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Mié, Jul
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DºJuan del Baño Bastida, Músico y Poeta

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Don Juan del Baño Bastida, músico y poeta

 

El 3 de marzo de 1941, don Juan del Baño Bastida escribía a su amigo Elíseo Val cárcel,

residente en Albacete, lo que sigue: Por fin, a los veintidós meses, han resuelto mi expediente

de depuración, y desde primero de febrero estoy incorporado a mi cargo de este Ayuntamiento (1)

Como tantos españoles del momento, don Juan había tenido que demostrar que no había colaborado con los republicanos durante la guerra civil y que no representaba peligro alguno para el régimen surgido de una lucha fratricida que había durado 32 meses, había enlutado el país, forzado a docenas de miles de sus habitantes a abandonarlo por mar, tierra y aire, y llenado cárceles y campos de concentración en España y Francia.

 

La corporación concejil aceptó su cese en el empleo de oficial mayor, acordada dos días antes, en

la sesión de cinco de abril de 1939, por no hallarse al frente de sus destinos y reintegrado a su puesto. En la del 21 del mismo mes fue designado don César Portillo Marín de Espinosa juez instructor de las depuraciones de funcionarios municipales, mientras se daban ocho días de plazo para que los expulsados presentaran sus respectivas declaraciones. En la del 17 de mayo dice

el señor Portillo que ha decidido incoar expediente, entre otros, a don Juan del Baño (2)

, mientras algunos de sus compañeros, libres ya de culpa, iban reincorporándose a sus destinos. Dejo aquí este punto, sobre el que volveré más adelante, para presentar la atractiva figura del señor del Baño y explicar por qué lo traigo a colación en este Congreso.

 

 

Nuestro biografiado nació en la villa de Mula el 2 de enero de 1891. De sus primeros años poco se sabe, aunque puede colegirse que aprendió a leer y escribir con algunos de los maestros que tenían escuelas abiertas en la localidad y vivían de las igualas de sus alumnos y de las pocas pesetas que podía pagarle el Ayuntamiento, cuando las abonaba… Sí estoy seguro de que asistió al colegio de segunda enseñanza Niño Jesús de Belén, abierto en 1888, que contaba con un buen plantel de profesores y preparaba a los alumnos para examinarse por libre en el instituto Alfonso X el Sabio de Murcia capital. Música aprendió con el director de la Banda Municipal de Mula, don Julián Santos Orgilés, fallecido en enero de 1909, al que Jesús Espín ha dedicado un interesante trabajo en una

obra colectiva (3)

 

Se empapó tan bien de sus enseñanzas y amó tanto el arte de Euterpe que, en la década de 1920, era tenido por el mejor violín de la provincia de Murcia.

Curioso por naturaleza, trabó amistad con el erudito y poeta don Gregorio Boluda del Toro (Mula, 1865-1939), gran estudioso del pasado de la ciudad, con el que aprendió a amar la historia y las tradiciones locales. En su corta, pero escogida biblioteca, leyó a los clásicos y a los románticos, los autores favoritos de Boluda, quien firmaba sus trabajos con el pseudónimo de Gebete (4)

 

Perteneciente al reemplazo de 1912, don Juan fue excluido temporalmente del servicio militar, pero, en julio del año siguiente, fue declarado soldado útil y, el primer día de enero de 1914, alistado en el Regimiento de Infantería del Rey nº 1. El 18 de marzo, luego de haber jurado bandera, pasó con su compañía a Tetuán, donde, en diversas posiciones de los alrededores, sostuvo combate con el enemigo y salió ileso de ellos. El 8 de enero de 1916 marchó a Ceuta para, al día siguiente,embarcar para Málaga. El 11 estaba en Madrid y el 10 de abril en Mula con permiso de tres meses. Vuelto a Madrid, partió de nuevo para Mula el 23 de agosto, donde fue licenciado definitivamente (5)

 

Además de excelente músico, don Juan era poeta desde la cuna. El contacto con Boluda del Toro debió de enriquecerlo y, bajo su cuidado, fue hilvanando estrofas, de tal modo que se conservan, dispuestos para la edición, dos volúmenes con hermosas composiciones en un archivo particular de Mula. El primero, fechado en 1916, lleva el título de Mis primeros versos, versos que están escritos en el reverso de modelos de impresos del Estado Mayor del Ejército de Operaciones en Marruecos, por lo que puede colegirse que todos o una parte significativa fueron redactados durante sus años de soldado en África.

