). Es el primero que rechaza la etimología árabe (1980, 119) y considera el topónimo de procedencia griega (1980, 120).

III. Etimología latina

Dentro de este apartado incluimos las dos etimologías que más ‘éxito’ han tenido tanto a nivel popular como en el campo de la investigación.

III. 1.—Del vocablo latino referido al équido mula -ae (mula). Esta etimología es cronológicamente anterior a la que presentamos en el siguiente apartado. El primero que hace un discurso de cierta extensión sobre este aspecto es el padre Molina de Castro (1779): «… el mismo nombre Mula explica sus blasones sin la mayor violencia. La Mula según Claudiano, es Geroglífico de la fidelidad y pureza…». La antigüedad del topónimo tal y como lo conocemos ahora se remontaría, según este autor, a la época de la conquista cristiana.

FOTO DEL YACIMIENTO DEL CIGARRALEJO

Acero y Abad alude al padre Ortega mencionando la piedra encontrada en Los Villares «en la que se ve una figura de Mula» (1886, 145). Modernamente, y tras las excavaciones efectuadas en el Cigarralejo, el profesor Maluquer de Motes, dado el gran número de esculturillas equinas aparecidas, aportaba una idea que la reseñamos como mero dato anecdótico: «…el nombre del actual pueblo Mula, es posible que tenga su origen en el hallazgo antiguo de esculturas de este tipo» (1976, 332).

 

 

III.2.—De Mola -ae que pasaría a Muela. Esta era la teoría más aceptada modernamente. El padre Sánchez Maurandi (1955) basándose en la posición geográfica de la actual población, dice que empezaría llamándose Muela y de ahí pasaría a Mula. En el último cuarto del siglo XX, dos fueron los autores que se refirieron a este tema. Consuelo Hernández Carrasco (1978, 63-64) y José García Antón (1982, 122-123). Según Carrasco el topónimo coincidiría perfectamente con la situación del pueblo en la pendiente de un cerro.

FOTO VISTA GEMERAL DE LA CIUDAD DE MULA (EL DIARIO)

Pero esta última apreciación es muy subjetiva y nosotros, por el contrario, opinamos que el paisaje en el que está configurada la ciudad de Mula no es precisamente el característico de una muela. La muela propiamente dicha, como señalaba García Antón, sería el castillo de Alcalá, es decir el cerro que domina la actual Puebla de Mula. Según la mencionada autora la antigüedad histórica del nombre, aunque es de uso mozárabe, se remonta al siglo VIII por su mención en el tratado de Teodomiro. Carrasco concluye con que «mola» es una voz del bajo latín, siendo muy probable que el topónimo tenga una filiación histórica en esa época y pueda considerarse como un nombre impuesto durante la romanización (32). En su caso, el profesor García Antón cambia, por primera vez, la primitiva localización geográfica del topónimo llevándolo a la Puebla de Mula (1982, 55).

A continuación, vamos a tratar de exponer nuestra hipótesis de trabajo, que, aunque observa una clara etimología latina, se aparta del resto.

FOTO DEL CASTILLO DE  ALCALA O DE LA PUEBLA DE MULA

  1. Una nueva hipótesis de trabajo sobre el topónimo Mula

1) No creemos, apartándonos de las últimas teorías, que los topónimos Mola-Muela hayan sido el paso previo al nombre actual. Muela efectivamente viene de Mola, pero no es posible explicar el paso de Muela a Mula, ya que supondría una excepción a las leyes de la fonética y la fonología históricas. En este sentido, hemos de decir que en España hay un gran número de lugares geográficos que se denominan Muela y Mola, sobre todo del primero, y no es muy verosímil pensar que sólo en un lugar se haya producido tal evolución.

2) Teniendo en cuenta que, en 713, en la capitulación de Teodomiro aparece ya, es de suponer su existencia como tal antes de esta fecha, es decir, en época tardorromana y anteriores.

3) Partimos de la hipótesis de que Mula, ciudad romana, se encontraba en el Cerro de la Almagra, cuyo nombre de claro origen árabe, «Almaghra», se le dio por el característico color rojo de la superficie del cerro constituido por caliza travertínica, que fue ampliamente utilizada como material de construcción y decoración en la Carthago Nova de los siglos I a. C. y I d. C.

4) Consideramos que el topónimo Mula procede etimológicamente del adjetivo latino «mulleus-mullea-mulleum». Este término ya está atestiguado en Festo, Plinio el Viejo, Catón, etc., y significa de color rojo o púrpura. Es posible que el actual cerro de La Almagra se denominara Mons Mulleus, Civitas Mullea, etc. Que los moradores de la Mula romana, al pasar al nuevo centro de población, siguieron conservando el nombre de su ciudad y que los árabes mantuvieron el nombre del primitivo núcleo.

5) El paso de Mullea Mula es fácil de explicar. En la palabra se han producido dos fenómenos sencillos: el paso del hiato —ea a la vocal —a y la simplificación de la consonante geminada (Menéndez Pidal, 1982, 83 y 135).

 

FUENTE:

Rafael González Fernández

Catedrático de Historia Antigua Universidad de Murcia

 

BIBLIOGRAFÍA

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MALUQUER DE MONTES, J.: Historia de España, Tomo 1, España Prerromana, vol. 3. Etnoiogía de los pueblos de Hispania, Madrid, 1976.

 

Francisco Meroño Pellicer

  Nació el 17 de junio de 1917 en Mula, provincia de Murcia (España), en una familia obrera pobre y muy numerosa.Muy pronto se quedó huérfano, por parte de madre, y conoció muy temprano, en su adolescencia, lo que significa un trabajo duro y explotador, pero lo aceptaba así, porque tenía que ayudar a su padre a mantener a cuatro hermanitas, que eran mucho menor que él.

En mayo de 1937, el piloto Meroño forma parte de una escuadrilla de “Moscas” en Totana (Murcia), que después sale para el frente de Madrid. El 1 de junio de 1937, él ingresa en el Partido Comunista Español.

¿Qué voy a hacer? ¿Saltar con paracaídas? ¿Y qué pasa si el avión c ae en un pueblo? ¿Dónde estoy? No se ve nada a través de las nubes... ¿Qué decisión voy a tomar?

Mientras pienso, el avión está bajando con el motor apagado. Cuando muevo aparte la cubierta corrediza, todo el uniforme de piloto queda salpicado de hielo. No veo nada con las gafas protectoras ya que están manchadas de combustible. Me quito las gafas, la gasolina me cae en los ojos y siento un dolor agudo. Si salto en paracaídas, nos quedamos sin el avión... Vamos a ver... Estoy planeando. Seiscientos metros, cuatrocientos, trescientos.... ¡Las nubes, nubes! Por fin se empieza a esclarecer. Doscientos metros. Ya se ve la tierra, oscura en algunas partes, blanca en otras, con trincheras, cráteres, alambre de púas. Un U-2 pasa muy cerca de mi avión. Lo observo y veo como el avión de entrenamiento aterriza en una parcela pequeña entre los árboles de 200 a 300 metros. Me dirijo allí, aunque sé que se necesita una pista por lo menos tres veces más grande para aterrizar un MiG. Pero ahora es mejor que nada.

En completo silencio, a la velocidad mínima que permite el avión, empiezo a descender. El avión corre por la tierra como si nunca fuera a pararse. Los cadetes de una escuela aérea me están mirando con sorpresa. Aprieto la rueda izquierda con el freno para compensar la falta de distancia adecuada para aterrizar con un giro. El avión da una vuelta por el borde del campo y se para.

El director de la escuela se apresura hacia mí.
“¿Quién diablos le ordenó aterrizar aquí?”
“Nadie me lo ordenó”.
“¿No ha visto que es un aeródromo de entrenamiento?”
“Lo he visto. Ahora déjeme hablar por teléfono”.
Llamo al cuartel general de la división. Contesta el teniente general Toropchín.
“¿De dónde llamas? ¡Debes estar en el aire!”
“He tenido un aterrizaje de emergencia en el aeródromo”.
“En seguida voy, vamos a arreglarlo allí mismo”.
Al cabo de unos pocos minutos el avión del general ya está en el aeródromo.
“¿Qué pasó?”, pregunta el general.
“El motor dio lata, se rompió el oleoducto. Vea, estoy salpicado de óleo de pies a cabeza.
“¿Cómo lograste aterrizar? ¿Lo habéis visto?”, pregunta el general a los cadetes que nos han rodeado.
“No. Sólo vimos el avion bambolearse por todo el campo...”
“Eso sólo se logra una vez en la vida... Este avión no podrá despegar de aquí, tendremos que desmantelarlo”.
“Evidentemente”, digo.

Así empiezo a contarles sobre un caballero del aire, Francisco Meroño Pellicer, caballero en el aire y en la tierra; para el enemigo, diablo rojo en los combates aéreos, y un santo, para con sus amigos y seres queridos.
Francisco Meroño, era mi padre, y al noveno aniversario de su muerte, preparando la publicación de sus memorias, como aviador de caza republicano en la GCE y II Guerra Mundial, para su II edición, afloran a la imaginación los recuerdos, los acontecimientos, vividos y presenciados por él en los tiempos de esas dos guerras, así como los que fueron contados por él mismo, estando en el exilio ruso.



Además, cada día que pasaba, lo hacía con más rabia, más responsabilidad y conciencia, recordando a su madre, cuyo día de muerte, no era de las cosas que se olvidan con el tiempo. Cada año la recordaba con nostalgia y dolor profundos; incluso nosotros, los hijos sabíamos cómo, cuándo y por qué murió nuestra abuela. Sabíamos también, que por esas fechas, nuestro padre se retiraba con tristeza a su habitación, recordándola a solas.

