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Mula: el patrimonio como identidad y motor de desarrollo

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En los últimos años se suceden, con frecuencia, noticias sobre la recuperación de monumentos y hallazgos arqueológicos en Mula. Esto no solo se debe a la inmensa riqueza cultural del municipio, sino también a una inercia positiva que le ha hecho saltar a la prensa nacional e internacional, con noticias como el sarcófago visigodo de Los Villaricos. Los muleños y muleñas han asumido que su conjunto histórico-artístico es algo vital en su futuro, la base de un turismo sostenible, ligado a sus virtudes como destino de interior. El hecho de que Mula y otras localidades del interior de la Región de Murcia conserven los mejores cascos antiguos se debe a varias razones. En primer lugar, su orografía. Caravaca de la Cruz, Cehegín, Moratalla o Jumilla se asientan sobre cerros fortificados, ocupados desde época muy antigua, en los que es inviable ejecutar grandes avenidas o edificios. También influye el tardío desarrollo económico, que ha evitado hacer tabla rasa como en muchas localidades de zonas con mayor renta per cápita (la Vega del Segura o la costa), donde la expansión de los servicios, el turismo o la industria aniquiló buena parte de sus cascos antiguos. Este atraso del interior, de economía aún hoy más agropecuaria, es una cuestión compleja. Por un lado, conlleva envejecimiento y despoblación, falta oportunidades para los jóvenes. Por otro, no necesita arrasar su casco antiguo para satisfacer la necesidad de nuevos barrios, que han surgido en las zonas llanas, fuera de los barrios históricos.

 

Cartagena y Lorca también han hecho del patrimonio uno de sus estandartes en las últimas décadas, por medio de consorcios turísticos que promocionan lo más relevante de ambas ciudades. Arqueología romana, fortalezas y Modernismo en el caso de la ciudad portuaria. Medievo, Renacimiento y Barroco en el caso de la ciudad del Sol.

 

Mula, un municipio de 17000 habitantes, conserva un conjunto de palacios, iglesias y conventos que han sobrevivido a desamortizaciones, guerras y apertura de nuevos viales. Eso da idea de su pasado esplendor, ligado a su condición de cabeza del marquesado de los Vélez, la única gran casa aristocrática del reino de Murcia (con dominios también en las comarcas almerienses del Almanzora y la Sierra de María), sin olvidar la elevada proporción de familias hidalgas que la habitaron. Algo infrecuente en el reino de Murcia, salvo en su capital y localidades como Caravaca y Cehegín. Esta condición de villa noble propició la edificación de ricos inmuebles religiosos y civiles, y el encargo de obras a artistas relevantes como Mateo Gilarte o Francisco Salzillo, entre otros. A ello debe unirse la enorme riqueza arqueológica de un alfoz que se extiende por más de 600 kilómetros cuadrados, con yacimientos de primero orden: hombre de Neanderthal (Cueva Antón), pinturas rupestres (abrigo de El Milano, patrimonio de la Humanidad), íberos (poblado y necrópolis de El Cigarralejo), romanos (villa de Los Villaricos), musulmanes (Castillo de Alcalá, en la Puebla de Mula).

Castillo de Mula visto desde la Plaza del Ayuntamiento y Torres del Reloj y de la iglesia de San Miguel.

 

 

La iniciativa ciudadana de Mula por su Castillo ha impulsado la recuperación para la propiedad pública de la mejor fortaleza renacentista de la Región de Murcia. Erigida por Pedro Fajardo, primer marqués de los Vélez, tras la guerra de las Comunidades, con el fin de sojuzgar a la levantisca oligarquía muleña. Ha pasado de símbolo de opresión señorial a principal emblema cultural del municipio. En manos particulares y abandonado a su suerte, el Ayuntamiento lleva años comprando diversos lotes y ahora ha iniciado el proceso de expropiación, por falta de mantenimiento de los últimos propietarios privados que se niegan a vender su parte. Un ejemplo a seguir para muchos bienes protegidos de la Región y otros lugares, que desaparecerán por falta de cuidados e inversión.

 

El Convento de San Francisco acoge el Museo de la Ciudad de Mula, de reciente creación. En vez de encargar una nueva obra faraónica, el Ayuntamiento compró el antiguo cenobio barroco y la iglesia (desamortizados) a sus propietarios. Se recuperó así uno de los inmuebles más extensos de la villa, dotándolo de una función cultural. El museo acoge un repaso de la historia de Mula y su comarca, con piezas excepcionales desde la Prehistoria hasta el siglo XX. Entre ellas, destaca el ajuar de la tumba principesca del yacimiento argárico de La Almoloya (Pliego), que pudo haber terminado en el Museo Arqueológico de Murcia de no ser por la movilización encabezada desde Mula. También el citado sarcófago visigodo de Los Villaricos, así como elementos de su almazara, la mayor de toda la Hispania romana.

 

La sacristía de la parroquia de San Miguel acoge la colección de pintura de la familia La Canal-Blaya. Conserva obras de los siglos XVI al XX. Otro espacio antiguo con uso cultural.

 

Antes Mula ya destacaba por dos museos ubicados en antiguas mansiones dieciochescas. El Cigarralejo, primero museo monográfico dedicado a los íberos, que ocupa el palacio del marqués de Menahermosa, siendo de gestión autonómica. En cuanto, a la Casa Pintada se ubica en el antiguo palacio de los Blaya, Molina, Piñero y Valcárcel, con una espectacular fachada de blasones esgrafiados. Acoge exposiciones de arte contemporáneo de la Fundación Cristóbal Gabarrón.

 

Retos pendientes de abordar son, en primer lugar, recuperar los bienes expoliados por las monjas clarisas que abandonaron el Real Monasterio de la Encarnación, llevándose esculturas, pinturas, orfebrería y demás arte mueble a otra comunidad autónoma, sin los permisos preceptivos. Después de años recibiendo dinero público para mantener el convento y restaurar sus piezas, pusieron pies en polvorosa. Los restos del palacio del marqués de los Vélez, en el barrio de Santo Domingo, que en su día fuera el de mayor extensión de todo el antiguo reino de Murcia, precisan una recuperación y puesta en valor. Aunque sus huertos fueron urbanizados, quedan restos de uno de sus patios, varios salones y la capilla. Hace pocos meses el Ayuntamiento compraba la antigua torre de la Puebla de Mula, atalaya de origen medieval que después sirvió como ermita. Recuperada también de manos particulares, será restaurada.

Fachada de la Casa Pintada y Capilla del palacio del marqués de los Vélez.

 

La ciudadanía muleña ha asumido la importancia de su pasado colectivo para construir un futuro más sostenible, que educará a las nuevas generaciones, además de generar valor añadido y atraer a aquellos turistas que visiten Mula y su comarca. Los motivos son diversos: Sierra Espuña, Vía Verde del Noroeste, baños termales, Semana Santa (con tamborradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad), Romería del Niño del Balate, patrimonio monumental, gastronomía…

Ojalá que en el resto de la Región de Murcia se tomase buena nota: molinos de viento del Campo de Cartagena, monasterio de San Ginés de la Jara, barco fenicio de Mazarrón, cotos mineros de La Unión y Mazarrón, Monteagudo, acequias de la huerta… Si Mula lucha por su patrimonio buscando financiación autonómica, estatal y europea, el resto de municipios y la Consejería de Cultura deben seguir su estela de forma urgente.

 

FUENTE:

Raimundo A. Rodríguez Pérez Profesor Titular de Didáctica de las Ciencias Sociales (Universidad de Murcia)

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