 

Poco más de un año después de volver del servicio militar, el 4 de noviembre de 1917, veía la luz el periódico Heraldo de Mula, del cual fue director nuestro biografiado. Pese a que se subtitulaba Semanario independiente defensor de los intereses del distrito y a asegurar que no estaba adscrito a opción política alguna, según se dice en el artículo Nuestro saludo, inserto en el número primero, fue un fiel defensor de la política del diputado don Juan de la Cierva y Peñafiel, elegido sin pausa para ese cargo por el distrito de Mula entre 1896 y 1923. Por tanto, era un hebdomadario conservador.

 

En casi todos los números incluía don Juan la sección en verso Picotazos, bajo el pseudónimo de Juvenil, en la cual denunciaba de modo desenfadado las mil y una carencias de todo tipo de su ciudad y los comportamientos, no siempre correctos, de sus conciudadanos. Alguna vez la construyó en lenguaje panocho, que bien conocía, y del cual dejará interesantes ejemplos en forma de bandos en las fiestas de san Isidro años después. Muy gracioso fue el trabajo aparecido el 6 de enero de 1918 en el número 10.

 

En el 25, de 21 de abril del mismo año, parte de la sección la dedicó a su novia, doña Josefa Párraga Pérez, mayor que él cinco años, con la que se casaría. A veces, escribía artículos en prosa y composiciones poéticas de otra índole.

 

El Heraldo de Mula cesó su publicación el 30 de junio de 1918, en la entrega 34, pero, a los siete meses empezó a editarse La Semana, hebdomadario ciervista dirigido también por del Baño y en el que, con el mismo pseudónimo, volvía a incluir la sección Picotazos.

El periódico finalizó en el número 52, el 6 de junio de 1920, y con él la colaboración de don Juan en la prensa local, aunque en la regional insertó artículos relacionados con su pueblo, en particular en los extraordinarios dedicados a sus fiestas mayores.

Conocido su amor por la música, no en vano comenzó a tocar los órganos de los templos de Mula durante la década de 1920, en particular el de la ermita de Nuestra Señora del Carmen y el de la parroquia de Santo Domingo en las novenas septembrinas de la titular de aquélla y en las de El Niño de Mula, a nadie puede extrañar que fuera designado maestro provisional de la Banda Municipal de Mula en abril de 1921, puesto en el que sucedía a su paisano Antonio Sánchez Gil. En ese cometido continuó hasta la llegada del nuevo director, el almeriense don Antonio Rodríguez, natural de Níjar, en 1929, que se mantuvo en ese destino hasta 1971. Cuando se hizo cargo de la agrupación la componían unos 30 músicos.

 

De hecho, su buen amigo Facundo Maurandi, redactor-jefe de Heraldo de Mula, escribió en el número 19 de ese semanario, fechado el 10 de marzo de 1918, y bajo el título de Siluetas muleñas, lo que sigue sobre sus muchos conocimientos musicales: Y si todo esto es como literato, en la Música ha llegado a conquistar un puesto preeminente; es un completo músico, conocedor de todas las bellezas de ese Arte. Respeto a esto, muchas veces hemos oído hablar de él a varias personas que los títulos que obtuvieron en lucha terrible les dan garantía más que suficiente para ello; y como quiera que están desposeídos de rastreros apasionamientos y de bastardas miras ven en Juan del Baño al artista consumado, que por sí propio, sin ayuda de nadie, llegará a la cumbre, envuelto en resonantes triunfos y admirado por todos los que sientan en su corazón un átomo de amor por el Arte musical.

 

Dirigida por él, la Banda Municipal amenizó procesiones, dio conciertos en las noches veraniegas en el quiosco municipal de la Glorieta de Mula o en el real de la feria iluminado a la veneciana durante las fiestas de septiembre, visitó otras ciudades y formó a numerosos músicos que fueron perpetuando la excelente fama de esa agrupación por toda la región. Con algunos de ellos constituyó una pequeña orquesta que tocaba en acontecimientos civiles y religiosos de relumbrón.