Él recuerda a su madre, incluso en las primeras líneas de su libro: "La muerte prematura de mi madre el día 26 de agosto de 1931 deja en mí la mella más profunda que jamás pueda sentir, vacía mi corazón de todas las ilusiones infantiles, esperanzas y creencia en todo. Mi padre me lleva consigo a la construcción de un pantano en un apartado rincón de la cuenca del río Mundo…

Aquí aprendo un poco de todos los oficios: acarreo cántaros de agua y tubos de hierro, abro zanjas, amaso cemento, golpeo con el macho los hierros candentes de la fragua, muevo los fuelles de la herrería. Por las tardes arranco el motor que mueve la dinamo para dar luz a los edificios, donde se baila, ríe, juega y bromea, mientras yo lloro al son de esa algarabía y griterío, que hasta mí llega confuso, lejano e inaccesible. Estudió por correspondencia en ese revoltijo de contradicciones”.

Como se ve, en vez de disfrutar plenamente de las oportunidades que da la vida, cuando uno es joven, en su tiempo libre buscaba la compañía de su padre, a quién ayudaba en la construcción de un pantano. A su vez, el padre le transmitía su afición por la caza y la pesca, la que mantuvo hasta los últimos días de su vida. Más tarde, consiguió terminar sus estudios en el Instituto Topográfico de Sevilla.

Recuerdo, que yo hablaba mucho con mi padre sobre la patria española; así él me transmitió su amor a todo aquello, que llevaba como adjetivo, la palabra “español”. Las primeras palabras, pronunciadas por mí, fueron “papá” y “mamá” y no “pápa”, “máma”, como se dice en ruso, ya que se suponía que el ruso debía ser mi lengua materna. Me gustaban las costumbres, las tradiciones, la comida españolas, en particular, la paella y el flan que hacía mi padre.

Cuando teníamos invitados en nuestra casa de Moscú o en La Habana, en los días festivos, cuando toda la familia se reunía a nuestra mesa, el que preparaba la comida, era él, porque gustaba mucho la mesa a la española. Mi primera canción, que traté de imitar, fue una canción de una película española; la música que me gustaba escuchar, también era española, canciones, como “Granada”, “Malagueña”, etc. Mi primer baile, lo bailé con un vestido típico español, mandado por mi tía desde Madrid, fue con motivo de un cumpleaños mío, era un baile “flamenco”. En breves palabras, todo lo español me fascinaba, pero no podía pasar por alto la otra parte mía, la rusa, por lo que ahora soy, lo que soy, una intérprete y profesora de los idiomas ruso y español. El destino me llevó a Cuba para hacer unas prácticas, después de haber cursado los estudios universitarios, como filóloga de español, donde conocí a mi futuro esposo, cubano, que conocía muy bien el idioma ruso. Nuestro matrimonio afectó de cierto modo a mi padre, pero lo aceptó, sin embargo, mis tíos españoles no me han comprendido nunca.

Volviendo a recordar mi infancia, la época, cuando el cariño entre el padre y la hija es inmenso y, prácticamente, los dos éramos como si fuéramos uno sólo, estaba yo soñando con ingresar en una escuela de ballet, y mi padre me contaba sus sueños de la infancia: la quimera de su infancia.

Y es así, como empieza su primer libro: “Dicen que la edad de 14 años es la más propicia para hincar el jalón primero en el itinerario del destino futuro, es decir, escoger la ruta a seguir por el mundo para ser útil a la sociedad y cubrir las propias ambiciones. ¡Es posible! Aunque yo creo que, para un camino tan áspero, es harto arriesgado elegir con tan exigua experiencia. Precisamente a esta edad, quince céntimos, conseguidos del noble corazón de mamá, me permitieron ver la película francesa titulada “Alas”, argumentada en el fondo de la Primera Guerra Mundial de los años 1914-1918. Esta inflama la llama que alumbra la idea de hacer de mí un aviador, pero existe una inmensa enumeración de controversias que irremisiblemente, si las circunstancias no cambian, abolirán mis inverosímiles aspiraciones…Yo pertenezco a una familia pobre y numerosa, obrera, así que lo máximo que yo puedo alcanzar en mis pretensiones, podrá ser, como los de mi clase, ingresar de soldado en el Arma de Aviación y lavar y preparar esos aparatos para que los vuelen esos señoritos…” Así pasó un tiempo, en el que se maduró su carácter.

Pero, “…un día claro y transparente, (como muchos días del año en nuestra península), el 18 de julio de 1936, la radio de Tetuán envía al espacio la consigna de: "Todo el cielo de España está despejado". En España comenzaba el levantamiento fascista…”

En uno de esos primeros días, el adolescente Paco fue herido con una “bala loca” en una pierna. Pero, apenas recuperado, “después de que la herida se tapó con un velo tierno de piel, cojeando, en una noche sin luna, negra como la faz del fascismo, en un tren repleto de gentes mal vestidas, sudorosas y armadas todas con las más diversas armas, salgo con rumbo hacia Madrid, sin documentación ni aval político que garantice mi persona”.

Sí, el destino lo llevó al aeródromo de “Cuatro Vientos” de Madrid. Luego, como voluntario, partió a Murcia, con otros compatriotas voluntarios, y así, empezaron a cumplirse sus sueños de convertirse en un buen piloto. Desde el primer día de la Guerra Civil en España, combatió como voluntario en las filas del Ejército Republicano: estuvo por el aeródromo de Alcantarilla, en la Finca de Los Llanos (Provincia de Albacete). A mediados de diciembre de 1936 se presentó en la convocatoria en el aeródromo de Los Alcázares para ingresar en el curso de pilotos. “… Una nota del Ministerio del Aire convoca a presentarse en el aeródromo de Los Alcázares a todo, el que solicitara la entrada al curso de pilotos...”

Después de una previa selección, el grupo de los afortunados, parte para el puerto de Cartagena, y de allí, en el barco “Ciudad de Cádiz” zarpan con destino hacia la Unión Soviética, para luego ser trasladados a la ciudad de Kirovabad. Allá, los ponen en la Escuela de preparación de pilotos y, desde enero hasta abril de 1937, viven allá, cursando los correspondientes estudios. Después, en el barco “María Uliánova”, en el mismo grupo volvió nuevamente al frente, como piloto de caza. Bajo el mando del instructor soviético Pligunov Serguey G., cuyo pseudónimo en España era, simplemente, Antonio, pasó el entrenamiento en el aeródromo de El Carmolí.

Con esas palabras él recuerda en su libro el comienzo de la práctica: “…Se aproxima el amanecer. El reloj de la pequeña iglesia de Los Alcázares acaba de dar las cinco de la madrugada, hora cuando las siluetas de los hangares comienzan a tomar forma. El capitán Villimar mueve la llave de la cerradura donde dormimos. Y enseguida, su voz de mando: ¡Arriba, muchachos! -acompañada de las típicas palmaditas, costumbre que adquirió en la escuela de Kirovabad. - ¡Arriba, muchachos, que ya es hora! Sin encender las luces comenzamos a abrir las ventanas. Hace calor. Los taconazos de las botas por los pasillos van llenando el edificio de ruidos. Es la última mañana que despertamos aquí. Hoy, después de unos cuantos vuelos de reentrenamiento, saldremos rumbo al frente: ¿A cuál? - ¡Oye, Pedro! ¿Tú no sabes quién será el profesor de vuelos, que nos entrenará hoy? - ¡Sí! ¡Antonio! ¡El soviético! ¡Menos mal! Porque si es alguno de esos viejos pilotos, que todavía quedan por aquí...”

 

En diciembre de 1937, estuvo defendiendo el Puerto de Alicante y los barcos soviéticos, después participa en la ofensiva de Teruel. En marzo de 1938 defiende Valencia, participa en los combates aéreos de Caspe y en el frente aragonés. Una vez terminado el descanso en La Casa de Reposo de la Malvarrosa (marzo-abril), se ubica en el aeródromo de Camporobles y participa en la ofensiva por el frente de Aragón. El 30 de julio pasa a la zona catalana para tomar parte, en agosto de 1938, en la ofensiva del Ebro, hasta el 15 de noviembre de 1938. En enero de 1939 está en Barcelona, Valencia, Albacete, vuelve a La Finca de Los Llanos y pasa por el aeródromo de Figueras.

 Al quedar en libertad después del campo de concentración fascista, tuvo que emigrar a la URSS, donde trabajó en una fábrica de automóviles y conoció a su futura esposa. Luego del ataque traidor de la Alemania fascista a la URSS ingresó voluntariamente a las filas del Ejercito Rojo. Pasados los primeros días, es requerido por las autoridades soviéticas, junto con otros 18 aviadores españoles, para entrenarse y ejecutar tareas especiales, pilotando aviones alemanes (guerrillas aéreas), que los soviéticos poseían con anterioridad al conflicto mundial como resultado del intercambio de material bélico, según acuerdo bilateral, firmado en agosto de 1939

En 1939 En los primeros días de febrero de 1939 tienen lugar unos acontecimientos, cuyo reflejo lo describe en sus memorias de la siguiente manera: “…Primeros días de febrero de

 Ayer derribaron a Cortizo en el último aparato que nos quedaba de la sexta escuadrilla, dice Arias. Aterrizan los dos "Moscas" que salieron a la alarma. El piloto Torras calcula mal y se mete debajo del "Junkers" que nos trajo hasta aquí. Se incendian los dos aviones, quemándose el piloto, los dos aviones y las esperanzas que teníamos puestas en poder salir de España por aire. Los tanques fascistas están a pocos kilómetros de Figueras. Prendemos fuego a todo lo que queda útil: aviones, coches rotos, cajas con municiones...Los aviones alemanes están tirando bombas por todas partes. La gente corre de un lado para otro, escuchan la nueva tanda de bombas y vuelven a correr. Por la mañana, cesa la lluvia y esclarece el cielo para darles otra oportunidad a los fascistas. Las fuerzas se agotaron, quedan solamente las escasas para arrastrar los pies en el tramo postrer lleno de barro y sangre que nos queda para llegar a Francia, subir y bajar los Pirineos. Sin almuerzo, nerviosos, comenzamos a enterrar a los muertos del bombardeo nocturno. No hay ataúdes, el cementerio está lejos y los tanques enemigos cerca. Los obuses ladran el camino y los estallidos llegan hasta nuestros oídos. En las mismas zanjas que nos sirvieron de refugio colocamos los cadáveres en filas de a dos, uno al lado de otro. Una vieja, con el rosario en la mano, cuenta: dos, cuatro, seis... Mujeres y niños lloran en silencio, se oyen voces amargas. La zanja va disminuyendo... Aquí hemos enterrado a treinta y seis cadáveres, en el pueblo hay centenares. Se llenaron las zanjas, hacemos otras. En un pozo enterramos a los que no tienen familiares ni amigos. Sobre la tierra fresca y removida no dejamos nada; ni cruces, ni lápidas, ni flores. Si fuera verano, las cogeríamos en el campo, ahora está todo muerto…”emigró a la URSS donde trabajó en una fábrica de automóviles. Al estallar la Gran Guerra Patria ingresó voluntariamente en el Ejército Rojo. Defendió las ciudades de Moscú, Tula y Kursk, derribando a siete aviones alemanes.

