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Jue, Oct
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Entrevista a el cineasta Muleño Pepe Siscar, "Me gusta marcarme nuevos retos; la adrenalina me da ese chute extra de ilusión"

Ciudad de Mula
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Cuando yo me muera es el nuevo proyecto cinematográfico del joven muleño Pepe Siscar. Después de cosechar importantes éxitos con su primer cortometraje, Mute, el arrojado cineasta se encuentra en la Región preparando el rodaje de esta nueva aventura; algo que tendrá lugar del 4 al 7 de agosto en dos escenarios emblemáticos como son Mula, su tierra y plató principal, y Cabo de Palos, en Cartagena. En esta ocasión, Siscar volverá a estar acompañado de grandes actores y profesionales del ámbito cinematográfico para hacer realidad esta idea original con guion, producción y dirección a cargo del propio realizador.

Cuando yo me muera, ¿mantiene la línea de Mute?

 

Creo que no, creo que es algo totalmente diferente. Es un drama bastante intenso, pero sí que sigue teniendo todos esos componentes bastante turbios y moralmente cuestionables que me gustan a mí. Es una historia que va de la sangre, de la traición, del luto, las relaciones de poder y los hermanos.

¿Lleva impresa alguna problemática de la realidad social?

Creo que es una historia que habla del presente y de la situación actual, pero no de la manera que nadie se espera. No tiene tanto que ver sobre una reflexión sobre la tecnología o cómo es la gente de ahora, como pasaba con Mute, sino más bien con nuestra identidad, con lo que somos. Es una relación de amor-odio, de cómo es esa persona que es muy cercana en tu vida, que la amas con todo tu corazón, pero no la soportas, y la odias, pero, a la vez, que nadie la toque. Habla de esos vínculos y cómo la relación se va tensando, se va estirando hasta que no da más de sí.

¿Hay algo de su vida personal en la película?

 

Cuando estuve escribiendo el guion pensé bastante en la relación que tengo con mi hermana. Es básicamente una pelea –no quiero irme de la lengua–, pero en la que se plantea qué ocurriría si una de esas disputas del día a día se te acaba yendo de las manos.

¿Cómo ha sido este último año para usted?

He estado estudiando de Erasmus en Turín. He estado en el Festival de Cine de Turín y he aprovechado para conocer el cine italiano. Turín es uno de los platós básicos de Darío Argento, que es un director del cine de terror del Giallo que me encanta. Yo iba moviéndome por la calle y era como estar en sus películas… Estuve allí seis meses, volví a Madrid y empecé a trabajar en el rodaje. Ahora, desde marzo estoy en Mula con el único propósito de conseguir sacar adelante este proyecto.

¿Cómo ha sido la elección de escenarios?

Obviamente elegimos Mula porque, aparte de que es un plató de cine la mires por donde la mires, estar rodando con mi familia, con amigos, tiene una enorme cantidad de facilidades que no podría encontrar en otro sitio. Si ruedas esta historia en Madrid, además de que sigue siendo más caro, cosas que me gustan a mí como encontrar un Cristo de metro y medio…, a ver, ¿de dónde lo saco yo allí? Todas esas cosas yo aquí las tengo al alcance de mi mano. Y tengo a gente que se presta si lo necesito. Sin ir más lejos, hemos embarcado en este proyecto a veinte amigas de mi abuela [Risas]. Entonces, eso, al final todo te acaba empujando a rodar con tu gente.

Y luego, Cabo de Palos porque son unas playas preciosas y en las que yo he pasado mis veranos. Tenía que rodar en la costa y, antes de irme a cualquier otro sitio, tomé la decisión de rodar allí.

Vuelve a apostar por actores de prestigio: en este caso, Nacho Gerreros y Eulàlia Ramón…

Siempre tuve claro que el papel del protagonista era para un amigo mío del instituto que se llama Lucas: desde el primer momento que escribí el guion pensé en él. Estoy tan seguro de que me va a dar lo que yo pido... Además, me reuní con él, hicimos una lectura del guion y me encantó. Pero para el personaje del hermano pequeño sí hice casting hasta que llegó Hugo, un chico de Fuenlabrada, que lo hizo increíble.