Desde que, el 22 de enero de 1924, fue designado oficial mayor del Ayuntamiento, contra el parecer de significados miembros del partido conservador, con los cuales en el poder, pese a su trayectoria exenta de atisbos revolucionarios, nunca habría sido funcionario, huyó de etiquetas políticas, aunque siempre fue un hombre de derechas. No obstante esto, firmó, junto a muchas otras personas importantes de la localidad, el manifiesto que la Unión Patriótica dirigió a los habitantes de Mula el 27 de marzo de aquel año, en el cual se abominaba de la política caciquil vivida en el distrito muleño y se les pedía abrazar la del Directorio a fin de lograr que no resulte estéril la regeneradora orientación y de impedir el resurgimiento de la hidra productora de los pasados males ( 6 )

Tal vez le moviera a ello las presiones de los integrantes del Concejo, militantes todos del partido único del dictador Primo de Rivera, a quienes les debía el puesto.

 

A la vuelta de los ciervistas al poder en 1930, tras la caída del dictador, don Juan del Baño es hostigado por los nuevos concejales. Le quitan la recaudación de células, con la que sumaba unas pesetas a su corto salario, le hacen un expediente sin base alguna, fundado en que no había tenido a bien, a la altura del 24 de marzo de ese año, ofrecer sus respetos al alcalde y mostrar su adhesión al régimen legalmente constituido ejecutor del restablecimiento de las garantías constitucionales suspensas desde hace años, lo cual en sí implicaba intrínsecamente su adversidad y descontento a cuanto acontece.Después de vejaciones sin cuento, como intimidarle para que echara más horas de las debidas, obligarle a redactar un parte diario de los trabajos realizados, tener que acudir al Ayuntamiento los domingos etc., se ve forzado a pedir la excedencia por un año. Durante ese periodo se mantuvo dando clases de música y actuando donde era requerida su presencia.

En su lugar, con la categoría de oficial segundo, nombran a una persona con pésimos antecedentes, don Juan Antonio Perea Romero, que será procesado en dos ocasiones por unas cortas de pinos en terrenos comunales a comienzos de los años 30. En junio de 1931, pide el reingreso en su cargo, lo que le concede el alcalde. En él permanecerá hasta 1939, cuando fue depuesto por el régimen franquista, por medio del expediente depuratorio del que he hablado a comienzos de este artículo. Detengámonos en este punto para ver cómo una persona honrada y cumplidora en su trabajo tuvo que mover Roma con Santiago para defenderse de las mentiras y medias verdades de personas dispuestas a todo para apartarla de su empleo, quitándole su único medio de subsistencia, y convertir su vida en un infierno.

 

El 7 de abril de 1939, don Juan rellena el impreso facilitado por el Juzgado Militar. En él dice que, salvo al Sindicato de Oficios Varios de UGT, al cual se afilió a la fuerza en diciembre de 1936, como los demás funcionarios municipales, no había pertenecido a otra agrupación durante la guerra. Para que pudiera comprobarse ese aserto, facilitaba los nombres de seis personas, tres de ellas sacerdotes. Más tarde, dice que, también fue socio de la Cooperativa Agrícola de Consumo de UGT, instalada en la Casa del Pueblo, por las ventajas que suponía para los inscritos a la hora de adquirir alimentos.

 

Casi a la vez, cumplimenta el formulario entregado por la Comisión Gestora de su Ayuntamiento, gracias al cual, entre otras cosas, se sabe que el levantamiento del ejército de África le sorprendió en su finca del campo, donde disfrutaba del permiso reglamentario de dos semanas, que había cogido el 16 de julio. Confiesa que no prestó adhesión al gobierno rojo, sino que se limitó, como empleado concejil, a cumplir las órdenes del alcalde poniendo cuantos obstáculos permitían las circunstancias para entorpecer sus mandatos. Muy al contrario, intentaba difundir lo escuchado en Radio Nacional; boicoteaba los servicios de quintas desde que fue designado secretario accidental del Ayuntamiento y protegía y ayudaba a personas de derechas inmersas en delicadas situaciones.