 

Noviembre de 1941 - Abril de 1942),

Durante los tres primeros meses de las operaciones en curso, pilotaba los aviones de caza tipo YAK-7 y YAK-I (soviéticos) y simultáneamente se entrena en el caza alemán Messerschmitt BF-109.

Cuando Moscú se encuentra asediado participa en la defensa aérea hasta finales de marzo de 1942, pilotando un caza soviético MIG-3. A continuación es destacado en compañía de Fernando Blanco de la Carrera y Vicente Beltrán Rodrigo (componentes del grupo de los 19) al sector de Tula del Frente Central. Voló en muchos tipos de cazas soviéticos, defendió el cielo de Moscú, Tula, y Stalingrado. En esos casi dos años de “trabajo” en el cielo soviético, derribó siete aviones alemanes.Posteriormente, en el verano de 1943, sus colegas y él, lucharían en la batalla por el Arco de Kursk, pero en los primeros días de combate, Meroño fue derribado por fuego amigo debido a una confusión por un fuego cruzado, y cuando caía en paracaídas, fue gravemente herido en la pierna izquierda y en el pecho. Cayó en un frente ruso, y por su uniforme extranjero, lo confunden con un piloto alemán o italiano; lo iban a matar, pero primero lo trataron de reanimar para interrogarlo. Una vez recuperado, al entender lo que hablaban entre sí los soldados, los reprimió con una andanada de tacos en ruso, que sólo utilizaban gente de muy baja cultura, prácticamente un argot, que se hablaba solamente en los suburbios de la ciudad, que supuestamente ningún extranjero podría conocer…Y fue eso, precisamente, lo que le salvó la vida. Al término de seis meses de recuperación, sensiblemente disminuidas sus facultades aviadoras, es destinado como instructor a una escuela de vuelo, en cuyas tareas le sorprende el final de la guerra.Para citar algo de la segunda parte de las memorias de Francisco Meroño, citaré una parte, que trata de la participación de los aviadores españoles en uno de los combates, que determinó el viraje histórico de esa guerra: La Batalla por Stalingrado. Y para ello comienzo con el siguiente fragmento, que muestra el heroísmo de los aviadores españoles y soviéticos en los combates aéreos conjuntos en todos los tipos de aviones:“…Los españoles debemos al teniente general Alexander Osipenko nuestro ingreso en la aviación. A lo mejor, todo habría quedado envuelto en un légamo de incertidumbre como quedó el servicio especial que cumplimos el pequeño grupo de aviadores al volar en aviones alemanes. Sabemos que él no nos lo podía negar. Primero por ser aviador, y los aviadores son gentes de seis sentidos; el sexto, es el sentido “volador” que empuja al avión hacia el abismo para salvar la vida del compañero en peligro. Por eso cansa tanto el combate aéreo: porque sufres por el compañero. Alexander Stepanovich Osipenko no podía hacerlo de otra forma y nos echó una mano. Nosotros mantuvimos en alto ese galardón y defendimos la autoridad y la confianza, que puso sobre nosotros. ¡Un millón de gracias, camarada Osipenko!”A continuación, citando fragmentos del libro de Francisco Meroño, “Aviadores españoles en la Gran Guerra Patria”, nos damos cuenta de cuán horribles imágenes llevaban aquellos días de la lucha contra el fascismo alemán. “…Para los pilotos el día comienza antes del amanecer, a esa hora cuando el sol comienza a levantar su pesado disco rojizo por el otro lado del Volga Hace tiempo ya que están sentados en las cabinas de sus aparatos con las gafas levantadas sobre la frente. A la escuadrilla le quedan cinco aparatos servibles, sin contar la cantidad de parches que tienen. Pero, como sea, con ellos hay que hacer frente a toda la armada fascista que se cierne por encima de Stalingrado.

 Los días empezaron a hacerse más cortos rápidamente. El cielo estaba cubierto de nubes todo el tiempo, como si anocheciera. Luego llegaron intensos fríos. No los soportábamos bien. Cuando el mayor Jalútin organizaba vuelos nocturnos, nos sentíamos mártires congelados. El termómetro a veces indicaba menos 35 grados y, aunque estábamos bien abrigados, no siempre sentíamos los pedales con los pies.

Por la mañana el cielo se cubre de nubes, una nevada intensa forma montones de nieve en el aeródromo y los aviones se cubren de nieve. El viento del norte se recrudece, hace más frío. Cierro la cabina del MiG y me cubro la cabeza con el cuello de mi chaqueta de piel. Me caliento poco a poco y me adormilo, pero un cohete rojo se dispara del refugio subterráneo donde está situado el cuartel general.

En seguida pongo en marcha el motor, piso el acelerador y pronto ya estoy en el aire. Apenas han pasado tres minutos, cuando yo vuelvo a penetrar las nubes volando al sur. Enciendo la radio y escucho. “¡Alerta! Junkers-99, cuadrado 28, altitud 4000, rumbo 360 grados”. Miro el mapa: mi dirección es correcta. Me acelero. ¿Dónde se acaban por fin esas nubes? El altímetro indica 3000 metros y todavía no he salido de esa oscuridad. De repente huele a combustible ardiente en la cabina. El humo muerde los ojos. ¡No veo nada! Me quito las gafas y al acercar el rostro al indicador del nivel de combustible, veo con sorpresa que está casi en cero. ¿Qué pasó? Apago el contacto y el alto rugido del motor se cambia por el silbido del viento.

Varios días continúa complicada y alarmante la situación en este sector del frente. Las fuerzas enemigas hacen desesperados intentos de romper la resistencia del Ejército Rojo. En los combates aéreos tampoco se escatiman fuerzas. José Pascual Santamaría y Domingo Bonilla, ala con ala con sus camaradas soviéticos, continúan la lucha indomable por Stalingrado. La aviación alemana, con la constancia de los vientos alisios sigue viniendo en manadas grandes, considerables; las pérdidas son tremendas y la lucha continúa pavorosa...…José Pascual, encendido por el resentimiento o enardecido por las dos victorias consecutivas, decide acosar al enemigo dentro del carrusel que formaron y, cuando su mortífera racha de fuego alcanza al tercer Messer y éste se va retorciendo en las convulsiones de la muerte las balas del enemigo entran en su aparato… José Pascual se arroja al vacío. La bola redonda, que forma su cuerpo, se va perdiendo poco a poco, como un punto lejano. El paracaídas, teniendo el cable cortado por una de las balas, no pudo abrirse.Es imposible olvidar su heroísmo. José Pascual Santamaría fue uno de los primeros en los cielos de España y ha muerto como un héroe, defendiendo Stalingrado. José Pascual Santamaría fue condecorado a título póstumo con la máxima condecoración soviética.Los aviadores españoles jamás olvidaremos a aquellos, que compartieron con nosotros lo agrio y lo dulce, pues la guerra tiene de todo. No olvidaremos a los aviadores que lucharon en España, ni a los que surcaron con nosotros los aires en los frentes de la Gran Guerra Patria del pueblo soviético, que fue, a su vez, también la continuación de la nuestra...

 

Junio de 1948, fue desmovilizado de las Fuerzas Aéreas y pasó a ocupar un puesto de dirección en una fábrica de aviación civil de Moscú, tareas que abandonó en 1964 para viajar a Cuba, donde desempeñó funciones de misión internacionalista como asesor técnico en la Empresa de cooperación comercial (cubano-soviética) AVIAEXPORT, ubicada en La Habana. Allí permanece junto a su mujer y su hija durante seis años y al término de ese trabajo, regresa a Moscú con su familia para incorporarse a una vida civil tranquila, en compañía de su hijo mayor. Desde entonces reside en esa ciudad, donde encuentra tiempo para escribir sus memorias.

En 1964  para viajar a Cuba, donde desempeñó funciones de misión internacionalista como asesor técnico en la Empresa de cooperación comercial (cubano-soviética) “AVIAEXPORT”, ubicada en La Habana. Allí permanece junto a su mujer y su hija durante seis años, y al término de ese trabajo, regresa a Moscú con su familia para incorporarse a una vida civil tranquila, en compañía de su hijo mayor. Desde entonces reside en esa ciudad, donde encuentra tiempo para escribir sus memorias.

 

En 1970 fue jubilado a causa de diferentes enfermedades. Y así continuó su trayectoria de emigrante junto a la familia, que en ese tiempo había constituido en el país que le acogió tanto tiempo atrás.Dicen, que la distancia, lleva al olvido, pero con él no ocurrió así.