En el caso de los padres, a Nacho Gerreros lo había visto en un corto dramático y, aunque estamos acostumbrados a verlo en comedia, me interesó mucho ese drama. Le escribí y automáticamente me llamó para decirle que le había gustado el guion y que no quería perder la oportunidad de trabajar conmigo. Aunque no le cuadraban las fechas iniciales del rodaje, me contagió tanta ilusión que al final decidí moverlas para poder tenerle en Cuando yo me muera. Y a Eulàlia Ramón lo conseguí a través de Carlos Cánovas, técnico de sonido: me dijo que le encajaba con el perfil que yo buscaba y que tenía su contacto, así que la llamé y, lo mismo: le encantó el guion. Cuando pude quedar con ellos, fue amor a primera vista. Tienen muchas ganas de rodar y a mí toda esa emoción se me contagia.

Estamos frente a su segundo cortometraje, y, de nuevo, hablamos de un trabajo de gran nivel. ¿Se lo cree?

Desde que empecé a levantar este proyecto todo está saliendo a pedir de boca, la verdad; ha ido solo, como por delante de mí, creciendo a unos niveles increíbles, ya no solo en lo referente al reparto, sino también al nivel de producción, el set que estamos construyendo, el vestuario... Es verdad que estamos trabajando al milímetro, pero también hemos tenido mucha suerte, y a eso se une la ayuda y la ilusión de las personas que me rodean por ayudarme.

Este nuevo proyecto, aparte de más largo que el anterior, lo voy a rodar en 16 milímetros, en película fotoquímica, con lo que todo va a ser un poco más complicado porque lo que vayas rodando se va a quedar en la película, o sea que hay que llevarlo todo muy preparado, hacer el mínimo de tomas posibles. Pero yo estoy continuamente marcándome nuevos retos; la adrenalina me da ese chute extra de ilusión.

¿Qué ha sido más difícil: hacer el guion o buscar el título?

Creo que el guion. Pero es verdad que me pasó algo muy curioso: hice un par de versiones previas y, cuando me puse a escribir la definitiva, salió solo. Tenía muy clara la historia que quería contar, pero no sabía cómo contarla ni cómo empezar a contarla, y cuando me senté salió sala. Y cuando terminé tenía claro que lo había terminado, que no había que retocarle nada (eso también es importante).

¿Quién va a estar a tu lado en este segundo cortometraje?

Una cosa que me gusta mucho y que hice también en Mute es combinar a personas de una larga trayectoria en cine, muy profesionales, con gente que está empezando pero que tiene un talento por descubrir. Por ejemplo, tengo a Carlos Cánovas, que es técnico de sonido y que ha hecho un montón de películas, una de las últimas, Libélulas, que ha estado en el Festival de Málaga. O Jorge Preciado, el director de fotografía, también con un amplio recorrido. El maquillador, Ray, también estuvo conmigo en Mute, mientras que Cristina Blaya se encargará del vestuario: es una chica que está empezando pero que lo hace increíble. Y en labores de producción me están ayudando amigos que están estudiando. Por otro lado, María Caparrós, que ha publicado en Vogue, hará la foto fija. En fin: experiencia y juventud prometedora. Creo que esa combinación –si sabes sacarle todo el jugo a quienes están empezando y tiene mucho que ofrecer– es una garantía. Rodearte de gente con experiencia es genial porque con ellos aprendes muchas cosas, pero también de aquellos que están ahí para formarse y quieren demostrar todo su potencial

Tenemos que hablar de Mute. ¿Esperabas la gran acogida de este corto?

No me esperaba que iba a tener ese recorrido, no. Es cierto que cuando lo estaba rodando y viendo en cámara cómo estaban quedando los planos me emocioné: me gustaba mucho el resultado, pero en la sala de montaje empecé a verle errores y me vine abajo. Sin embargo, cuando empezamos el recorrido por festivales, vi que a la gente que lo veía le iba gustando, que recibía premios y..., bueno, es algo que no te esperas y que, de nuevo, te da otro subidón.

De los festivales por los que ha pasado Mute, ¿cuál es que más ilusión te ha hecho o al que no pensabas nunca llegar?

Creo que el FICC de Cartagena. No pude ir, pero me representó la actriz principal del corto, Emma López. Y también el Sombra de Murcia, un festival de cine fantástico y de terror al que he ido mucho años como espectador, así que tener la oportunidad de ir con mi corto y que me dieran un premio fue muy emocionante.

¿Cómo son los días previos a un rodaje?

La verdad es que, desde que me levanto hasta que me acuesto, estoy con este proyecto. Que si pintando un mueble, que si buscando un cámara, que si hablando con técnicos… Pero, aparte de cansado, es muy emocionante. Vas viendo como cada hilo se va cosiendo y empieza la cuenta atrás con todo claro en la cabeza. Así que estoy con muchas ganas.

 

Fuente: Micaela Fernámdez- La Opimión de Murcia

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