 

Las acusaciones que había contra él eran fútiles, pero no así los individuos que las sostenían, viejos enemigos de don Juan o falangistas deseosos de limpiar el Concejo de elementos que hubiesen confraternizado con los rojos, sin mirar que se vieron impelidos a ello por ser funcionarios de carrera y no tener otra fuente para mantener a sus familias. Se le tildaba de ideas y manifestaciones democráticas y avanzadas, craso pecado a la altura de 1939, estando siempre enfrente del elemento caciquil. Este punto es incomprensible para una mente actual ¡¡se le tachaba de no formar parte del cacicazgo que había existido en Mula desde los años 1880 hasta la llegada de la dictadura primorriverista, cuando ésta había luchado contra sus componentes y llevado ante los jueces a elementos destacados del distrito electoral, imputados por oscuros tejemanejes socio-económicos!!

 

El 16 de diciembre, don José Portillo, instructor de su expediente, concreta los cargos y le da ocho días para clarificarlos. Se le achaca que asesoraba a Antonio Martínez, responsable de la Policía de Retaguardia en sus actuaciones. Se sospecha que era secretario de finanzas o tesorero del Socorro Rojo Internacional, aunque no se han hallado papeles que lo prueben. No obstante, sí hay un recibo en su expediente depurador de un donativo a esa institución firmado por él. También hay constancia de que redactó informes sobre detenidos de Mula y de que fue el hombre de confianza del alcalde, don Joaquín Huéscar Fernández.

 

En otro documento, se le tilda de haber sido secretario de la Sociedad de Trabajadores de la Tierra, constituida el 4 de julio de 1931 e incluida en UGT posteriormente, cesando, con el resto de la junta, el 30 del mismo mes hartos de la indisciplina de los afiliados.

 

De que en las elecciones de 1933 fue apoderado de partidos republicanos, pese a que se

reconozca que lo fue por orden del alcalde. Y que durante los años de guerra convivió sin

problemas con los diversos regidores del Ayuntamiento.

 

La excedencia de 1930 le sale cara, porque es interpretada por sus acusadores como un intento de no querer coexistir con los conservadores que volvían a ostentar el poder, como pone de manifiesto que regresara a su puesto recién proclamada la República. Don José concluye la retahíla de imputaciones de la siguiente forma: Considerado peligrosísimo y enemigo de acción del Movimiento Nacional Sindicalista.

Mal lo tenía don Juan. Sin embargo, no se amilanó y, con rapidez, logró el apoyo de 53

personas de peso en su ciudad y alrededores, que depusieron a su favor. Entre ellas había

gente de Falange, sacerdotes, farmacéuticos, médicos, el jefe de la oficina de telégrafos,

militares, cargos de cofradías, comerciantes, ex cautivos de prisiones republicanas, empleados de banca etc.

 

Redactó un documento en el que demostraba que nunca había pertenecido al Socorro

Rojo Internacional y que el recibo firmado por él para ayuda de la institución lo fue en

calidad de secretario accidental del Ayuntamiento. Añadía que ese organismo fue creado

en Mula en torno a octubre de 1936, junto al hospital de sangre, ubicado en el edificio

del colegio de las religiosas de la Pureza, por el matrimonio de Cartagena, constituido

por don José María de Labra y doña Enriqueta Quintero, refugiado en la ciudad tras el

comienzo de los bombardeos de la suya. Para subvenir a su mantenimiento, se hicieron

varias funciones en el Teatro del Centro, en las cuales colaboraron destacadas personas

de derechas y falangistas, deseosos de ayudar a que los soldados heridos recibieran los

mejores tratamientos posibles.

 

En cuanto a ser el secretario de la Sociedad de Trabajadores de la Tierra, fundada por

el conocido derechista don Nicolás Romero Dato, encarcelado durante los primeros días

del conflicto acusado de fascista, manifiesta que su cometido principal era organizar a los

obreros y que, cuando se constituyó, en julio de 1931, no existía UGT en Mula. A él le

nombraron secretario, pero no asistió a reunión alguna en los 19 días que dice la acusación perteneció a ella. Termina diciendo que convivió con elementos marxistas, lo mismo

que hicieron médicos, practicantes y demás personas, obligadas por las circunstancias.