 

En marzo de 1970, junio de 1972 y noviembre de 1992, acompañado de su familia viaja a su tierra natal, donde siguieron viviendo, echando de menos su presencia y su cariño, las cinco hermanas suyas. No retornó a su patria, porque no quiso que su esposa sufriera lo mismo, que había sufrido él, alejado de ella. La nostalgia y la separación de los seres queridos, echando de menos la posibilidad de oír hablar a las personas en su lengua materna, celebrar los días festivos junto con su pueblo, preparar los platos favoritos, así como seguir las tradiciones y costumbres de su país. Y si hubiera tenido que retornar, porque todo, dentro de su ser y su corazón, lo llamaban a hacerlo, por un lado, y el cargo de conciencia por obligar a su familia a un sacrificio que conocía de sobra, por el otro, no le habría permitido ser feliz entre sus hermanas y sobrinos. Por eso, teniendo dos alternativas, entre el vivir fuera de su Patria, lo que ya había hecho una vez, y presionar a su familia, optó por el camino ya conocido. La escritura de sus memorias le sirvió de desahogo a su nostalgia por España.

 

En 1975 publica un libro titulado En el cielo de España y en 1985 lanza otro, con el título de Aviadores Españoles en la Gran Guerra Patria, ambos publicados en ruso y español por la Editorial Progreso de Moscú. Dejó en manuscrito dos obras sin publicar: Así como fue, un verdadero retrato de la vida de un emigrante en el exilio durante los años de guerra y posguerra y Los Gabrosos Españoles, que es una serie de relatos sobre la vida de jóvenes huérfanos españoles en las condiciones de la guerra en su país.

En los años 80, a pesar de que vivía en el extranjero, el Gobierno Español lo ascendió al grado de coronel quedando reconocido, oficialmente, como retirado, con el empleo de coronel del Arma de Aviación de las Fuerzas Armadas Españolas.

En 1985 lanza otro, con el título de “Aviadores Españoles en la Gran Guerra Patria”, ambos publicados en ruso y español por la Editorial Progreso de Moscú. Dejó en manuscrito dos obras sin publicar: “Así como fue”, un verdadero retrato de la vida de un emigrante en el exilio durante los años de guerra y posguerra, y “Los “Gabrosos” Españoles”, que es una serie de relatos sobre la vida de jóvenes huérfanos españoles en las condiciones de la guerra en su país.

 

Falleció el 17 de julio de 1995 en Moscú (Rusia), a causa de un infarto del miocardio. Descansa en paz, incansable combatiente por la justicia y derechos de tu pueblo y por la independencia de otros estados.

 

FUENTES:

Fuerzas Areas, Españoles en 2ª GM

Wikipedia

Revista Aeroplano

brigadasinternacionales

 

Por Angel Garcia para Mahulalarica.net

Ultima actualización 4/09/22

 

Tomás Buitrago nace en Jumilla en 1934

 

 

Hijo del fruto del matrimonio entre José María Buitrago Paez y María Olivares García, tuvieron a Josefa,Tomás y Francisco.

 

 

Tomás con su hermano Francisco

 

Sus Abuelos Paternos fueron Tomas Buitrago Cervantes y Josefa Paez Rizo,casados en Santo Domingo el 26 de noviembre de 1881, tuvieron a Bernabé ,el 9-12-1882; Encarnación el 31-12-1885; María el 15-5-1889; Javier el 30-12-1891; Francisco el 5-2-1895; José María el 22-9-1897.

 

Sus Bisabuelos Paternos fueron Bernabe Buitrago Rojo y Dª Encarnación Cervantes Zapata,casados en Santo Domingo el 18 de julio de 1885,tuvieron a Tomas el 17-6-1856; Nicolás el 17-12-1857; Ginesa el 5-1-1860; José el 27-12-1861; Lucia el 29-9-1864; Antonia el 22-5-1866; y Consuelo el 28-12-1867.

 

Sus Tatarabuelos Paternos fueron Tomas Buitrago Cuadrado y Ginesa Rojo Camacho, casados en Santo Domingo el 14 de abril de 1818, tuvieron a Juan el 4-1-1819; Antonio el 19-1-1821; Antonia el 5-5-1824; Josefa el 8-1-1826; Encarnación el 7-5-1828; Bernabe el 10-8-1830 y Tomas el 28-5-1835.

 

Sus Tas-tatarabuelos  Paternos fueron  Antonio Buitrago Navarro  y Juana Antonia Cuadrado Rojo, tubierón a Mateo, Juan (1782) , Julián (1793). 


 

La rama Materna era Jumillana y no dispongo de datos, Los primeros Buitragos  es un Antiquísimo el linaje en la Villa de Mula, pues ya el poder de 1525 fue firmado por Gonzalo y Alonso de Buitrago,no hay muchos con este apellido en esta villa desde el pasado al presente, mas info de la apellido BUITRAGO AQUI

 A los pocos meses la familia se trasladó a Mula ,crece Tomas en las fincas donde su padre fue encargado, de niño y de adolescente estudió música, tocando el saxofón, y fue miembro de la Banda Municipal de Música de Mula. Tras una corta estancia en Alhama de Murcia, vuelve a Mula para trabajar en la finca de Manuel Llanos, de la que llegó a ser encargado. Realiza varios trabajos: fue pocero con el aljibero y también supo lo que era la vendimia francesa. Encargado de la finca Las Braulias y otras, Tomas compaginó estos trabajos, junto a su hermano Paco, dando servicios de fumigación a los agricultores de la zona.

 

De esta iniciativa nace la empresa comercial Agrícola Muleña, empresa referente en el sector de maquinaria agrícola y distribución de fitosanitarios y abonos en el levante español. Junto a Agrícola Muleña destaca, sobre todo, la fundación de la Cooperativa de Frutas y Cítricos de Mula junto a su hijo José María Buitrago, un proyecto arduo por el que Tomas apostó desde el primer día en su afán por crear empleo y riqueza a través del cooperativismo. Durante su presidencia la Cooperativa de Frutas y Cítricos de Mula se ha convertido en una empresa fuerte, expansiva, generadora de empleo estable y que da renombre a la ciudad de Mula. Una empresa solvente que no para de invertir en la mejora de sus instalaciones y los productos que ofrece.

 

Mucho y bueno ha hecho Tomas para haber ganado múltiples premios y reconocimientos, tales como Huertano del Año en 2000; Cooperativista del Año en 2017, o en este mismo año de 2020 en los Premios Agro alimentarios que otorga el Diario La Verdad de Murcia.

 

Y mucho has hecho por la gente de esta tierra para ser uno de los hombres más carismáticos y admirados, un ejemplo para la sociedad.

 

Tomas Buitrago Olivares nombrado Hijo Adoptivo de la Ciudad de Mula. El nombramiento tenía lugar durante la mañana de este sábado 18/12/2021 en un Pleno Extraordinario celebrado en el Refectorio del Convento de San Francisco y donde Buitrago ha estado acompañado de familiares y amigos.

“Hombre de indudables cualidades y tan popularmente unido a esta ciudad”, tal y como resaltaba el alcalde de Mula, Juan Jesús Moreno, durante el acto de nombramiento, “con toda su vida profesional siempre orientada a la mejora de la agricultura y de los agricultores, una tarea a la que lleva encomendado toda su vida, ya que Tomas es un hombre que ama la tierra, el trabajo y que conoce bien las tareas diarias de la subsistencia agrícola y cree firmemente en las posibilidades de dinamización del campo y la huerta acorde con los nuevos tiempos y necesidades”.

 

Ha estado durante más de 30 años al frente de la Cooperativa de Frutas y Cítricos de Mula como presidente, cargo que dejaba hace tan sólo unos meses tras finalizar el proyecto de la Planta de tratamiento BIO que había sido uno de sus objetivos durante los últimos años.

 

 

Su labor en la Cooperativa de Frutos y Cítricos de Mula ha dado a este pueblo una oportunidad grande de trabajo y bienestar, una riqueza que se genera y se queda en el pueblo de Mula, para su gente y muchas pequeñas empresas agrícolas y cooperativistas, “.

 

 

Y todo esto lo ha hecho con la sencillez de los hombres grandes, desde la humildad y el conocimiento”, resaltaba Juan Jesús Moreno quien expresaba que “éste es uno de los momentos más felices de los que me han tocado vivir como alcalde, reconocer a una persona que lo ha dado todo por el pueblo de Mula y que es conocido tanto dentro como fuera de la Región de Murcia por haber mirado siempre a este municipio. Ojala tuviéramos en Mula tres o cuatro Tomas Buitago porque nuestro municipio, y también la Región de Murcia, funcionarían mucho mejor”.

 

FUENTES

Fotos- La verdad- La Opinión

Ayuntamiento de Mula

Antonio Sanchez Maurandi- Familias de Mula. 

 

 Para Mahulalarica.net  por  Angel Garcia.

Ultima Actualización 31/8/2022

 

 

Ha sido un importante ingeniero de caminos que ejerció su brillante profesión intensamente a lo largo de una completa vida activa, y de forma apasionada, espectacular y precisa la de arqueólogo, la de investigador prestigioso en arqueología protohistórica.

Su rigor científico, su concepción analítica del método arqueológico y su ilusión investigadora hacen de el un arqueólogo excepcional, y de toda su amplia obra un conjunto coherente, claro y útil, indispensable a la hora de investigar y base sobre la que hemos seguido trabajando tres generaciones a la hora de interpretar la cultura ibérica, su devenir y sus influencias.

Nacido en Murcia en 1907, donde su padre era médico de renombre (fue el primero de la Región en disponer y utilizar el novedoso aparato de rayos X a principios del siglo XX), se halló siempre fuertemente vinculado a la tierra de sus mayores, la ciudad de Mula, que siguió frecuentando y donde instalaría más tarde su cuartel general de investigaciones arqueológicas, rodeado de su amplia familia y próximo a su yacimiento predilecto, a su área de excavaciones en la necrópolis de EI Cigarralejo.

En esa época, las tareas de campo, la prospección y el análisis general del contexto de lo que actualmente denominamos medio ambiente le induce a la prospección y estudio do los yacimientos arqueológicos del valle fluvial y del trazado del canal, tangentes a sus tareas de ingeniero. Sus trabajos arqueológicos comienzan casi como hobby apasionado de las horas libres, y asi será en sus siguientes sesenta años de vida.Su estancia universitaria en Madrid y sus primeros trabajos como ingeniero le llevan muy joven a afrontar un gran proyecto vinculado al sempiterno y agobiante problema del Sureste español: la sequía. Es ingeniero jefe del proyecto que habrá de materializar una obra decisiva, calificable en su época (los años 30 del siglo xx) de faraónica: la canalización de las aguas del Taibilla, afluente del Alto Segura, para abastecer la ciudad de Cartagena y así garantizar definitivamente la provisión de agua de sus guarniciones, arsenal, astilleros e industrias adscritas a esta plaza fuerte.



Surge el Museo Arqueológico Municipal de Cartagena y se inician los Congresos Arqueológicos del Sureste Español (CASE), que se celebraran sucesivamente en las ciudades mas importantes del territorio: Almería, Cartagena, Elche, Albacete, Murcia y Alcoy, congresos que serían el germen de los posteriores -e ininterrumpidos hasta la fecha- Congresos Nacionales de Arqueología, de los cuales sigue siendo secretario don Antonio Beltrán tras casi sesenta años de existencia dc los mismos. Emeterio Cuadrado Díaz es miembro fundador y primer director del Museo de Cartagena, en donde es tarea primordial la captación y adecuación de un considerable conjunto de materiales -especialmente romanos- procedentes del subsuelo de la ciudad y su entorno y del área submarina inmediata, tareas en que colabora activamente la Armada.Tras el aciago paréntesis de la Guerra Civil española (1936-1939), prosigue sus trabajos profesionales de Ingeniería e intensifica sus actividades, estudio y relaciones en el campo de la arqueología. El ambiente erudito y el interés por el pasado antiguo de Carthago Nova, tan intensos en la sociedad cartagenera, son un interesante factor que facilita sus trabajos e inquietudes, así como también son felices coincidencias el entorno científico y administrativo: en Murcia excavan e imparten docencia don Cayetano de Mergelina Luna y don Gratiniano Nieto Gallo, y es director del Museo Arqueológico Provincial, don Augusto Fernández Avilés; en Elche excava don Alejandro Ramos Folqués, en la Alcudia, cuna de la Dama de Elche, que por esas fechas regresa del Louvre; en Alicante llevan una intensa labor arqueológica el padre Belda y Francisco Figueras-Pacheco; en Villena; don José Maria Soler en Cabezo Redondo; en Alcoy, don Camilo Visedo Moltó; en Almeria, don Juan Cuadrado y en Albacete, J. Sánchez Jiménez. y posteriormente don Samuel de los Santos. En Cartagena, la importante gestión municipal se ve decisivamente potenciada por la presencia de un mecenas de excepción: el Almirante Francisco Bastarreche. Allí, un joven profesor, don Antonio Beltrán, inicia su brillante actividad integrando tan sólido equipo.

En 1945 prospecta el santuario ibérico de El Cigarralejo, un pequeño crestón sobre una costera, al borde del cauce del río Mula, detras del castillo de los Velez, a 4 km al norte de la ciudad. Su excavación y publicación abren perspectivas inesperadas en el ámbito de las religiones mediterráneas prerromanas; su repercusión internacional es intensa y su nombre suena en todos los foros de inmediato.Cuadrado es el perfecto anfitrión, simpático, sincero, generoso y optimista, conocedor y con un vigor que lo mantendrá en primera línea durante los siguientes sesenta años.

En 1947, un desfonde agrícola pone al descubierto la tumba n° 1 de la necrópolis de El Cigarralejo. Lo avisan, prospecta el terreno, lo compra y se inicia la serie de campañas que durarán casi medio siglo.

Su labor en Mula la inicia de forma escrupulosa, ordenada, sistemática. Nada queda como cabos sueltos. Pronto crea series de datos precisos sobre los materiales identificables, surgen los trabajos sobre nuevos tipos de cerámicas, nuevos objetos, nuevas herramientas, nuevas armas. Su labor exhaustiva, su visión moderna de la Arqueología, le lleva al análisis de las pequeñas cosas, a iniciar lo que será, años después, un universo material importantísimo para comprender la cultura ibérica.

También le preocupa la interpretación de los ritos funerarios, el proceso, las sucesivas fases, los modos de enterramiento, las construcciones en el espacio de la necrópolis, las tumbas superpuestas, las fases sucesivas y el caballo de batalla: la cronología. Los materiales importados van a dar, en principio, la clave de la datación, sobre todo las cerámicas áticas; se vuelca en el estudio de las importaciones. No se arredra ante los obstáculos; si hay algo no identificado, si no se ve claro en España, marcha a Inglaterra a buscar la respuesta en el Ashmolean o a Roma, a Atenas, o recurre a sus amigos de Freiburg o de Munich, como si la Arqueología fuese un divertimento infinito al que consagrar las horas libres.

Fruto de esta actividad surge una nueva, sistemática y precisa metodología de excavación de base analítica. Muchas cosas se habían dicho ya en las clases y textos de métodos y técnicas pero aquí se cumplía el método, sin énfasis, funcional, casi con modestia; todo tiene su lugar en el plano, todo esta controlado antes y después de su limpieza, y todo va meticulosamente a su sitio. Sería interesante, conveniente, recrear y publicar su método, tan preciso y que tanto enseñó a arqueólogos -muchos bisoños- que durante más de medio siglo hemos pasado por allí. Y enseñaba como el que no quiere la cosa, como si contase una anécdota intrascendente; y aquí tenemos otro de los importantes capítulos sobre la tarea científica de este hombre que no se dedicó oficialmente a la docencia: su presencia activa y de comunicación en cuanto a las tareas de campo y de laboratorio, siempre con su gran capacidad de trabajo, su grato humor, sus impecables modales y su buena disposición.

Las campanas de excavaciones tenían una fama proverbial para los estudiantes, eran para nosotros la “Meca” de nuestros proyectos de vacaciones. Para los que en los años 70 y 80 tuvimos la suerte de participar en las excavaciones de la necrópolis, la estancia era una traslación a un panorama ansiado, irreal; habíamos pasado el espejo y, al otro lado, nos hallábamos en un escenario especial, con actores, ambientación, luces y atrezzo magníficos.

La casita-almacén que presidía la necrópolis la había construido don Emeterio en el área que excavó en las primeras campañas. La había bautizado el entonces joven investigador Dr. Hermanfried Schubart como El Hotel Necropol en los años 60 y era el cuartel general; allí se guardaban herramientas y utillaje y allí también, disponía las tareas doña Rosario Isasa, su esposa, siempre al pie del cañon, tanto en el yacimiento como en la casa; allí lavaba, incansable y meticulosa, las cerámicas y controlaba hasta el más mínimo fragmento. Y se guardaban las cajas de ir de pic-nic, de madera, grandes, que se abrían de forma casi ritual a la hora del almuerzo, ante todos los miembros de la excavación y que, con los cubiertos, los asientos y un encantador protocolo parecían trasladarnos a una época y a un escenario irreales, como de merienda en una película de ambientación inglesa.

Al atardecer nos ibamos a Mula, a su casa, que se convertía en casa de todos, y doña Rosario, volcada absolutamente en el proyecto que había también suyo, ayudada por Salvadora, nos daba de cenar con una etiqueta exquisita, como si de personas importantes y de su inmensa casa de la calle de Alcalá se tratase. Déspués de cenar, don Emeterio nos llevaba a todos, grandes y chicos, al Picolo, la heladería del centro de Mula, a tomar limonada y, enseguida, a dormir, para estar fresco al amanecer. Y, en la casa, doña Rosario no paraba, incansable pese a sus tareas de campo, con una resistencia de mujer bíblica.Y allí, a la sombra del amplio entoldado, con su sombrero de paja sobre la cinta de felpa de toalla rusa que tanto ponderaba, llegaba ensimismado y comentando el último fragmento de interés, don Emeterio. Presidía de forma ritual la comida de todos, de los jóvenes estudiantes y de los ya ancianos braceros que habían participado en decenas y decenas de campañas. Nosotros, los neófitos excavadores eramos conscientes de donde estábamos; habíamos leído bastantes artículos y la monografía del Santuario, nos había enseñado piezas espectaculares y las urnas; estábamos deslumbrados. Y, ademas, sabíamos que allí, en El Cigarralejo, había estado, en las campañas previas, toda una serie de personalidades, la mayoría de los grandes arquélogos del siglo XX; allí habían conversado, reído y sudado, entre otros, H. Schubart, A. Beltran, M. Tarradell, J. Maluquer, W Schüle, G. Trías, A. Mª Muñoz Amilibia, A. Arribas y G. Nieto.

En los anos 80 llevó a cabo la enorme tarea de montar definitivamente la ingente obra La necrópolis ibérica de El Cigarralejo (Mula, Murcia) (1987), y publicó también La panoplia ibérica de El Cigarralejo (1989), dos corpora de un gran valor y que son obras imprescindibles a la hora de estudiar la cultura ibérica y sus relaciones. En ellas se ponen de manifiesto todas sus cualidades de Arqueólogo y su enorme base de conocimientos. Su formulación, intensa, fue constantemente enriquecida por un permanente contacto con los especialistas en la materia objeto de estudio pero también con sus frecuentes y sistemáticos viajes a museos y centros de estudio de otros países. Su enorme afán por la información le llevó a visitar infinidad de yacimientos centroeuropeos y, sobre todo, mediterráneos y del Próximo Oriente, además de los que corresponden a las grandes culturas del Viejo Mundo y de América.Esas eran las fecundas vacaciones del matrimonio, sin parar un instante. La actividad de don Emeterio y su sistema de trabajo en Arqueología nos ofrecen toda una estructura que fue conformando pieza a pieza a lo largo de su dilatada vida activa. Sus trabajos, precisos y acertados son como sillares que nos muestran un complejísimo mecanismo, una necrópolis en fases superpuestas coronada por un singular santuario en que los diversos objetos tienen un código exacto y muchísimas las fórmulas y soluciones a nuestras preguntas. Además de servir, a modo de instrucciones, las cronologías, las síntesis, las conclusiones y las hipótesis de trabajo más fundadas.