Mientras se defendía de infundios y venganzas, su corazón estaba compungido por la enfermedad que consumía a su esposa, un tumor en la matriz, que terminó con su vida el 2 de julio de 1940, cuando la depuración se hallaba en su punto álgido (7)

 

Con el corazón roto por la desaparición de doña Josefa y la incertidumbre de su proceso, como el payaso que ha de hacer reír por la noche, aunque haya perdido a un ser querido por la mañana, debe escribir un bando panocho para declamarlo el 19 de septiembre de 1940 desde una de las carrozas que formaron parte del desfile organizado con motivo de las fiestas patronales. Según dejó escrito en uno de los ejemplares de su propiedad, ejemplares que eran vendidos por chicas a 25 céntimos, fue una petición de varios componentes de la comisión de festejos, amigos suyos, sugerida por el alcalde. Confiesa que en un principio se negó, pero luego lo pensó mejor y aceptó por motivos fáciles de comprender.

 

Dominaba tan bien el lenguaje panocho que, con motivo del comienzo de las fiestas en honor de san Isidro, en 1955, y la instauración de la costumbre de perorar bandos desde las carrozas que salían y salen por la tarde, redactó los de los años 1957 y 1958 con una maestría realmente encomiable.

 

En la sesión ordinaria de 27 de enero de 1941, el instructor da por concluido el expediente solicitando la destitución de don Juan y la pérdida de todos sus derechos, salvo los pasivos. La Comisión de Gobernación del Concejo se opone a ese desafuero porque no considera probadas las imputaciones, mientras aduce que el investigado goza de excelentes antecedentes sociales, políticos, religiosos y morales, avalados por muchas personas, y es afecto al Movimiento Nacional. Pide su permanencia en el cargo y sugiere que se le imponga, si se cree necesario, una sanción consecuente con los errores cometidos.

Contra esa decisión, mayoritaria en la Comisión, objeta uno de los miembros, al que apoyan dos gestores municipales. Todos se adhieren a la solicitud del instructor. Finalmente, se acuerda la readmisión de don Juan en su puesto y la suspensión de empleo y sueldo por espacio de diez meses. Vuelve a trabajar a primeros de febrero de 1941.Sin embargo, se acuerda remitir el caso al Tribunal Provincial de Responsabilidades Políticas, el cual lo envió al Regional, para que indagara si en la actuación de del Baño habían existido algo punible. En 1943 se encontraba en el Juzgado de Mula, donde fue sobreseído el 8 de julio de ese año.

 

Después de esto, don Juan continuó en su puesto, dio clases particulares de música y llevó una tranquila vida hasta su fallecimiento por trombosis coronaria el 21 de marzo de 1960. Dejaba viuda a doña María Saavedra Bascuñana, viuda a su vez de don Ginés López del Castillo, con la cual, lo mismo que con su primera esposa, no había tenido sucesión.

 

1 Copia de la carta en un archivo privado de Mula, desde ahora A. P. M.

2 Boletín Oficial de Murcia nº 141, de 27 de junio de 1939

3 “La familia Santos: el nacimiento de una tradición musical” en el volumen colectivo: Julián Santos, 100 años de

música. Compañía Lírica Julián Santos. Albacete, 2008, pp. 95-102.

4 Para conocer más sobre Gebete, ver la obra: Sobre la vida y la obra de Gregorio Boluda del Toro, original de Juan González Castaño. Real Academia Alfonso X el Sabio. Murcia, 1999.

5 Expediente militar de don Juan del Baño en A. P. M

6 Impreso en A. P. M.

7 Registro Civil de la ciudad de Mula, inscripción 14 del libro de defunciones de 1940.

 

Fuente:

X CONGRESO DE CRONISTAS OFICIALES DE LA REGIÓN DE MURCIA- Juan Gonzalez Castaño

 

Ultima Actualización 18/08/2022