No dejó por ello de visitar los yacimientos modestos en proceso de excavación. Suponía para algunos de nosotros una grata sorpresa verlo aparecer, a media mañana, en la excavación, saludando a todos e informándose puntualmente de los detalles de los trabajos en curso. Compartía nuestro bocadillo, disfrutaba y vivía la actividad del grupo en el yacimiento casi perdido en la sierra.











Jose Miguel García Cano

Pedro A. Lillo Carpio

Virginia Page del Pozo





*Extracto de Emeterio Cuadrado; Obra Dispersa. Murcia 2002 Tomo I. pp 15-20



Excemo. Sr. Dr. D. Emeterio Cuadrado Díaz. Dr. Honoris Causa por la Universidad de Murcia





CURRICULUM VITAE

1907.- Nace en la calle Frenería de Murcia el 9 de Septiembre de 1907.

1923.- Termina el Bachillerato que estudió en el colegio de los Hermanos maristas de Murcia.

En Madrid inicia la carrera de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos.

1931.- Finaliza la carrera de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos.

1932.- Es nombrado Ingeniero Encargado de Obras de la Mancomunidad de Canales del Taibilla, el 17 de Octubre, con residencia en Cartagena. Se le encarga el proyecto y ejecución de las obras del Canal Bajo, 3º trazo y a continuación el 4º trazo, con un total de 20 kms. de canal, en los que se construyen ocho puentes-acueductos, cuatro grandes sifones (destacan el de Argos con 70 m. de desnivel y el de Quípar con 60 m.) y varios túneles, (reseñar el Túnel del Guapero de Bullas, de 3 kms. De longitud).

Contrae matrimonio con Dª Rosario Isasa.

Nace su hija Antonina.

1934.- Realiza el proyecto del IV trozo del Canal Bajo de Bullas y Mula. Nace su hijo Antonio.

1935.- En Cehegín realiza el Segundo Trozo del Canal Bajo.

1937.- Realiza el estudio y diseño del Partidor de Bullas y del gran túnel del Guapero, para enviar las aguas a Cartagena, Alicante y Murcia. Nace su hija Rosario.

1939.- Nace su hija Teresa.

1940.- Es nombrado Ingeniero Jefe de Obras de la Mancomunidad el 16 de Enero de 1940, cargo que desempeña hasta la llegada del agua a Cartagena en 1947.

1941.- Están en plenas obras del Sifón de Argos.

1942.- Nace su hijo Manuel

1944.- Es nombrado Comisario Local de Excavaciones Arqueológicas en Cartagena.

Funda la Junta Municipal de Arqueología de Cartagena. Crea la publicación “Boletín de Arqueología del Sureste”. Promueve la creación del Museo Municipal de Cartagena. Fue miembro fundador de los Congresos de Arqueología del Sureste, de los que llegaron a celebrarse 6 en distintas localidades. Estos Congresos más tarde se convirtieron en los “Congresos Nacionales de Arqueología”.

1945.- Descubre el yacimiento ibérico de El Cigarralejo de Mula. El día 12 de noviembre se le recompensa con la Encomienda al Mérito Civil y Cruz del Mérito Naval de Segunda Clase (con distintivo blanco), un mes más tarde. Nace su hija Fuensanta. Consigue llevar el agua a Cartagena que salió por una fuente colocada en la Base Naval.

1946.- Solicita y se le concede el permiso de excavación en El Cigarralejo.

1947.- Es nombrado Ingeniero Jefe de Obras de la empresa Aguas y Saltos del Zadorra, con residencia en Villarreal de Álava, donde realiza en replanteo completo de todo el sistema de aprovechamiento de los ríos Zadorra y Santa Engracia, dirigiendo durante cinco años la ejecución de las obras, que comprenden las presas y embalses de Urrúnaga, Ullíbarri -Gamboa y Undúrraga.

Inicia el estudio de campo para el aprovechamiento del río Bayas, uniéndolo al conjunto. Los dos primeros embalses se unen con un túnel y se produce un Salto al conducir las aguas de los mismos, mediante un túnel de 11 kms. hasta el valle de Arratia, en el puerto de Barazar, donde se sitúa la central eléctrica del mismo nombre. A la salida de la misma se construye la presa de Undurraga, que deriva las aguas para el abastecimiento del Gran Bilbao.

1948.- Comienza las excavaciones en la necrópolis ibérica de “El Cigarralejo” de Mula.Es nombrado Comisario Local de Excavaciones en Álavay allí trabaja con la Sociedad Excursionista “Manuel Iradier” de Vitoria.

1951.- Ingresa en el Canal de Isabel II el 18 de Febrero, como Jefe de la 6ª Sección, al cargo del Servicio de facturación y de las obras de la Presa de Riosequillo, redactando el proyecto de su aliviadero y dirigiendo las obras hasta su terminación. Crea el Gabinete de proceso de Datos con un primer equipo de IBM.

1954.- Es nombrado miembro del Deutches Archaeologisches Institut el 9 de Diciembre.

1955.- Miembro de la Asociaçao de Arqueólogos Portugueses, aprobado en la asamblea celebrada el 16 de Mayo.

1964.- Asciende a Ingeniero Jefe de Segunda del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos el 24 de Noviembre.

Es encargado del proyecto y obras del Canal del Oeste, que conduce las aguas del Canal de Jarama, hasta el Depósito de El Plantío y su terminación en el Depósito de Retamares.

1966.- La Junta General Calificadora le concede el título de Doctor Ingeniero el 15 de Diciembre.

1967.- Se le concede la Encomienda de Número de la Orden del Mérito Civil el 18 de Julio. Se encarga de la dirección del proyecto y obras del aprovechamiento del Sistema Guadarrama/Aulencia, que suponía la construcción de las Presas del Guadarrama y Valmayor, trasvasando las aguas del rimero de estos ríos, por un difícil túnel, al embalse de Valmayor en el río Aulencia y la conducción forzada del agua hasta la estación de tratamiento situada en Majadahonda.

Se encarga de las obras de conservación del sistema de aprovechamiento del Alberche, con elevación forzada de las aguas en Picadas.

1968.- Funda y Preside en Madrid la ” Asociación Española de Amigos de la Arqueología”, que edita un Boletín Anual.

1975.- Es nombrado Jefe del Departamento de Proyectos y Obras del Canal de Isabel II el 11 de Mayo, donde presta sus servicios hasta su jubilación. De este año son las siguientes obras: La Presa de las Nieves; El Tunel, la Presa y Depósito de Valmayor; la Conducción Valmayor – Majadahonda.

1977.- Se jubila, lo que le permitirá dedicarse plenamente a la arqueología.

1979.- A petición de la Delegación del Gobierno en el Canal de Isabel II, se le concede la Encomienda con Placa de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio el 23 de Junio.

El Excmo. Ayuntamiento de Mula le dedica una calle en esta ciudad.

1981.- Es nombrado Hijo Adoptivo de Mula el 4 de Noviembre, siendo Instructor D. Ginés Perea Ayala.

1985.- Es investido el 9 de Mayo Dr. Honoris Causa por la Universidad de Murcia, encargándosele a la Dra. Dª. Ana María Muñoz Amilibia (sumadrina) el Discurso de Presentación.

1986.- Propuesta definitiva de donación de la Colección arqueológica de El Cigarralejo al Estado el 1 de Junio de 1986.

1988.- Última campaña de excavaciones en la necrópolis de “El Cigarralejo”.

1989.- El Estado acepta la Donación realizada por D. Emeterio Cuadrado y se crea el Museo Monográfico de “El Cigarralejo” por la Orden Ministerial de 21 de Abril de 1989.

Muere en Madrid Dª Rosario Isasa, su esposa y más fiel colaboradora durante los cuarenta años que duraron los trabajos de campo en la necrópolis ibérica de “El Cigarralejo” de Mula.

1991.- Recibe un Homenaje de la Asociación Española de Amigos de la Arqueología de Madrid y le dedicaron los nº 30-31 de su Boletín.<

1993.- Inauguración del Museo Monográfico de El Cigarralejo en Mula por parte del Ministerio de Cultura el 11 de Mayo. El proyecto arquitectónico del nuevo museo es obra de D. Manuel Cuadrado Isasa y el museográfico del propio Emeterio Cuadrado ayudado por Virginia Page, Carlos García Cano y Elena Ruiz.

Homenaje del Colegio de Ingenieros de Caminos Canales y Puertos el 17 de Septiembre por su dilatada labor en el campo de la arqueología.

Miembro Fundador de la Asociación Patrimonio Siglo XXI.

1995.- Interviene en la Fundación del Centro de Estudios Históricos e Investigaciones Locales de la Región de Murcia.

1999.- Homenaje de la Comunidad Autónoma de Madrid el 24 de Enero.

2002.- Muere en Madrid el 12 de enero.

Recibe el “Homenaje Anual por la Defensa y Conservación del Patrimonio” por parte de la Asociación Patrimonio Siglo XXI de Murcia. Homenaje de la Asociación Española de Amigos de la Arqueología de Madrid en El Museo de El Cigarralejo, con el descubrimiento de una placa conmemorativa y Un medallón de bronce del escultor Julio Hernández, que representa a D. Emeterio, donado por el Museo Regional de Madrid. 16 de Marzo.

Nombrado Hijo predilecto de la Región de Murcia a título póstumo por parte de la Comunidad Autónoma de Murcia el 9 de Junio.

Homenaje de la Fundación del Centro de Estudios Históricos e Investigaciones Locales de la Región de Murcia el 27 de Junio.

Finalmente, mencionar que también fue miembro del Instituto di Studi Liguri, del Patronato del Museo Arqueológico Nacional y del Comité Ejecutivo de los Congresos Arqueológicos Nacionales.

 

ULTIMA ACTUALIZACIÓN- 25-8-22

 

El poblamiento del Cerro de la Almagra se remonta a la Prehistoria. Su inicio, posiblemente motivado por su gran potencial geoestratégico podría asociarse a la cultura argárica, aunque todavía no se han encontrado restos de cerámica que prueben esa vinculación. De una etapa posterior se han hallado restos de tradición ibérica situados en el siglo I a.C.

La tercera etapa de la Almagra, asociada al mundo romano, es el momento más conocido de la vida del Cerro, aunque la mayor parte de los materiales recuperados corresponden a su final y al período posterior, entre los siglos IV y VI d.C.

Con la caída del Imperio Romano y la instauración del gobierno visigodo La Almagra, junto a ciudades como Begastri o Carthago Nova, pasó a formar parte de este nuevo reino. La Almagra con la llegada de los visigodos pasó a funcionar como punto defensivo en la frontera con los bizantinos, que ya habían pasado a dominar buena parte del sudeste peninsular. Esta época se caracterizó por una conflictividad continua, que posiblemente motivara el refuerzo que presenta la muralla del yacimiento.

En el 711 con la conquista musulmana de la Península Ibérica se inició el proceso de decadencia de la Almagra, aunque esta junto a otros 6 núcleos urbanos conservó ciertos privilegios gracias al Pacto de Tudmir, que establecía su mantenimiento a cambio del pago de un tributo anual en especie y en metálico.

Gracias a este Pacto se inició para la Almagra una nueva etapa en la que el núcleo urbano se fortificó convirtiéndose en una de las fortificaciones islámicas más antiguas de Murcia, datada por algunos autores en el siglo VIII d.C.

 

Lentamente la población fue abandonando la ciudad descuidando el mantenimiento de los edificios y la muralla fue destruida. Con el abandono de La Almagra se fue formando un nuevo núcleo urbano bajo el actual casco urbano de Mula, produciéndose el abandono definitivo del cerro en el siglo IX d.C, pasando sus ruinas a actuar como materiales de construcción de los nuevos edificios de Mula, la Puebla y Los Baños.

Aunque a pesar de su abandono progresivo, el Cerro mantuvo su importancia estratégica hasta el siglo XIII d.C con la incorporación del Reino de Murcia a la Corona de Castilla.

 

El yacimiento se encuentra situado en un cerro localizado en el margen izquierdo del río Mula, a unos 5 kilómetros al Este de la ciudad de Mula, y a unos 500 metros en línea recta al Oeste de la pedanía de los Baños. Al Sur, la ciudad de la Almagra cae a pico sobre el río desde los 60 metros de altitud. En esta zona también pueden verse unas cuevas de difícil acceso. El lado sureste del cerro fue utilizado como cantera, lo que explicaría su aspecto desmontado y aterrazado. Este punto también debió presentar esta apariencia durante la vida de la ciudad. Y, por último, la ladera norte presenta una pendiente que tiende a suavizarse de Oeste a Este. En conjunto la altitud media del yacimiento es de unos 276 metros.

El asentamiento de la Almagra destacó por sus condiciones naturales que lo hicieron prácticamente inexpugnable en algunos puntos, especialmente los más próximos al río Mula. Por este motivo la mayor parte de las estructuras enfocadas a la defensa se situaron en los puntos de fácil acceso a la ciudad.

En la parte Norte del yacimiento, orientados de Oeste a Este aparecieron los restos de una gran muralla casi completamente arrasada, aunque sus últimos 50 metros se mantienen en muy buen estado de conservación.

 

Según Gratiniano Nieto, uno de los profesionales que trabajó sobre el yacimiento, la muralla» estaba hecha de grandes piedras informes, entibadas por otras más pequeñas, trabadas con argamasa. Aunque durante la excavación de la muralla aparecieron bloques muy trabajados y posiblemente también estuviera compuesta por grandes sillares procedentes de edificios arruinados o desmontados, como lo probaría la aparición de algunos de ellos caídos junto a la parte externa de la muralla.

También se han hallado evidencias de la existencia de 4 torres de planta cuadrada de al menos 4’5 metros de lado que estaban separadas entre sí por unos 7 metros de muralla. Estas estructuras estaban situadas en la parte oriental del lado norte del yacimiento y se encargaban de proteger la entrada a la ciudad. Se concentraron en este punto debido a la función de acceso al recinto de la entrada y por la curvatura que ejerce el terreno en esta zona hacia el interior del yacimiento haciendo este punto especialmente vulnerable sin las torres. Según Matilla Séiquer,G. y Pelegrín García, I. posiblemente existiera otro torreón más del que apenas se han conservado restos debido a la explotación de la cantera y el trabajo de las máquinas para adecuar el acceso al interior del recinto amurallado.

Estos autores sitúan la Acrópolis al este de la entrada al recinto fortificado. Esta se encontraba situada en la zona más accesible del yacimiento. Característica que explicaría el gran volumen de construcciones realizadas en este lugar. Estas llegaron a tal punto que actualmente estando barridas las demás estructuras defensivas los muros de esta zona se conservan casi íntegros.

La ciudad contaba con una superficie aproximada de 45000 metros cuadrados, con notables edificios públicos y privados, además de numerosas viviendas de menor entidad de las que quedan visibles grandes montones de piedras dispersos por el cerro. Algunos de ellos compuestos por fragmentos reutilizados en otras construcciones.

En las prospecciones por la meseta se encontraron restos como: fragmentos de fuste de columna, un sillar con un gatillo y una imposta. Pueden verse algunos ejemplos de reutilización de estos restos en lugares como la Ermita Vieja y otros lugares de la pedanía.

La primera mención al yacimiento la hizo D. Eulogio Saavedra Pérez de Meca en una carta escrita a sus padres en 1857 y ya hacia las últimas décadas de este siglo se escribieron noticias referidas a la aparición de materiales arqueológicos en esta área, como las de Nicolás Acero y Abad.

Un siglo más tarde, en 1959, apareció la publicación de la obra del padre franciscano Pablo Manuel Ortega, primera referencia escrita del Cerro de la Almagra. Habría que mencionar también a D. Gregorio Boluda del Toro que en una obra inédita fue el primero en separar el yacimiento de la Almagra del de la zona del Arreaque, el cual pasó a llamarse Villaricos por D. Emeterio Cuadrado Díaz, en 1950. Y a partir de la obra del franciscano empezaron aparecer menciones del yacimiento y los hallazgos allí realizados en las historias escritas sobre la ciudad de Mula.

Habría que destacar entre los trabajos referidos a este asentamiento el de Matilla Séiquer y Pelegrín García en los que se plantearon seriamente, por primera vez, la identificación de la Almagra con la Mula de Tudmir.

 

Se empezó con la Prospección en el año 1996, después ha habido varias campañas en los años 97,98,99,2000,2001.

 

Bibliografía

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, R., AMANTE SÁNCHEZ, M., RICO SÁNCHEZ, M. T., CRESPO ROS, M. S. y FERNÁNDEZ MATALLANA, F. (1994): «Placas de cinturón y jarro votivo visigodo del cerro de La Almagra (Mula, Murcia)», Antigüedad y cristianismo: Monografías históricas sobre la Antigüedad tardía 11, pp. 295-305.

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, R., CRESPO ROS, M. S. y FERNÁNDEZ MATALLANA, F. (1997): «La cerámica tardía realizada a mano hallada en superficie en el Cerro de La Almagra (Mula, Murcia). Campaña de 1996», Antigüedad y cristianismo: Monografías históricas sobre la Antigüedad tardía 14, pp. 619-642.

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, R., CRESPO ROS, M. S. y FERNÁNDEZ MATALLANA, F. (1999): «Novedades del yacimiento del Cerro de la Almagra», en XXIV Congreso Nacional de Arqueología (Cartagena, 1997), Vol. 4, Murcia, pp. 239-244.

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, R. y FERNÁNDEZ MATALLANA, F. (1998): «El cerro de La Almagra. Mula, ciudad del Pacto de Teodomiro», en Congreso de Ciudades Históricas Vivas, Ciudades del Pasado, Pervivencia y Desarrollo (Mérida, 1997), Extremadura, pp. 33-36.

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, R. y FERNÁNDEZ MATALLANA, F. (2007): «Nuevas placas de cinturón procedentes de la ciudad visigoda del Cerro de la Almagra (Mula, Murcia)», Mastia: Revista del Museo Arqueológico Municipal de Cartagena 6, pp. 165-179.

NIETO GALLO, G. (1946): «Dos yacimientos arqueológicos en la provincia de Murcia. El Cerro de la Almagra (Mula) y la Encarnación (Caravaca)», Boletín Arqueológico del Sudeste Español 4-7, pp. 300.

PELEGRÍN GARCÍA, I. y MATILLA SÉIQUER, G. (1985): «El Cerro de la Almagra y Villaricos: Sobre el poblamiento urbano y su entorno en los siglos de la antigüedad tardía», Antigüedad y cristianismo: Monografías históricas sobre la Antigüedad tardía 2 (Ejemplar dedicado a: Del Conventus Carthagineiensis a la Chora de Tudmir. Perspectivas de la Historia de Murcia entre los siglos III – VIII), pp. 281-302.

 

Ultima actualización 30/08/2022

para Mahulalarica.net por Angel Garcia.

 

VIDEOS

 

 

MAS INAGEMES DEl YACIMIENTO DE LA ALMAGRA

 

La casa de las garitas

Situada a ( 8 Kilómetros de Fuente Librilla y a 12 de Mula en el paraje de la Retamosa, hay una Ermita y una casa fortificada de gruesos muros y 2 garitas con aspillera,una de ellas destruida. Conocida por la Casa de las Garias, de vuelve al viajero una imagen de mediado el siglo XIX, cuando los bandoleros asaltaban las cortijadas y los propietarios construían garitas para prevenir el peligro y repeler las agresiones.

 

Cerca de la Casa se encuentra la aldea de Gebas,caserío en diseminado nacido alrededor de cada una de las fuentes que allí brotaban, y al fondo, sobrecogedores , los barrancos de Gebas,espacio natural protegido desde 1995,ceñido por tres sierras , de espuña, La Muela y la del Cura ,drenando por la rambla de Algeciras.

 

Tanto la casa como la ermita estado muy precario con parte de la techumbre hundida,la casona todabia guarda cierto porte, y no se ha perdido el color almagra de la fachada.

La casa es una edificación simple de dos alturas y cámara. La fachada principal tienes dos puertas en planta baja y dos balcones en la superior, mientras que la cámara tiene dos vanos a modo de tragaluz. En el resto de la casa, las ventanas están enrejadas. Disponía de cuadra y corral para el ganado. Aún conserva la pintura original de rojo almagra. Construida con materiales pobre, sobre todo el mortero, no ha podido resistir el paso del tiempo y abandono, desde los años sesenta.

 

La ermita es una simple nave a dos aguas de unos 13×8 m orientada de este a oeste. La fachada principal, en la parte este, no presentaba ninguna ornamentación destacable, tan solo la puerta de ingreso de arco de medio punto. Un simple campanario a modo de espadaña remataba la fachada. La campana debió ser de poca envergadura, aunque suficiente para llamar al culto a los pocos fieles que habitaban aquel tranquilo paraje de labriegos y pastores.

A Luis de Lesmas, militar de alta graduación,se le debe su edificación probablemente a mediados del siglo XIX,la ermita se construyó en 1904, según reza en el interior y cuando venían los propietarios oficiaba misa el párroco de Fuente Librilla.

Estas tierras se extienden entre Gebas y Pliego y son conocidas por la Retamosa,tierras de secano,propicias para el pastoreo y el cultivo de Almendros,Olivos,Higueras.

 

La finca mas de 400 hectareas y la casa de las Garitas la heredó Josefina,una hija de Lesmas fallaecida en 1904, a temprana edad, tras la muerte la muerte de su esposo Luis Hilla, que la disfruto hasta 1955,paso a ser propiedad de sus sobrinas Angelita,Josefina y Concepción Hilla, madre del torero Manuel Cascales.

Hoy la casa de labor es propiedad de Emilio y María Martínez Andreu, pastores que llegaron a la Retamosa hace mas de medio siglo,casaron ella con 19 años y el con 25 en la Parroquia  Nuestra Señora del Rosario de Fuente Librilla, estuvieron casados mas de cuarenta años,María enviuda y le da el ganado a su nieto,que ahora vive en Pliego. El la sigue la herencia de su abuela,recorriendo con las seres las 200 has de monte que tiene en propiedad porque las consiguió en una subasta.

 

También hay cortijadas con garita en la Comarca del Rio Mula, así como la casa del Cojo Toro-Cajitan y otra muy cerca de alli

 

 

 

Bibliografía y Documentación

 

José María Galiana- Evasión-La verdad

Manuel Águila Guillen- Patrimonio Cultural

 Aurora Lema- Patrimonio Cultural

Juan Gutierrez Gárcia- Mula Blog

 

por Angel Gárcia para Mahulalarica.net

Ultima actualización 17/08/2022

 

 

MAS INAGEMES DE LA CASA DE LAS GARITAS

 

La Almoloya se encuentra ubicada entre los municipios de Pliego​ y Mula en el centro de la Región de MurciaEspaña. El cerro que le da nombre cuenta con una altitud de 561 metros y una superficie total de 3.800m&³2; con una estructura caliza, plana y llana, junto a amplios campos forestales (40% de la superficie total) y parajes de vegetación natural. El terreno posee importantes barrancos, como también numerosos cerros y cadenas montañosas que superan los 500 metros de altitud, desde el que se goza de un amplio dominio visual de gran parte de la Comarca del Río Mula.
Geológicamente, La Almoloya se presenta como un cerro testigo de un amplio sinclinal. Su masa es parte de un potente banco calizo desaparecido en los contornos, perteneciente a las formaciones eocenas, constituidas principalmente por conglomerados y calizas nummulíticas.3​ El camino y subida a la Almoloya está situado en dirección sudoeste, el ascenso al cerro, es muy complejo pues presenta varios desniveles y además de ser estrecho por lo cual solo permite el ascenso de una persona a la vez.
El acceso al agua se obtenía por manantiales cercanos como La Portuguesa (a 2100 metros), las Anguilas (a 2200 metros) y Fuente la Higuera (a 3300 metros).
 Fue, seguramente, uno de los más importantes asentamientos de la cultura argárica. Sus restos están situados sobre un cerro allanado que domina un extenso terreno de monte bajo. Se trata de un emplazamiento estratégico privilegiado que favoreció su ocupación durante más de 600 años, entre 2200 y 1550 a.C. El yacimiento fue dado a conocer en 1944 por Emeterio Cuadrado y Juan de la Cierva.
Los descubrimientos realizados en el lugar, desde el inicio de las intervenciones en 2013, dentro del marco del Proyecto "La Bastida", indican que La Almoloya era un centro político - administrativo de concentración de riqueza de primer orden dentro del territorio político de El Argar. Los resultados, sin lugar a dudas, arrojan nueva luz sobre la política y las relaciones de género en una de las primeras sociedades urbanas de Occidente.
Se han logrado descubrir ciertas estructuras como complejos residenciales, edificios, además de hogares ceremoniales y múltiples podios. Muchas de las estructuras y paredes se encontraron con pintura que hacía alusión a un estilo Argárico basado en diseños con motivos geométricos; como lunares, rayas, círculos, triángulos y además diseños naturalistas.
En cuanto a formas simbólicas, en las excavaciones, apenas unas cuantas piezas pueden clasificarse como figuras o representaciones y, en todos los casos, se trata de piezas pequeñas de barro muy sencilla, que suelen representar a bovinos. Además, de unos pocos diseños sencillos en recipientes de cerámica, sólo con motivos geométricos.
Se logró descubrir una cisterna de abastecimiento de agua de forma ovalada, que pudo contener hasta 12.000 litros de agua, sus muros estaban recubiertos por espesas capas de arcillas y margas que servían como impermeabilizantes.
Entre sus restos ha podido documentarse una trama urbana única durante su fase de apogeo. El lugar estuvo densamente ocupado por varios complejos residenciales de unos 300 metros cuadrados, formados por entre ocho y doce habitaciones cada uno, distribuídos entre angostas calles y drenajes. Entre los distintos ámbitos se ha podido constatar la existencia de una amplia sala de reuniones o audiencias especializada en el ejercicio del gobierno, desde la que, sin duda, se regiría la vida de muchas otras comunidades de la región. Este espacio en cuestión, de techos altos y unos 70 metros cuadrados, tendría capacidad para unas 64 personas sentadas en los bancos que se adosan a sus paredes y está dotado de un gran hogar ceremonial y un podio de carácter simbólico. Este hallazgo supone una revolución en los contextos de la Edad del Bronce de Europa Occidental.
En La Almoloya, los enterramientos presentan dos formas de inhumación: en cista y en urna. Durante el recorrido de investigación arqueológica y excavaciones, se constató la presencia de aproximadamente 76 tumbas entre individuales y dobles situadas en el subsuelo de las viviendas. Entre ellos 55 adultos, 33 mujeres y 22 varones, además de 28 infantes en fases tempranas de edad.
En las excavaciones de 2014 se pudo dar cuenta del entierro 38, dentro de la Sala de audiencias o edificio del palacio, en el interior de una urna se localizaron los restos de una pareja de alto estrato social. La mujer a la que se llama la 'Dama de la diadema' de 25-35 años de edad, con múltiples ofrendas funerarias que incluyen piedras semipreciosas y objetos de oro, plata y cobre.
El cráneo de la mujer tenía colocada una diadema de plata, un objeto emblemático, que representa materialmente (symbolon) ideas o valores sociales, exigiendo alguna forma de respeto.8Además objetos como dagas, dilatadores insertados en los lóbulos de las orejas (que implican una técnica de forja completa), así como también, anillos, cadenas y vasos de cerámica con incrustaciones de láminas de plata.
El trato que se le dio y los materiales que la acompañan, con marfil, ámbar y plata de cientos de kilómetros, parece indicar que no sería solamente la jefa de un poblado, sino una autoridad política de un territorio.

En todos los casos, los cadáveres se presentan encogidos en la postura clásica, con los brazos doblados y pegados al cuerpo, con las piernas también dobladas y las rodillas junto al mentón, en posición fetal.
El examen científico de varios esqueletos sugieren que el cabalgar fue una actividad masculina habitual, y también que realizaban una intensa actividad física con el brazo derecho. Los varones de la clase dominante manejaban armas de bronce o cobre, como espadas. Por otro lado, se detectó evidencia de que algunos padecían enfermedades infecciosas pulmonares.

En cuanto al origen de los metales utilizados, se considera que la mayor parte de la materia prima se extrajo en minas situadas en Sierra Morena, a 300 km de distancia.
Se piensa que la sociedad argárica desapareció, por una mala gestión de sus recursos naturales,10​ a causa de un desastre ecológico causado por el hombre que tuvo mucho que ver con la deforestación a la que sometieron a esta zona.
 
 
Por Angel Garcia  para Mahulalarica.net
 
Ultima actualización 15/08/2022 
 
 
 
 
 

 
 

 VISTAS DEL YACIMIENTO

 



 

TUMBA DE LA REINA-VISITA EL MUSEO CIUDAD DE MULA